PRESENTACION DEL SITIO

Ante la cuarta edición de "La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente" (Aho, 2021), me veo en la obligación de hacer la siguiente aclaración:

En la contraportada del libro se dice que el libro fue escrito por Casilda Rodrigañez con la colaboración de Ana Cachafeiro, lo cual no es cierto.  Escribí el libro en solitario y Ana Cachafeiro lo firmó para darme su apoyo cuando estuvo acabado y a punto de ser editado.  Las circunstancias en las que escribí el libro fueron las siguientes:

En el quinto año de vida de la Asociación Antipatriarcal surgió un debate muy duro sobre la maternidad, en el grupo de Madrid de la asociación.  En un momento dado, los que cuestionaban la maternidad maniobraron para sacar un boletín con una viñeta en la portada misógina que hacía apología del matricidio.  En ese momento me marché de la Asociación; me había quedado sola.  Ana Cachafeiro desde Donostia, daba su apoyo a mis contrarios.  En ese momento decidí también escribir un libro, recogiendo el ánimo y los argumentos desarrollados durante el debate.  Hice un primer esbozo y me puse a escribir.  Fue un trabajo en solitario durante más de un año.  Hice muchas lecturas pues unas cosas me llevaban a otras, etc.  Cuando el libro estuvo en la fase de manuscrito, lo dejé a leer a una media docena de personas, entre ellas a Ana Cachafeiro, con quien a pesar de lo ocurrido en la Asociación Antipatriarcal había mantenido la amistad. La lectura del manuscrito que hizo Ana Cachafeiro no fue en calidad de coautora, sino en calidad de amiga, como el resto de personas que lo leyeron y me dieron sus opiniones.  Sus comentarios fueron cuestiones de redacción y poco más.  Ya en el tramo final, cuando por fin conseguí un editor, le pregunté si quería firmar el libro para darme su apoyo y me dijo que sí.  La prueba es que en la maqueta original que se ha utilizado para preparar esta edición, la dedicatoria del libro estaba en singular:. "A mi madre con infinita gratitud y reconocimiento", porque fue en el último momento cuando Ana Cachafeiro firmó el libro y entonces se puso la dedicatoria en plural:. A nuestras madres....

Es mentira, pues, que el libro fue escrito con la colaboración de Ana Cachafeiro.  El libro contiene algunas sugerencias que me fueron hechas en su día por parte de l@s amig@s que leyeron el manuscrito, como Carme Parramon, Eulalia Petit, Floreal de Los Arenalejos, etc. Aprovecho aquí para agradecer a Carme Parramon la sugerencia más importante, que me hizo matizar la crítica al psicoanálisis.  Siguiendo a Deleuze y Guattari, yo arremetía en el libro contra el psicoanálisis en general, y Carme me hizo ver que no todo el psicoanálisis tiene que ser freudiano, y entonces adjetivo mi crítica al psicoanálisis añadiéndole "freudiano", y así quedó como una crítica al 'psicoanalisis freudiano' o al 'psicoanalisis clásico' ¡Claro que hay un análisis del psiquismo al margen de Freud!  Toda mi reflexión posterior sobre el metabolismo del psiquismo arranca en diferenciación que recoge el libro.
Pero incluso reconociendo está importante y crucial aportación, no se puede decir que el libro fue escrito en colaboración con nadie.


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Querid@s amig@s: En la barra lateral izquierda podéis pinchar los textos disponibles, libros, artículos, etc. 
 
En pulposymedusas@gmail.com podéis dejarme vuestros comentarios.

No hace falta pedirme permiso para reproducir cualquiera de los escritos que están colgados, siempre confiando en que la mayoría de la gente no va a perder tiempo tergiversándolos o modificándolos, con añadiduras, omisiones o falsas 'traducciones'.

A continuación un texto sobre el estado actual del Patriarcado, que recoge mi intervención en las Jornadas de Via Láctea en Guadarrama, agosto 2019, a la que fui invitada para hablar sobre el  padre.

 Al final de esta página encontraréis también un comentario autocrítico.   

También en: sites.google.com/site/rescatandotextos he colgado algunos textos que me parecen importantes.

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   LA GUERRA DE LOS SEXOS:   CRISIS, RETOS y ESPERANZA 

  

                                 FEMINISMO Y  RECONVERSION DE LA FUNCION DEL PADRE



Creo que todo el mundo es consciente de que nuestra sociedad está en crisis, y de que no es una crisis coyuntural, sino que es una crisis que afecta a los cimientos básicos de la civilización patriarcal en la que estamos inmersos desde hace siglos. Voy a exponer mi punto de vista sobre esta crisis, sobre los retos que se nos plantean y las esperanzas que se abren, en particular, la de la reconversión de la función del padre


           I  - RESUMEN DE LA SITUACION


El Patriarcado es una civilización que consiste, entre otras cosas, en un estado de guerra permanente del sexo masculino contra el sexo femenino.  Una guerra que se ha desarrollado de diferentes maneras y cuyas características esenciales han sido el dominio del sexo masculino sobre el femenino, la represión de la sexualidad femenina y la relegación de las mujeres a una categoría o clase social inferior; incluso han existido épocas en las que ni siquiera se consideraba a las mujeres seres humanos sino simplemente animales.  Esta represión se ha desarrollado a lo largo de los siglos de diferentes maneras, unas veces con métodos más cruentos (lapidaciones, quema de viudas en la India, quema de mujeres en Europa etc.) y a veces con métodos más psicológicos, mediante la educación, etc.  De hecho, la guerra de los sexos se ha grabado en el psiquismo de los seres humanos, en lo más  profundo de los inconscientes, y así se ha transmitido culturalmente y ha llegado hasta nuestros días..

Durante siglos las niñas han crecido sabiendo que su destino era ser entregadas por su padre al mejor postor. El jefe de familia negociaba con sus hijas y con las mujeres de su familia como lo hacía con las vacas, y las niñas eran criadas y educadas para el llamado débito conyugal, sus deseos eran irrelevantes cuando no malignos y pecaminosos.  Las mujeres hemos sido objetos sexuales para uso del hombre durante siglos, incluso en muchos lugares, durante milenios. Y esto no son cosas que ocurrían en la remota Antigüedad.  En el siglo XIX, Leandro Fernández de Moratín estrenó una obra de teatro, ‘El Sí de las Niñas’, que fue un auténtico escándalo porque criticaba esta educación de las niñas para el consentimiento al débito conyugal y para la negación de sus deseos sexuales.  Fue un escándalo porque, efectivamente, en la sociedad del siglo XIX dominaba la cultura del consentimiento de las mujeres al débito conyugal.  (Por eso, es insuficiente ahora oponer a la violación ‘el consentimiento’, sin tener en cuenta que durante siglos las mujeres hemos consentido por imperativo legal, divino (era un sacramento) o familiar).  Hasta muy recientemente, a las niñas ‘se las casaba’, y si la familia no les buscaba el marido, ellas lo buscaban según la educación recibida, con un criterio de conveniencia socio-económica; el débito conyugal estaba pre-establecido desde la más temprana infancia, y estaba unido a un desarrollo psíquico para la sumisión al marido.

La negación del deseo sexual de la mujer en general y del deseo materno en particular, ha sido el elemento característico de esta dominación patriarcal.  Esto no es una afirmación vacía; son, a lo largo de los siglos, leyes, costumbres y relaciones sociales de dominio social y físico concreto de los hombres sobre las mujeres. Uno de los símbolos más emblemáticos del Patriarcado es el falo de Hammurabi.




Se trata de un falo esculpido en piedra de basalto negra, de 2,05 m de altura, que se encuentra en el Museo del Louvre, datado de 1.800 a.c..

Arriba, está esculpido el dios solar Marduk dictando sus leyes al rey Hammurabi, y debajo, están grabadas las 282 leyes que debían regular la sociedad.

No voy a detenerme en estas leyes, cuyo estudio es  muy ilustrativo, solo señalar dos cosas, una el gran simbolismo de estar grabadas sobre un falo, para no dejar lugar a dudas de que se trataba de un régimen social falocrático, y en la gran crudeza de las penas a quienes infringiesen las leyes: penas de muerte por cualquier cosa, como por ejemplo, denunciar un robo sin tener pruebas; amputaciones, como el cortar los pechos a una mujer si tras morírsele un bebé que le había sido entregado para ser amamantado, se disponía a amamantar a otro, etc. etc.

 La gran crueldad de las penas del Código de Hammurabi da indicación de la coerción que fue precisa en la Antigüedad para cortocircuitar la regulación natural y original de los grupos humanos por el principio materno, e implantar la Ley del Padre.  Luego Grecia, Roma y Occidente en general, han desarrollado la educación y la cultura apropiadas para realizar la coerción también por métodos psicológicos y culturales.

El objetivo de esta guerra contra el sexo femenino fue cambiar el orden social regulado por el principio materno, y construir un orden social basado en la guerra y en la esclavitud.El principio materno es el principio de la identificación absoluta con el bienestar de otro ser, y su existencia desarrolla el sistema empático del ser humano que es el fundamento de las sociedades solidarias, igualitarias y pacíficas. El cambio social consistió en eliminar en gran medida esa función materna, corrompiendo la maternidad con el fin de impedir el desarrollo del sistema empático de las criaturas humanas.  En su lugar poner en marcha un sistema de crianza represivo, destinado a endurecer a las tiernas pequeñas criaturas y  forjar el acorazamiento psicosomático que hace a los seres humanos indiferentes ante el sufrimiento del  otr@, y también capaces de vivir en un estado de sometimiento a otro; y así forjar la sociedad de la guerra y de la esclavitud. ‘Dadme otras madres y os daré otro mundo’, como dijo San Agustín. (1) 

Corromper la función materna para formar este tipo de sociedad requería controlar la capacidad reproductora de la mujer y reprimir su sexualidad.  Por eso el Patriarcado fue y sigue siendo una guerra contra las mujeres.

El protagonista de esta historia es, como decía Amparo Moreno Sardà, un determinado arquetipo viril (2). Un varón criado en un acorazamiento psicosomático que mantiene su sistema empático bloqueado y le hace capaz de ejercer la crueldad contra otros seres humanos, y le hace capaz también de evitar el amor y utilizar a las mujeres como objetos sexuales. En particular, este protagonista de la historia patriarcal tiene un desarrollo de su psiquismo adaptado a la guerra contra el sexo femenino y en general, para ejercer la dominación.  Son los egos machistas y prepotentes que han llegado hasta nuestros días, adaptados al aplastamiento de la sexualidad femenina y a la negación del deseo materno,

Pues bien, toda esta historia del  Patriarcado y de la guerra de los sexos, ahora está en crisis.  Hay dos fuertes movimientos que están catalizando la indignación milenaria de los seres humanos contra este tipo de organización social.  Uno es el movimiento por la igualdad entre hombres y mujeres y contra la discriminación de la mujer.  Es una indignación muy extendida, transversal en todo tipo de mujeres y con la que muchos hombres empatizan también.  Es un movimiento que se desarrolló a gran escala en el siglo pasado y que hoy se concreta en el poderoso movimiento feminista del 8M.  El segundo movimiento es el de la indignación por el uso de la mujer como objeto sexual, y que en Estados Unidos se ha organizado como el movimiento ‘me too’; también hay muchos hombres que empatizan con esta indignación de las mujeres y se unen a  la marea.

Desde mi punto de vista la crisis no es superficial; afecta seriamente a dos cuestiones fundamentales del Patriarcado, cuya organización descansa en la premisa de la discriminación de la mujer y en la represión de su sexualidad.

Estos movimientos anti-patriarcales se enfrentan a un determinado estado general de las relaciones sociales, resultante de todos los siglos de represión patriarcal. Más allá de la discriminación de la mujer y de su utilización como objeto sexual a las que se enfrentan dichos movimientos, voy a referirme en concreto a tres aspectos muy importantes del actual estado del Patriarcado:

1) El modelo de maternidad que descansa en la no constitución de la díada madre-criatura, en una negación de facto, económica y social de la díada.

2) La supervivencia de los egos adaptados a la guerra de los sexos, la dominación masculina y la sumisión femenina, que sobreviven incluso en lo profundo de los inconscientes de la misma gente que se moviliza y que configuran un determinado modelo de conducta  de los adultos y adultas.

3) El aplastamiento de la sexualidad femenina, que se concreta en la socialización de las mujeres en la ruptura de la unidad entre la conciencia y el útero (Juan Merelo Barberá) (3).  

El Patriarcado resistirá mientras se mantengan estas tres cosas; son las raíces que le sostienen.

 

     II - EL APLASTAMIENTO DE LA SEXUALIDAD FEMENINA     

Para entender la envergadura de este aplastamiento, y lo lejos que estamos de la armonía de los sexos, hago la siguiente reflexión: Todo el mundo sabe que la pulsión sexual masculina es la erección del pene, es decir, que la respuesta fisiológica al deseo sexual masculino, sea lo que sea lo que induzca el deseo, es la erección del pene.  ¿Cuánta gente sabe que la pulsión sexual femenina es el temblor y el latido del útero; es decir que el temblor y el latido del útero es la respuesta fisiológica al deseo sexual de la mujer, sea lo que sea lo que induzca este deseo?

Sin embargo, en la Antigüedad se conocía perfectamente la pulsión sexual femenina. 

   

Detalle de cántaro micénico. 

Museo Agio Nikolaos, 1300 a.c.

Primero el punteado que representa el temblor del placer; luego las olas del latido.

                

 De la misma manera que se conocía la disfunción eréctil (la disfunción de la pulsión sexual masculina), también se conocía la disfunción de la pulsión sexual femenina, que se llamaba ‘histeria’, palabra que proviene de ‘hysteron’, útero en griego, y que consistía en la retracción crónica del útero, en la inmovilidad del útero; incluso están descritos los tratamientos que se aplicaban para corregir la histeria y promover el movimiento del útero.

El movimiento del útero se ha estudiado de diversas maneras en el siglo pasado; se ha estudiado con mecanismos de presión (introduciendo en el útero globos hinchados con gas, para medir el movimiento del útero por el volumen de gas que expulsaba en cada latido) (4).  También el movimiento del útero ha sido estudiado con electrodos intrauterinos, por el matrimonio Masters y Johnson que registraron el electro-utero-grama del orgasmo femenino. (5)



        Electrouterograma registrado por Masters y Johnson, ‘Human sexual response’, Little Brown &Co., Boston 1966.

 

Más recientemente, en este siglo, el movimiento del útero ha sido estudiado con ultrasonidos (6), que tiene la ventaja de que es un método no invasivo.

El equipo de la Universidad de Maastricht de Ginecología y Obstetricia, liderado por Lvan Gestel, en 2004, realizó un estudio cuyo informe se publicó bajo el título ‘Endometrial wave-like activity in the non-pregnant uterus’, y que está accesible en internet.  Este estudio, que comienza diciendo ‘the uterus is a non quiescent organ’,  reveló la existencia de un movimiento en olas del endometrio (que es la pared interna del útero), movimiento cuya dirección y sentido depende del momento del ciclo ovárico.  Por ejemplo, en el momento de la menstruación, el movimiento va de arriba abajo, y en el momento de la ovulación de abajo arriba porque tiene la función de arrastrar el espermatozoide hasta el óvulo. Sin este movimiento del endometrio, el espermatozoide no puede alcanzar el óvulo.  Este estudio, realizado para investigar la creciente tasa de infertilidad femenina, demuestra que la rigidez del útero, el estado inmóvil del útero, no solo es responsable del parto y de las reglas dolorosas, sino también de la creciente tasa de infertilidad femenina.

Esta ‘wave-like activity’ del útero, registrada por los ultrasonidos, era percibida como tal por nuestras antepasadas, que puede que fueran analfabetas pero representaban el latido del útero que sentían, su oleaje, a la perfección utilizando imágenes zoomorfas.  Representaban el inicio de la pulsión, su desarrollo, las ondas de placer con roscas, espirales y tirabuzones, y en general, el movimiento del útero con imágenes del movimiento voluptuoso de animales como la serpiente, pulpos, medusas, y peces.


                  
  1   

  3


  4

1) Museo Arq. Nikolaios, 400 a.e; 2) Museo Arq.Agios Nikolaos, 1300 a.e; 3) Museo Arq. Alicante, detalles de Kalathos ibéricos, fin del siglo I a.e.(dibujos de E. Petit); 4)Museo Arq. De Cos 1200 a.e.;


También compararon la cadencia del latido del útero con la cadencia del aletear del pájaro; por eso representaban el latido del útero dibujando un útero en el  interior de un pájaro. También representaron el ‘vuelo’ del útero dibujando peces –que representaban el útero- con alas.  Hay en nuestro cancionero popular varios rastros de esta representación del ‘vuelo’ del útero:


Pues todas las aves vuelan

Corazón,

Pues todas las aves vuelan

Volad vos.

       

 1

 2
  3
 4 

1.- Chipre, 700 a.c.  2.- Museo Arqueológico La Camea, Siglo XIII a.c.  3.- Cnossos, Siglo XIV a.c. 4.- La Deirade, Argos Siglo XIV a.c.

 

Esta cultura de la pulsión sexual femenina y del útero tuvo durante un tiempo su contrapartida patriarcal. Todos los padres de nuestra cultura patriarcal atacaron al útero, diciendo que era un monstruo que vagaba errante en el cuerpo de la mujer, que era un animal dentro del animal, etc.etc.  Y utilizaron la imagen del draco volans, un reptil arborícola parecido al camaleón, cuyo hábitat está en los bosques orientales de la India.  Se trata de un reptil que tiene unas membranas en las extremidades que le sirven de paracaídas para saltar de rama en rama de los árboles, y que dispara una lengua muy larga para capturar a sus presas.  Frente a los animales de movimiento voluptuoso con los que las mujeres evocaban el movimiento de su útero, los patriarcas opusieron este reptil con alas que se mueve a brincos y que ataca con su larga lengua.  Así nació el mito del dragón, que convirtió el pequeño reptil de apenas unos 15 ó 20 centímetros de longitud, en un gigantesco dragón, al que se enfrentaron los sonnenmen, los héroes solares que pretendidamente mataban al dragón para salvar a la doncella.  Como explican Robert Graves y Assumpta Bonet (7), el  mito verdadero no es que el héroe mata al dragón para salvar a la doncella, sino que el héroe mata la sexualidad de la mujer para apropiarse de ella.

Hay que señalar que la ruta del dragón desde los bosques orientales de la India, por el Norte atravesando el país de los arios hasta llegar al norte de Europa donde reaparece el mito siendo el dragón vencido por Sigfrido, es la misma ruta de los indoeuropeos que expandieron el Patriarcado.

El útero fue representado con dragones monstruosos y todo tipo de bicharracos espeluznantes, como la serpiente Pitón que pintó Cornelio de Vos según boceto de Rubens y que se exhibe (o se exhibía hasta hace poco) en el Museo del Prado.



 Toda esta cultura, tanto positiva como negativa del útero desaparece con la pérdida en la mujer de la conciencia del útero.  Tras siglos de represión sexual sistemática de la mujer, ésta acaba por perder la conciencia de su útero.  Entonces el útero se silencia, una manera conocida de hacer desaparecer lo que se decide que no debe existir.  Desaparece del imaginario colectivo, y las niñas y los niños crecemos creyendo que el sexo femenino es la vagina.  El silencio del útero llega hasta el ‘yoni’ tántrico, que literalmente quiere decir útero, y que se traduce falazmente por vagina.  Finalmente, Freud, el padre del psicoanálisis, declara a la mujer un ser castrado.   En lugar de reconocer que los órganos sexuales femeninos, el útero y los ovarios, son órganos internos, se fija la atención en la apariencia externa de la zona genital humana y se declara a la mujer castrada. Y ahora, las más novedosas campañas patriarcales para establecer la castración femenina, se dedican a decir, en el colmo de la incongruencia y de la ridiculez, que la vulva es el órgano sexual femenino, cuando según la RAE, la vulva es la zona externa que rodea la vagina.

Toda esta negación del sexo femenino se encadena con la negación del deseo sexual femenino, organizando así la ignorancia de la pulsión sexual femenina, ignorancia que produce una gran confusión en la mujer sobre la experiencia de su sexualidad.

Para hacernos una idea de  hasta dónde llega la negación del deseo sexual de la mujer, pensemos que una institución científica de la importancia social de la Medicina ignora que toda la anatomía y toda la fisiología del aparato reproductor femenino están biológicamente diseñadas para funcionar en procesos amorosos, es decir, con el impulso del deseo.  Y manipula dicho aparato como si fuera un sistema de tuberías y depósitos dentro de un laboratorio.  Y esto sucede cuando se sabe con toda precisión que el deseo es bioquímicamente oxitocina, es decir que se traduce automáticamente en oxitocina, y que la oxitocina tiene una función básica en diversos procesos del aparato reproductor femenino.  Se sabe perfectamente que el encaje de la molécula de oxitocina en sus receptores correspondientes es el dispositivo que acciona el movimiento de determinadas fibras musculares imprescindibles en diversos actos sexuales.  Así, la oxitocina es imprescindible entre otras cosas para lubricar, para lactar y para parir.  Pues a pesar de conocer con detalle esta fenomenología, la Medicina en el colmo de la incoherencia y de la inconsistencia científica, trata la maternidad desvinculada por completo de la sexualidad de la mujer.

Así llegamos a la negación del deseo materno en la maternidad. 

Voy a detenerme en dos momentos claves de la represión del deseo materno.  Y cuando digo ‘claves’ me refiero a que tienen una importancia decisiva en todo el proceso de la exterogestación de la criatura humana y en la vida sexual de la mujer.

El primero de ellos es la impronta.  La impronta son las descargas de oxitocina más altas en la vida sexual de una mujer que tienen lugar en las horas inmediatas al alumbramiento.  Su función es establecer el bucle fisiológico y libidinal entre la madre y la criatura en el exterior del cuerpo materno.  Es decir, la unión simbiótica que implica una sincronía del metabolismo básico de ambos cuerpos y un fuerte enamoramiento en lo libidinal.  Es un hito clave para el establecimiento de la díada, del que depende toda la lactancia y toda la exterogestación.  Sin embargo, los protocolos hospitalarios han reprimido sistemáticamente la impronta, separando a la madre de la criatura después del alumbramiento, con la excusa de lavar y examinar al bebé.  Y una vez que se pasa el momento, la impronta ya no se produce.  También en los partos llamados ‘alternativos’, en casa o en casas de partos, con frecuencia ocurre que se inhibe la impronta, al impedir la intimidad entre la madre y la criatura.  La impronta como todo acto sexual requiere intimidad para que se produzca la entrega mutua y la fusión de los cuerpos.  No puede realizarse si la atención de la madre está distraída, hablando con otras personas.  Hay que decir que la impronta es un encuentro a dos, no es un encuentro a tres o a cuatro.  Primero es la constitución de la díada, y luego ya vendrá el trío, los hermanitos, etc.  La función del padre en este momento es coger a todo el mundo, madres, abuelas, herman@s, comadronas etc. y, una vez finalizado el alumbramiento, sacarles a tod@s de la habitación para dejar a solas a la madre con la criatura. Si se ha esperado 9 meses, bien puede esperarse tres o cuatro horas más.

El otro hito clave en la constitución de la díada, en el que no se respeta el deseo materno, es la cuarentena.

Antiguamente se reconocía que la mujer después de parir necesitaba de una cuarentena de reposo antes de incorporarse a los quehaceres domésticos. Sin embargo, los protocolos hospitalarios y pediátricos no han contemplado semejante periodo.  Pero aquí  la ciencia ya ha dado la razón a la sabiduría y a la práctica tradicional antigua de las mujeres a este respecto. 

En los primeros días y semanas después del nacimiento, la criatura tiene un ritmo especial de alimentación y de sueño.  Durante la gestación intrauterina la criatura se ha alimentado a través del cordón umbilical sin utilizar su aparato digestivo, y al nacer dicho aparato comienza un proceso de puesta a punto para completar su formación, con sustancias y enzimas que recibe de la leche materna. Durante este proceso el bebé solo puede realizar pequeñas ingestas en cada tetada, y la leche materna está preparada para este proceso con una consistencia específica, más líquida y muy rica en todas las sustancias necesarias para la puesta a punto de los órganos.  Este proceso de puesta a punto del aparato digestivo, que requiere pequeñas ingestas, implica un ritmo de tetadas más frecuente, lo que a su vez requiere un determinado ritmo de los estados de sueño y vigilia acordes con el ritmo de las tetadas.  El cerebro de la criatura lo organiza todo perfectamente.  John Bowlby lo llamó ‘estado de organización’ y, lo más importante, explicó que el cerebro de la madre, durante este primer tiempo de lactación, también organiza este mismo ritmo de sueño-vigilia, sincronizado con el del bebé; es decir, que es un estado de organización conjunto de la díada.

Cuando se ignora esto y la madre pretende dormir ocho horas seguidas por la noche y durante el día ponerse a hacer las tareas domésticas mientras el bebé duerme, se organiza el desastre. Porque la criatura no va a dejar dormir ocho horas seguidas a la madre, y ésta se va a levantar agotada iniciándose una espiral de agotamiento y extenuación; la lactancia y el atender al bebé se convierten por esta vía en un fastidio.  En cambio, con el planteamiento de la cuarentena, cuando la madre no tiene nada que hacer más que dormir cuando el bebé duerme, despertarse cuando se despierta y reposar en estado de semivigilia al tiempo que el bebé, no hay ningún agotamiento ni cansancio; la lactancia es un placer; la madre acoplada al ritmo del bebé, disfruta de la lactancia y del apego mutuo.  El éxito de la lactancia y el desarrollo del amor materno dependen en gran medida del éxito de la cuarentena (así como de la realización de la impronta).

Si se produce un buen acoplamiento al comienzo de la crianza, ésta luego se desarrollará sin problemas y de manera satisfactoria para la madre y la criatura; la madre cargada con la criatura podrá realizar muchas tareas y la criatura se adaptará perfectamente al trajín de la actividad de la madre. Pero si al principio se va a contracorriente del proceso, se organiza el desacuerdo y la criatura va a estar ‘dando problemas’ constantemente;  entonces la crianza en lugar de ser un evento mutuamente satisfactorio, se convierte en un ‘trabajo’ extenuante, en un tira y afloja permanente entre las necesidades de la criatura y las necesidades de la madre.

La negación de facto de la cuarentena es clave en la moderna organización de la maternidad patriarcal, porque la madre entra en una vía de abnegación y de sacrificio, de negarse a sí misma el mínimo descanso que necesita; es una verdadera prostitución del amor materno.  El actual estado de negación de la cuarentena hace posible que la verdadera maternidad sea inimaginable para la mente de las mujeres y de los hombres.  Una cosa es cierta, la recuperación de la maternidad nunca será posible por la vía de la abnegación y del sacrificio (8).

La gran ignorancia acerca de este proceso de la maternidad se lleva a menudo por delante todas las energías y toda la buena voluntad que inicialmente tenían los padres.  No solo es la mujer, que en lugar de desarrollar el deseo materno, se agota y se deprime; también es frecuente que con la ignorancia de lo que está pasando, con el agotamiento y el no dar abasto para realizar las tareas domésticas, aparezcan los reproches mutuos en la pareja, el echarse las culpas mutuamente. Así, la negación del deseo materno a menudo conduce también a la crisis de la pareja.

Es necesario comprender la falta de condiciones que tenemos en nuestra sociedad para la cuarentena, y en general, para la constitución de la díada,  porque saber que es una situación anómala que requiere un enorme sobreesfuerzo,  puede evitar tanto la depresión post parto como las crisis de pareja.

Todo esto es el resultado de la ignorancia y también de la falta del tejido social necesario para la maternidad.  La Humanidad siempre ha tenido estructuras familiares grupales, pero éstas desaparecieron del todo con el paso de la familia extensa a la familia nuclear.  Las parejas con su mejor voluntad se disponen a tener un hij@ creyendo que teniendo un piso y un trabajo tienen al fin reunidas las condiciones para procrear.  Sin embargo, la familia nuclear no es una institución adecuada para tener hij@s, bien al contrario es una institución sociológicamente anómala.  La maternidad siempre ha contado con el apoyo del grupo de mujeres de la familia extensa (9), que aportaban la ayuda necesaria con la empatía de la propia experiencia acumulada de la maternidad.  En el caso de la pareja de la familia nuclear que se dispone a tener un hij@, la única persona adulta en la casa es el padre, que es tan inexperto como la madre primeriza, y eso además, si es que no tiene que acudir a su centro de trabajo.

Un ejemplo de urdimbre social en torno a la maternidad es el “atsolorra” del País Vasco, según refieren algún@s antropólog@s. (10)

La negación del deseo materno, la negación de la impronta y de la cuarentena, organizan socialmente la negación de la díada, el estado de corrupción de la maternidad sobre el que se construye nuestra sociedad.

 

                          III  -  LA CRISIS

A pesar de este estado de cosas, de negación de la díada, de aplastamiento de la sexualidad femenina y de la pervivencia de los egos de la guerra de los sexos tanto en hombres como en mujeres, la crisis del Patriarcado es un hecho.  En mi opinión, con la recuperación de la igualdad y de su consideración como sujeto social de derecho, la mujer exigirá también el reconocimiento de sus maternidades..

Hay que tener en cuenta que el mayor enemigo del Patriarcado es la vida misma.  Los seres humanos, los dos sexos, estamos biológicamente diseñados para la armonía y para la paz, no para vivir en tensión competitiva, ni en estado de sumisión, ni para ejercer la dominación.  A pesar de los egos, la gente se enamora y el amor funciona, al menos en cierta medida. A pesar de los acorazamientos y de la forja del arquetipo viril, no se puede destruir del todo la capacidad de amar de las criaturas humanas, por la sencilla razón de que no se puede gestar un cuerpo sin gestar su psiquismo, su alma, su capacidad de amar.  Los hombres son capaces de empatizar con las mujeres y de sentir con las mujeres.  Es completamente falso que la testosterona hace a los hombres violentos y agresivos, y tampoco es cierto lo que se ha dicho desde el psicoanálisis, que los hombres necesitan un lado femenino para ser tiernos y amorosos, como si la masculinidad no fuese en sí misma tierna y amorosa.

La vida es como el silencio del mar que nunca se calla, como un rayo que no cesa de actuar y que atraviesa toda la organización patriarcal.

Desde mi punto de vista, la Humanidad está dándole la vuelta al Patriarcado (y entiendo la actual ola de violaciones y feminicidios como la respuesta de un Patriarcado socialmente cuestionado).  Aunque hay diversos factores que operan en esta crisis, el principal factor político de esta crisis es el movimiento feminista.

Hay gente que recela del movimiento feminista porque éste no ha asumido aspectos tan importantes, por ejemplo, como la maternidad.  El feminismo llamado de la igualdad ha considerado que la maternidad era una esclavitud para la mujer y no se ha planteado el reconocimiento y la recuperación de la maternidad no patriarcal.  Yo misma, en mi lucha por el reconocimiento de la maternidad, me he refugiado siempre intelectualmente en el llamado ‘feminismo de la diferencia’ (Luce Irigaray, Maryse Choisy, Luisa Muraro, Lea Melandri, Victoria Sau, etc.), aunque también en algún momento propuse lo que llamé ‘feminismo de la recuperación’ (11), precisamente porque teníamos, no solo que conquistar unos derechos sociales, sino también que recuperar nuestra sexualidad y la maternidad. 

Sin embargo la lucha por la igualdad es justa y necesaria porque la discriminación en sí misma reclama justicia, y hoy es un clamor en todo el planeta que recoge la indignación de siglos de discriminación. Por eso el movimiento por la igualdad es universal y transversal, asumido por todo tipo de mujeres y también por muchos hombres.  Aunque el feminismo en su conjunto no aborde otros aspectos de la injusticia social, la reivindicación mayoritaria de la igualdad es en sí misma, políticamente justa; además la desigualdad es la condición previa de muchas otras relaciones de dominación y de opresión (incluida la maternidad patriarcal). En otras palabras, la lucha por la igualdad va mucho más allá de la igualdad.  Es necesaria para poder realizar la diferencia y para la recuperación de la maternidad.  Sólo la marginación social de la mujer ha hecho posible la invisibilización y el ‘ninguneo’ de la maternidad.

La igualdad  llevará necesariamente a reconocer y recuperar la maternidad porque sin reconocimiento de la maternidad no podrá nunca haber igualdad entre hombres y mujeres.  ¿Cómo va a ver igualdad para las mujeres si no se reconoce la maternidad?  ¿Cómo va a haber igualdad de derechos sociales sin reconocimiento de la maternidad?   Por eso, aunque dentro del movimiento feminista ahora mismo no haya una reivindicación general y específica de la maternidad, tarde o temprano tendrá que haberla, porque el movimiento se la va a encontrar de bruces.  De hecho, pienso que si en el siglo pasado el movimiento feminista estuvo reducido a un sector minoritario de mujeres intelectuales, fue en gran medida porque no asumió la maternidad patriarcal en la que la mayoría de las mujeres estábamos inmersas; inmersas en toda la contradicción entre amor y esclavitud que implica la maternidad patriarcal.

 

                              IV – LOS RETOS


Tenemos cuatro grandes retos:

El primero, es la lucha contra la negación de la sexualidad de la mujer y de la maternidad.  Este reto requiere un trabajo de información, pues hay mucha buena voluntad que se malogra por la ignorancia, tanto en hombres como en mujeres.  De hecho la ignorancia es una sangría por donde se escapa una cantidad inmensa de energías y de voluntad de cambio. Me voy a referir a algunos argumentos equivocados que hoy se esgrimen y que reflejan esta buena voluntad malograda por la ignorancia. 

Afirmar que la maternidad es una carga, como se hace para argumentar un reparto del trabajo, es negar todo lo que pasa por nuestros cuerpos y nuestras almas: es negar la maternidad.  Es cierto que la falta de reconocimiento de la función social de la maternidad, la ha convertido en una carga; pero eso es sólo el contraefecto de la represión; la maternidad en sí misma no es una carga, es todo lo que pasa por nuestros cuerpos, un proceso amoroso de una gran voluptuosidad. 

A mis 74 años, uno de los peores sufrimientos que recuerdo de mi vida, si no el peor, fue cuando tuve que dejar a mi hija de tres meses en una guardería para ir a trabajar.  Así que, por favor, que no nos digan que la maternidad es una carga.

Tampoco es cierto que la maternidad y la paternidad sean cosas equivalentes.  Semejante afirmación también es una negación de la maternidad.  El hombre no concibe, no gesta, no pare, no lacta.  Y esto no es ‘biología’ como se dice como si la biología fuera algo mecánico. 

Una joven madre, que portaba a su bebé de meses en un pañuelo en posición hamaca, me contaba que sabía que el bebé dormido se iba a despertar cuando sentía la subida de la leche.  Esto es un ejemplo de la sintonía corporal entre la madre y la criatura, una sincronización de la fisiología de los cuerpos que ni siquiera pasa por la mente, sino que la fenomenología fisiológica se comunica directamente, como sucede dentro de un mismo organismo.  Pues bien, esta sincronía fisiológica implica en lo psíquico un bucle libidinal de empatía.

La exterogestación es una función materna y los maternajes de sustitución cuando falla la madre permiten la supervivencia de la criatura, pero es otra calidad de maternaje, compatible precisamente con los acorazamientos necesarios para las relaciones sociales patriarcales.

Concebir, gestar, parir y lactar son acontecimientos físicos y psíquicos que afectan a nuestros cuerpos a nuestras almas y a toda nuestra vida. Equiparar maternidad y paternidad es otra manera de negar la maternidad, de negar nuestros cuerpos, nuestras almas y nuestras vidas.

El segundo gran reto es la lucha por el reconocimiento de la función social de la maternidad, una función que tiene un aspecto económico muy importante.  La sociedad tiene un concepto completamente errático de la economía pues solo contempla el esfuerzo de la producción y no contempla el esfuerzo de la reproducción; y no lo hace porque desde hace siglos las mujeres hemos realizado ese esfuerzo gratis y en la marginación.  Y ahora que estamos saliendo de esa marginación, aparece la maternidad…como una carga. El reconocimiento de la función social de la maternidad tiene este aspecto económico que es crucial para la vida de las mujeres, y quiero aprovechar para pedir desde aquí el apoyo a la Plataforma Petra que ha asumido la reivindicación de la ampliación de las licencias de maternidad.  Sin embargo, pese a lo importante que es la reivindicación económica, el reconocimiento de la función social de la maternidad va más allá del aspecto económico.  Es preciso, por ejemplo, que en el curriculum profesional de una mujer, la maternidad deje de puntuar en negativo para pasar a puntuar en positivo.  Es decir, necesitamos desarrollar la conciencia social de la importancia y del valor de la maternidad.

El tercer gran reto es subsanar la destrucción del tejido social, enfrentarnos a lo que supone la desaparición de la familia extensa.  La desaparición de la familia extensa es una catástrofe para la maternidad porque, para empezar, hace muy difícil respetar la cuarentena de la díada; y es una catástrofe para la infancia en general, para el cuidado de l@s enferm@s y para el cuidado de las personas ancianas. 

La secretaria general de la IV Conferencia Internacional de la Mujer (12), Gertrude Mongella, decía que era mucho más grato para una mujer del llamado tercer mundo ser madre que para la mujer occidental; que para la mujer occidental ser madre era una auténtica condena.  Hasta ese punto consideraba que la falta de tejido social en el mundo occidental trastornaba a la maternidad.

Mucha gente joven es consciente de la falta de ‘tribu’ y realiza esfuerzos para construir comunidades o comunas, reagrupándose con amig@s y gente en general concienciada de la falta de grupo humano.  Desde mi punto de vista, todo este esfuerzo es muy alentador, pero entiendo que el camino para recuperar la organización grupal es la democratización de la familia extensa, lo que implica la rendición del poder de los padres y de las madres a l@s hij@s.  La  hermandad de sangre es muy importante porque supone el haber compartido una misma madre, un mismo padre, unos mismos juegos, una infancia.  Estos vínculos empáticos forjados en la crianza y en la infancia son física y psíquicamente muy importantes y necesarios para la construcción de la ‘tribu’, y además son claves para la convivencia en armonía.  Tienen el plus de tener en común las costumbres, los hábitos, los modos y maneras de realizar la vida cotidiana y las tareas domésticas que a menudo son fuente de conflicto en la convivencia.

Esto es un reto y una lucha concreta, a medio y largo plazo.  Pero la cuarentena no puede esperar.  Las personas del entorno de una futura madre tienen que organizarse para garantizarle la cuarentena.  En lugar de regalar pijamas o jerseicitos, hay que regalar al recién nacido una buena cuarentena.  Hacer un calendario de los cuarenta días para que amig@s y familiares se apunten los días y las horas que puedan acudir a la casa materna para realizar las tareas domésticas, de modo que la madre pueda durante esos cuarenta días olvidarse del mundo y entregarse al amor con su criatura.

El cuarto reto son los egos masculinos y femeninos de la guerra de los sexos que sobreviven en nuestra sociedad, incluído en el inconsciente de la misma gente que se moviliza contra el Patriarcado.

El reconocimiento de la díada es un palo para el ego del arquetipo viril protagonista del Patriarcado.  Por eso, como dice Paco Herrero, a veces, inconscientemente los hombres tratan de usurpar una parte del protagonismo de la madre realizando funciones propias de la exterogestación.

Decía Laing (13) que la envidia del útero en los hombres es más fuerte que la famosa envidia del pene atribuida a las mujeres. Pues ni envidia del pene ni envidia del útero; la envidia es un correlato de la jerarquía, y en la vida no hay jerarquías sino funciones diversas que se desarrollan sinérgicamente, en armonía.  Imaginemos lo que sucedería si en nuestros cuerpos nuestros órganos se dedicasen a competir y a rivalizar, que el hígado tuviese envidia del estómago, o los pulmones del corazón.  En la vida la diferencia no está jerarquizada, sino que surge y desarrolla sus funciones sinérgicamente y en armonía.  Los sexos no están hechos para rivalizar ni para competir sino para vivir armónicamente.  Así pues, hay que dejarse de rivalidades y controlar los egos, los machismos y los misticismos del espíritu de sacrificio de las madres.

El primer antídoto contra los egos es la información, pues normalmente las vías de desarrollo de los egos descansan en falacias, en construcciones falsas, como las que conciernen a la maternidad patriarcal.  La ignorancia de cómo son las cosas realmente es preceptiva del desarrollo de los egos de la guerra de los sexos que sobreviven en los inconscientes; por eso hay que insistir en luchar contra la ignorancia que malogra cantidades inmensas de buena voluntad.

Pero el verdadero y fundamental antídoto contra los egos es el psiquismo no egótico, la propia capacidad de amar de hombres y mujeres que se desarrolla en la complacencia mutua. El desarrollo de la capacidad de amar de hombres y mujeres puede siempre desbordar a los egos, siendo ésta la vía de acción básica contra los egos patriarcales.  En definitiva, es el desarrollo de la capacidad de amar subegótica de ambos sexos, lo que va a dejar de lado las compulsiones de los egos de la guerra de los sexos.

 

                        V – LAS ESPERANZAS

Antes de nada, hay que decir que la esperanza es también una urgencia habida cuenta de la otra crisis, la planetaria.  La depredación patriarcal no es sólo intrahumana, sino que también se ha extendido a toda la biosfera; por eso la esperanza es una urgencia, porque tenemos que llegar a tiempo y acabar con el Patriarcado antes de que el Patriarcado acabe con el planeta.

Y una esperanza muy importante es la reconversión de la función del padre.

En algunos de mis libros, he escrito que había que buscar otro nombre para el padre.  Al tomar conciencia de las atrocidades sistemáticamente cometidas por los hombres en el nombre del padre, de todo la masa infinita de sufrimiento de mujeres y niñ@s producida por los padres a lo largo de los siglos de dominación patriarcal, pensé, precisamente porque siempre he creído en la bondad intrínseca de la masculinidad, que había que buscar otro nombre para los hombres, que no teníais que cargar con el peso de semejante nombre tan macabro.  Sin embargo, a día de hoy pienso que no es necesario, por dos razones.

La primera es una razón subjetiva.  Tengo un profundo reconocimiento hacia mi padre por todo lo que me transmitió y cómo lo hizo.  Jamás me dio una orden, y cuando emitía alguna opinión que me concernía, lo hacía con la máxima delicadeza y cuidado para no interferir en mi proceso de toma de decisiones.  Máxima delicadeza para no interferir en mi libre albedrío y máxima delicadeza para transmitirme los sentimientos más nobles de los que es capaz el alma humana.  Y cuando hablo así de mi padre, obviamente no estoy utilizando la acepción milenaria patriarcal de la voz ‘padre’, sino otra bien distinta.

Y así paso a la segunda verdadera y objetiva razón por la que creo que no hace falta cambiar el nombre del padre, y es la capacidad de la lengua de adaptarse a los cambios sociales.

La lengua fue nada menos que capaz de cambiar, con el cambio de orden social, la voz ‘ama’ por la de ‘amo’; de la madre de la matrística por la del dueño de la casa patriarcal.  Sin el menor problema (el diccionario Anaya da el euskera como etimología de ‘amo’ (dueño), es decir, que procede del ‘ama’  vasco, la madre).

Y  en sintonía con el actual movimiento contra la discriminación de la mujer, la gente está cambiando el masculino genérico;  cada vez es más frecuente oir decir ‘niños y niñas’, ‘hombres y mujeres’, incluso en los discursos públicos.  También instituciones tan importantes como el ‘APA’ (asociación de padres de alumnos) cambió por el ‘AMPA’ (asociación de madres y padres de alumnos) porque la gente desestimó considerar ‘padres’ como un genérico que incluyera a las madres.  La gente está cambiando la lengua.  Es la evolución conjunta de la lengua y de la sociedad.  Y es normal que la RAE defienda todavía la idoneidad del masculino genérico, pues la lengua siempre se ha hecho de abajo a arriba, nunca de arriba abajo.  La lengua se hace hablando, en la calle, en la convivencia.  La excelencia siempre va de abajo a arriba, nunca de arriba abajo como pretenden hacernos creer las élites dominantes para justificarse (14) .

Así pues, estamos, estáis, cambiando la acepción del nombre del padre.  Y esto es un síntoma y una grandísima esperanza.

Para terminar, entiendo que la función del padre es acompañar el aprendizaje de las criaturas desde el respeto y la complacencia.  Pero a día de hoy, teniendo en cuenta la negación social de la díada, teniendo en cuenta la represión del deseo materno, la falta de reconocimiento económico de la maternidad, y la falta de tejido social; teniendo en cuenta esta situación, la función principal, importantísima y fundamental del padre es luchar por la constitución de la díada; luchar para que a su hijo o a su hija no le falle la exterogestación, para que tengan la madre que les corresponde y que necesitan para su integridad física y psíquica.

La Alberca y La Granja, agosto 2019

 

NOTAS

(1)   Sobre el cambio de orden social de la matrística al Patriarcado, me remito al texto colgado en mi web ‘La matrística, aquí y ahora”:  https://sites.google.com/site/casildarodriganez/la-matristica-aqui-y-ahora

(2)   Amparo Moreno, ‘El arquetipo viril protagonista de la Historia’, laSal edicions de les dones, Barcelona, 1986.

(3)   Juan Merelo-Barberá, ‘Pariras con placer’, Kairós, Barcelona 1980.

(4)   https://www.google.com/search?q=Ch+Moir+Recording+the+contractions+of+the+human+pregnant+and+non+pregnant+uterus&tbm=isch&source=iu&ictx=1&fir=jFyX

(5)   Masters y Johonson, ‘Human sexual response’,  Intermédica, México 1978.  1ª publicación inglesa,

Little Brown and Co, Boston1966.

(6)   https://watermark.silverchair.com/dmg011.pdf?token=AQECAHi208BE49Ooan9kkhW_Ercy7Dm3ZL_9Cf3qfKAc485ysgAAAlswggJXBgkqhkiG9w0BBwagggJIMIICRAIBADCCAj0GCSqGSIb3DQEHATAeBglghkgBZQMEAS4wEQQMt-TXVucu_-rqpxNhAgEQgIICDqcEo6BcM2SwL3uLlBtY0DywYVeXlVCCmcQpMfYp_GqLWKVEhevn9UGT6oE4OBV4hCTPtfqDmvzxqYE64P_J3qPftDsXRh_roKIo17yk4GBa4KZdtPliDqWXzedDET9wriI6IodE4m_5lAE-fTNHYY8IJqugZDrdrohFYAqIS4BAVBA2U-Zk5R-f92wZGJBZENbyjw_PwDty-7IhDS2E__mPK_dXQLzis97_zITTGWCs0Xv9AZfufmhvQHqmAEVpzIzt-6AxCKcm3hJQN1l60mYwlCfQBysMVdC9M_BtcSDdc75LBgbO8EA13dLkFTwgVe6HzXMvA48jrnS_14KKFJ10qEpsfr1GpkIgKGejT1ihKNUbXBAEetpDXl8QNYA9HMdose6HPyosdniD_g8DrJvNxzZI-cqbXYltGtUb0Tbutpb6S_rmZg1qRfQu7p29waeEzaaJh7l8LkeENp80cu-DNNGGoBhijGXXTgH7KVS0GjyqYNPHoOFPbkY85NvPg8J83QwQYwA03uFxzVRvJwGbdlFvoEKCcFKz0oozXg5UiUdasGS9UwXJSBbJP3uMCbx3Vc0SRm_b1mrf3adA5Nu6GOOpw-Z4gDIhl1CjsY_jlc0mF8pN_X6hQJbHiQKebNsLYtW7eYhR94cGRGrMH5gy2zT1kl8PRwUqII_00LflG_zqbkn5mhUIhAvM_xY

(7)   Assumpta Bonet ‘El Jardin de la Diosa’, Integral 174

(8)   Ruth Benedict en ‘El Crisantemo y la espada’ (Alianza, Barcelona 2006 (1ª publicación, 1946) cuenta que en los años 30 del siglo pasado, las autoridades sanitarias japonesas pusieron en marcha una campaña destinada a promocionar el destete a los 8 meses, en una sociedad en la que la lactancia se prolongaba por encima de los dos años. A pesar de los argumentos esgrimidos, supuestamente científicos, de que el destete era lo mejor para el bebé, las mujeres japonesas desestimaban la propuesta alegando que aunque fuera mejor para el bebé era peor para ellas.  Según Benedict, la etapa de lactancia era considerada por las mujeres japonesas de la época, como el periodo más placentero de la vida de una mujer.  Esta información sobre las mujeres japonesas del siglo pasado es consistente con el legado de las mujeres micénicas en cuyos cántaros pintaban pulpos que representaban el placer de sus cuerpos, en los cuales las ondas de placer salían, en la mayoría de ellos, de los pechos.

(9)   Martha Moia, en su libro ‘El no de las niñas’ (laSal edicions de les Dones, Barcelona 1981), explica la estructura social del grupo humano con la imagen de la tela.  Siendo la urdimbre de la tela el conjunto de las mujeres del grupo y la trama el conjunto de los hombres del grupo.  Los hilos de la urdimbre y los de la trama, están íntimamente entrecruzados pero los unos y los otros tienen su sentido  y su función específica.

(10)                      Entre otr@s Mari Carmen Basterretxea  en su libro ‘Euskal Herria, Kultura Matrilineala’, (editorial Potlach, 2016).

El “atsolorra” es un vestigio de la matrística en el País Vasco; en algunos pueblos de Euskal Herria, como Ereñotzu, el “atsolorra” existió hasta la década de los 70 del siglo pasado. Cuando una criatura nacía en el pueblo, las mujeres que habían atendido a la madre antes y durante el parto, se encargaban del cuidado de la madre y la criatura durante las primeras semanas. Los hombres ayudaban en las tareas del caserío de la nueva madre. Cuando la pareja ya estaba en condiciones, el pueblo o barrio celebraba el nacimiento y hombres y mujeres tomaban el compromiso de que toda la comunidad cuidaría a la criatura recién llegada durante su infancia y adolescencia. La celebración del “atsolorra” tenía una parte lúdica importante también; el nacimiento se celebraba con canciones y bailes y era una fiesta muy alegre. Basterretxea dice que según recuerdan ancianos y ancianas que vivieron esta celebración, entre hombres y mujeres se daba una incesante comunicación sobre todo lo concerniente al alumbramiento y cuidado posterior. La Iglesia apartó al hombre de esta fiesta y de esta tarea primero, y después a toda la comunidad,  sustituyéndolo por el bautismo.    

(11)                      Ver en mi web: ‘Por un feminismo de la recuperación’ https://sites.google.com/site/casildarodriganez/por-un-feminismo-de-la-recuperacion-marzo-2010

(12)                      IV Conferencia Internacional de la Mujer, Pekin, octubre 1995.

(13)                       R. Laing.  Entrevista en la revista Reporter 14.12.77 nº30 pags. 66-67.  Citado por Victoria Sau en ‘El Diccionario Ideológico Feminista’ Barcelona, Icaria 1990.  Pags 270-271.

(14)                      El esperanto es un ejemplo de intento de crear una lengua de arriba abajo con criterios racionales, que no pudo implantarse.

 

” 




 
           Reflexión autocrítica

   El trabajo aquí expuesto no ha sido un proyecto premeditado.  Nunca pensé que me dedicaría escribir, que publicaría libros, que escribiría artículos, que presentaría ponencias en jornadas, o que colgaría textos míos en una web.  Los escritos han ido saliendo según me he visto en la necesidad de expresar las cosas que iba ‘descubriendo’.  Creo que el interés que pueda tener lo que aquí está recogido, reside en el intento de perforar el magma dogmático que subyace a la civilización de la dominación y del sufrimiento humano, ‘el dogma conceptual básico’ del que hablaron Ruth Benedict y Amparo Moreno Sardá (o ‘la mentira universal’ de Camus).  El interés que puedan tener mis escritos, es la misma búsqueda a través de las grietas del magma.  Más allá de los resultados obtenidos en esta búsqueda,  los obstáculos o las dificultades encontradas que se ponen en evidencia, pueden ser de utilidad para quienes se empeñen en la misma tarea. La misma censura encontrada es la mayor indicación, incluso en algún caso, una precisa definición conceptual de algo que se esconde detrás del magma.  La construcción criminal de la realidad artificial, es también la prueba  más importante de la realidad natural que se opone al dominio y al saqueo, a la injusticia y al sufrimiento humano.  Si aquí alguien encuentra algo que le pueda servir para vislumbrar algo de la vida que subyace al mundo de la dominación, ya habrá valido la pena el esfuerzo.

      He trabajado respondiendo a impulsos concretos  por esclarecer cosas concretas, acuciada por la necesidad de entender lo que pasaba y de propio equilibrio y auto-regulación psicosomática;  por poner un ejemplo concreto: la necesidad de entender y definir la pulsión del deseo materno, percibida de un modo tan nítido que toda la presión del magma no fue suficiente para que pasara por mí como si nada.  Sin la fuerza  y la guía de la pulsión creo que no se puede traspasar el magma dogmático, o  por lo menos yo ni me lo hubiera planteado:  nada, ninguna otra cosa, me había sugerido antes que la idea de la maternidad que tenía, socialmente establecida y culturalmente argumentada, fuese una monumental mentira. Así es como aparece el interés  por algo que quieres saber y que no lo encuentras dicho en ninguna parte, o al menos nadie te lo ha dicho a ti, ni a lo largo de la enseñanza reglada, ni tu familia, ni la literatura y la cultura en general a la que has tenido acceso. A base de buscar, a veces encuentras que hay cosas que sí que han sido dichas,  unas veces de forma muy clara, y otras parcialmente, sesgadamente, difuminadas en otro contexto;  pero enterradas o arrumbadas al margen de los medios normales de transmisión de conocimientos.
     Esta manera de buscar y de investigar, desde mi punto de vista, no sólo es válida, sino que es la que directamente se enfrenta a ‘la mentira universal’, al dogma conceptual básico;  pero tiene sus inconvenientes, y es que te hace a veces  simplificar los fenómenos. Aunque la simplificación se pueda justificar, porque muy posiblemente en un primer momento sea inevitable, no quita que lo sea.  Cuando vislumbras la verdad que hay detrás de una mentira, es tal el deslumbramiento que irradia, que oscurece todo lo que la rodea.  La verdad concreta que emerge tiende a aíslarse, difuminando sus conexiones, y con ellas, a veces,  sus matices.  Sobre todo sucede cuando se trata de una empresa en solitario, como es mi caso, que casi no puedes contrastar opiniones, y sobre todo,  encuentras enormes dificultades, en ocasiones insalvables, para acceder a las fuentes   Todo ello agravado por el hecho de que la investigación ha sido forzosamente multidisciplinar, lo cual hubiera requerido un conocimiento profundo de cada una de las disciplinas implicadas, y no un bagaje de cultura general medio como el mío.

     Ahora, cuando releo algún texto mío, tengo que decir que no me gusta la manera en que digo las cosas, sobre todo en los escritos más antiguos.  Sigo estando identificada con sus conclusiones, todas, porque en lo esencial he tratado de ser fiel y rigurosa con respecto a la pregunta inicial, y creo que  las respuestas, pese a todo,  están suficientemente argumentadas; para mí desde luego lo están. Pero me he encontrado con muchas cosas que ahora me parecen razonamientos forzados, simplistas o exagerados, es decir, que son de alguna manera, una deformación parcial de algún fenómeno.

   Me gustaría volver a re-escribir lo escrito.   Hacer una crítica, capítulo a capítulo de cada libro, artículo por artículo.  O escribir un nuevo libro que contara las cosas de otra manera.  No sé si lo podré hacer, pero está planteado.  
San Ildefonso, 21 de julio 2011