Cuando la automatización deja de ser un lujo y se convierte en la regla.
El ser humano desde sus principios siempre ha buscado formas de facilitar sus labores diarias, en nuestras épocas automatizar, mecanizar o usar la energía con el objetivo de usar menos fuerza y personal, ya no es dejadez ni mucho menos pereza o un lujo. Ahora es considerado como una regla casi obligatoria para mantener la competitividad de un negocio, además de ser un fundamental impulsor de nuestra civilización que ha venido para quedarse.
En el caso del Cloud, su naturaleza tecnológica le exige estar a la vanguardia de las tendencias industriales, sin embargo aún no se ha dado una revolución sustancial hablando específicamente de robots autónomos que efectúen reparaciones por sí solos en los centros de datos, pero sí se puede ver un panorama claro a las puertas de la tercera década de nuestro siglo.
En los inicios cuando los centros de datos no eran lo masivos que son ahora, bastaba con tener un grupo de programadores o gente hábil en la administración de computadoras, ya que eran suficientes para cubrir las necesidades de pequeñas empresas que brindaban servicios web específicos.
Con el crecer de la industria no hubo mayor cambio en estos aspectos, si bien es cierto la infraestructura se expandía más y más, la carga de trabajo de los equipos aún no era tan exigente, por lo que las fallas eran precedidas fácilmente con escalas de tiempo, tomando en cuenta las garantías de trabajo de los fabricantes.
Llegado a un momento, el internet comenzó a propagarse a más lugares del mundo, y con esto la demanda de servicios creció de forma exponencial, obligando a las empresas a idear formas de expandir aún más su infraestructura de servidores, esto de una forma que les resultara rentable, de esta explosión lograron salir bien libradas empresas que ahora se consideran como líderes, hablamos de los titanes del internet, Amazon Web Services, Digital Ocean y Microsoft Azure.
A estos niveles la exigencia ya no era solo tener espacio para más computadoras, sino aprovechar las disponibles al máximo, exprimiendo su capacidad computacional y de almacenamiento, hacer esto repercutía en grandes ganancias para estas empresas, pero existe un efecto secundario, el cual es que los componentes al estar más forzados, sufren mayor desgaste, y las fallas posibles son más difíciles de predecir.
La industria se vio en la necesidad de desarrollar sistemas que les permitieran predecir dónde iba a ocurrir una fatalidad, tenían que ser autónomos, es decir, por sí solos debían alertar al personal donde era necesaria una reparación, ajuste o una copia de seguridad preventiva. Para esto podrían ser usados robots que patrullan los centros de datos, escaneando los parámetros ambientales. Por otro lado se tienen los económicos y silenciosos software de monitoreo interno.
Para el futuro se prevé que se continúe investigando sobre estos sistemas, con el fin de poder otorgarle a las empresas y al mundo, una alternativa viable que les permita mantener sus servicios en línea, brindando mejores y confiables servicios a sus clientes.
"En nuestras épocas automatizar, mecanizar o usar la energía con el objetivo de usar menos fuerza y personal, ya no es dejadez ni mucho menos pereza o un lujo. Ahora es considerado como una regla casi obligatoria"
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