Una vez que se tiene identificados los cambios asociados a la intervención educativa, es necesario definir la estrategia de comunicación (considerando la intencionalidad, audiencia y narrativa) y el formato de comunicación (la herramienta para comunicar).
Hay múltiples formatos para comunicar resultados de una sistematización interpretativa crítica. Dependiendo de la intencionalidad, la audiencia y la narrativa, pueden prepararse productos audiovisuales como los reels, los reportajes o los documentales, los pódcast, los póster, artículos tipo ensayo, artículos de reconstrucción de la experiencia, artículos para proponer políticas públicas, entre muchos otros.
Lo importante es elaborar productos que registren y evidencien los cambios que observamos en los aprendizajes (impacto) y en las prácticas en las personas de la Comunidad educativa (efecto) y que podamos organizarlas en el Portafolio de evidencias y poder elaborar una Ficha técnica del proyecto, (Abstract) para publicarla en el Compendio digital de FONDEP.
Lo primero que necesitamos definir es por qué vamos a producir una herramienta de comunicación.
¿Nos interesa dejar un registro de lo que se detectó, se planificó y lo que se hizo? En ese caso, hay que decidir si será fundamentalmente una narración o descripción del proyecto y de sus actividades aludiendo al cumplimiento del plan de trabajo.
¿Nos interesa mostrar el resultado de nuestras reflexiones sobre cómo comprendimos el problema, en qué momentos se produjeron cambios, a qué actores logramos involucrar o qué cambios cualitativos o alcances hemos obtenido? En ese caso, la herramienta será de carácter reflexivo y nuestra intención será compartir los resultados, pero también qué hemos descubierto o qué hemos aprendido al revisar nuestra propia experiencia.
Si ya sabemos cuál es la intención de su herramienta de comunicación, definan para quién es el recurso que va a producir. ¿Es para los integrantes de la comunidad educativa? ¿Es para otros maestros que pudieran estar interesados en la propuesta? ¿Es para público en general al que queremos llegar?
Recordemos que de acuerdo a la audiencia se debe seleccionar qué se va a contar y qué recursos se van a utilizar para ser efectivos en la comunicación.
Por ejemplo, ¿el lenguaje que se va a utilizar debe ser técnico o sencillo?, ¿hay que focalizarse en contar lo que se hizo o los resultados?, ¿el público estará dispuesto a ver un vídeo que exceda los 3 o los 5 minutos?, ¿necesitaremos mostrar imágenes fijas o en movimiento de los lugares y las personas?
Hay que tener presente que la herramienta de comunicación se prepara pensando en el público, pero sin perder de vista la intención que tenemos.
Este es el punto central del diseño de la herramienta de comunicación, porque se trata de establecer de manera sencilla cuál es el mensaje que queremos transmitir.
¿Queremos que la audiencia comprenda dónde está nuestra escuela, qué problema detectamos y cómo hemos intentado resolverlo? Si es así, la narrativa mostrará cómo es el territorio donde está la escuela y se mostrará cómo se seleccionó el problema a atender, qué evidencias tenemos de eso y luego una recapitulación de las acciones que se llevaron a cabo como parte del proyecto de innovación. En cambio, si queremos que la audiencia vea cómo hemos producido cambios en la manera en que los estudiantes y sus familias cooperan en algo que antes no lograban hacer, nuestra narrativa debe focalizarse en qué sucedía antes, qué hizo el proyecto y cómo ahora estudiantes y maestros son capaces de articularse con la escuela y actuar de otro modo.
La narrativa es “una historia” que se quiere contar a partir de la experiencia sistematizada.