En el segundo trimestre de 2026 realizaremos una expedición de formación en alta montaña a la Cordillera Blanca, Perú, una de las cordilleras tropicales más importantes del mundo.
Esta expedición forma parte del programa de alta montaña internacional de la Fundación Cimas de la Esperanza, organización que cubre la operación completa de la expedición (logística, guías, permisos y estructura).
Este paso representa nuestro primer seis mil en Sudamérica y un hito clave en nuestro proceso hacia grandes objetivos de alta montaña.
De manera independiente y tambien ocasionalmente con la Fundación Cimas de la Esperanza, Andrea y Gemma continuarán realizando ascensos en México como parte de su proceso de entrenamiento, preparación física y técnica en alta montaña.
Posteriormente, y una vez concluida la expedición a la Cordillera Blanca con la Fundación Cimas de la Esperanza, el proyecto Altitud Resiliente contempla expediciones internacionales en Sudamérica, principalmente como parte de un proceso progresivo y responsable de formación en gran altitud.
Este camino tiene un objetivo claro: intentar cumbre en la montaña más alta de América, el Aconcagua, como hito mayor del proyecto Altitud Resiliente.
Convencidas de que cada ascenso es también una forma de alzar la voz, estas expediciones llevan consigo dos mensajes que nos acompañan en todo el proceso.
De la mano de la Fundación Cimas de la Esperanza, traemos profundamente arraigado su lema, “Hay vida después del cáncer”, un mensaje que sentimos casi tatuado en el corazón y que da origen a este camino.
Desde Altitud Resiliente, buscamos reforzarlo y ampliarlo con nuestro propio mensaje: “La vida continúa y con más fuerza”, como una afirmación de movimiento, de reconstrucción y de futuro.
La montaña se convierte así en un altavoz: un espacio donde el cuerpo, la experiencia y cada ascenso hablan por sí mismos.