En la primera jornada del Misterio, la Vespra, la Virgen María y su cortejo, formado por María Salomé y María Iacobe y algunos ángeles (personajes representados por niños ya que el origen litúrgico de la obra impide la participación femenina) entra por la entrada principal de la basílica y asciende por el andador (rampa que se inicia en la puerta mayor del templo y comunica con el escenario o cadafal levantado en el crucero).
La segunda jornada de la obra, la Festa, se inicia con los momentos previos al sepelio de María. Los preparativos son interrumpidos por un grupo de judíos que quiere impedir el entierro. Tras una pequeña lucha con los apóstoles, uno de los hebreos intenta tocar el cuerpo de la Virgen y queda paralizado. Ante el prodigio, los judíos se convierten y manifiestan su fe en la maternidad divina de María. Bautizados por San Pedro con la palma dorada bajada del cielo, recuperan milagrosamente la movilidad. Los judíos se unen a los apóstoles en el entierro de la Madre de Dios, que se convierte en una solemne procesión sobre el escenario. Finalmente la imagen de la Virgen será depositada en un foso existente en el centro del cadafal que representa su sepultura.