Antes de profundizar en un patronaje completo con detalles técnicos sobre el montaje, es recomendable realizar una maqueta básica del bolso. Este primer paso permite plasmar la idea inicial y conocer el volumen general del diseño, comprobando proporciones, capacidad y equilibrio del conjunto. La maqueta puede realizarse en materiales sencillos como fieltro, cartón o incluso papel, lo que facilita un trabajo ágil y sin condicionantes. Una vez definido correctamente el volumen, el diseño puede desarrollarse de manera progresiva.
Para la confección del bolso tendremos que desarrollar una gama de patrones de diversa tipología, desde los que recogen el diseño con toda la información para el montaje, hasta los que se utilizarán para el corte de la piel, el retroquelado o el corte de los refuerzos y forros interiores.
Para el trabajo en taller se trabaja con patrones impresos, los cuales contienen las instrucciones en un lenguaje estandarizado. No existe una normalización, pero sí cierta convención en la forma de identificar cada instrucción.
Dependiendo del uso que daremos a los patrones, se puede valorar confeccionarlos en diferentes soportes: papel, cartulina, soportes rígidos con cierto grosor como el cartón de maquetista de 2mm.
Dado que el patrón se utilizará como plantilla para el corte manual, puede convenir elaborar los patrones en soportes más duraderos, en el caso de realizar varias piezas del mismo modelo, los cuales se pueden cortar mediante corte láser. Existen hoy en el mercado inclusive juegos de patrones en materiales acrílicos.
Independientemente del material, es imprescindible que aparezcan reflejadas toda la información necesaria para que la persona que realizará el montaje sepa sin ninguna duda como va confeccionado el modelo: el orden de montaje de las partes, las distancias e instrucciones para los rebajes, en caso de que se trate de pliegues o filetes, o montas (piezas que van cosidas una sobre otra).
El rebajado de la piel es un paso fundamental en el patronaje y la confección de bolsos, ya que permite reducir el grosor del material en zonas concretas sin perder resistencia. Al rebajar bordes, solapes o líneas de costura se facilita el ensamblaje de las piezas, se consigue una costura más limpia y regular y se evita un exceso de volumen que podría dificultar el cosido o deformar el acabado final. Además, un rebajado correcto mejora la flexibilidad de la pieza, aporta mayor precisión al montaje y contribuye a un resultado más profesional tanto a nivel técnico como estético.
En la fase de prototipado, cuando se trabaja con microfibra antes de pasar al cuero definitivo, también es recomendable realizar el rebajado. Aunque se trate de un material distinto, rebajar la microfibra en las mismas zonas previstas para el cuero permite reproducir con mayor fidelidad el comportamiento del modelo final: el volumen de las costuras, los pliegues, los remates y la flexibilidad de las piezas. De este modo, el prototipo no solo sirve para comprobar medidas y patronaje, sino también para anticipar y corregir posibles ajustes técnicos antes de trabajar con el material definitivo.