A lo largo de la Biblia, la sangre habla de expiación y salvación. Desde las túnicas de pieles de las que el Señor vistió a Adán y a Eva después de la Caída y que parecen implicar la muerte de uno o más animales, pasando por la sangre de Abel que clamó al Señor, y por todo el sistema de sacrificios de animales incorporado en las leyes ceremoniales judías, culminando en la muerte de Jesús en la Cruz en expiación por el pecado; la sangre derramada del Señor Jesucristo pertenece al corazón del evangelio. Jesús es nuestro gran donador de sangre.