PRESENTACION DEL SITIO

Querid@s amig@s: En la barra lateral izquierda podéis pinchar los textos disponibles, libros, artículos, etc.  
En pulposymedusas@gmail.com podéis dejarme vuestros comentarios.
También en: sites.google.com/site/rescatandotextos he colgado algunos textos que me parecen importantes.
No hace falta pedirme permiso para reproducir cualquiera de los escritos que están colgados, siempre y cuando no se tergiversen o se modifiquen, por añadiduras, omisiones o falsas 'traducciones'.
A continuación un texto reciente sobre maternidad y feminismo.
 Al final de esta página encontraréis también un comentario autocrítico.   

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


                       El vacío de maternidad y la revolución feminista


                                                                                                                                           Cuando la madre antigua reverdece,                                                                                                                                          bello pastor, y a cuanto vive, aplace…                                                                                                                                                                                                                                                                                                        Lope de Vega


Decía Victoria Sau que el Patriarcado es un vacío de maternidad (1); y este vacío hay que entenderlo en sus dos dimensiones inseparables, la social y la individual.

La matrística (Borneman,1975 (2); también llamada por los clásicos Edad Dorada) fue una sociedad organizada según el principio materno, el principio de la identificación absoluta con el bienestar de otro ser, que es la característica del deseo materno.  Es un tipo de amor que produce el sistema empático humano para garantizar la supervivencia de las criaturas humanas en su frágil estado al nacer; por eso el cuerpo de la mujer recien parida es una fuente de energia empatica. Los grupos humanos se organizaban entonces en torno a este aliento materno.  Bachofen (3) llamó ‘muttertum’ a este grupo humano formado en el hálito del deseo materno. 

La complacencia con otro ser induce a su vez en éste, el deseo de complacencia.  El ‘muttertum’ era el ambiente de la recíproca complacencia, el despliegue social del principio materno. Por eso, los grupos humanos organizados en torno a este principio generaban la fraternidad, el cuidado mutuo.

Decía Cervantes que los que vivían en la Edad Dorada ignoraban las palabras de tuyo y mío y que todas las cosas eran comunes. El mismo Colon en su diario de Viajes, dejó constancia de la sorpresa que le produjo la extrema generosidad de los nativos hallados en el Caribe, con respecto a todas sus pertenencias.

Bachofen decía también que los pueblos matrísticos destacaban por la hospitalidad que ofrecían siempre al extranjero.   
La principal característica, arqueológicamente probada, de aquellas sociedades era la gran paz que en ellas reinaba.  Comenta Bachofen que con la desaparición de aquellas generaciones de mujeres, desapareció también la paz sobre la Tierra. 
Unas generaciones de mujeres que durante milenios preservaron la continuidad del principio femenino-materno en la sociedad humana.

El principio materno no tolera el sufrimiento de otro ser, enseguida la madre y l@s herman@s se vuelcan para impedir las causas del sufrimiento del hij@, del herman@ o de cualquiera. La guerra era algo completamente ajeno a sus vidas.   

La revolución patriarcal contra la matrística cortocircuitó de diversas formas, como ahora veremos, el desarrollo humano según este principio materno, para generar una sociedad de guerreros y de esclav@s.  El patriarcado fue vaciando la sociedad del principio materno, para organizar la dominación, el saqueo y la guerra de los sexos que es el pre-requisito para todo el fratricidio.  Las mujeres dejaron de andar tranquilas por los montes y los valles, como decía Cervantes (el Quijote), que andaban las chicas en la Edad Dorada.  

El vacío social de maternidad se construyó vaciando la maternidad concreta de cada mujer, que fue la principal estrategia de la revolución patriarcal. Generalizar la separación de la díada madre-criatura, no fue una tarea fácil ni rápida.  En el siglo IV a.c. todavía San Agustín decía ‘Dadme otras madres y os daré otro mundo’, poniendo de manifiesto su conocimiento sobre la función social de la maternidad. Y en siglos recientes, tenemos que situar la caza de brujas como un genocidio destinado específicamente a acabar con la trasmisión del conocimiento de la sexualidad femenina.  Y en el contexto de esta guerra contra las mujeres que continúa en nuestros tiempos, tenemos que situar la llamada violencia doméstica o de género y las violaciones.

                                                                                ....

Al parir, la identificación de la madre con la criatura que da a luz es, en principio, absoluta.  No hay nada en el mundo para una madre más importante que el bienestar de su criatura, la madre siente cada palpito de su bebe y se apresta a complacerle. Es el impulso del deseo materno.  Es el amor verdadero, el de la complacencia –placer con- , el placer de complacer, sentir placer con el placer del otro.  Es el amor que configura la imagen del Paraíso, del que los humanos fuimos expulsados tras la revolución patriarcal.

La maternidad es una concatenación de fenómenos fisiológicos, concepción, gestación, parto y lactancia, en la que cada fenómeno prepara el siguiente; no se puede trocear la maternidad como hace la medicina convencional. El desarrollo neurológico del cerebro humano y la formación del alma humana depende de esa concatenación fisiológica y psíquica. 

Toda la fisiología de la maternidad está impulsada por el sistema sexual y empático humano.  El deseo materno es un deseo sexual, y todos los fenómenos fisiológicos de la maternidad comportan actos sexuales.  El deseo materno son descargas de oxitocina que se vierten en el torrente sanguíneo para encajarse en sus correspondientes receptores en las zonas erógenas de nuestros cuerpos.   Por eso hay partos orgásmicos y mujeres que tienen orgasmos al lactar, aunque en el estado actual de desconexión corporal, son las menos. (4)

Para vaciar la maternidad de su contenido, el patriarcado realizó una contrarrevolución sexual (Borneman, 1975), para que la maternidad se realizase sin el impulso del deseo y la gratificación del placer.  Convirtió a la madre en una máquina reproductora al margen de su libre sexualidad.  Hoy en el mejor de los casos el ‘deseo’ de tener hij@s, es un deseo sólo racional.

Se ha demostrado desde diversos campos de la ciencia, pero particularmente desde la década de los 90, desde la neurología, que la formación del cerebro humano, en el periodo crítico del primer año después del nacimiento, depende de la unión con la madre;  que la separación de la madre de la criatura inmediatamente después de nacer y la crianza del ser humano separado de la madre, impactan en el desarrollo neurológico en su etapa de formación (5).

Nacemos solo con un 25% del cerebro formado, a diferencia de otros mamíferos que nacen con el 80%;  nosotr@s alcanzamos ese 80% al año de haber nacido.  Nacemos también con millones de neuronas sueltas y el desarrollo neurológico no es otra cosa que el establecimiento de las sinapsis neuronales y la fijación de las redes neurales que nos acompañaran de por vida. 

Sin embargo este proceso se ve afectado por la toxicidad de las hormonas del estrés, el cortisol y otros glucocorticoides, que literalmente destruyen las neuronas.  Cuando un bebé es separado de su madre, muy especialmente al nacer  y en todo el periodo perinatal, entra en un estado de estrés que manifiesta llorando.  Este estrés va a impactar en el desarrollo neurológico determinando las redes neurales que se van a formar y sus conexiones neuromusculares.  Si una criatura humana se cría en estado de estrés, forjará un esqueleto neuromuscular preparado para el estado de alerta y para la lucha: es el acorazmiento que estudió Wilhelm Reich.

Por eso la separación de la díada madre-criatura fue el eje principal de la estrategia patriarcal para forjar una sociedad de sujetos endurecidos, insensibles al sufrimiento humano,  capacitando al ser humano para matar con indiferencia emocional y, en general, para el ejercicio de la crueldad.  El impacto que tiene en la vida humana la separación de la díada fue descubierto en el Neolítico y por eso se establecieron las religiones con sus correspondientes sacerdotes, con el mandato de separar la madre de la criatura, con diversos preceptos y argumentaciones falaces, (el calostro es malo, la mujer queda impura con el parto con el demonio dentro, etc.) encaminados a promover tanto la separación de facto como la repulsa de la madre hacia sus propios deseos y su propio cuerpo.  Unas religiones y unos sacerdotes debidamente situados para interceptar la trasmisión de la sabiduría ancestral de las madres.  Impureza y brujería fueron los dos epítetos tras los que escondieron el verdadero objetivo de la persecución patriarcal: acabar con el principio femenino-materno.

Hoy la neurología y la investigación clínica neonatal han concluido que la separación de la díada madre-criatura supone una violación de los cuerpos de la madre y de la criatura (Bergman 2005).   La regla ‘skin to skin’ (piel con piel) del ‘kangaroo mother care’ (cuidado madre canguro) (6) es ya una recomendación de la OMS.

 Si la arqueología ha probado la existencia de la sociedad matrística (7), la neurología y la investigación clínica neonatal han comprobado el impacto en cada ser humano, de por vida, de la separación de la díada madre-criatura.

Los hombres en el Neolitico aprendieron cómo castrar a los toros para producir bueyes y cómo castrar a las mujeres para producir guerreros y esclav@s.  Y así construyeron los primeros imperios con sus ejércitos y sus esclav@s.  Sometiendo a la mujer, corrompiendo su capacidad reproductora, interceptando la trasmisión del principio femenino-materno.  El vacío social de maternidad es el correlato del vaciado de la maternidad de cada mujer.

Hoy las mujeres menstruamos y parimos con dolor, gestamos y lactamos con molestias, nuestros cuerpos castrados, funcionando sin el impulso del deseo.  Tampoco sabemos que la complacencia es una vía posible y efectiva de crianza y de relación con l@s hij@s.  Hoy le han puesto otro nombre a la represión (poner limites) y se impide que la complacencia se implemente y desarrolle la capacidad de amar del alma humana.  La expulsión del Paraíso se realiza implacablemente con cada criatura humana que nace, por obra y gracia de la castración cultural que se nos inflige a las mujeres, y que es una estrategia que el patriarcado mantiene con todo el peso de sus aparatos de propaganda y de Poder en general.

La revolución feminista y antipatriarcal, radical y consecuente es acabar con el vacío de maternidad a todos los niveles.  Acabar con la guerra y la prostitución. Acabar con la violencia interiorizada que arrastramos las mujeres (Lea Melandri (8). Acabar con siglos de partos con dolorosísimos calambres y recuperar el latido del útero, suave, placentero y eficaz.  Recuperar la maternidad supone recuperar nuestros cuerpos y nuestra sexualidad. No puede haber emancipación de la mujer sin recuperación de la maternidad, y no puede haber recuperación de la maternidad sin emancipación de la mujer.

El Crimen de la Madre, decía Sau, es el gran secreto de la humanidad.  Pero ya está dejando de ser un secreto.  Está ya demostrado que el Paraíso existe, que la ciencia del bien y del mal es accesible, que los deseos de las criaturas se pueden saciar, y que las criaturas saciadas expanden la sociabilidad humana (9). Esta es la otra cara del secreto: el Crimen de la Madre esconde la pérdida del bienestar humano.  El patriarcado vacía la sociedad de maternidad para organizar el sufrimiento humano.

No hay mayor desigualdad que la igualdad que ignora la diferencia.  La maternidad no es igual que la paternidad.  El hombre no concibe, no gesta, no pare, no lacta. Cuando una mujer concibe, no solo se transforma el ovulo en un cigoto, todo el cuerpo de la mujer se transforma y entra en un equilibrio psíquico y físico, un ‘estado’ –como se decía antes-  neuro-endocrino especial.  Ignorar lo que física y psíquicamente supone la maternidad en la mujer, en nuestros cuerpos y en nuestras almas, ha permitido vaciarla de contenido.  Ignorar la diferencia es un error de bulto y es contribuir a perpetuar la desigualdad  y el vacío de maternidad.
                                                                                                                                               La Alberca, septiembre 2018
 
Notas
(1)   Victoria Sau (1995), El Vacío de Maternidad.  Icaria, Barcelona 1995.
(2)    Ernest Borneman (1975), Le Patriarcat. PUF, Paris 1979. (1ª publicación, Franckfort 1975).
(3)    J.J. Bachofen (1861), Das Mutterrecht. Suhrkamp, 1997.  En castellano: Mitología arcaica y derecho materno. Anthropos, Barcelona 1988.
(4)    Sobre este tema, para una información más detallada ver ‘Pariremos con placer’, colgado también en esta web.
(5)    Nils Bergman (2005) hace una recopilación de estos hallazgos de la neurología en: Le portage kangaroo, Les dossiers de l’allaitment, Leche League France especial nº 6, Paris, marzo 2005.
También: A.N. Shore, The effects of early relational trauma on right brain development, affect regulation, and infant mental health.  ‘Infant Mental Health Journal’, 2001;22 (1-2): 201-69
(6)    Nils Bergman (2001), documental Restoring the original paradigm, www.kangaroomothercare.org
(7)    Ver toda la obra de la arqueóloga Marija Gimbutas
(8)    Lea Melandri, La infamia originaria. Ed.Ricou, Barcelona 1980
(9)                   
Sobre este último punto, ver el artículo en esta web El  metabolismo del psiquismo y la sociabilidad humana.

--------------------------------------------------------------------------------------------------   



 
           Reflexión autocrítica

   El trabajo aquí expuesto no ha sido un proyecto premeditado.  Nunca pensé que me dedicaría escribir, que publicaría libros, que escribiría artículos, que presentaría ponencias en jornadas, o que colgaría textos míos en una web.  Los escritos han ido saliendo según me he visto en la necesidad de expresar las cosas que iba ‘descubriendo’.  Creo que el interés que pueda tener lo que aquí está recogido, reside en el intento de perforar el magma dogmático que subyace a la civilización de la dominación y del sufrimiento humano, ‘el dogma conceptual básico’ del que hablaron Ruth Benedict y Amparo Moreno Sardá (o ‘la mentira universal’ de Camus).  El interés que puedan tener mis escritos, es la misma búsqueda a través de las grietas del magma.  Más allá de los resultados obtenidos en esta búsqueda,  los obstáculos o las dificultades encontradas que se ponen en evidencia, pueden ser de utilidad para quienes se empeñen en la misma tarea. La misma censura encontrada es la mayor indicación, incluso en algún caso, una precisa definición conceptual de algo que se esconde detrás del magma.  La construcción criminal de la realidad artificial, es también la prueba  más importante de la realidad natural que se opone al dominio y al saqueo, a la injusticia y al sufrimiento humano.  Si aquí alguien encuentra algo que le pueda servir para vislumbrar algo de la vida que subyace al mundo de la dominación, ya habrá valido la pena el esfuerzo.

      He trabajado respondiendo a impulsos concretos  por esclarecer cosas concretas, acuciada por la necesidad de entender lo que pasaba y de propio equilibrio y auto-regulación psicosomática;  por poner un ejemplo concreto: la necesidad de entender y definir la pulsión del deseo materno, percibida de un modo tan nítido que toda la presión del magma no fue suficiente para que pasara por mí como si nada.  Sin la fuerza  y la guía de la pulsión creo que no se puede traspasar el magma dogmático, o  por lo menos yo ni me lo hubiera planteado:  nada, ninguna otra cosa, me había sugerido antes que la idea de la maternidad que tenía, socialmente establecida y culturalmente argumentada, fuese una monumental mentira. Así es como aparece el interés  por algo que quieres saber y que no lo encuentras dicho en ninguna parte, o al menos nadie te lo ha dicho a ti, ni a lo largo de la enseñanza reglada, ni tu familia, ni la literatura y la cultura en general a la que has tenido acceso. A base de buscar, a veces encuentras que hay cosas que sí que han sido dichas,  unas veces de forma muy clara, y otras parcialmente, sesgadamente, difuminadas en otro contexto;  pero enterradas o arrumbadas al margen de los medios normales de transmisión de conocimientos.
     Esta manera de buscar y de investigar, desde mi punto de vista, no sólo es válida, sino que es la que directamente se enfrenta a ‘la mentira universal’, al dogma conceptual básico;  pero tiene sus inconvenientes, y es que te hace a veces  simplificar los fenómenos. Aunque la simplificación se pueda justificar, porque muy posiblemente en un primer momento sea inevitable, no quita que lo sea.  Cuando vislumbras la verdad que hay detrás de una mentira, es tal el deslumbramiento que irradia, que oscurece todo lo que la rodea.  La verdad concreta que emerge tiende a aíslarse, difuminando sus conexiones, y con ellas, a veces,  sus matices.  Sobre todo sucede cuando se trata de una empresa en solitario, como es mi caso, que casi no puedes contrastar opiniones, y sobre todo,  encuentras enormes dificultades, en ocasiones insalvables, para acceder a las fuentes   Todo ello agravado por el hecho de que la investigación ha sido forzosamente multidisciplinar, lo cual hubiera requerido un conocimiento profundo de cada una de las disciplinas implicadas, y no un bagaje de cultura general medio como el mío.

     Ahora, cuando releo algún texto mío, tengo que decir que no me gusta la manera en que digo las cosas, sobre todo en los escritos más antiguos.  Sigo estando identificada con sus conclusiones, todas, porque en lo esencial he tratado de ser fiel y rigurosa con respecto a la pregunta inicial, y creo que  las respuestas, pese a todo,  están suficientemente argumentadas; para mí desde luego lo están. Pero me he encontrado con muchas cosas que ahora me parecen razonamientos forzados, simplistas o exagerados, es decir, que son de alguna manera, una deformación parcial de algún fenómeno.

   Me gustaría volver a re-escribir lo escrito.   Hacer una crítica, capítulo a capítulo de cada libro, artículo por artículo.  O escribir un nuevo libro que contara las cosas de otra manera.  No sé si lo podré hacer, pero está planteado.  
San Ildefonso, 21 de julio 2011