MISA CRISMAL Y
RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS SACERDOTALES
RITOS INICIALES
RITOS INICIALES
SALUDO
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén.
La paz esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
Se hace un momento de silencio
Yo confieso...
Dios, todopoderoso, tenga misericordia de nosotros perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
Kyrie Eleison
GLORIA
Dios y Padre nuestro, que ungiste a tu Unigénito con el Espíritu Santo, y lo constituiste Cristo y Señor, concede a quienes participamos ya de su consagración que seamos en el mundo testigos de su obra redentora. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
R. Amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
El Señor me ha ungido y me ha enviado a anunciar la buena nueva a los pobres y a darles un aceite perfumado de alegría.
Del libro del profeta Isaías
61, 1-3. 6. 8-9
El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a 1os pobres, a curar a los de corazón quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, y la libertad a los prisioneros; a pregonar el año de gracia del Señor, el día de la venganza de nuestro Dios.
El Señor me ha enviado a consolar a los afligidos, los afligidos de Sión, a cambiar su ceniza en diadema, sus lágrimas en aceite perfumado de alegría y su abatimiento, en cánticos. Ustedes serán llamados “sacerdotes del Señor”; “ministros de nuestro Dios” se les llamará.
Esto dice el Señor: “Yo les daré su recompensa fielmente y haré con ellos un pacto perpetuo. Su estirpe será célebre entre las naciones, y sus vástagos, entre los pueblos. Cuantos los vean reconocerán que son la estirpe que bendijo el Señor”.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
Del Salmo 88
R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
“He encontrado a David, mi servidor,
y con mi aceite santo lo he ungido.
Lo sostendrá mi mano
y le dará mi brazo fortaleza. R.
Contará con mi amor y mi lealtad
y su poder aumentará en mi nombre.
El me podrá decir: ‘Tú eres mi padre,
el Dios que me protege y que me salva’ R.
SEGUNDA LECTURA
Ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para Dios.
Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan
1, 5-8
Hermanos míos: Gracia y paz a ustedes, de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el soberano de los reyes de la tierra; aquel que nos amó y nos purificó de nuestros pecados con su sangre y ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Miren: él viene entre las nubes, y todos lo verán, aun aquellos que lo traspasaron. Todos los pueblos de la tierra harán duelo por su causa.
“Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era y el que ha de venir; el todopoderoso”.
Palabra de Dios.
R. Te alabamos, Señor.
ACLAMACION ANTES DEL EVANGELIO Is 61, 1
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
El Espíritu del Señor está sobre mí.
Me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
EVANGELIO
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido.
+ Del santo Evangelio según san Lucas 4, 16-21
En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.
Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que ustedes acaban de oír”.
Palabra del Señor.
R. Gloria a Ti, Señor Jesús.
HOMILIA
El Señor Arzobispo:
Amados hijos:
al celebrar hoy la conmemoración anual del día en que Cristo, nuestro Señor, comunicó su sacerdocio a los Apóstoles y a nosotros, ¿quieren ustedes renovar las promesas que hicieron el día de su ordenación, ante su Obispo y ante el pueblo santo de Dios?
Los presbíteros responden todos al mismo tiempo:
Sí, quiero.
El Señor Arzobispo:
¿Quieren unirse más íntimamente a nuestro Señor Jesucristo, modelo de nuestro sacerdocio, renunciando a sí mismos y reafirmando los compromisos sagrados que, impulsados por amor a Cristo y para servicio de su Iglesia, hicieron ustedes con alegría el día de su ordenación sacerdotal?
Los presbíteros:
Sí, quiero.
El Señor Arzobispo:
¿Quieren ser fieles dispensadores de los misterios de Dios, por medio de la sagrada Eucaristía y de las demás acciones litúrgicas, y cumplir fielmente con el sagrado oficio de enseñar, a ejemplo de Cristo, Cabeza y Pastor, no movidos por el deseo de los bienes terrenos, sino impulsados solamente por el bien de los hermanos?
Los presbíteros:
Sí, quiero.
En seguida el Señor Arzobispo, dirigiéndose al pueblo, prosigue
Y ustedes, queridos hijos, oren por sus sacerdotes; que el Señor derrame abundantemente sobre ellos sus dones celestiales, para que sean fieles ministros de Cristo, Sumo Sacerdote, y los conduzcan a ustedes hacia él, que es la fuente única de salvación.
El pueblo:
Cristo, óyenos; Cristo, escúchanos.
El Señor Arzobispo:
Oren también por mí, para que sea fiel al ministerio apostólico, encomendado a mis débiles fuerzas, y que sea entre ustedes una imagen viva y cada vez más perfecta de Cristo Sacerdote, buen Pastor, Maestro y servidor de todos.
El pueblo:
Cristo, óyenos; Cristo, escúchanos.
El Señor Arzobispo:
El Señor nos conserve a todos nosotros en su amor y nos lleve a todos, pastores y ovejas, a la vida eterna.
Todos: Amén.
PROCESIÓN DE LAS OFRENDAS
Después de la renovación de las promesas sacerdotales, los diáconos designados llevan los óleos, y los fieles que presentan el pan, el vino y el agua, se dirigen ordenadamente al santuario.
En primer lugar,
El diácono con el ánfora del óleo de los catecúmenos;
seguidamente, otro con el ánfora del óleo de los enfermos.
El óleo para el crisma es llevado en último lugar.
A ellos les siguen los ministros que llevan el pan, el vino y el agua para la celebración eucarística.
Al avanzar la procesión por la iglesia, la “schola” canta el himno “O Redemptor”.
OH REDENTOR, ACEPTA EL HIMNO
DE LOS QUE A TÍ, TE CANTAN
(OH REDENTOR, ACEPTA EL HIMNO
DE LOS QUE CANTAN).
El árbol de la cruz produjo
de la purísima luz que en él brilló.
El signo que hoy se consagra
y que la multitud agradecida,
trae como presente al Salvador del mundo.
Dígnate de consagrar, Rey de la patria eterna,
este olivo, señal de vida contra el poder del demonio,
para que todos se renueven con la acción del crisma,
a fin de que se restaure nuestra dignidad herida.
Purificada el alma en esta fuente sagrada
el pecado desaparece y en la frente ungida
aparecen los santos carismas.
Tú que naciste de la mente del Padre,
y del vientre fecundo de la Virgen,
da luz a los que reciben el crisma
y aparta de ellos la muerte.
Sea para nosotros este día una fiesta,
por los siglos de los siglos,
sea un día sagrado que no envejezca con el tiempo
por nuestra debida alabanza.
Cuando llegan a santuario el diácono que lleva el ánfora para el santo crisma, se la presenta al Sr. Arzobispo, diciendo en voz alta: Óleo para el santo crisma; Lo mismo hacen los que llevan las ánforas para el óleo de los enfermos y de los catecúmenos. El primero dice: Óleo de los enfermos; el otro: Óleo de los catecúmenos.
Después de presentarlos, los colocan sobre la mesa que se ha preparado.
Mientras tanto, los ministros que llevan el pan, el vino y el agua los entregan al Sr. Arzobispo.
BENDICIÓN DEL ÓLEO DE LOS ENFERMOS
Dios nuestro, Padre de todo consuelo, que, por medio de tu Hijo quisiste curar las dolencias de los enfermos, atiende benignamente la oración que brota de nuestra fe y envía desde el cielo tu Santo Espíritu Consolador sobre este aceite fecundo, que quisiste que un árbol vigoroso ofreciera para alivio de nuestro cuerpo; de manera que, por tu santa bendición + se convierta, para todo el que sea ungido con él, en protección del cuerpo, del alma y del espíritu, para quitar todo dolor, toda debilidad y toda enfermedad.
Que sea para nosotros óleo santo, bendecido por ti, Padre, en el nombre de Jesucristo, Señor nuestro. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
BENDICIÓN DEL ÓLEO DE LOS CATECÚMENOS
Dios nuestro, fuerza y protección de tu pueblo, que hiciste del aceite un signo de fortaleza, dígnate a bendecir + este óleo y fortalece a los catecúmenos que con él serán ungidos, para que al recibir la fuerza y la sabiduría de Dios, comprendan más profundamente el Evangelio de Cristo, afronten animosamente las exigencias de la vida cristiana y, hechos dignos de la adopción filial, sientan la alegría de renacer y vivir en tu Iglesia.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R. Amén.
CONSAGRACIÓN DEL CRISMA
Hermanos muy queridos: pidamos a Dios Padre todopoderoso, que bendiga y santifique este Crisma para que, cuantos sean ungidos externamente con él, también reciban esta unción interiormente y los haga dignos de la divina redención.
Entonces el Señor Arzobispo,
si es oportuno, sopla sobre la boca de la vasija del crisma,
y con las manos extendidas dice la siguiente oración de consagración.
Dios nuestro, autor de todo crecimiento y progreso espiritual, acepta complacido el homenaje de acción de gracias que, por nuestra voz, te presenta, gozosa, la Iglesia.
Pues al principio del mundo, tú hiciste brotar de la tierra árboles que dieran fruto y que, de entre ellos, surgiera el olivo, cuyo suavísimo aceite habría de servir para el santo Crisma.
Ya David, presintiendo con espíritu profético los sacramentos que tu gracia, anunció que nuestros rostros habrían de quedar ungidos con aceite en señal de alegría; y cuando, en tiempos pasados, fueron purificados los pecados del mundo por el diluvio, con una rama de olivo, signo de la gracia futura, la mostró que había vuelto la paz a la tierra.
Lo cual está significado en el tiempo presente cuando, ya borradas las culpas de todos los delitos por las aguas bautismales, la unción con este aceite llena nuestros rostros de alegría y de paz.
También mandaste a Moisés, tu servidor, que su hermano Aarón una vez purificado con agua, lo consagrara sacerdote, ungiéndolo con este aceite.
A todo lo cual se le añadió un honor más alto cuando tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, le exigió a Juan que lo bautizara, en las aguas del Jordán.
Porque entonces, al enviar sobre Él el Espíritu Santo en forma de paloma, y con el testimonio de tu voz, declaraste tener, en tu Unigénito, toda tu complacencia.
Y así pusiste de manifiesto que en Él se cumplía lo que David había profetizado al cantar en el salmo que tu Hijo sería ungido con el óleo de la alegría, entre todos sus compañeros.
Todos los sacerdotes concelebrantes, -en silencio-, extienden la mano derecha hacia el crisma, y la mantienen así hasta el final de la oración.
Te suplicamos, Señor, que santifiques con tu bendición + este óleo fecundo y que infundas en él la fuerza de tu Espíritu Santo, junto con el poder de Cristo, de quien el santo Crisma toma su nombre y con el cual ungiste a tus sacerdotes y reyes, y a tus profetas y mártires.
Haz que este Crisma sea sacramento de vida y perfecta salvación en favor de quienes nacerán espiritualmente del agua bautismal, a fin de que santificados por esta unción, y borrada la mancha original, se hagan templo de tu gloria y exhalen la fragancia de una vida agradable a ti, para que así, conforme a la eficacia de tu sacramento, habiéndoles conseguido la dignidad real, sacerdotal y profética, sean revestidos con el don incorruptible.
Que de esta manera sea Crisma de salvación para aquellos que hayan renacido del agua y del Espíritu Santo, y los haga participes de la vida eterna y herederos de la gloria celestial.
Por Cristo nuestro Señor.
R. Amén.
LITURGIA EUCARÍSTICA
Oren, hermanos, para que, llevando al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
R. El Señor reciba de tus manos este sacrificio para alabanza y gloria de su Nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Te rogamos, Señor, que la eficacia de este sacrificio lave nuestras antiguas culpas, y nos haga crecer en novedad de vida y en plenitud de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
PREFACIO El sacerdocio de Cristo
El Señor este con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Ya que, por la unción del Espíritu Santo, constituiste a tu Unigénito Pontífice de la alianza nueva y eterna, y en tu designio salvífico, has querido que su sacerdocio único se perpetuara en la Iglesia.
En efecto, Cristo no sólo confiere la dignidad del sacerdocio real a todo su pueblo santo, sino que, con especial predilección, elige a algunos de entre los hermanos, y mediante la imposición de las manos, los hace partícipes de su ministerio de salvación, a fin de que renueven, en su nombre, el sacrificio redentor, preparen para tus hijos el banquete pascual, fomenten la caridad en tu pueblo santo, lo alimenten con la Palabra, lo fortifiquen con los sacramentos y, consagrando su vida a ti y a la salvación de sus hermanos, se esfuercen por reproducir en sí mismos la imagen de Cristo y te den un constante testimonio de fidelidad y de amor.
Por eso, Señor, con todos los ángeles y santos, te alabamos, cantando llenos de alegría:
PLEGARIA EUCARISTICA I
CP Padre misericordioso, te pedimos humildemente por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes y bendigas estos + dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la, congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa Francisco, conmigo indigno siervo tuyo, con mis hermanos Obispos auxiliares y eméritos, y todos los demás obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.
C1: Acuérdate, Señor, de tus hijos los presbíteros de esta arquidiócesis y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.
C2: Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección.
CP Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.
CC Bendice y santifica, oh Padre, esta ofrenda, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti, de manera que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.
El cual, la víspera de su Pasión, tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
Tomen y coman todos de él,
porque esto es mi Cuerpo,
que será entregado por ustedes.
Del mismo modo, acabada la cena, tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
«Tomen y beban todos de él,
porque éste es el cáliz de mi Sangre,
Sangre de la alianza nueva y eterna,
que será derramada por ustedes
y por muchos para el perdón
de los pecados.
Hagan esto en conmemoración mía».
CP Misterio de fe.
R. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
CC Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor; de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.
Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abrahám, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición.
C3: Acuérdate también, Señor, de tus hijos los obispos, arzobispos, presbíteros y diáconos de esta arquidiócesis de Monterrey que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz.
C4: Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad.
CP Por Cristo, Señor nuestro, por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
R. Amén.
RITO DE LA COMUNION
PADRE NUESTRO
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:
Padre nuestro…
EMBOLISMO
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
R. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: “La paz os dejo, mi paz os doy”, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
El Diácono desde el ambón dice:
Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.
Depositando una fracción de la Hostia en el cáliz dice en secreto:
El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.
CORDERO DE DIOS
Mientras la Asamblea canta el Cordero de Dios,
el que preside con las manos juntas y en secreto dice:
Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permitas que me separe de ti.
El que preside hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
R. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
El que preside dice en secreto:
El Cuerpo de Cristo me guarde para la vida eterna.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN Sal 88, 2
Cantaré eternamente las misericordias del Señor, y mi boca proclamará tu fidelidad, de generación en generación.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te pedimos, Dios todopoderoso, que, alimentados por tus sacramentos, merezcamos convertirnos en buen olor de Cristo. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
RITOS DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN FINAL
El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Sea bendito el nombre del Señor.
R. Ahora y por siempre.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
R. Que hizo el cielo y la tierra.
La bendición de Dios todopoderoso,
Padre + Hijo + y Espíritu Santo + esté con todos ustedes y permanezca siempre.
R. Amén.
INCENSACIÓN DE LOS ÓLEOS
Después, el diácono despide a la Asamblea:
Nos podemos ir en paz a servir a Dios y a nuestros hermanos.
R. Demos gracias a Dios.