“Escuela Activa Urbana es crecimiento, aprendizaje, es ver el aula y los estudiantes desde otra perspectiva… porque la metodología me ha permitido comprender qué es lo necesario en el aprendizaje y priorizar lo importante más allá de una simple clasificación por notas o puestos. Lo académico es fundamental, pero lo son más los seres humanos que estamos formando”
Comenzó a enseñar en el 2014, poco después de graduarse de la universidad. Su primer trabajo fue en Mariquita (Tolima), en un colegio tradicional con filas de pupitres, un tablero al frente y exámenes bimestrales. Durante esos cuatro años, aprendió sobre disciplina y estructura.
En 2018, buscando un clima más fresco, se mudó a Tunja (Boyacá). Allí empezó a trabajar en el Colegio Gimnasio Santander, donde conoció la Escuela Activa Urbana (EAU). Como no sabía en qué consistía estudió los manuales, las Guías de Aprendizaje y los documentos que le entregaron. Así fue aprendiendo sobre la metodología y las herramientas como el Gobierno Estudiantil.
“Me encantó y empecé a evidenciar cambios muy importantes en mi práctica pedagógica. La metodología se me instaló en el corazón”, dice. Pasó de un aula con filas rígidas a mesas hexagonales; del silencio obligatorio al sonido productivo; del examen sorpresa a la evaluación continua y formativa. Ya no había que seguir un plan establecido; ahora le preguntaban: “¿Qué propones? ¿qué quieres hacer?”. Su creatividad, contenida durante años, encontró un espacio para florecer.
Comprendió que la evaluación no debe ser un momento de tensión, sino una experiencia cotidiana. Puede ser una obra de teatro, una actividad, un debate o una simple conversación. Incluso creó una puesta en escena llamada “La evaluación no es como la pintan”, para mostrar a estudiantes y docentes que evaluar es acompañar.
Cortesía Luisa F. Galindo
En el aula notó la importancia de la empatía: en lugar de estudiantes mirando la espalda de sus compañeros, vio equipos que se observan, se ayudan y colaboran. Descubrió que el silencio total no siempre significa que hay aprendizaje; a veces, es una señal de que algo no está bien. En ese caso, la clase se detiene para escuchar.
También observó un cambio en la convivencia. Con la implementación de los Comités y del Gobierno Estudiantil, cada estudiante asume un rol según sus habilidades, ya sea como líder de convivencia, de medio ambiente, de deportes o de Guías. “No son los puestos; quién es el número uno y quién el número dos… y el que quedó de 25 no tiene voz, no es tenido en cuenta. Aquí todos son valorados, tienen liderazgo y trabajan en algún tema en el que hay que hacer, opinar y proponer”, afirma. Ahora, desde su puesto de Coordinación, cuando entra a un aula pregunta directamente al representante de convivencia cómo va el curso. Y el estudiante le responde con la seguridad que le da su liderazgo.
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Una de las historias que más recuerda fue la de un joven que llegó a secundaria desde una escuela tradicional. Tenía carisma y un liderazgo innato, pero en unas elecciones estudiantiles cometió un error grave para asegurarse de ganar. En un sistema tradicional, eso lo habría marcado. Sin embargo en EAU sucedió algo diferente: se abrió un diálogo, se reflexionó sobre la situación y se estableció una consecuencia clara. Además, se le brindó una oportunidad. El colegio decidió mirar más allá de la falta y potenciar sus habilidades. Lo invitaron a presentar eventos, a participar en espacios académicos y a usar su talento para hablar. Al final, moderó un panel en un encuentro estudiantil en Bogotá y se graduó en 2023 como líder respetado.
También recuerda a Nicolás, presidente del Gobierno Estudiantil, quien en un momento de desbordamiento emocional agredió a un compañero. En lugar de juicio hubo contención, escucha, conciliación y comprensión de que incluso los líderes pueden equivocarse. Nicolás ya se graduó y ahora está estudiando para ser maestro. “Las herramientas del modelo nos permiten ver al ser humano más allá de una simple clasificación por notas o puestos. Él nunca olvidará que fue escuchado”, dice.
Para Luisa, lo más valioso del modelo es entender que formar es más importante que transmitir solo conocimientos. Los saberes se pueden aprender en cualquier momento, pero la educación en valores, la conciencia social y la habilidad para relacionarse no pueden esperar. Con EAU aprendió a priorizar el lado humano sin dejar de buscar la excelencia académica.
Escuela Activa Urbana transformó su manera de enseñar y ahora disfruta más de su profesión. Descubrió que no hace falta alzar la voz para tener autoridad, que ser cercano no resta respeto y que escuchar a los estudiantes hablar de sus emociones es parte de una educación integral.
Para sus estudiantes, EAU significa “que son importantes, que se sienten escuchados y que su voz tiene valor. Que no están solo recibiendo información, sino que entre todos aprendemos”. Y esa certeza, también ha sido parte de su propia transformación.