Homilía
Misa Crismal 2003
(Extracto)
El segundo Obispo de Monterrey, Fray Rafael Verger y Suau trajo de España para estas tierras del noreste varios árboles frutales, algunos de ellos no prosperaron, en cambio otros como la higuera y el naranjo se arraigaron en nuestra región. Los antiguos griegos se explicaban, a su manera, la existencia especial de tres plantas: La higuera, la vid y el olivo, que por su exquisito sabor y propiedades las consideraban parte del huerto de los dioses y un regalo para los seres humanos. (…)
El aceite de olivo prosperó en todas las regiones del mediterráneo, incluido Israel. Se utiliza en la cocina, para la medicina, para la belleza, para iluminarse, para perfumarse y como agente activo en la conservación y cuidado de otros objetos, como las maderas y las pieles. Pero también se le dio un sentido cultual, con el aceite eran ungidos los reyes, los príncipes, los sacerdotes, los profetas, los santuarios, las estelas. Derramar aceite el olivo en el rostro de un habitante del desierto es, hasta el día de hoy, un festín para la piel. Derramar aceite de olivo sobre los pies de quien casi descalzo ha caminado en el desierto es un auténtico alivio. Incluso los atletas y los guerreros lo utilizaban antes de las competencias o el combate para protegerse de contracturas musculares ya que su absorción en la piel es muy lenta, crea una capa térmica que impide que el calor del cuerpo se libere y sobrevengan cambios bruscos en la temperatura corporal, causante de dichas contracturas. (…)
El agente común en el uso cultural del aceite es la alegría, incluso para los enfermos que al experimentar alivio, provoca la esperanza gozosa de recuperar la salud.
Este es el último día de la Cuaresma, el último de los preparativos para la celebración del Misterio Pascual de Cristo, con ello, estamos listos para la celebración más importante de la humanidad.
Pbro. Lic. Jorge Rodríguez Moya