El asesinato del presidente Carranza, el 21 de mayo de 1920, no interrumpió el proceso revolucionario, sólo fue el procedimiento de acceso al poder para otros aspirantes, pues el proyecto de Carranza siguió vigente. Los continuadores de la obra constitucionalista fueron los caudillos, es decir, esos personajes capaces de llevar a cabo los postulados de la Revolución. Entre 1920 y 1934 el influjo personal de los presidentes Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles fue el núcleo sobre el que giraba la actividad política de México.
Se habla de un periodo de poder sonorense a nivel nacional durante 1920 y 1935, porque cuatro de los seis presidentes durante este tiempo fueron de origen sonorense, pero sobre todo porque los caudillos más poderosos de ese tiempo fueron Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, quienes provenían de dicho estado.
El primero en la serie de presidentes sonorenses fue el gobernador de Sonora, Adolfo de la Huerta, de la Huerta fue elegido presidente interino por el Congreso después de la caída y el asesinato de Carranza, posteriormente sería Álvaro Obregón quien ocuparía el puesto presidencial.