Esto exige reconocer los cambios en la vida cotidiana de las personas derivados de uso de la tecnología: facilidad para disponer, producir y compartir información; formas de interacción y comunicación diferentes; modelos de enseñanza y aprendizaje en los que se privilegia la creatividad, el diálogo, trabajo en equipo; nuevas identidades personales y colectivas; leer y escribir en una pantalla, entre otros.
Esta realidad constituye una razón poderosa para que en las aulas se utilicen las tecnologías digitales con fines de aprendizaje.
El uso de las TICCAD (Tecnologías de la Información, Comunicación, Conocimiento y Aprendizaje Digital) es fundamental no solo como herramienta de apoyo al docente, sino como un apoyo hacía la eliminación de las BAP (Barreras para Aprendizaje y la Participación), ya que permiten crear entornos educativos más inclusivos, accesibles y equitativos.
Logrando la personalización del aprendizaje, su accesibilidad universal, la colaboración y participación activa, la evaluación y retroalimentación inmediata y, por si fuera poco, también puede ser usada con el fin de mejorar la formación docente en enfoques más inclusivos.
Es por esto que su implementación estratégica es esencial en la educación del siglo XXI.