Percepción del tiempo, atención espacial, atención temporal.
Formación académica
Grado en Psicología, Universidad de Palermo
Máster en Neurociencia Cognitiva y del Comportamiento, Universidad de Granada.
Doctora en Psicología, Universidad de Granada
Logros
Desde que tuve claro que quería dedicarme a la investigación, empecé a buscar cualquier oportunidad para acercarme a ese mundo. La primera gran oportunidad llegó con una beca al terminar la carrera, que me permitió ir a la Universidad de Oxford, donde al final pasé 14 meses muy intensos. Fue una etapa exigente pero muy enriquecedora, en la que confirmé que la investigación era realmente mi camino. Allí trabajé con un investigador de Granada que me habló de la ciudad y del Máster en Neurociencia Cognitiva y del Comportamiento. Sin hablar español, decidí “lanzarme a la piscina” y solicitar el máster; no solo me admitieron, sino que conseguí una beca FPI para hacer el doctorado, un sueño hecho realidad. Tras el doctorado, regresé a Italia para trabajar como investigadora posdoctoral en la Universidad de Padua y, después, pasé dos años más de posdoctorado vinculada a la Universidad de Montpellier, en Francia. En 2021 obtuve una beca de investigación María Zambrano Senior para volver a la Universidad de Granada, donde continúo ahora desarrollando mi actividad investigadora.
A pesar de que tengo cariño a casi todas mis investigaciones, reconozco que la investigación sobre procesamiento temporal es la que más satisfacción personal me ha dado. En particular, los trabajos sobre cómo el cerebro usa el tiempo para anticipar cuándo aparecerá algo relevante (como cuando esperamos frente a un semáforo) me han resultado especialmente intrigantes. Esa línea de trabajo recibió premios de la Sociedad Española de Psicología Experimental (SEPEX), pero, más que esos reconocimientos, lo que valoro es que me permitió acercarme a un tema que sigue generándome preguntas y que me ha abierto la puerta a colaboraciones con otras investigadoras e investigadores que me han enriquecido tanto en lo humano como en lo científico. Juntos hemos ido diseccionando la naturaleza de la preparación temporal, cómo nos orientamos en el tiempo y, más recientemente, cómo el cerebro predice el “cuándo” de los eventos importantes. Aún queda mucho por descubrir sobre cómo procesamos el tiempo y espero poder seguir investigando en este ámbito durante muchos años más.
"Como el juego de la oca: avanzar, retroceder y volver a intentarlo, pero siempre con la vista puesta en la meta"
Estudio de la percepción del tiempo y de la atención.
Nací en Múnich, en Alemania, donde mis padres, ambos italianos, vivían y trabajaban. Cuando tenía tres años decidieron volver a Italia y crecí en un pequeño pueblo de Sicilia, entre familia y mucha vida de barrio. Estudié Psicología en la Universidad de Palermo y allí descubrí la psicología experimental y la neurociencia cognitiva: fue un flechazo inmediato. Me apasiona aprender, viajar, leer, comer bien, ver series y películas, y tomar café (aunque sigo echando de menos el café italiano). Como curiosidad personal, me considero un poco quejica y perfeccionista; me emociono con facilidad y tiendo a decir en voz alta todo lo que se me pasa por la cabeza, lo que no siempre juega a mi favor. Estoy convencida de que hay que crear buen ambiente allí donde trabajamos y que el sentido del humor es una de las mejores herramientas que tenemos para conseguirlo. O, al menos, yo lo intento.
De pequeña me atraían varias profesiones bastante distintas entre sí. Muy pequeña soñaba con ser escritora, como la protagonista del libro Mujercitas; después me fascinaba la idea de ser exploradora y recorrer el mundo. Muy pronto empecé a inclinarme por la Psicología, imaginando que me gustaría estudiar criminología y la mente de los serial killers. Al final no me he ido tan lejos: sigo estudiando mentes, solo que no las de asesinos en serie (que yo sepa, por lo menos).
Retos en la carrera investigadora
Como en casi cualquier trabajo, siempre hay obstáculos, pero en la carrera investigadora uno de los más grandes, al menos para mí, es aprender a convivir con la incertidumbre. No saber si habrá un nuevo contrato cuando se acabe la beca, si tendré que mudarme otra vez o incluso cambiar mis líneas de investigación genera una presión constante por publicar, solicitar proyectos y competir, que no es sana. Lo más agotador es que, mientras convives con esa incertidumbre, tienes que seguir funcionando con normalidad: dar clases, sacar adelante la investigación, cumplir plazos… y, a la vez, intentar dejar esos pensamientos en segundo plano para no perder el ritmo.
A nivel interno, también he tenido (y tengo) momentos de miedo al fracaso, de sentir que no cumplo con las expectativas, de dudar de mi propia valía o de pensar que debería estar haciendo siempre más. Esa especie de “tren de pensamientos” no ayuda, pero aparece a menudo y es un tema recurrente de conversación con muchos colegas de trabajo, lo que al menos hace que una no se sienta sola en ello.
Fortalezas y apoyos
Creo que, en mi caso, una de las fortalezas personales que más me ha ayudado es la apertura: aunque el cambio me da miedo, como a casi todo el mundo, procuro no cerrarme a las oportunidades que van surgiendo, y esa flexibilidad se ha convertido en un punto de fuerza. Muchas veces, cuando miras el pasado con distancia, ves que cosas que en su momento percibías como obstáculos han terminado siendo útiles en el camino. También la perseverancia, el seguir intentándolo a pesar de las dificultades, ha sido clave. Otro pilar fundamental han sido las personas que me han acompañado y apoyado; avanzar sin redes de apoyo es muy difícil, si no imposible. En este sentido, cuando no eres “del sitio”, como me ocurre a mí, valoro muchísimo a quienes se preocupan porque te enteres de cómo funcionan las cosas. Es esencial que, si queremos de verdad internacionalizar, pongamos de nuestra parte para que todo el mundo se sienta bien acogido y tenga cierto control sobre los procedimientos, el papeleo, las normas no escritas, etc.