En el Colegio Nuestra Señora de Fátima, ubicado en Montería (Córdoba), los estudiantes de primero de primaria (6 a 7 años de edad) provienen en su mayoría de familias vinculadas a la Policía Nacional, donde los padres cumplen con turnos extensos que reducen el acompañamiento en las actividades de lectura en el hogar. Esta realidad familiar genera en los niños una baja exposición a textos y cuentos fuera del horario escolar, lo que repercute directamente en su motivación y práctica lectora.
A nivel institucional, la escuela dispone de un banco de tablets y acceso a Internet en la sala de informática, aunque la conexión puede presentar interrupciones por limitaciones del servicio local. Por ello, se enfatiza el uso de aplicaciones que ofrezcan modos offline, para cuando no haya señal y online, de rápida carga y navegación sencilla, de modo que tanto docentes como familias con dispositivos propios (modelo BYOD) puedan involucrarse sin mayores dificultades técnicas.
Además, el claustro de profesores muestra un nivel básico de competencias digitales: aunque conocen el uso general de las tablets, requieren apoyo para implementar estrategias didácticas multimedia. El espacio físico de la institución cuenta con una biblioteca pequeña y un aula de recursos TIC con capacidad para 15 niños, lo que obliga a planificar rotaciones y garantizar que todos los alumnos tengan oportunidad de interactuar con la tecnología.
El aprendizaje de la lectura no solo abre las puertas al dominio de otras áreas del conocimiento, sino que también fortalece la capacidad de los estudiantes para analizar críticamente su realidad y participar de manera activa en su comunidad (Afflerbach, 2016). Por tal razón, es importante desplegar en los estudiantes el hábito lector de una manera dinámica, creativa y didáctica, que forme en ellos una motivación constante y así desarrollar competencias lectoras sólidas.
La disponibilidad de textos no garantiza el aprendizaje comprensivo; las metodologías tradicionales truncan el proceso académico. No podemos tampoco ir en contravía de lo que la sociedad actual está desarrollando, y es la aplicación de tecnologías en el aula de clase.
Estudios han mostrado que el uso de metodologías activas; tales como el aprendizaje basado en proyectos o las dinámicas de discusión guiada, aumenta significativamente la motivación lectora y el dominio de estrategias inferenciales en niños de primaria (García & Martínez, 2018; Johnson, Johnson & Holubec, 2013). Estas prácticas permiten a los alumnos construir el sentido de los textos a través de la exploración colectiva y la reflexión metacognitiva, superando las limitaciones de los métodos tradicionales centrados en la decodificación mecánica.
Es necesario vincular los contenidos curriculares con el patrimonio intangible de Montería, donde los estudiantes se les enseñe a partir de un aprendizaje situado y se fomente un sentido de pertenencia que refuerce tanto la autoestima como la participación activa en el aula (Lave & Wenger, 1991).
Finalmente, aunque la tecnología puede ofrecer rutas personalizadas de aprendizaje, es necesario que los docentes se encuentren a la vanguardia y logren aplicarlas para el desarrollo de las competencias. Además, el docente puede realizar actividades creativas como materiales impresos reutilizables, juegos de rol o dramatizaciones, y talleres de narración oral. Investigaciones recientes demuestran que, con una capacitación adecuada, los profesores pueden diseñar actividades didácticas ricas en contenido y bajo requerimiento tecnológico, obteniendo mejoras de hasta un 25 % en la comprensión lectora (Martínez, 2016; Gómez & Navarro, 2022). En este sentido, se propone un enfoque basado en una Estrategia de Aprendizaje Mediado (EAM), que permita estructurar procesos pedagógicos intencionados, ajustados a las características del grupo y centrados en el desarrollo de funciones cognitivas superiores, lo cual garantiza un impacto duradero y significativo en el proceso lector.
Diseñar e implementar estrategias innovadoras que mejoren la comprensión lectora y el aprendizaje de la lectura en estudiantes de primero y segundo grado del Colegio Nuestra Señora de Fátima, Montería.