RECONCILIACIÓN
DE UN SOLO PENITENTE
Cuando el penitente signa con la señal de la cruz (el sacerdote puede signarse también), diciendo:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
El sacerdote invita al penitente a tener confianza en Dios con estas o semejantes palabras:
Dios nuestro Padre,
que ha hecho brillar la luz de la fe en nuestros corazones,
te conceda reconocer sinceramente tus pecados y su misericordia.
El penitente responde:
Amén.
A continuación, -sí es posible-, el sacerdote (o el mismo penitente) lee un texto de la Sagrada Escritura.
Escuchemos atentamente al Señor, que nos dice:
"Yo les aseguro que habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse." (Lc. 15, 7)
Después, el penitente recita primero, -donde se acostumbre-, una fórmula de confesión general.
Por ejemplo:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
y confiesa sus pecados.
(Si hace falta, el sacerdote ayuda al penitente a realizar una confesión íntegra le da consejos oportunos, lo exhorta al arrepentimiento de sus pecados y le recuerda que el cristiano, por el sacramento de la penitencia, muriendo y resucitando con Cristo, se renueva en el Misterio pascual).
Después, le propone una obra de penitencia, que el penitente aceptará como satisfacción por sus pecados y para enmienda de su vida.
A continuación, el sacerdote exhorta al penitente a manifestar su contrición. El penitente lo puede hacer con estas o semejantes palabras:
Dios, Padre misericordioso,
como hijo arrepentido que vuelve a ti, te digo: "He pecado contra ti,
ya no merezco llamarme hijo tuyo. Apiádate de mí, que soy un pecador. ".
Enseguida, el sacerdote, con las manos extendidas sobre la cabeza del penitente (o por lo menos con la mano derecha extendida), dice la absolución de los pecados:
Dios, Padre misericordioso,
que reconcilió al mundo consigo
por la muerte y la resurrección de su Hijo
y envió al Espíritu Santo para el perdón de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia,
el perdón y la paz.
Y YO TE ABSUELVO DE TUS PECADOS,
EN EL NOMBRE DEL PADRE, Y DEL HIJO,
(+) Y DEL ESPIRITU SANTO.
El penitente responde:
Amén.
Después de la absolución, el sacerdote puede decir:
Demos gracias al Señor porque es bueno.
El penitente concluye:
Porque es eterna su misericordia.
O solo despedir al penitente, ya reconciliado, diciéndole:
El Señor te ha perdonado tus pecados. Vete en paz.