El cambio climático –al igual que la pobreza energética- afecta más a las mujeres, pese a que contribuyen menos a provocarlo. Se estima que constituyen un 80% de los refugiados climáticos –con el perjuicio añadido de la ausencia de políticas equitativas en los lugares de reasentamiento- y son las más afectadas por las temperaturas extremas y los desastres naturales; como ejemplo, sumaron más del 70% de las víctimas mortales en el tsunami que azotó Asia en el año 2004.
El estrés ambiental debilita significativamente su capacidad de respuesta, en especial entre aquellas que son jóvenes, con un nivel educativo menor, que pertenecen a clases sociales más bajas o incluso a etnias y castas marginales. La migración masculina, las malas condiciones de trabajo con salarios inferiores, su menor formación en materia de prevención y seguridad, la desatención a su salud y alimentación, o esa falta de recursos añaden más trabas a dicha capacidad de adaptación, sobre todo en el Sudeste Asiático, América Latina y África Subsahariana.
De manera paralela, según el Instituto Europeo para la Igualdad de Género, más del 80% de los puestos de responsabilidad en materia medioambiental están ocupados por hombres –porcentaje que se eleva al 92% en el sector eléctrico–... Y según Oxfam, en la región subsahariana representan el 75% de la mano de obra, pero poseen solo el 1% de la tierra.
Con todo, el consenso es absoluto: ellas resultan fundamentales en la lucha contra ese cambio climático que acentúa más si cabe la desigualdad de género. A nivel global, gestionan la economía familiar al ser las principales recolectoras, usuarias y administradoras tanto de agua y alimentos como de combustibles, además de ser responsables de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos. En ellas recae básicamente la tarea de recolectar biomasa para cocinar o calentar sus hogares, estando de este modo más expuestas a los contaminantes químicos presentes en los productos agrícolas. Así lo constata Susana cada día, trabajando sobre el terreno con distintas comunidades indígenas de la Amazonia… Y así quedó refrendado en la Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, celebrada en Doha en noviembre del 2012, con aquel documento de base titulado Mujeres para resultados.
Atendiendo a distintos estudios sociológicos, por lo general las mujeres están más concienciadas ante ese cambio climático que los varones y se muestran más dispuestas a emprender acciones en la búsqueda de soluciones sostenibles… Atendiendo a los apuntes de Susana, son quienes más sufren ante tanta tierra quemada y quienes más se implican en su reforestación.
Porque ella lo ha descubierto sobre el terreno: las políticas de igualdad de género a todos los niveles –desde el económico al sanitario o educativo, pasando por la equidad en los poderes de decisión– son también políticas contra los efectos perniciosos de ese cambio climático.
Fuente: Reuters
Climate changing, as well as energy poverty, affects more to women, although they contribute less to cause it. It is estimated that they constitute 80% of climate refugees -with the added prejudice of the absence of equitable policies in resettlement places- and they are the most affected by extreme temperatures and natural disasters; as an example, women were more than 70% of the fatalities in the tsunami that hit Asia in 2004. Environmental stress significantly weakens their response capacity, especially among those who are young, with a minor educational level, those who belong to lower social classes or even to ethnic groups and marginal castes.
Male migration, poor working conditions with lower wages, less training in prevention and safety, neglect of health and nutrition, or lack of resources add more obstacles to this ability to adapt, especially in Southeast Asia, Latin America and Sub-Saharan Africa.
In line with that, according to the European Institute for Gender Equality, more than 80% of positions of responsibility in environmental matters are held by men, a percentage that rises to 92% in the electricity sector and, according to NGO Oxfam, in the Sub-Saharan region women represent 75 % of labour but they own only 1% of land.
Yet, the consensus is absolute: they are fundamental in the fight against that climate change which further accentuates gender inequality. At a global level, they manage the family economy as they are the main collectors, users and administrators of water and food as well as fuels, in addition to being responsible for housework and caring for the children. They bear the burden of collecting biomass to cook or heat their homes, thus being more exposed to the chemical pollutants present in agricultural products. This is every day noted by Susana, working on the ground with different indigenous communities of the Amazon…And this was endorsed at the Conference of the Parties of the United Nations Framework Convention on Climate Change, held in Doha in November 2012, with that basic document entitled Women for Results.
According to different sociological studies, women are generally more aware of this climate change than men and are more willing to take action in the search for sustainable solutions…Taking into account Susana's notes, women are the ones who suffer the most from so much scorched earth and who they involve more in their reforestation.
Because she has discovered it on the ground: gender equality policies at all levels -from the economic to the educational or health level, through equity in decision-making powers- are also policies against the pernicious effects of this climate change.