Características generales
El Templo Románico es el monumento principal de la arquitectura románica. Su planta suele ser de cruz latina, con una o varias naves longitudinales: 1-3-5 y otra transversal o crucero. También hay templos con planta de cruz griega y templos centralizados (baptisterios o iglesias octogonales de templarios). Las cabeceras de las plantas longitudinales terminan en ábsides, normalmente semicirculares, aunque el de la nave central suele ser mayor que los laterales. A veces se adosan ábsides secundarios sobre los brazos del crucero o radiales sobre la girola o deambulatorio, nave semicircular que rodea el ábside central por detrás. La nave central es más alta que las laterales lo que produce al exterior un efecto volumétrico variado. El templo románico se resuelve en un juego de volúmenes geométricos. Los muros sobresalientes de la nave central se perforan por una banda de ventanas que contribuyen a la iluminación del interior (esquema típico de la planta basilical). Las naves laterales tienen en las grandes iglesias, dos pisos para contrarrestar los empujes laterales de la nave central. Este segundo piso hace la función de tribuna y tiene vanos abiertos a la nave central. Este conjunto de vanos de la tribuna se llama triforio y pasará más esquematizado al Gótico.
En el lugar donde la nave central se cruza con la transversal suele levantarse una bóveda semiesférica sobre trompas o una cúpula sobre pechinas. Esta bóveda central cubre el cuadrado del crucero y sobresale al exterior con una torre que se denomina cimborrio, algunas veces rematada por una linterna para ganar altura e iluminación interior.
Pechinas
Cimborrio
Otra innovación del Románico es la incorporación del campanario al cuerpo de la iglesia. En el arte bizantino y prerrománico estaba separado.
Sant Climent de Taüll (Lérida)
Ahora se suelen adosar dos campanarios a los pies del templo. Otras veces se aumenta la altura del cimborrio y se convierte en torre campanario y, en las iglesias pequeñas, se adosan posteriormente espadañas sobre las fachadas.
Espadaña
También a los pies de la nave central suele situarse una pequeña nave transversal a manera de vestíbulo. Si queda incluido dentro de la planta del edificio se llama Nartex y si sobresale de la anchura general se llama Atrio.
Una variedad del templo románico es el templo claustral o monasterio, el cual se organiza en torno a un patio central que está rodeado por un corredor cubierto o claustro sostenido por arcos y columnas. Esta obra es donde el Románico presenta sus mejores características arquitectónicas y escultóricas. Sobre los muros del claustro se abren todas las dependencias del monasterio: iglesia, refectorio, sala capitular, sacristía, cocina, biblioteca, celdas, etc. Cuando las dependencias del claustro son muy numerosas el claustro se hace de dos pisos.
El templo románico se cubre normalmente con bóveda de medio cañón, que es la traslación de un arco de medio punto (3). Estas bóvedas se refuerzan con arcos fajones en los puntos de incidencia de los pilares. A veces se utiliza la techumbre plana de madera propia de las antiguas basílicas y en España también por influencia musulmana. Pero es también corriente el uso de bóvedas de arista, cruce transversal de dos bóvedas de cañón. Las aristas de dicha bóveda se refuerzan con arcos aristones en resalte. Los ábsides se cubren con bóvedas de cuarto de esfera que contribuyen a contrarrestar el empuje del cuerpo central. Este tipo de bóveda también se utiliza en las capillas laterales y en los absidiolos radiales cuando los hay.
Todas estas pesadas techumbres de piedra se soportan con gruesos muros, pilares y columnas. En el primer románico encontramos columnas cilíndricas en el interior del templo pero lo más frecuente son los pilares, rectangulares y gruesos, los cuales se complican al adosarse a ellos columnas delgadas, baquetones o pilastras, las cuales sujetan los arcos fajones, forneros o aristones de la bóveda. Así surge un pilar fasciculado que se va complicando conforme se complican las cubiertas hasta llegar al pilar gótico. En iglesias pequeñas lo normal es que el muro grueso, ayudado por contrafuertes o estribos exteriores soporten directamente la techumbre de piedra, sin arcos ni pilares. Por eso los vanos no son posibles porque debilitarían el muro-soporte.
Columna románica
Contrafuertes
La columna románica se utiliza sobre todo como elemento de soporte de las cubiertas menos pesadas: naves laterales, bóvedas de girola o el techo del claustro, pero es en este último cuando la columna adquiere verdadera importancia.
La columna románica es diferente a la clásica: parte de un plinto cuadrado a modo de basa, un fuste liso muy desproporcionado entre grosor y altura (no hay concepto de esbeltez) y un capitel grande, troncocónico y decorado con temas vegetales, hojas de parra con tallos retorcidos, o temas de animales, frecuentemente figuras monstruosas de animales o personas (irracionalismo, oscurantismo y miedo). Estas figuras fantásticas, de auténtico furor expresivo, deben adaptarse a su marco arquitectónico en formas extrañas. A veces simplemente representan escenas del antiguo testamento para cumplir con su función pedagógica.
Estos capiteles historiados no eran arte popular pues no eran bien entendidos por los fieles, su iconografía profunda era muy iniciática. Muchas veces lo que pretende el autor es impresionar más que enseñar.
Ya hemos dicho las dos razones, técnica y de mentalidad religiosa, por las cuales los muros románicos están poco perforados por vanos. Cuando aparecen, estos vanos están tapados por placas de alabastro transparente y se cubren con arcos de medio punto, abocinados y con decoración arquitectónica exterior: fajas, baquetones, taqueado, etc. La decoración del templo es austera al interior: en los muros es geoarquitectónica, en los capiteles escultórica y en los ábsides es pictórica. Pero al exterior es más profusa, sobre todo en lugares determinados como en los aleros, ábside exterior, vanos y muros. Los aleros suelen decorarse con arcadas ciegas y canecillos a veces con decoración escultórica, que fingen ser elementos de sustentación. Estas arcadas ciegas se prolongan hasta el suelo cada pocos arcos en forma de fajas. Esto suele ocurrir sobre todo en los ábsides del llamado románico lombardo, por eso se llaman fajas lombardas. Pero donde se concentra casi toda la decoración del templo es en el portada (es la cara del templo).
Portada con arquivoltas
Canecillos
La portada es un vano abocinado, con arcos de medio punto rehundidos progresivamente, cada vez más pequeños y denominados arquivoltas. El abocinado de la portada es al revés que en los vanos, los cuales son estrechos al exterior y abiertos al interior para cerrar a las influencias exteriores que perturben la paz del interior (y por razones militares), mientras que en la portada el abocinamiento se abre al exterior como si fuera un embudo que intenta absorber a la gente. Las arquivoltas se decoran con figuras en forma radial con motivos geométricos, vegetales o figurados. Cada arquivolta se prolonga en el muro, el cual también se rehunde con columnas o figuras que hacen la función de jambas. Sobre la puerta se crea un tímpano semicircular que se decora con escultura también y si el dintel es demasiado largo se refuerza con un soporte, columna, pilar o figura, denominado parteluz.
Tímpano
Parteluz