Te invitamos a recorrer esta exposición única, a celebrar nuestra historia y a dejarte inspirar por el arte que ha formado parte del alma del Zurita.
En esta exposición encontrarás obras representativas de los movimientos pictóricos más relevantes del siglo XX.
Durante la segunda mitad del siglo XX, la pintura en Aragón experimentó una gran efervescencia, impulsada por movimientos tanto figurativos como abstractos. El panorama artístico fue marcado por la aparición de grupos de artistas que buscaban renovar la escena local.
Entre los fondos de pintura que se encuentran representados movimientos pictóricos como el grupo Pórtico, Escuela de Zaragoza, El Paso, Azuda 40….estos movimientos reflejan la renovación del panorama artístico que se produjo en Zaragoza en torno a 1950.
Uno de los episodios más vanguardistas lo protagonizó Pórtico, grupo artístico muy relevante en el panorama de la pintura española de posguerra, en concreto en Aragón (Zaragoza). En un momento en que España todavía estaba marcada por la Guerra Civil, la posguerra y un cierto aislamiento cultural, el grupo Pórtico fue pionero de la abstracción o del informalismo en España, el primero que rompió con el arte tradicional imperante, planteándose una estética en clave abstracta. Su estela, se deja sentir a partir de entonces en muchos pintores que buscaban un nuevo lenguaje estético, como, por ejemplo, en el grupo Escuela de Zaragoza, cuyos componentes: Juan José Vera y Daniel Sahún, entre otros, están aquí representados.
Fundado en Zaragoza entre 1963 y 1964, tras la disolución del grupo Pórtico, el grupo Escuela de Zaragoza se considera su heredero moral, ya que ambos compartían el deseo de renovar el arte plástico después de la Guerra Civil, apostando por la abstracción y una actitud vanguardista. Durante la década de los sesenta, Escuela de Zaragoza desarrolló su trabajo con una visión más abierta, incorporando nuevos materiales, enfoques y un mayor compromiso con el contexto social de la época.
Juan José Vera
Fue un pionero de la abstracción en Aragón y una figura clave dentro del movimiento abstracto español de la segunda mitad del siglo XX. Su acercamiento a la abstracción no se limitó a lo formal: para Vera, esta corriente representaba “una forma de pensamiento, una actitud, una propuesta de libertad y de ruptura”.
En su obra se perciben atmósferas sugerentes, espacios compartimentados, tramas de líneas y un uso del color que oscila entre tonos sobrios y vibrantes. En Aragón, fue reconocido como fundador del Grupo Zaragoza o Escuela de Zaragoza, además de ser uno de los principales impulsores de la pintura abstracta en la región. En 2011 recibió el Premio Aragón Goya en reconocimiento a toda su trayectoria y a su papel pionero en la renovación artística aragonesa.
Daniel Sahún
También formó parte del colectivo Grupo Zaragoza, activo aproximadamente entre 1961 y 1967. Su obra se enmarca dentro de la abstracción expresiva, caracterizada por trazos que evocan la memoria, el eco de la Guerra Civil y la búsqueda de nuevas formas plásticas.
En su etapa de experimentación incorporó materiales poco convencionales, como arpilleras, texturas, incisiones y objetos encontrados —tornillos u otros elementos metálicos—, que aportaban una dimensión matérico-expresiva a sus composiciones iniciales.
A lo largo de su trayectoria artística pueden distinguirse varios periodos:
Década de 1960: predominan el dramatismo, la materia y las texturas.
Desde los años 70: su pintura evoluciona hacia composiciones más geométricas, con trazos nerviosos, gestualidad y sugerencias espaciales.
El grupo El Paso fue el más renovador, el más rompedor, a finales de los años cincuenta. Se decantó por una pintura abstracta expresionista, en la que la integración del signo como elemento plástico fundamental, daba una primacía a los valores expresivos sobre los estéticos, en un nuevo concepto del espacio pictórico. En él militaron artistas plásticos aragoneses Antonio Saura o Manuel Viola, de los que también se exponen en esta muestra dos piezas.
Antonio Saura
Figura clave del arte español con proyección internacional, el pintor oscense Antonio Saura fue cofundador del influyente grupo El Paso, desde el cual impulsó una pintura informalista marcada por la intensidad y la expresividad.
En 1957 fundó en Madrid este colectivo junto a artistas como Manolo Millares, Rafael Canogar y Luis Feito, con el objetivo de revitalizar el arte contemporáneo español, superar el aislamiento cultural de la posguerra y conectar con las vanguardias internacionales.
Saura desarrolló un estilo gestual, abstracto y profundamente personal, caracterizado por una paleta dominada por blancos, negros, grises y ocres. Su obra dialoga con la historia del arte, reinterpretando temas de maestros como Goya o Velázquez desde una mirada crítica, intensa y a menudo agresiva.
Aunque su lenguaje es esencialmente abstracto, Saura mantuvo siempre un vínculo con la figuración, abordando temas como multitudes, retratos imaginarios o figuras femeninas, tratados con un fuerte componente dramático y existencial.
A lo largo de su trayectoria, Antonio Saura se consolidó como uno de los artistas españoles más relevantes de la segunda mitad del siglo XX, reconocido por su capacidad para evolucionar sin perder coherencia y por su influencia duradera en el arte contemporáneo.
Manuel Viola
En 1958 se integra en el grupo artístico El Paso.
Sus primeras etapas están marcadas por el surrealismo y la figuración, con alusiones al paisaje y figuras como “peleas de gallos”. A partir de su incorporación a El Paso, su pintura se dirige hacia la abstracción informalista: gestualidad, materiales, textura, expresividad.
Podría distinguirse una transición en su paleta: primero blancos, negros, grises, tierras; más tarde, colores cálidos, verdes, azulados.
Su obra está presente en importantes colecciones e instituciones: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid), Museo Guggenheim de Nueva York, entre otras.
Azuda 40 fue un grupo de artistas aragoneses formado en Zaragoza a comienzos de la década de 1970, aproximadamente entre 1972 y 1975.
El nombre del colectivo combina varias referencias locales: “Azuda” alude al azud del río Ebro y a La Zuda o Torreón de la Zuda, elementos emblemáticos de Zaragoza; mientras que el número 40 hace referencia a la década de nacimiento de sus miembros, todos nacidos en los años cuarenta.
Aunque no compartían una estética única ni un estilo formal rígido, los unían la generación, el entorno aragonés y un espíritu vanguardista común. Su actividad fue breve, pero su influencia en la escena artística local resultó significativa.
El grupo surgió en un momento de transformación cultural: Aragón vivía los últimos años del franquismo y el inicio de una etapa de apertura en la que los artistas buscaban nuevas formas de expresión. En ese contexto, Azuda 40 representó un impulso generacional hacia una creación contemporánea más libre y experimental, comprometida con su tiempo y su territorio.
Entre sus intereses figuraban revitalizar el arte aragonés y conectar con las vanguardias internacionales, sin renunciar a sus raíces locales. Aunque no existía un estilo común, en su producción se aprecian tendencias hacia la abstracción, la gestualidad libre, la experimentación con materiales, y la incorporación de elementos figurativos o simbólicos que aludían al paisaje, la identidad y el cambio social.
Azuda 40 lo integraron artistas como Natalio Bayo, Pascual Blanco, José Ignacio Baqué, José Luis Cano presentes también en esta exposición.
Natalio Bayo.
Natalio Bayo es considerado uno de los pintores aragoneses más relevantes del último tercio del siglo XX y principios del XXI.
Su obra conecta tradición y modernidad, arraigada en Aragón pero dialogando con corrientes más amplias del arte contemporáneo.
Su obra mezcla dibujo, pintura (óleo, acuarela) y grabado. Temáticamente, su trabajo aborda figuras corpulentas, arquitecturas, caballos, jinetes, dragones, bestiarios, referencias a la tradición (por ejemplo, Francisco de Goya) y también elementos oníricos o de crítica social.
Pascual Blanco.
Artista y docente, fue miembro del colectivo Azuda‑40 lo que situó su obra en el contexto del arte aragonés contemporáneo.
Su producción incluye tanto la pintura como el grabado, siendo este último una parte importante de su lenguaje artístico.
Su trayectoria se suele dividir en distintas etapas: comenzando con la abstracción en los años sesenta, continuando con una figuración comprometida y luego a una integración de ambas.Temáticamente, trató la represión social y política (en el periodo de la dictadura), la figura humana, la naturaleza simbólica, el cuerpo, el sentimiento íntimo; y sus obras de grabado servían como banco de pruebas para el resto de su producción pictórica.
En su última etapa, desarrolló una obra más serena donde las estructuras de la abstracción retornan, pero integradas con elementos figurativos.
Su trayectoria ha dejado una huella significativa en el arte aragonés, tanto por su obra como por su labor como docente e impulsor del grabado.
José Luis Cano
José Luis Cano, artista polifacético, reconocido como pintor, dibujante, humorista gráfico, ilustrador, escritor y teórico del arte. Se formó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Jorge en Barcelona, en el Estudio Rabadán de Zaragoza y en la Escuela de Artes y Oficios de la ciudad.
Miembro del colectivo Azuda 40, su obra abarca carteles, ilustración, viñetas de humor, murales y exposiciones, y se caracteriza por un diálogo constante entre memoria cultural, creatividad contemporánea y sensibilidad personal.
Entre sus reconocimientos se encuentran la Medalla de Oro “Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal” y el título de Hijo Predilecto de Zaragoza en 2009.
José Luis Cano es considerado una figura clave del arte contemporáneo aragonés, capaz de unir tradición y modernidad, memoria y experimentación, dejando un legado que refleja la identidad cultural de Aragón desde múltiples lenguajes artísticos.
José Ignacio Baqué
José Ignacio Baqué fue una de las figuras más singulares del arte aragonés contemporáneo. Desde joven buscó un lenguaje propio, combinando emoción, materia, color y reflexión. Formado en Zaragoza y Barcelona, participó en Azuda-40, colectivo que rompió con el academicismo e introdujo lenguajes de vanguardia en Aragón, transitando del expresionismo figurativo a la abstracción matérico-textural.
Tras la disolución del grupo y un periodo de enfermedad, Baqué desarrolló un figurativismo existencial, donde objetos cotidianos —rostros, muñecas, botellas, sillas— se cargan de significado simbólico. Su obra refleja un constante diálogo entre impulso interior y disciplina, entendiendo la pintura como proceso de descubrimiento y transformación personal.
Fiel a su propia visión, su trayectoria mantiene coherencia y autenticidad, dejando un legado fundamental en el arte aragonés contemporáneo y una invitación a experimentar la pintura como una forma de existir intensamente.
Maribel Lorén
Maribel Lorén Ros representa una trayectoria destacada dentro del arte contemporáneo de Aragón, especialmente en el ámbito de la abstracción, siendo figura de referencia femenina en ese contexto. Comenzó a exponer en los años 70
Maribel Lorén, extrae modelos y enseñanzas del expresionismo abstracto americano y la abstracción lírica europea para construir un producto personal donde se imponen el tachismo, automatismo y azar. No obstante, encontramos también influencias de la abstracción aragonesa en su forma de pintar donde se impone el ímpetu gestual.
En su pintura los zonas de color se van organizando y construyendo a base de amplios trazos de óleo aplicados con espátula o mediante furiosos barridos de pincel.
Emilio de Arce
Artista y docente, De Arce formó parte de la “vanguardia artística aragonesa” de los años 70.
Su obra transitó por diferentes corrientes: se aproximó al informalismo, luego al expresionismo, al cubismo, y finalmente fue derivando hacia la abstracción.
Según crítica de la época: “encuentra en el cubismo el origen de las relaciones geometría-pintura …despoja los cuadros de realidad objetiva pero no de realidad simbólica.
En sus últimos trabajos, la línea, el color y la luz ganan protagonismo, con planos más limpios, fondos lisos y una iconografía más sutil. Uso de geometría como base compositiva: planos, líneas, estructuras que “sugieren” más que describen.
Antonio Fernández Molina
Antonio Fernández Molina poeta, narrador y pintor español vinculado a las corrientes más libres y experimentales de la segunda mitad del siglo XX, aunque su estilo no se adscribe a una escuela concreta, su obra, tanto literaria como plástica, se caracteriza por un espíritu surrealista, humorístico y profundamente imaginativo, alejado de los academicismos.
Su obra, tanto literaria como plástica, constituye una de las aventuras más singulares del arte español del siglo XX. En ella, la palabra y la imagen se entrelazan para construir un mundo propio, regido por el humor, la libertad y el asombro.
Sus cuadros son espacios de juego donde conviven figuras absurdas, animales imposibles, objetos animados y paisajes oníricos usando colores vivos y planos. Su pintura no busca la perfección técnica, sino la emoción de lo ingenuo, la revelación de lo imprevisto. Fernández Molina celebra la libertad creadora, el derecho a mirar el mundo con ojos nuevos. La palabra y el color son, para él, dos lenguajes del mismo impulso poético. “No sé si pinto con palabras o escribo con colores”, llegó a decir, resumiendo su visión integradora del arte.
Coincidió temporalmente con movimientos como el Informalismo y el Surrealismo tardío, pero se mantuvo independiente de los grupos y modas. Su obra se reconoce hoy como una de las expresiones más coherentes del espíritu vanguardista y surrealista de la posguerra española.
Santiago Arranz
Santiago Arranz es un destacado artista aragonés cuya obra abarca la pintura, la escultura y la intervención en espacios arquitectónicos. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona en 1982, se formó de manera autodidacta en el ámbito creativo. Entre 1985 y 1995 residió en París, una etapa decisiva en su trayectoria en la que profundizó en la relación entre arte y literatura, eje central de su producción artística.
Integrado en una generación de artistas españoles que, desde los años ochenta, combinan poesía visual, simbolismo y abstracción, Arranz ha desarrollado un lenguaje propio, alejado de modas pero plenamente contemporáneo. Su trabajo se caracteriza por la creación de un vocabulario visual basado en símbolos, signos y alfabetos imaginarios, con los que explora la posibilidad de un lenguaje universal capaz de expresar conceptos poéticos, filosóficos y emocionales.
Esta fusión entre palabra e imagen, pensamiento y forma, constituye el núcleo de su obra. Algunas de sus creaciones más reconocidas se integran en el paisaje urbano, como la fachada trasera de la Biblioteca María Moliner o las intervenciones en el Centro de Historias de Zaragoza, donde el arte dialoga con la arquitectura y el espacio público.
La trayectoria de Santiago Arranz se define por una constante búsqueda de equilibrio entre arte, palabra y construcción simbólica. Su universo poético invita a reflexionar sobre el lenguaje visual como medio de conocimiento y comunicación, consolidándolo como una de las voces más singulares y coherentes del arte aragonés contemporáneo.
Pilar Viviente
Aunque nacida en Madrid, Pilar Viviente ha mantenido vínculos expositivos con Aragón, participando en muestras y proyectos culturales en la comunidad. Artista e investigadora multidisciplinar, su obra transita entre la pintura, la instalación, la performance y el arte digital. A través de estos lenguajes, aborda cuestiones como la identidad, la memoria y la simbología cultural, con especial atención a la figura femenina y al diálogo entre tradición e innovación.
Series como Rodetes reinterpretan los tocados íberos como emblemas de poder y continuidad, integrando materiales tradicionales, recursos digitales y una estética simbólica que enlaza lo ancestral con lo contemporáneo. Su lenguaje artístico destaca por la fusión de elementos arqueológicos, tecnológicos y poéticos, configurando un territorio visual donde confluyen arte, pensamiento y experiencia sensorial.
Pilar Viviente se inscribe dentro de una corriente neo-simbólica y conceptual, vinculada a la abstracción lírica y al arte feminista contemporáneo, en la que combina pintura, medios digitales, performance y arte instalativo para construir una poética visual propia y profundamente reflexiva.
Izaskun Arrieta
Formada en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Jorge (Barcelona), y afincada en Zaragoza, Arrieta pertenece a una generación de artistas que hicieron del color un lenguaje autónomo y expresivo. En sus lienzos conviven la emoción del gesto y la precisión de la composición, en un equilibrio que evoca la libertad del acto creativo. Arrieta entiende la pintura como un espacio de libertad. Cada trazo es un gesto sonoro; cada plano cromático, una nota que construye un equilibrio visual cargado de emoción. Influida por Kandinsky, Klee y el colorismo de José Manuel Broto, su trabajo convierte la experiencia del color en una forma de pensamiento musical.
Izaskun Arrieta se enmarca en la segunda generación de la abstracción española, con una visión lírica, espiritual y musical del color. Su época artística se nutre de los movimientos de la segunda mitad del siglo XX, como el Informalismo, el Expresionismo Abstracto europeo y la abstracción lírica contemporánea.
Francisca Zamorano
Zaragoza, 1956. Artista plástica zaragozana especializada en dibujo y pintura, con más de treinta años de trayectoria. Ha desarrollado una intensa labor tanto en el ámbito de la creación artística como en la enseñanza, consolidándose como una figura destacada dentro del panorama artístico aragonés.
Su obra se orienta hacia la pintura abstracta, caracterizada por amplias superficies de color, gestos enérgicos de trazo, veladuras y raspaduras que aportan profundidad y textura. Según el crítico Pedro Pablo Azpeitia, su trabajo transmite un “notable peso emocional”, fruto del equilibrio entre el color, la forma y la energía del gesto pictórico.
Zamorano se enmarca dentro de la pintura abstracta contemporánea, con influencias del expresionismo abstracto y del informalismo matérico. Su pintura se centra en la expresión del gesto, el color y la materia, alejándose de toda representación figurativa. Mediante amplias pinceladas, veladuras y texturas, construye espacios de libertad donde el color actúa como vehículo emocional.
Aunque parte de esas corrientes, desarrolla un lenguaje plástico propio, caracterizado por una gestualidad intensa y un estilo vital y colorista, que reflejan una visión introspectiva y sensorial del acto pictórico
El grabado es una disciplina artística en la que el creador trabaja una matriz —de metal, madera, piedra o material sintético— para obtener imágenes impresas sobre papel mediante un proceso de estampación.
Entre las técnicas clásicas destacan el aguafuerte, la aguatinta, la xilografía, el linograbado y la litografía, procedimientos que requieren precisión, destreza manual y un profundo conocimiento del oficio. Las técnicas contemporáneas han ampliado este campo con el uso del fotograbado, la serigrafía, la impresión digital, el collage y las intervenciones mixtas, integrando nuevas tecnologías y materiales.
Hoy, el grabado se entiende como un medio experimental y expresivo, donde tradición y modernidad conviven para ampliar las posibilidades del arte múltiple.
En Aragón, el grabado cuenta con una larga tradición que combina oficio, experimentación y renovación. Desde los talleres históricos de Zaragoza hasta las propuestas contemporáneas, esta disciplina ha sido un espacio de creación y reflexión para numerosos artistas aragoneses.
Durante el siglo XX, figuras como Natalio Bayo o Antonio Saura contribuyeron a consolidar el lenguaje gráfico como medio de expresión artística. En las últimas décadas, nuevos creadores —entre ellos Diego Sainz García— han ampliado ese legado incorporando técnicas mixtas, recursos digitales y enfoques conceptuales.
La existencia de talleres especializados, escuelas de arte y centros de producción gráfica en Zaragoza, Huesca y Teruel ha permitido que el grabado aragonés mantenga un papel destacado en el panorama artístico español, equilibrando tradición artesanal y experimentación contemporánea.
Antonio Saura
Su producción gráfica —que incluye aguafuertes, litografías y serigrafías— refleja las mismas tensiones expresivas que su pintura: el gesto vehemente, la estructura dinámica y la confrontación entre orden y caos. A través del grabado, Saura exploró con profundidad el retrato, la figura femenina, la crucifixión o el bestiario, temas recurrentes en su universo simbólico.
El medio gráfico le permitió multiplicar y reinterpretar sus iconos más personales, manteniendo siempre una intensidad emocional y un rigor plástico excepcionales. En sus estampas, el trazo incisivo y la energía del negro se convierten en signos de una libertad creadora absoluta.
Diego Sainz
Artista multidisciplinar residente en Hereford (Reino Unido) desde 2019, Diego Sainz García desarrolla su obra entre la pintura, el grabado, la instalación y la performance. Formado en Litografía, Grabado y Estampación por la Escuela de Artes de Zaragoza, centra su práctica artística en la pintura como una “necesidad inevitable”, combinando expresionismo, grafismo urbano y crítica social.
Su lenguaje evoluciona desde el expresionismo abstracto hacia una estética más figurativa y provocadora, donde integra palabra, gesto y símbolo en composiciones de fuerte carga visual.
En el ámbito del grabado ha desarrollado una sólida línea de trabajo en torno al grabado contemporáneo. Su interés se centra en la experimentación con materiales, soportes y procesos de impresión, combinando procedimientos clásicos —aguafuerte, aguatinta, linóleo, litografía— con técnicas mixtas, collage y recursos pictóricos.
En sus grabados, Sainz García utiliza el trazo enérgico y el contraste expresivo para construir imágenes cargadas de ironía y crítica, donde la figura humana, el texto y el símbolo urbano se funden en composiciones de fuerte impacto visual. Su lenguaje conecta la tradición del grabado artesanal con la estética del arte urbano y la gráfica contemporánea.
Estos trabajos, a menudo seriados o únicos, se presentan tanto en papel como en soportes no convencionales, explorando el límite entre obra múltiple y pieza única. Así, el grabado se convierte en su obra en un medio vivo, experimental y narrativo que refleja su visión libre y comprometida del arte actual.
Diego Sainz García investiga los puntos de encuentro entre lo pictórico, lo gráfico y lo performativo, utilizando la superficie como espacio simbólico donde confluyen emoción, materia y pensamiento crítico.
La escultura aragonesa sufrió una transformación a lo largo del siglo XX: al inicio convivía con modelos académicos y figurativos, pero progresivamente incorporó influencias de las vanguardias, nuevos materiales, vacío, geometría, abstracción.
A mediados de los años 80 irrumpe con fuerza una importante generación de escultores, que, por un lado, comienza a valorar la personalidad histórica de la escultura tradicional española, pero que, por otro, asume valores contemporáneos y se conecta sin traumas a los lenguajes más influyentes del panorama escultórico actual. Aquí destacamos la obra de dos escultores que tienen una filiación especial con nuestro centro educativo. El primero de ellos, Fernando Navarro, que es autor del estupendo mural que conservamos en el vestíbulo del instituto, y José Miguel Fuertes, catedrático de Dibujo y antiguo profesor del Instituto.
Fernando Navarro
Su obra escultórica se caracteriza por materiales industriales (chapa de acero, aluminio), formas geométricas, paleta de colores reducida y ampliamente instaladas en el espacio público aragonés.
Ha sido considerado “una de las más interesantes personalidades del arte aragonés del último cuarto del siglo XX y de los primeros lustros del XXI”. Navarro representa cómo la escultura aragonesa de la segunda mitad del siglo XX pasó de la figuración o el academicismo a recoger materiales industriales, geometría, arte público y reflexiones sobre el espacio. Su versatilidad (escultura + collage + fotografía) lo sitúa como referente contemporáneo.
José Miguel Fuertes
Con una larga trayectoria plagada de premios y exposiciones, autor de una interesante obra escultórica cautivada por la nitidez en el diseño, el dominio de los materiales, desde el mármol a la madera, así como por el exquisito tratamiento final de las calidades. En el vestíbulo del Instituto podemos contemplar una de sus creaciones: Metamorfosis, y aquí una pieza pequeña
esculpida en piedra de Calatorao, bajo el título de Gesto discreto.
Una de sus obras recientes de gran visibilidad: la escultura homenaje al grupo Héroes del Silencio en la plaza Albert Schweitzer de Zaragoza, donde el logotipo de la banda se materializa en chapa de acero inoxidable negro satinado con ribetes de acero.
Fuertes representa una generación más reciente que Navarro en la escultura aragonesa, centrado en la abstracción geométrica pura, el uso de materiales nobles o industriales y la visibilidad pública de su obra (monumentos, homenajes). Su presencia en el espacio urbano de Zaragoza le otorga una dimensión pública relevante.
José de las Muelas Valero
José de las Muelas llegó al arte desde la artesanía, dedicándose con pasión a la talla en madera. En 1951 obtuvo el Premio Nacional de Talla en Madera, reconocimiento que marcó el inicio de una destacada trayectoria como maestro artesano. A lo largo de su carrera ha participado en relevantes proyectos de restauración del patrimonio, entre ellos la Catedral de Cuenca. Tras su jubilación en 1995, decidió orientar su talento hacia la talla artística, consolidando una prolífica producción que ha sido objeto de numerosas exposiciones.
Minucioso y meticuloso en su trabajo, José de las Muelas calcula con precisión matemática las formas, pesos y contrapesos de sus, a menudo, complejas estructuras. Selecciona cuidadosamente las maderas —cedro, iroko, nogal, arce, fresno, entre otras—, utilizándolas solas o combinadas según las necesidades expresivas de cada obra.
El 16 de noviembre de 2010, José de las Muelas presentó su obra en el I.E.S. Jerónimo Zurita, donde destacó una pieza de gran formato y notable complejidad titulada Torre Reto, realizada en maderas combinadas de sipo, mansonia, elelón, cedro y ramín. A partir de esta pieza el autor propuso un reto a los alumnos: adivinar cuántos módulos componían la estructura. Finalmente, el autor donó la obra al centro, como muestra de su compromiso con la difusión del arte y el impulso a la formación artística.
CERÁMICA
Tras la posguerra y a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la Diputación de Zaragoza impulsó la recuperación y modernización de la tradición alfarera de Muel, así como la formación de nuevas generaciones, desempeñando un papel central en la revitalización del oficio en la provincia. Paralelamente, la Escuela de Arte de Zaragoza ha ofrecido formación en cerámica artística mediante ciclos y módulos, convirtiéndose en un semillero de ceramistas locales y en un instrumento para profesionalizar la disciplina.
En 1982, Fernando Malo fue uno de los fundadores del colectivo Cerámica y Ceramistas de la Plaza San Felipe, un grupo de artistas que marcó un punto de inflexión en la cerámica aragonesa. Instalado en el histórico entorno de la Plaza San Felipe de Zaragoza, el colectivo reunió a una nueva generación de creadores decididos a dignificar la cerámica como expresión artística contemporánea, recuperando los saberes tradicionales del barro y el torno, pero abriéndolos a la experimentación formal y conceptual.
Este espacio funcionó como taller, galería y punto de encuentro entre artistas, artesanos y público, convirtiéndose durante los años ochenta en un verdadero núcleo de renovación estética y técnica en Aragón. Desde esa experiencia, Fernando Malo consolidó una visión de la cerámica como disciplina capaz de integrar arte, arquitectura y patrimonio, línea que ha continuado desarrollando a lo largo de toda su carrera.
El Museo de Zaragoza conserva y exhibe colecciones que abarcan desde la alfarería tradicional aragonesa hasta piezas modernas y contemporáneas, convirtiéndose en un referente para estudiar la evolución de la cerámica en la región. Asimismo, iniciativas como CERCO (certamen y exposición de cerámica contemporánea en Zaragoza) han consolidado un circuito expositivo y de premios que conecta a artistas locales, nacionales e internacionales.
La profesionalización y la enseñanza técnica fueron factores decisivos para el desarrollo de la cerámica artística contemporánea. La recuperación institucional de la tradición y la formación técnica permitieron explorar las cualidades matéricas de la arcilla y la porcelana, experimentando con texturas, cochuras, oxidaciones y diversos esmaltes, barnices y engobes. Este proceso abrió un camino creativo prácticamente inagotable, dando lugar a piezas innovadoras y sorprendentes.
En esta línea se sitúan las obras de Raúl Abraín, Fernando Malo, Ángeles Casas y Ana Felipe, presentes en esta muestra, junto a dos obras colectivas de gran interés: Los ojos del Zurita, en la fachada principal del instituto, diseñados por Alberto Andrés, y el mural Jerónimo Zurita, ubicado en la Sala de Usos Múltiples.
Raúl Abraín
Se inscribe en la renovación de la cerámica contemporánea en Aragón desde finales del siglo XX. Vinculado al histórico Colectivo Plaza San Felipe de Zaragoza, ha formado parte de la generación de artistas que transformaron la cerámica en un lenguaje plástico autónomo, integrando la tradición artesanal con la experimentación formal. Su trabajo se ha caracterizado por una constante búsqueda de texturas y composiciones inspiradas en formas naturales.
Fernando Malo
Ceramista y restaurador aragonés cuya obra enlaza la tradición del oficio con una profunda mirada contemporánea. Formado en la Escuela Massana de Barcelona entre 1976 y 1981. En 1982 fue uno de los fundadores del colectivo Cerámica y Ceramistas de la Plaza San Felipe, grupo que marcó una etapa decisiva en la renovación de la cerámica artística en Aragón.
Desde 1991 desarrolla una intensa labor en la restauración del patrimonio cerámico, especialmente en el ámbito mudéjar. Ha intervenido en monumentos de gran relevancia como el Palacio de la Aljafería, la Alhambra de Granada y la Catedral de La Seo de Zaragoza, combinando rigor técnico y sensibilidad artística.
Paralelamente, ha cultivado una sólida trayectoria personal en torno a lo que él mismo denomina “Mudéjar S. XXI”, una propuesta que fusiona barros, arcillas y esmaltes de formulación propia con un lenguaje visual contemporáneo. Su obra explora la textura, el color y la geometría a través de piezas que reinterpretan las raíces del arte mudéjar desde una perspectiva actual.
En su taller-museo de San Mateo de Gállego (Zaragoza), Fernando Malo produce obra, imparte formación y expone tanto piezas contemporáneas como restauraciones históricas. La forma de la jarra es un motivo recurrente en su trabajo, entendida como objeto escultórico que le permite investigar el volumen, la proporción y el gesto.
Su inspiración nace de la tradición ancestral de la tierra, las formas primitivas, la naturaleza y la técnica, proyectando una lectura contemporánea del legado mudéjar. Así, Fernando Malo se ha consolidado como una figura clave en la cerámica aragonesa contemporánea, uniendo oficio, patrimonio e innovación artística en un lenguaje propio y coherente.
Ángeles Casas
La ceramista Ángeles Casas nació en 1959 en Molins de Rei (Barcelona). Inició su formación en la Escuela Massana de Barcelona, donde estudió cerámica. Formó parte del colectivo de ceramistas de la Plaza San Felipe de Zaragoza.
S obra se caracteriza por transformar la cerámica en un lenguaje escultórico lleno de imaginación, “convierte sus creaciones en esculturas, ingenios mecánicos que sobrepasan los campos de la realidad para situarse en el imaginario del anhelo irracional”. Su trabajo trasciende lo utilitario y se adentra en un territorio poético donde la técnica se une a la metáfora. Sus piezas, a menudo concebidas como máquinas imposibles, contenedores rodantes o transbordadores de sueños, revelan un diálogo constante entre la materia y la fantasía.
Utiliza materiales refractarios y aplica procesos de cocción oxidantes, recursos que le permiten explorar texturas y contrastes que refuerzan la expresividad de sus obras. Su producción combina precisión técnica con una visión onírica y simbólica, en la que el barro se convierte en medio de comunicación emocional.
A lo largo de su trayectoria, Ángeles Casas ha contribuido a redefinir los límites de la cerámica como disciplina artística. Su trabajo representa una transición del objeto funcional hacia la escultura contemporánea, uniendo la tradición artesanal con la experimentación plástica. Con una obra que invita a la reflexión sobre la relación entre lo real y lo imaginario, Casas demuestra cómo la arcilla puede convertirse en un vehículo de movimiento, poesía y emoción.
Ana Felipe
Ana Felipe Royo es una reconocida ceramista . Su formación comenzó en la Escuela de Artes de Zaragoza, donde estudió pintura, y continuó en la Escuela Superior de Diseño y Artes de Valencia, donde se especializó en cerámica.
Su producción abarca una amplia variedad de formatos: escultura, mural, vajilla artística y grabado. En su obra confluyen la precisión técnica y la búsqueda poética, con un enfoque experimental que reinterpreta la tradición cerámica. La naturaleza, los materiales encontrados —como maderas, herrajes o mallas procedentes de edificios antiguos— y el entorno rural donde vive son fuentes constantes de inspiración que dotan a su trabajo de una profunda carga simbólica.
Ana Felipe Royo defiende la cerámica como una forma de arte pleno, en igualdad con cualquier otra disciplina artística. Su investigación se centra en técnicas tradicionales y contemporáneas, como los vidriados de alta temperatura, los esmaltes de tradición árabe y la cocción rakú.
Actualmente vive y trabaja en Villanueva de Huerva (Zaragoza), donde ha establecido su casa-taller y dónde continúa explorando la relación entre materia, fuego y forma, y compartiendo su conocimiento con nuevas generaciones de ceramistas. Su trabajo se distingue por la unión entre la sensibilidad estética, la experimentación técnica y un profundo respeto por la tradición artesanal.
León de Francisco Rallo. Intervención de Jesús Lapuente.
Cedido por el ayuntamiento de Zaragoza.
Mural colectivo en cerámica: Javier Fanlo, Alberto Andrés. Juan Jiménez, Amado Lara, Fernando Malo, Susana Santamaría, Joaquín Vidal
Mural realizado en colaboración con un intercambio con Gales
Alberto Andrés: Proyecto realizado con alumnos del centro.