Después lo hizo en la Escuela Lindores para señoritas en Sussex y, más tarde, a los once años, en St. Paul Girl School, establecimiento también para mujeres y de los pocos lugares donde se enseñaba matemáticas, física y química. Allí mostró interés por las ciencias, el latín y los deportes, y aprendió alemán y francés. Durante las vacaciones aprovechaba para viajar por otros países europeos.