Este sello enfoca a la comunidad educativa del jardín infantil hacia un lineamiento que utiliza la naturaleza como recurso pedagógico, donde niñas y niños crean sus propios significados del mundo que les rodea en conexión con la naturaleza donde a través de la exploración son protagonistas de sus propios aprendizajes.
De acuerdo a los lineamientos que entrega la actualización de las Bases Curriculares de la Educación Parvularia año 2018 se declaran tres ámbitos de experiencias de las cuales, el ámbito de Desarrollo Personal y Social se debe trabajar con los niños y niñas en forma transversal, considerado de este modo el núcleo de Convivencia y Ciudadanía se transforma en un aspecto fundamental a considerar en todos los momentos de la jornada diaria, con el propósito de que los párvulos sean actores activos de su comunidad y por lo mismo, potenciar en este sentido en los adultos una visión de niño y niña como sujetos de derechos, considerando su opinión y ofrecer espacios para que tomen decisiones. Por ello, no se considera la elaboración de un plan de Formación Ciudadana como lineamiento aparte del PEI, sino más bien este aspecto debe estar reflejado en todo momento pedagógico intencionado, entregando orientaciones para potenciar un pensamiento democrático desde la primera infancia en cada uno de los niños y niñas.
Los principios que guían nuestro trabajo como centro educativo, que son trabajados de manera transversal en nuestra práctica educativa, y que se desprenden de la propuesta de educación en primera infancia de Renca y desde las orientaciones de Junji, son los siguientes:
Ser sujetos de derecho: Nuestros niños y niñas son personas con opinión, que tienen la capacidad de tomar decisiones, son niños y niñas con derechos, respetados, lo que favorece el fomento de la autonomía en su desarrollo integral.
Participar con igualdad de oportunidades: Que niños y niñas tengan las mismas oportunidades para así contribuir a un desarrollo pleno y seguro.
Ambientes bien tratantes: Implica reconocer y relacionarse con los niños y niñas entre 0 y 4 años entendiéndolas como personas diversas con identidad, voluntad, intereses propios y múltiples potencialidades.
Concepción de infancia: Consideramos a los niños y niñas como seres creativos, exploradores, investigadores, experimentadores, poseedores de múltiples lenguajes, constructores de teorías y miembros activos de su comunidad, donde su saber es igual o más valioso que el de los adultos, debido a su capacidad transformadora.
Relaciones nutritivas: Éstas se caracterizan por la existencia de confianza, respeto mutuo, colaboración, un trato amable con todos, y la comprensión del conflicto como una oportunidad de aprendizaje e intercambio de emociones e ideas.
Vínculo entre centro educativo y familia: es un pilar fundamental para la educación de la primera infancia, que requiere de la existencia de comunicación fluida, confianza, respeto mutuo y colaboración.
Como Sala Cuna y Jardín Infantil Cumbre Volcán Ojos del Salado consideramos de suma importancia las orientaciones pedagógicas y concepciones sobre la Educación en primera infancia generadas desde la Dirección de Educación de la Corporación Municipal de Renca, las cuales se buscan plasmar en nuestra práctica educativa. Se presentan a continuación:
El juego es ante todo uno de los derechos fundamentales de los niños y niñas, así afirmado en la Convención de los Derechos del Niño (1989). El juego no solo es en sí mismo una actividad de disfrute para los niños y niñas, sino que también constituye una herramienta fundamental para el desarrollo y aprendizaje, en la medida en que propicia la creatividad, exploración, regulación de la conducta y desarrollo cognitivo, social y emocional de los niños y niñas. Tal como sostiene Ponce (2014) en “Juego, Libertad y Educación”, editado por JUNJI: “Es en el juego donde los niños y niñas se relacionan e interactúan con el medio natural, social y cultural, desplegando toda su esencia como persona, es decir, involucrándose integralmente con ese momento y espacio determinado. En el juego, exploran y construyen mundos y realidades, negocian con sus pares y con los adultos que les rodean, toman acuerdos y comparten valoraciones, construyen más confianza en sus capacidades, aprenden a contextualizar sus decisiones y acciones y, a través de ello, desarrollan una progresiva autonomía” (pp. 12-13).
En consecuencia, es responsabilidad de los adultos ofrecer ambientes enriquecidos, propiciando espacios y materiales pertinentes para el juego y exploración; cuidando que los espacios y objetos sean seguros y apropiados para el momento del desarrollo de los niños y niñas, así como también prestando atención a cómo y cuándo intervenir en su actividad, de modo de no limitar la autonomía de los niños y niñas (Ministerio de Educación de Perú, 2012).
Es de particular relevancia en la educación de la primera infancia ofrecer ambientes de aprendizaje que posibiliten a los niños y niñas la exploración y creación, al comprenderse el espacio educativo como un “tercer educador, en tanto se transforma con la acción del niño y la niña, y con una práctica pedagógica que acoge esta reconstrucción permanente, en las interacciones que se producen en este” (MINEDUC, 2018).
En esta línea, para que un ambiente de aprendizaje sea realmente significativo para los niños y niñas, es fundamental una preocupación por la consistencia y congruencia entre el material disponible, la forma en que éste es organizado, las prácticas pedagógicas asociadas, así como una especial consideración de los intereses, fortalezas, necesidades, experiencias previas, y contexto sociocultural, lingüístico e intercultural de los niños y niñas (MINEDUC, 2018).
Por último, cabe señalar que la riqueza de un ambiente de aprendizaje dependerá fundamentalmente de que las y los educadores se dispongan a ello. En este sentido, “los diversos ambientes que son posibles de distinguir en un establecimiento no pueden resultar de la casualidad, sino de la conciencia y la intención educativa de configurarlos como tales. En esto, la planificación es una herramienta útil” (MINEDUC, 2018, p. 44).
Desde nuestra mirada educativa visualizamos a niños y niñas como seres exploradores, investigadores, curiosos y creativos desde su nacimiento, quienes aprenden de manera activa siendo protagonistas de su aprendizaje. Conforme a esto, las experiencias con la naturaleza en la primera infancia resultan imprescindibles dados los múltiples beneficios que aportan en el desarrollo y aprendizaje integral de niños y niñas, los cuales expondremos a continuación.
Las autoras Sampedro (2015) y Pérez (2020) destacan la estimulación sensorial completa que proporciona la exploración del medio natural, ya que en contacto con la naturaleza niños y niñas tienen la posibilidad de tocar, oler, ver, oír y probar, poniendo en juego su curiosidad y deseos innatos de conocer el mundo que los rodea a través de un aprendizaje activo y significativo.
Por otra parte, se ha logrado evidenciar el impacto positivo proporcionado por el contacto con la naturaleza al desarrollo neuronal, intelectual y cognitivo de niños y niñas, puesto que la exploración del medio natural “ayuda al infante a construir sus esquemas mentales internos y el medio ambiente proporciona estos estímulos necesarios que dentro de un espacio como es el aula no se pueden obtener” (Pérez, 2020, p. 15). Con esto, además, se ve favorecido el desarrollo de habilidades cognitivas como la atención y concentración.
Por tanto, al considerar a la naturaleza como recurso pedagógico buscamos ofrecer a los párvulos “experiencias de aprendizaje que les resulten significativas, les conmuevan e involucren afectivamente, sentando las bases del conocimiento, aprecio, respeto y cuidado de la naturaleza y su biodiversidad” (BCEP, 2018, p. 82), a través de una actitud positiva hacia el entorno, la cual contribuye al desarrollo de personas activas, que exploran, descubren, se asombran, aprecian y se involucran de manera afectiva con el contexto natural en el que habitan.
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