La historia de este refugio comenzó hace más de 15 años con la llegada de Coquis, un travieso cocker spaniel que, a pesar de su pasado difícil, encontró en nuestra familia un hogar lleno de amor. Coquis fue el primero, pero pronto le siguieron Wilfrido, Mandy y Rudy, los pioneros que nos enseñaron el poder de la adopción.
Con el paso del tiempo y a pesar de las dificultades, nuestro compromiso con los perritos vulnerables se mantuvo firme. En 2017, llegó un nuevo capítulo al unirme a Randstad para apoyar a mi familia y perritos.
Y en 2019, decidimos dar un paso más comprando un terreno, gracias al apoyo de mi mamá y mi hermana. Esta decisión nació de la urgencia que en nuestra comunidad, muchos perritos sufrían en las calles, heridos, abandonados, y a veces amenazados con ser sacrificados. Esta realidad fortaleció nuestra misión y dio vida al refugio.
Hoy, el refugio alberga a más de 37 perritos, que reciben alimento, cuidado y cariño día a día. A lo largo de estos años, hemos dado en adopción a más de 80 perritos y seguimos comprometidos con campañas de esterilización para ayudar a controlar la población canina.
Esta historia es un testimonio del poder de la empatía y la importancia de la humildad en cada paso que damos.
Erika, la fundadora, al entregar lo mejor de sí misma para cuidar a estos seres nobles y agradecidos, nos da una lección invaluable: cuando damos amor, transformamos vidas.