Mujeres y ciencia 

La carrera investigadora es un camino largo y exigente. Comienza habitualmente con el doctorado y continúa con años de contratos temporales, alta competitividad para lograr la estabilización laboral y una constante evaluación del rendimiento científico. A ello se suman las tareas docentes, la gestión universitaria y la supervisión de investigadores e investigadoras en formación. Estos retos forman parte del día a día de quienes se dedican a la investigación, independientemente de su género. Sin embargo, las oportunidades para superar estos obstáculos no son iguales para todas las personas.

Aunque se han logrado avances en las últimas décadas, los datos siguen mostrando que las mujeres investigadoras tardan más años que sus compañeros varones en estabilizarse profesionalmente. Los datos más recientes recogidos por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (2022-2023) muestran que el techo de cristal es  una realidad para las mujeres en todas las áreas del conocimiento, y que la infrarrepresentación de mujeres en los puestos más altos (Cátedras) se da especialmente en las áreas de Ciencias Médicas y de la Salud y Ciencias Sociales. Esta situación de infrarrepresentación de mujeres investigadoras catedráticas  (el cuartil más alto de ingresos de la carrera académica) contribuye a que también exista una brecha salarial persistente, aún realizando el mismo trabajo.

Las mujeres también continúan teniendo una escasa representación en los niveles más altos de toma de decisiones en universidades e institutos de investigación.  A estas desigualdades se añaden las dificultades de conciliación laboral y personal, que afectan especialmente a las mujeres. Durante la pandemia por COVID-19, por ejemplo, se observó un descenso significativo en la producción científica de las investigadoras en comparación con sus colegas hombres.

Todo ello está atravesado por sesgos y estereotipos de género profundamente arraigados, que asocian a las mujeres con una menor competencia o una menor capacidad de liderazgo. La investigación muestra que las mujeres son peor evaluadas en procesos de selección, reciben cartas de recomendación más ambiguas y son reconocidas como líderes con menor frecuencia.

Asimismo, la brecha de género en la educación continúa siendo un problema global. UNICEF estima que alrededor de 122 millones de niñas alrededor del mundo no pueden asistir a la escuela.

Frente a este escenario, visibilizar a las mujeres investigadoras, sus aportaciones, sus trayectorias y sus experiencias de liderazgo se convierte en una herramienta clave para generar conciencia, cuestionar desigualdades e inspirar a nuevas generaciones. Reconocer los obstáculos, pero también las fortalezas que han permitido superarlos, es un paso imprescindible hacia una ciencia más justa, diversa y representativa.

 Ciencia, compromiso y futuro

Esta exposición mira hacia el futuro. Un futuro en el que el talento científico femenino sea una parte más visible, reconocida y valorada en el sistema de investigación. Con esta iniciativa, el Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC) reafirma su compromiso con la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, tanto dentro de la comunidad investigadora como en su relación con la sociedad.

Como centro de investigación internacional, el CIMCYC apuesta por el talento y la excelencia científica, poniendo en valor el trabajo de investigadoras de reconocido prestigio cuyas aportaciones contribuyen de manera decisiva al avance del conocimiento científico. Visibilizar sus trayectorias no es solo un ejercicio de reconocimiento, sino también una forma de generar referentes para las nuevas generaciones de investigadoras e investigadores en formación, así como para niñas, niños y jóvenes que se plantean la ciencia como una posible vocación profesional.

Al mismo tiempo, esta exposición quiere mostrar una imagen más humana de la ciencia. Detrás de los datos, los artículos y los proyectos existen personas con historias diversas, recorridos complejos y experiencias compartidas. Reconocer las dificultades que aún persisten comola precariedad, la inestabilidad o las desigualdades estructurales, es imprescindible para avanzar hacia una carrera investigadora más digna, justa y segura para todas las personas.

Pero la ciencia es también entusiasmo, curiosidad y satisfacción. Es la posibilidad de crecer personal y profesionalmente, de formular preguntas, de buscar respuestas y de ofrecer soluciones a los problemas que afectan a nuestra sociedad. Es un trabajo colectivo que se construye día a día gracias al esfuerzo, la creatividad y el compromiso de quienes la hacen posible.

Esta exposición se enmarca en el compromiso del CIMCYC para construir una ciencia más diversa, igualitaria e inclusiva, con la convicción de que este es el camino hacia una ciencia de excelencia.