El viaje a Polonia que hemos vivido este mes de enero ha sido una de las experiencias más impresionantes de este curso. En los artículos que en esta sección presentamos se exponen algunos de los motivos por los que nuestro viaje ha sido muy especial. Conocimos un país que se ha levantado orgulloso de las muchas crueldades padecidas por naciones militarmente poderosas; estuvimos en lugares donde la crueldad humana fue brutal, pero también supimos que jamás -jamás- la violencia destruye la esperanza humana y su deseo de bien y de reconciliación. Conocimos a chicos polacos que nos abrieron sus aulas para compartir con nosotros su alegría por conocernos. Supimos que todos vibramos con lo mismo, aunque seamos de países diferentes.
Los artículos que presentan algunos de nuestros alumnos son un ejemplo de lo que ha supuesto este viaje. Sus frutos los iremos viviendo cada uno de nosotros a lo largo del tiempo. Sirvan estos artículos para dar una idea de lo vivido. Durante los próximos meses iremos explicando en diferentes formatos lo que hemos aprendido.
Fotos realizadas por los alumnos de 2º de Bachillerato participantes en el viaje a Polonia:
Querido viaje:
Sí, digo querido viaje dirigiéndome a ti porque por fin me atrevo a abrirme ante ti después de regalarme la experiencia más impresionante de mi vida.
Desde bien pequeña ya mostraba ese deseo de viajar, de querer conocer el mundo intentando convencer a mis padres que con 12 años me dejaran irme a vivir sola a otro país. Este deseo, por supuesto me sigue acompañando.
Esto que muchos de nosotros hemos tenido el gran privilegio de vivir; no se trata del viaje que pueden hacer un grupo de amigos, una pareja de enamorados o una persona en solitario queriendo escapar de la rutina. Esto ha sido una experiencia de vida que ha causado en mí una transformación mental para cambiar totalmente la perspectiva de aquello que me rodea.
Vivimos en una sociedad en la que, sobre todo los adolescentes, nos creemos la enormidad de nuestros problemas, nos hacemos egoístas pensando que todo el mundo va en nuestra contra solo porque no le dan la misma importancia que nosotros a aquello que nos atormenta. Por supuesto que existen problemas que dificultan nuestro día a día, pero gracias a esta experiencia aprendí de verdad a darle la importancia y el trabajo que merecen.
Me considero una persona con una sensibilidad distinguida al resto de mis compañeros, ni mayor ni menor, simplemente distinta. Soy capaz de emocionarme con muy poco, tanto para lo bueno como para lo malo. Cuando me monté en el avión, un escalofrío me recorrió todo el cuerpo haciéndome cada vez más clara la idea que ese es mi sitio. Mi hogar sé que no será un piso en la ciudad, una casa en la montaña o la misma casa donde me crie. Me he dado cuenta de que, por el momento, mi lugar en el mundo está a doce mil kilómetros de altura. No existe país ni ciudad exacta que lo pueda definir, simplemente es el todo y la nada a la vez.
El primer día estaba invadida de una emoción y unos nervios que no llegaba a comprender cómo los demás no los tenían. Al llegar me encontré totalmente conectada con aquel lugar: su clima, sus colores crudos, su silencio .... Si ya estaba enamorada de la noche, allí me terminé de apasionar de la misma. A pesar de que allí anoche sobre las cuatro de la tarde, Polonia tiene una luz especial que alumbra todo. Sentí que por primera vez estaba cumpliendo con mi compromiso de vida.
En esos días visitamos varios lugares de los alrededores de Cracovia, entre ellos la cárcel de Montelupich. De aquel lugar pude aprender que yo llevaba mucho tiempo viviendo en mi propia cárcel y que los problemas que en ese momento me acompañaban no eran causados por la gente de mi alrededor. Si no que era yo misma la que se había cargado con una mochila llena de obstáculos y dificultades que me hacían vivir ahogada, como si cada día pesara más y más.
Allí conocimos a Boba, un general cuya historia nos impactó a todos y tras sus 80 largos años y todo lo trágico vivido nos dio una lección de vida con su sonrisa y su amabilidad. Me di cuenta de que hay que saber perdonar, vivir en paz con uno mismo, pues aunque creamos que el verdadero daño lo recibimos nosotros; son los que hacen el mal los que realmente se lo causan.
Fue en la Fábrica de Schindler donde al ver todos esos nombres y esas caras pude saber lo efímeros que somos los seres humanos. Pues alguien que ha dedicado toda su vida a servir al mundo de la forma que sea, finalmente se le acaba recordando como un simple número. Soy consciente de que es muy difícil que se te recuerde durante la eternidad, algo inmenso tienes que realizar para que esto ocurra, como ha ocurrido hasta ahora con filósofos o científicos. Sin embargo, gracias a esto he aprendido que quiero vivir mi vida de tal forma que cada día me levante con la conciencia tranquila, sabiendo que estoy siendo fiel a mí, a mis pensamientos pero sobre todo con aquello que quiero para el mundo.
Y por fin llegó el plato fuerte de este camino, la visita al cementerio más grande del mundo, la visita a Auschwitz. Cada vez que lo sigo recordando, el mismo sentimiento se apodera de mí. La culpa. Yo sabía que aquello sería duro y que posiblemente me emocionaría, pero no de la manera en la que lo sufrí. Nada más entrar en el campo de concentración se podía respirar una energía diferente, una tristeza que todos pudimos detectar. No quiero entrar en detalles de lo que esas bestias hicieron, pero si pensábamos que el ser humano era capaz de distinguirse del resto de especies por una racionalización y un obrar más inteligente estamos completamente equivocados. Es realmente triste ver la manera en la que estas aptitudes son utilizadas.
Una de las cosas que más me dolió de aquel día fue ver como todo seguía igual y que la gente saliera como si acabara de visitar un museo cualquiera, cuando realmente estábamos rodeados de muerte y dolor. Soy partidaria de que cada cosa lleva su tiempo, pero ese día aprendí demasiadas cosas de golpe y fue esa misma noche cuando rompí con todo lo que había visto hasta ahora.
Me sentí completamente privilegiada por vivir esta experiencia de la mano de Enrique. Polonia no solo es mágica por su historia o por sus monumentos, si no por personas que valen oro y dejan un sendero de ilusión allá por donde pasan. Enrique es un hombre con el corazón dividido entre España y Polonia y cada día tras contar la historia de aquello que estuviéramos visitando, nos regalaba un aprendizaje que jamás olvidaré. Sin duda, es gracias a él que he podido despertar, abrir los ojos hacia el mundo que quiero.
Tras reflexionar mucho tiempo conmigo misma puedo decir que me siento otra persona completamente diferente. Hasta ahora tenía muy aceptada la idea de que había cosas difíciles en el mundo, pero nunca nada como lo que yo sentía. Fue la muerte de más de 11 millones de personas, el abrazo de Pablo y las charlas con Enrique las que me hicieron ver que hay que saber mirar más allá. Salirte del problema que en ese momento te esté acompañando y mirarlo desde unos ojos objetivos. Eso no quita que no le des importancia a tus problemas, debes hacerlo. Párate un momento, deja que esas emociones instantáneas pasen y dales el trabajo que merecen.
En resumen, gracias principalmente a Enrique, como ya he dicho antes por impulsar a que una nueva versión de mí tenga lugar y por motivarme a dar forma a ese tesoro que vale oro y que todos llevamos dentro.
Ángela Gutiérrez Quismondo
La experiencia de Polonia ya se acabó, y ahora me encuentro escuchando más de las músicas que me llenaron durante este viaje, son los sentimientos que sentí y "vibras" que los espacios y personas que conocimos me dieron. Una mezcla de profunda melancolía con un éxtasis del baile que bailamos.
Sin duda, la parte más dolorosa de pasar fue el día que visitamos Auschwitz-Birkenau, fue el ver aquellas pruebas de la maldad humana hecha realidad fue un shock, ya que ya sabíamos a lo que íbamos a ver y sentir creí ingenuamente que iba a doler menos estar allí, pero no fue así.
Luego, la parte en la que me sentí inmerso en Polonia, pero como incógnito fue el día que subimos a un monte nevado y vimos el paisaje del Ghetto de Kraków. Fue asombrosa la vista y el sentimiento de verlo desde allí arriba, me sentí tomado por el viento y la nieve, las historias que nos contaron mientras estábamos allí y la imagen de cómo era estar allí en la época de la ocupación.
Ahora sí, el momento feliz que disfrutamos, aparte de las noches que compartíamos en nuestro hostel, fue el día que pasamos a un instituto polaco a tener una experiencia de convivencia con los jóvenes herederos de aquella historia. Nos lo pasamos genial y percibimos lo parecidos que éramos. Bailamos, cantamos y comimos después de hablar y conocernos lo máximo posible, con la intención de volver a entrar en contacto cuando podamos. Fue un día absolutamente feliz.
Esos tres momentos los tengo como los más profundos del viaje, aunque los otros como la visita a la cárcel de Montlupich, al museo de la resistencia y a la fábrica de Oscar Schiindler nos prepararon para lo que venía enseguida y también tuvieron su impacto. Mis sentimientos más profundos se quedaron en estos tres.
César Martins Quitete Do Amaral
LA IMPORTANCIA DE VIVIR
En este último curso, mis compañeros y yo hemos tenido la gran suerte de hacer un viaje a Polonia junto al director del centro, Carlos Jariod. Además de haber sido una experiencia inolvidable, ha supuesto, a su vez, un gran aprendizaje.
Todos conocemos la Segunda Guerra Mundial y las principales consecuencias que tuvo, pero hasta que no ves con tus propios ojos la realidad y el sufrimiento de aquellos que vivieron esa terrible situación, no eres realmente consciente de la importancia que tienen las acciones de los seres humanos.
Durante la excursión visitamos diferentes lugares, pero para mí, el más impactante de todos ellos fue el campo de concentración de Auschwichz.
Fue muy duro ver todo lo que había dentro del llamado “cementerio más grande del mundo”. Las fotografías colgadas con los rostros de los millones de judíos que después asesinaron reflejan un sufrimiento y una angustia escalofriantes.
En el mismo instante en que lo ves, te das cuenta de que podíamos haber sido nosotros; ese hecho despertó algo en mi interior que nunca había sentido, y cambió algo en mí de una manera radical.
Todo aquello que hasta ahora había visto como problemas enormes en mi vida pasaron a ser preocupaciones mínimas y se impuso un sentimiento: la necesidad enorme de agradecer todo lo que tengo. No simplemente diciendo "gracias", sino aprovechando todas las oportunidades que tengo en mi vida y los recursos de los que, afortunadamente, dispongo.
Aprendí que lo más importante de mi vida no es la cantidad de cosas que tengo, lo que me gustaría comprar, o esas amistades que creo tener pero que realmente solo son conocidos; lo realmente importante es el tiempo, lo que haces con él y con quién lo compartes.
No nos paramos a pensar en la suerte que tenemos de tener una familia, una oportunidad y, sobre todo, la libertad de poder decidir lo que queremos.
Es triste ver cómo perdemos el tiempo dando por hecho que siempre vamos a tener un día más, sin embargo, cuando vives esta experiencia, o cualquier otra que te ponga frente a una situación tan devastadora, te das cuenta de que no siempre hay un día más y no todos tienen una oportunidad.
Ver los dibujos que hicieron los niños, donde se reflejaba cómo morían aquellas personas es algo impactante por más que ellos ya lo habían integrado en su día a día como algo normal, que formaba parte de su cotidianidad, cuando realmente es una algo atroz.
Cada uno de nosotros somos responsables de poner de nuestra parte para que este mundo sea un lugar donde podamos disfrutar de cada día, porque después de ver tanto sufrimiento, tengo claro que cada momento es un regalo y una oportunidad para poder crecer, mejorar y convertirnos en nuestra mejor versión.
Si alguna vez tenéis la oportunidad de ir, no la perdáis. Hasta entonces es importante conocer el valor que tenemos como seres humanos y saber que ninguno de nosotros merece ser tratado de una manera tan cruel, injusta y despreciable. A pesar de conocer la historia y las consecuencias de las guerras, seguimos creando conflictos, porque ningún ser humano es capaz de conformarse con nada. Espero que nosotros, que tenemos la oportunidad de decidir lo que pasará en el futuro, junto con las siguientes generaciones, sepamos cambiar todas esas conductas y no volver a repetirlas.
De cada situación, por muy dura que sea, se puede aprender algo. En este viaje yo he aprendido la importancia del significado de vivir.
Dibujos realizados por los niños cautivos