Invertir en una educación infantil temprana (EIT) de calidad es una de las más significativas inversiones que las sociedades pueden hacer para apoyar a sus presentes y futuras generaciones, ya que desde temprana edad los niños y las niñas tienen la enorme capacidad para adquirir aprendizajes de alto peso cognitivo; cabe señalar que durante los primeros años de vida se deben potenciar al máximo las habilidades, capacidades, aptitudes y destrezas, de esta manera, permitir a los niños(as) construir los cimientos sólidos que sustenten toda una vida de aprendizajes y experiencias.
Por lo tanto, el papel que juegan las madres/padres/tutores/ cuidadores es imprescindible, y requiere de un trabajo articulado que responda con la atención materno infantil, ofreciendo especialmente a las madres asesoramiento sobre la importancia del desarrollo infantil temprano ya que es la base del capital humano y social del desarrollo de las naciones; de acuerdo con Pérez (2017), el desarrollo infantil temprano, es definido como el pilar fundamental de los Objetivos de Desarrollo Sostenible; por otra parte la serie de desarrollo infantil temprano (DIT) recién publicada en la revista británica Lancet indica que es posible implementar programas intersectoriales de DIT basados en evidencia a gran escala.
Cabe indicar que es alto el número de población infantil en edad de 0 a 3 años, que se observa junto a sus padres, madres, tutores o encargados y que confluyen en los mercados del Distrito Central de Francisco Morazán, los cuales carecen de espacios que les ofrezcan una atención integral de calidad; y en el caso de los niños (as) que asisten a un centro del nivel prebásico al salir de su jornada de clases, permanecen junto a alguno de sus padres acompañándoles en sus actividades laborales en las calles y pasillos de los mercados capitalinos especialmente los que se dedican al comercio informal lo que comúnmente se les nombra, vendedores ambulante sin ninguna oportunidad de atención extracurricular ni mucho menos cuidados, situación que evidencia vulnerabilidad en muchos aspectos.
Asimismo, la realidad claramente muestra que estos programas deben ser integrales, e incluir la salud, nutrición, protección social y oportunidades de estimulación y aprendizaje temprano; cabe indicar que, la evidencia también apunta que estos programas deben atender las necesidades de la familia y el niño a través del curso de vida, desde la gestación, pasando por la infancia temprana (nacimiento hasta los 5 años), la niñez y hasta la adolescencia, y los padres y tutores en la edad adulta.
El Centro de Atención Integral para la Primera Infancia CAIPI, surge del compromiso que tiene el Estado de Honduras para garantizar el goce de los derechos inherentes de los que son garantes los niños y las niñas del país. Dicho centro, situado en la zona de los mercados de la capital, donde convergen niños y niñas que viven en condiciones de vulnerabilidad en la periférica del Distrito Central y zonas aledañas, éstos son traídos a los mercados ya que carecen de cuidadores, espacios y recursos para ser atendidos en centros de cuidado infantil, por lo tanto, acompañan a sus padres en las diferentes labores que realizan especialmente los que se dedican al comercio informal ambulatorio.
Consecuentemente, surge el CAIPI, con el propósito de ofrecer un servicio de calidad en la atención integral materno infantil de la población antes mencionada, atenderá de manera integral a niños y niñas a partir de los 6 meses hasta antes de cumplir 5 años de edad. Estará dirigido a lo familias que, junto a sus hijos, conviven en los mercados y zonas aledañas.