La cefalea es el que ocurre más a menudo y compite con la dorsalgia como el motivo más frecuente para la búsqueda de atención médica. De hecho, hay tantos casos de cefalea, que se han establecido clínicas especiales para su tratamiento. Como son muchas más las cefaleas causadas por enfermedades médicas que las de causa neurológica, el problema le corresponde al médico general. En todo caso, siempre se plantea la interrogante de una afección intracraneal, de modo que es difícil tratar de manera adecuada estos casos sin tener conocimientos sobre medicina neurológica.
En el caso de las cefaleas, el diagnóstico por lo común se identifica por los datos detallados del interrogatorio apegado a las pautas mencionadas, y aporta más información que la exploración física o los estudios imagenológicos.
Es poco probable que la exploración física aporte datos útiles, pero conviene destacar algunos aspectos.
La auscultación del cráneo puede descubrir un soplo (en caso de grandes malformaciones arteriovenosas) y la palpación identificar las arterias hipersensibles y endurecidas de la arteritis temporal, áreas sensibles sobre una metástasis craneal, un seno inflamado o un nervio occipital irritado.
Sin embargo, con la excepción de dichos casos especiales, la exploración de la cabeza, aunque siempre necesaria, rara vez revela el diagnóstico. En lo que se refiere a la calidad de la cefalea, puede ser de utilidad o no la descripción que ofrece el paciente. El interrogatorio persistente sobre este aspecto puede incluso sorprender algunas veces, puesto que el sujeto suele asumir que las palabras cefalea o dolor de cabeza deben transmitir información suficiente al examinador. Cuando se le pide que compare el dolor con alguna otra experiencia sensitiva, puede aludir a cualidades como apretado, compresivo, explosivo, penetrante o pulsátil. La información más relevante que debe obtenerse es saber si la cefalea es pulsátil, pues indicaría un origen vascular. Pero no debe olvidarse que los pacientes emplean muchas veces la palabra pulsátil para referirse a la cefalea que aparece y desaparece, sin ninguna relación con el pulso, o para denotar la intensidad del dolor, mientras que la auténtica pulsación o palpitación es muy característica de la migraña.
De manera semejante, deben aceptarse con precaución las afirmaciones sobre la intensidad del dolor, puesto que reflejan tanto la actitud de la persona, como la manera acostumbrada de experimentar y reaccionar al dolor, lo mismo que su verdadera intensidad. A causa de su temperamento, algunas personas tienden a minimizar el malestar y otras lo magnifican. Un mejor índice de la intensidad es el grado al cual el dolor incapacita al paciente, sobre todo si no es propenso a enfermarse. Rara vez un ataque agudo de migraña permite la ejecución de las tareas diarias. Otro índice burdo de la gravedad de la cefalea es la cualidad de despertar al sujeto del sueño o impedirle dormir. Los dolores craneales más intensos son los relacionados con meningitis y hemorragia subaracnoidea, que tienen implicaciones graves, al contrario de la migraña, cefalea en racimos o tic doloroso, que no las tienen.
De manera más específica, las lesiones intracraneales que ocupan espacio producen cefalea sólo en una posición que deforma, desplaza y ejerce tracción sobre los vasos sanguíneos y las estructuras durales en la base del cerebro y esto puede ocurrir mucho antes de que se eleve la presión intracraneal. La elevación artificial de las presiones intrarraquídea e intracraneal por inyección subaracnoidea o intraventricular de solución salina estéril no da por resultado cefalea sostenida. Esto significa que la presión intracraneal elevada no produce cefalea, una conclusión cuestionable cuando, se basa en la activacion y sensibilizacion de estructuras anatomicas del craneo y sus alteraciones que si tienen inervacion dolorosa ya que el parenquima cerebral como tal no duele.
Segun investigando en otras fuentes el dolor de cabeza se origina en la activación de receptores de dolor (nociceptores) ubicados en:
Vasos sanguíneos intracraneales y extracraneales (arterias meníngeas, senos venosos)
Meninges, especialmente la duramadre
Pares craneales sensitivos: sobre todo el trigémino (V par), glosofaríngeo (IX) y vago (X)
Músculos del cuello y cuero cabelludo
Raíces cervicales altas (C1-C3)
Se considera el alivio de la cefalea que ocurre después de la punción lumbar y de reducir la presión del líquido cefalorraquídeo (LCR) en algunos pacientes, en particular luego de hemorragia subaracnoidea. De hecho, la mayoría de los sujetos con presión intracraneal elevada se queja de cefalea bioccipital y bifrontal, cuya gravedad fluctúa, probable.
La dilatación de las arterias intracraneales o extracraneales (y posiblemente la sensibilización de estos vasos), cualquiera que sea la causa, tiende a producir cefalea. Las cefaleas que aparecen después de crisis convulsivas, administración intravenosa de solución de histamina e ingestión de alcohol, se deben quizá a vasodilatación cerebral.
Es posible que la cefalea pulsátil o constante que acompaña a la enfermedad febril tenga también un origen vascular; al parecer, el incremento de la pulsación de los vasos meníngeos activa estructuras sensibles al dolor alrededor de la base del encéfalo
La cefalea febril puede ser generalizada o predominar en las regiones frontal u occipital y es muy parecida a la cefalea histamínica por aliviarse en un lado por compresión de la arteria carótida o temporal superficial, y en ambos lados por la compresión de la vena yugular.
La migraña, se acentúa al sacudir la cabeza.
La primera tarea que tiene el clínico al atender a un sujeto con dolor craneal es dilucidar si es primario o secundario. Los principales síndromes primarios son:
Migraña
Cefalea tensional
Cefalea en brotes
Algunas variantes del trigémino-simpáticas de la migraña o del dolor en brotes.
Éste tiende a ser crónico, recurrente y no atendido por otros síntomas y signos de neuropatía. Elementos útiles para identificarlos con base en la descripción que hace el enfermo, son: conocimiento detallado de la gran variedad de manifestaciones; perfiles cronológicos y signos acompañantes de cefalea primaria, así como la propensión en muchos de ellos, de aparición familiar.
En las mujeres jóvenes las cefaleas tienden a aparecer en el periodo premenstrual, y casi en 15% de ellas los ataques son exclusivamente perimenstruales.
Es un trastorno familiar frecuente reconocible por cefalea periódica, casi siempre unilateral y muchas veces pulsátil, que inicia en la infancia, adolescencia o al principio de la vida adulta y recurre con menor frecuencia con el paso de los años. Se identifican dos síndromes clínicos muy relacionados.
El primero se llama migraña con aura
El segundo migraña sin aura terminología de la International Headache Society.
Durante muchos años se hizo referencia al primer síndrome como una migraña típica o neurológica y a la segunda como migraña común. A cualquiera de los dos tipos le pueden preceder cambios premonitorios vagos en el estado de ánimo y apetito pródromo.
La migraña con aura se presenta como un trastorno de la función nerviosa, más a menudo visual, seguido en unos minutos por una cefalea hemicraneal o, en cerca de un tercio de los casos, bilateral, náusea y algunas veces vómito, que duran horas o incluso hasta un día o más.
La migraña sin aura se distingue por la aparición sin previo aviso de una cefalea hemicraneal o, con menor frecuencia, generalizada, con o sin náusea y vómito, que entonces sigue la misma pauta de la migraña con aura. La sensibilidad a la luz y el ruido afecta a ambos tipos y es común la intensificación con el movimiento de la cabeza. Si el dolor es intenso, el paciente prefiere permanecer acostado en un cuarto silencioso y oscuro y trata de dormir.
Los signos más característicos de la migraña son:
Su carácter hemicraneal y pulsátil en comparación con otros tipos de dolor; cada persona muestra propensión a que el dolor afecte una mitad u otra de la cabeza, pero no exclusivamente.
La migraña de tipo menstrual, que se expondrá con mayor detalle, según los expertos depende de la supresión de estradiol y no de progesterona. Se sabe ahora que la influencia de las hormonas sexuales en la cefalea es más compleja.
Los ataques cesan durante el embarazo en 75 a 80% de las mujeres y en otras continúan con una frecuencia más baja; menos a menudo, los ataques de migraña o los síntomas neurológicos adjuntos aparecen por primera vez durante el embarazo, casi siempre en el primer trimestre.
Las migrañas oftalmopléjicas son cefaleas unilaterales recurrentes vinculadas con debilidad de los músculos extraoculares. El cuadro ordinario consiste en parálisis transitoria del tercer nervio con ptosis y afección o no de la pupila; rara vez está dañado el sexto nervio. Este trastorno es más frecuente en niños. La paresia suele persistir durante días o semanas tras la desaparición de la cefalea; después de muchos ataques pueden quedar como permanentes midriasis ligera y, rara vez, oftalmoparesia.
Una variante de la migraña, en particular problemática, se presenta en un niño o adolescente; el sujeto, luego de un traumatismo craneal insignificante, puede perder la vista, sufrir cefalea intensa o sumergirse en un estado de confusión, con una conducta beligerante e irracional que dura varias horas o días antes de recuperarse
La migraña representa dificultades particulares para su diagnóstico en niños pequeños dada su limitada capacidad para describirla con precisión. En vez de quejarse de cefalea, el niño luce débil y pálido y sufre dolor abdominal; el vómito es más frecuente que en el adulto y puede presentar fiebre. Los pediatras se refieren a los ataques recurrentes como el síndrome periódico.
Las migrañas oftalmopléjicas son cefaleas unilaterales recurrentes vinculadas con debilidad de los músculos extraoculares. El cuadro ordinario consiste en parálisis transitoria del tercer nervio con ptosis y afección o no de la pupila; rara vez está dañado el sexto nervio. Este trastorno es más frecuente en niños. La paresia suele persistir durante días o semanas tras la desaparición de la cefalea; después de muchos ataques pueden quedar como permanentes midriasis ligera y, rara vez, oftalmoparesia.
Afecta a los niños pequeños y Lactantes. . Se suceden episodios de parálisis unilateral que a veces persisten después de la cefalea, y se han descrito casos en varias familias en que el trastorno fue consecuencia de la mutación de un canal iónico (migraña hemipléjica familiar; hemiplejía alternante de la niñez).
La tensión y otros estados emocionales, que según algunos migrañosos anteceden a sus ataques, son tan incongruentes que sólo se erigen como factores agravantes potenciales. Un factor predominante que interviene es el factor genético. Se desconoce la manera en que este defecto genético se manifiesta con periodicidad en un déficit neurológico regional, cefalea unilateral o ambos
La migraña con aura no debe ocasionar dificultad en el diagnóstico si se tienen en mente los hechos anteriores y se consigue un buen historial clínico. Muy a menudo los síntomas comienzan por fenómenos positivos, como centelleos o parestesias, a diferencia de otros negativo como escotomas, insensibilidad, afasia o paresias.
Las dificultades surgen si no se considera que un síndrome neurológico que se descubre progresivamente puede ser de origen migrañoso, puede ocurrir sin cefalea y las cefaleas recurrentes, en ocasiones un fenómeno aislado, pueden asumir muchas formas, algunas de las cuales representan dificultades para distinguirlas de otros tipos comunes de cefalea.
La migraña oftalmopléjica sugiere un aneurisma carotídeo. De manera semejante, en el grupo de edad afectado predominantemente por la migraña, rara vez surge ceguera monoocular transitoria por estenosis de la carótida, pero el síndrome antifosfolipídico, que guarda una relación con la migraña poco precisa causa pérdida visual unilateral y episódica en tal grupo y hay que buscar en él la explicación de la ceguera monoocular transitoria, con o sin cefalea
El momento de iniciar el tratamiento de un ataque es durante el pródromo neurológico visual o en el mismo comienzo de la cefalea.
Si las cefaleas son leves, una opcion muy acetada es el ácido acetilsalicílico, acetaminofén u otro antiinflamatorio no esteroideo (nonsteroidal antiinflammatory drug, NSAID) bastan para controlar el dolor.
Durante mi formación médica, he aprendido que las cefaleas y migrañas son mucho más que un síntoma común. Son una de las principales causas de consulta médica y discapacidad temporal en el mundo. Pero lo que más me ha impactado es comprender cómo algo aparentemente simple, como un dolor de cabeza, puede afectar profundamente la calidad de vida de una persona.
La migraña, en particular, es una enfermedad neurológica compleja. No solo se trata de dolor físico: implica alteraciones sensoriales, sensibilidad al entorno, náuseas y, muchas veces, incomprensión social. Me doy cuenta de que muchos pacientes viven en silencio, etiquetados como exagerados o ansiosos, cuando en realidad lo que necesitan es escucha, comprensión y un diagnóstico oportuno.
Como futuro médico, esta patología me enseña que no debemos subestimar el sufrimiento del paciente. Detrás de cada consulta por cefalea puede haber una historia de incapacidad laboral, frustración familiar, o temor ante una posible enfermedad grave. También aprendí que debemos diferenciar una cefalea primaria de una secundaria, ya que en ocasiones puede ser la primera manifestación de una patología grave, como una hemorragia o un tumor.
Estudiar las cefaleas me ha mostrado que la medicina no solo es ciencia, sino también arte: el arte de saber interrogar, observar y empatizar, incluso cuando los síntomas parecen “banales”. En este camino de aprendizaje, me comprometo a dar siempre el valor que merece a cualquier síntoma que afecte la vida de un ser humano.