Altitud Resiliente es un proyecto personal que nace después de que tanto Gemma como Andrea atravesaron en diferentes momentos procesos de cáncer de ovario. De la mano de la Fundación Cimas de la Esperanza tuvieron sus primeros contactos con la montaña, y a partir de ese momento la montaña se convirtió en un espacio de reconstrucción física, emocional y de propósito, demostrando que incluso después de la tormenta es posible seguir caminando y volver a soñar.
La montaña no es solo un objetivo deportivo: es una forma de decir sí a la vida, de aprender a respirar en la dificultad, elegir el siguiente paso y cuidarse como equipo.
Altitud Resiliente nace del convencimiento de que, incluso en los momentos menos favorables, es vital encontrar un motivo para seguir: una meta, un sueño, un plan que nos devuelva dirección y sentido.
Este proyecto busca visibilizar la importancia de no renunciar a imaginar un futuro, aun cuando el presente es incierto. La montaña es el medio, pero el mensaje va más allá de ella.
Queremos dar voz a un mensaje de esperanza para quienes atraviesan una enfermedad, una pérdida o un reto personal: que, a pesar de cualquier prueba, la vida continúa y con más fuerza.
Somos Andrea Aranda y Gemma Limón, pareja y cordada dentro y fuera de la montaña.
En 2022 la vida nos puso frente a nuestra primera gran pared: Yo (Andrea) fui diagnósticada con cáncer de ovario en etapa avanzada. Tras cirugías y tratamientos, en 2023 celebrábamos la vida; sin embargo, en 2024 llegó una recaída y, poco después,lo inimaginable Gemma recibió también un diagnóstico de cáncer de ovario. Ambas atravesamos procesos médicos intensos que marcaron profundamente nuestro cuerpo y nuestra forma de habitar el mundo.
En medio de ese proceso encontramos un lugar amplio: la montaña. Lo que inició como senderismo se transformó, de la mano de la Fundación Cimas de la Esperanza, en un camino de alta montaña. En 2023 hicimos cumbre en el Pico de Orizaba con la fundación, y la montaña se volvió escuela, refugio y punto de reconstrucción.
De esta experiencia nace Altitud Resiliente, un proyecto personal que utiliza la alta montaña como prueba viva de que los retos más duros pueden cruzarse con disciplina, amor y compromiso
(Imágenes durante el tratamiento oncológico y el proceso de recuperación quirúrgica y, un año después, cada una en su propio camino, Andrea (2023) y Gemma (2025) haciendo cumbre en el Pico de Orizaba, México.)
Hubo un momento en el que el cuerpo dejó de ser familiar.
La enfermedad nos quitó el cabello, la fuerza y muchas certezas.
En medio de ese quiebre entendimos algo fundamental: cuando todo se derrumba, no siempre se encuentra motivación… se construye.La montaña apareció como un lugar donde reinventarnos. Un espacio para aprender a pedir ayuda, a dejarnos acompañar,
a escuchar el cuerpo con respeto y a avanzar paso a paso, incluso con miedo.
La resiliencia no es “aguantar”. Es reorganizar la vida, elegir un motivo para seguir y caminar hacia él, aun cuando el camino no se ve claro.
Hoy, cada cumbre no representa un triunfo físico, sino la certeza de que hay vida después del cáncer (Lema de Cimas de la Esperanza)
y de que, incluso después de atravesar la tormenta, la vida continúa y con más fuerza.(Lema Altitud Resiliente)
Este proyecto se construye paso a paso y en cordada.
Para hacer posibles las expediciones que forman parte de Altitud Resiliente, estamos buscando a personas, marcas y aliados que deseen sumarse a este camino, ya sea apoyándonos con equipamiento técnico o con apoyo económico destinado a la compra de equipo y la realización de las expediciones.
Si este propósito resuena contigo y te gustaría ser parte de nuestra cordada para hacer posible este proceso, nos encantará leerte y encontrar la forma en que puedas sumarte.
📩 apoyo@altitudresiliente.com