En este espacio, queremos recordarle a cada mujer que no están solas. Cada paso que dan hacia la libertad y la reconstrucción de su vida es un acto de valentía y amor propio. Aquí, valoramos su historia, sus luchas y, sobre todo, su resiliencia.
La violencia no define cómo eres, pero la capacidad para levantarse, sanar y florecer sí lo hace. Este es un lugar seguro donde puedes encontrar recursos y apoyo.
TESTIMONIOS DE MUJERES QUE SE ENFRENTARON A LA VIOLENCIA
Maricela Rojas es una sobreviviente de la violencia contra la mujer. Hoy comparte su testimonio con la esperanza de que otras mujeres encuentren la fuerza para liberarse. Desde niña, vivió la violencia doméstica en el hogar de sus padres, pero la normalizó, creyendo que era parte de la vida. Al casarse, la historia se repitió, y llegó al punto de casi perder no solo su propia vida, sino también la de sus hijos.
La decisión más difícil llegó cuando le plantearon una disyuntiva: “O pierdes a tus hijos o vas a un albergue”. Maricela eligió el albergue. “No sabía a dónde iba, pero sabía que iba camino a la libertad”, recuerda.
Las secuelas de la violencia fueron devastadoras. Perdió su casa, su agresor la quemó. Perdió sus cuentas bancarias y llegó a Costa Rica sin nada, con ropa prestada y de segunda mano. Fue entonces cuando MUSADE le abrió las puertas y le brindó las herramientas necesarias para reconstruir su vida y la de sus hijos.
“No fue fácil, pero en la vida nada lo es. Vivir en un ciclo de violencia siempre lleva al mismo final: terminar en manos del agresor. Pero si tomamos la decisión de salir, si creemos y confiamos en nuestra fuerza, podemos lograrlo, por más duros que sean los momentos.”
Hoy, Maricela tiene su casa, su carro y su propio negocio. Empezó vendiendo arroz con leche en las calles y, con perseverancia, construyó una vida nueva. “No crean que fue sencillo, pasé muchas necesidades, pero ahora estoy tranquila y puedo decir con certeza: sí se puede. No nos callemos más. Si yo lo logré, tú también puedes.”
Rosemary es una sobreviviente de la violencia contra la mujer. Desde temprana edad, la vida le presentó duras batallas. A los cuatro años fue abusada por su abuelo y, en su propio hogar, sufrió maltrato constante. Al crecer sin una figura paterna, buscó inconscientemente en otros hombres ese apoyo que le faltaba, pero solo encontró personas narcisistas y egoístas que la lastimaron aún más. Fue víctima de agresiones verbales, patrimoniales y físicas.
De nacionalidad cubana, Rosemary emigró a Costa Rica con la esperanza de un nuevo comienzo. Sin embargo, la vida se volvió a golpearla: se involucró con un hombre que no solo la aisló del mundo, sino que controlaba cada aspecto de su vida. Le decía cómo vestirse, cuándo y dónde tener relaciones, y exigía que todo el dinero que ganaba fuera para él. El abuso escaló hasta el punto en que intentó quitarle la vida.
Fue entonces cuando el INAMU intervino y la llevó a un albergue durante un año. No fue fácil, pero ese espacio se convirtió en el inicio de su sanación. Al salir del albergue, decepcionada y sin esperanzas, escuchó hablar de MUSADE. “Llegué derrotada, sin fuerzas ni ánimo”, recuerda Rosemary.
En MUSADE encontró algo que nunca había tenido: apoyo real. Participó en grupos de apoyo y en talleres socioeducativos que la ayudaron a sanar sus heridas más profundas. Entendió que la ausencia de su padre la había llevado a normalizar la violencia y buscar afecto en las personas equivocadas. Tuvo que sanar a esa niña herida, a la adolescente rota ya la mujer que clamaba por ayuda.
Hoy, Rosemary se define como una mujer empoderada. Ha sacado adelante a sus hijos y, lo más importante, ha recuperado su amor propio. “Ahora me siento bien conmigo misma”, dice con orgullo, demostrando que, con el apoyo adecuado, es posible romper el ciclo de la violencia y reconstruir una vida digna y libre.
Zayda es una valiente sobreviviente de la violencia contra la mujer. En enero de 2010, llegó a Costa Rica tras enfrentar situaciones difíciles junto a su esposo. Desesperada y sin rumbo claro, decidió buscar ayuda psicológica. Fue entonces cuando encontré en MUSADE un refugio y una guía para salir de aquel oscuro abismo emocional en el que se encontraba.
Gracias al apoyo recibido, Zayda logró recuperar su autoestima, su paz y, sobre todo, su fuerza interior. Hoy es una mujer plena, feliz y decidida a tender la mano a otras mujeres que, como ella, enfrentan la dura realidad de la violencia. Su testimonio no solo inspira, sino que demuestra que siempre hay una salida y que el camino hacia una vida libre y digna es posible.
Muchas personas me decían qué hacía yo en MUSADE si no era una mujer agredida, pero en realidad nadie sabía que, desde que me casé, estaba sufriendo violencia. Acepté ser agredida porque mi madre me decía que los hijos siempre deben tener un padre, y yo no quería romper con ese ideal.
Desde pequeña, Marcela y sus hermanas crecieron bajo la guía firme y amorosa de su padre, un profesor de música que siempre les inculcó la importancia de valerse por sí mismas. Les enseñó a ser responsables, disciplinadas, a memorizar cada lección y a alcanzar sus metas por méritos propios, no por su apariencia. Siempre llamaba a su madre para asegurarse de que hubieran hecho sus deberes y les recordaba que el esfuerzo y la constancia eran el camino al éxito.
A pesar de esos sólidos cimientos, Marcela se encontró atrapada en una relación violenta. Sabía, en el fondo, que algo no estaba bien, pero la vergüenza la frenaba. “¿Cómo voy a ir a MUSADE si tanta gente me conoce por ser música?”, se preguntaba. El miedo a encontrarse con clientes y conocidos la paralizaba. Además, las palabras de su esposo resonaban en su mente: "Estás loca, eres demasiado difícil".
Marcela no compartía con nadie lo que vivía. Había normalizado las agresiones, una tras otra, sin darse cuenta de cuánto daño le hacían. Pero todo cambió cuando decidió acercarse a MUSADE. Allí encontró algo más que ayuda: encontró compañía, comprensión y, sobre todo, herramientas para recuperar su voz.
“Soy madre y deseé a mi hijo con todo mi corazón. Él fue mi fuerza en los momentos más oscuros, me sacaba de pensamientos suicidas. Hoy, por la alienación parental, ya no está conmigo, pero sigo luchando.”
En MUSADE, Marcela entendió que la violencia no es solo física; también es verbal, emocional y psicológica. Aprendió cuáles son sus derechos como mujer y cómo defenderlos. Hoy, su testimonio es un recordatorio poderoso de que el primer paso para romper el silencio es reconocer que merecemos una vida libre de violencia.
“Ya no me da vergüenza hablar. Si mi historia puede ayudar a otra mujer a salir de ese círculo, entonces todo habrá valido la pena.”
Lidia llegó a MUSADE rota en mil pedazos, después de haber soportado 28 años de violencia doméstica y familiar. “Escuché que aquí ayudaban a mujeres como yo, mujeres que sufrían en silencio, y fue ese rayo de esperanza lo que me hizo cruzar la puerta”, recuerda.
En MUSADE encontró algo más que un refugio: se unió a un grupo de apoyo donde, poco a poco, comenzó a sanar. “Me enseñaron a desaprender el miedo y a reaprender el valor que había perdido. Aprendí que la violencia no define quién soy y que merezco vivir sin cadenas.”
Hoy, Lidia no solo ha recuperado su vida, sino que se ha convertido en colaboradora y defensora popular de MUSADE. “Quiero ser la voz que alguna vez necesité. Quiero decirle a cada mujer que el miedo paraliza, sí, pero que no están solas. Hay un camino y juntas podemos recorrerlo.”
Lidia es la prueba viviente de que, aunque la violencia intente quebrar el espíritu, siempre es posible reconstruirse, pieza por pieza, hasta volver a brillar.
Deyanira de la violencia a defensora popular.
Siempre viví violencia, primero en mi infancia y luego en mi matrimonio. Soy sobreviviente de violencia intrafamiliar. Hace más de 17 años, en medio de una crisis por tanta violencia, me dirigí al hospital para recibir atención psiquiátrica. En el camino, me detuve frente a MUSADE, preguntó y ellos me ayudaron. Me brindaron apoyo, consejos y me tendieron la mano.
Mi esposo me amenazaba con quitarme a mis hijos si me iba, especialmente a mis dos hijas menores. Tengo siete hijos y el miedo me paralizaba.
Hoy soy artesana y defensora popular. Gracias a MUSADE, pudo ayudar a otras mujeres a través de cursos y acompañamiento.
Flory Santamaría: De la violencia a la esperanza
"Yo viví violencia intrafamiliar durante años, aferrada a la creencia de que el matrimonio era para siempre, no para un rato. Por eso me quedé. Cuando intenté separarme por primera vez, ya tenía dos hijos y estaba embarazada del tercero. Recuerdo que mi mamá me dijo: 'Usted tiene casa, vuelva con su marido y hágale caso.' Pero era insostenible. Me amenazaba constantemente, decía que quemaría la casa y me agredía de todas las formas posibles. Así sobreviví por diez largos años.
Trabajaba en uno de los hoteles de Monteverde —de hecho, fui una de sus fundadoras—, pero la violencia no cesaba. Me vigilaba, se subía a los árboles para espiarme, y las amenazas se convertían en agresiones físicas. Se me hacían pelotas en la cara del puro estrés. Un día, decidí escapar con mis hijos y me vine a San Ramón. Fue entonces cuando descubrí algo aún más devastador: él formaba parte de una banda de corrupción de menores.
Mis hijas, de 8 y 3 años, me decían entre lágrimas: 'Mamá, el papá es un bicho.' Me narraban todo lo que veían. Fue en ese momento cuando MUSADE me rescató. Nos dieron refugio en un albergue durante un año y, desde ahí, comenzó una lucha que duró siete años. Pero valió la pena: finalmente, logramos que lo condenaran a 32 años de cárcel.
Gracias a MUSADE, no solo salí adelante, sino que aprendí a defender mis derechos y a enfrentar un sistema judicial que, en aquel entonces, tenía muchas barreras para las mujeres. Luché junto a ellas, confrontando leyes inexistentes y exigiendo justicia. En ese tiempo se lograron grandes avances: se fundó el INAMU y la Oficina de la Defensora de las Mujeres.
Hoy, miro atrás y veo no solo dolor, sino crecimiento. MUSADE me enseñó a transformar el miedo en fuerza y la injusticia en acción. Soy testimonio de que sí se puede salir del ciclo de violencia y construir una nueva vida. No estamos solas, y juntas somos más fuertes."
Lady camino desde el miedo a la luz: De mi infancia no recuerdo mucho, pero sí tengo presente lo mucho que me gustaba ir a casa de mi abuela. Cada vez que tenía tiempo libre, me iba donde ella a comer. Me cocinaba tortillas, y mientras lo hacía, yo me acostaba en el corredor, disfrutando del sol. Ese era mi lugar perfecto para dormir.
Cuando logré escapar de la persona que me violentaba, lo único que quería era estar en mi casa. Sentía un miedo constante y no quería ir por mis hijos a la escuela, temía que él les hiciera daño. Me conocí bien y también a mis hijos. En una ocasión, me mandó a secuestrar durante unas cuatro o cinco horas. Cuando logré escapar por un descuido suyo, salí a la calle desesperada, pero nadie quería ayudarme. Solo un señor se detuvo, me escuchó y llamó a la policía. Fueron los agentes quienes, incluso, fueron por mis hijos a la escuela.
La policía se encargó de todo lo demás. Un tiempo después, MUSADE me contactó y me invitó a formar parte de Defensoras Populares. Allí pude brindar apoyo a muchas mujeres, y eso me ayudó a sanar.
Anyoleth y su luz:
Llegué aquí con la dignidad por el suelo, sin siquiera saber quién era yo. En MUSADE encontré hermanas y una madre que me apoyaba. Ahora siento que soy alguien, y estoy aquí para ayudar a otras mujeres que lo necesitan.
Cecilia:
Llegué aquí con la dignidad por el suelo, sin siquiera saber quién era yo. En MUSADE encontré hermanas y una madre que me apoyaba. Ahora siento que soy alguien, y estoy aquí para ayudar a otras mujeres que lo necesitan.
No estás sola, estamos contigo
En MUSADE, creemos en tu voz, en tu fuerza y en tu derecho a vivir sin miedo. Si has sido víctima de violencia, queremos que sepas que mereces ser escuchada, apoyada y protegida. Sabemos que hablar no es fácil, pero dar el primer paso puede cambiar tu vida.
Aquí encontrarás un espacio seguro, libre de juicios, donde recibirás orientación, acompañamiento y el apoyo necesario para reconstruir tu camino. Tienes derecho a una vida digna y libre de violencia, y en MUSADE estamos para ayudarte a lograrlo.
No guardes silencio. Estamos aquí para ti. ¡Acércate a MUSADE y juntas construiremos un futuro mejor! 💜
Tu historia puede salvar vidas
Cada testimonio de una mujer sobreviviente es una luz de esperanza para quienes aún están en la oscuridad. Compartir tu experiencia no solo te fortalece, sino que también ayuda a otras mujeres a reconocer que no están solas y que hay una salida.
Tus palabras pueden inspirar, dar valor y mostrar que es posible romper el ciclo de la violencia. En MUSADE, creemos que cada voz cuenta y que juntas podemos construir un futuro donde todas las mujeres vivan libres y seguras.
Si deseas compartir tu historia, aquí encontrarás un espacio seguro para ser escuchada y para que tu testimonio sea una guía para otras.
¡Tu voz tiene poder! 💜