Objetivos alcanzados y materiales elaborados (si es el caso)
Mejorar la condición física general
Se observó un progreso en la resistencia, fuerza, coordinación y flexibilidad en los alumnos mediante la participación regular en las actividades físicas propuestas.
Desarrollar hábitos saludables
El alumnado incorporó prácticas saludables como el desayuno equilibrado, la hidratación adecuada y el descanso necesario, reforzando la importancia de un estilo de vida saludable.
Aumentar la participación activa
Se incrementó el nivel de implicación de los alumnos en las clases de Educación Física y en actividades extracurriculares relacionadas con el deporte y el movimiento.
Fomentar el trabajo en equipo y la cooperación
A través de juegos y dinámicas grupales, los estudiantes mejoraron sus habilidades sociales, aprendieron a respetar reglas y a colaborar con sus compañeros.
Concienciar sobre la importancia de la salud
Se logró una mayor comprensión del valor de la actividad física regular para el bienestar físico y mental, gracias a charlas, dinámicas y actividades integradas en el proyecto.
Disminuir el sedentarismo
Se redujo el tiempo que los alumnos pasaban inactivos, especialmente frente a pantallas, gracias a actividades que promovían el movimiento tanto en el entorno escolar como en casa.
Participar todo el alumnado
Se garantizó la participación de todos los estudiantes, adaptando las actividades a diferentes niveles de habilidad y necesidades individuales.
Mejorar del clima escolar
El programa contribuyó a un ambiente más positivo en el aula y en los espacios de recreo, reduciendo conflictos y promoviendo la convivencia.
Dificultades encontradas y cambios realizados en cuanto a objetivos, actividades, organización interna, calendarización, etc.
Falta de motivación en algunos alumnos
Algunos estudiantes mostraron poco interés inicial por las actividades físicas, especialmente aquellos con menor habilidad motriz o baja autoestima relacionada con el deporte.
Condiciones climáticas adversas
La lluvia o el calor extremo obligaron a suspender o modificar actividades planificadas al aire libre.
Escasa participación familiar
No todos los padres o tutores se involucraron activamente en el fomento de hábitos saludables en casa, lo que redujo el impacto de algunas acciones del proyecto.
Restricciones horarias en el currículo
La disponibilidad de tiempo dentro del horario escolar fue limitada, dificultando la implementación completa del programa.
Falta de continuidad en casa
Pese al trabajo en el centro, muchos hábitos saludables no se reforzaban fuera del entorno escolar, reduciendo la eficacia a largo plazo del proyecto.
Conclusiones:
Impacto positivo en la salud y el bienestar del alumnado: El proyecto contribuyó significativamente a mejorar los hábitos saludables, la condición física y el estado de ánimo de los estudiantes.
Mejora de la convivencia y el trabajo en equipo: Las dinámicas cooperativas y los juegos físicos fortalecieron la empatía, el respeto y la colaboración entre compañeros.
Desarrollo de una mayor conciencia sobre la salud: Los alumnos mostraron un mayor conocimiento sobre la importancia de la actividad física, la alimentación equilibrada y el descanso adecuado.
Participación activa y motivada del alumnado: La mayoría de los niños y niñas se implicaron de manera entusiasta, mostrando interés por continuar las prácticas saludables fuera del aula.
Necesidad de mayor integración curricular: Se evidenció la importancia de vincular la actividad física y la salud con otras áreas del currículo (Ciencias, Lengua, Tutoría, etc.) para potenciar el aprendizaje transversal.
Asegurar la continuidad del proyecto a lo largo del curso escolar: Diseñar una programación anual con actividades periódicas y progresivas, no limitadas a eventos puntuales.
Mayor implicación de las familias: Promover talleres, charlas y actividades conjuntas que refuercen los hábitos saludables también en el entorno familiar.
Adaptación para la diversidad del alumnado: Incluir actividades más inclusivas, ajustadas a distintos niveles de capacidad física, necesidades educativas especiales y contextos culturales.
Evaluación más sistemática de resultados: Incorporar instrumentos de evaluación (rúbricas, encuestas, observación sistemática) que permitan medir el impacto del proyecto con mayor precisión.
Formación del profesorado: Ofrecer oportunidades de capacitación docente en temas como educación para la salud, primeros auxilios, psicomotricidad o juegos cooperativos.