Sin consultarlo con Rosalind, Wilkins le enseñó esa imagen al biólogo James Watson, que laboraba con Francis Crick en la materia. Así construyeron un modelo en tres dimensiones del ADN que habían construido. Con esta evidencia publicaron el descubrimiento en la revista Nature y más tarde recibían en 1962 el Premio Nobel de Medicina junto con Wilkins. Pero Rosalind nunca se enteró, ya que falleció de cáncer en 1958.