Cinco horas de vida atrapadas en el tráfico
Cinco horas de vida atrapadas en el tráfico
A las tres de la mañana, cuando Guatemala todavía permanece a oscuras, Amelia García ya está despierta. Ella trabaja en una empresa de seguridad en la zona 1 y vive en la zona 19, cerca de Mixco. Para llegar a tiempo, su día comienza mucho antes de que la ciudad encienda sus primeras luces.
Se levanta, se arregla y cerca de las 4:30 de la madrugada sale de casa. A esa hora las calles todavía están tranquilas, pero las paradas de buses ya reúnen a trabajadores que, como ella, aprendieron a madrugar para ganarle algunos minutos al tránsito. El silencio de la madrugada contrasta con los motores que poco a poco comienzan a llenar las calles.
El bus que toma no siempre está vacío. Muchas veces debe viajar de pie mientras otros pasajeros buscan un espacio entre mochilas, bolsas y uniformes de trabajo. “La gente madruga cada vez más porque cada vez el tráfico está peor”, cuenta.
Linea 7 de Transmetro. Viajar de pie en autobuses abarrotados es una constante para Amelia y miles de guatemaltecos. (Foto: Aisha Chub).
Su jornada laboral comienza a las seis de la mañana. Llegar a tiempo requiere calcular cada minuto. Perder un bus puede significar esperar otro y encontrarse después con calles más congestionadas. Así, una diferencia de cinco o diez minutos al salir de casa puede convertirse en mucho más durante el recorrido.
Cuando llega a la zona 1, la ciudad ya ha cambiado. Los comercios comienzan a abrir, los buses circulan con mayor frecuencia y las aceras se llenan de personas que caminan hacia sus trabajos. Para muchos, la jornada apenas comienza. Para Amelia, ya han pasado varias horas desde que dejó su cama.
Amelia conoce los lugares donde el recorrido suele complicarse: El paso a desnivel La Cuchilla del Periférico; la avenida Elena, después del puente El Incienso; y la calzada San Juan. No necesita que alguien le diga que el tráfico está pesado. Lo sabe cuando el bus deja de avanzar.
Cuando el transporte que necesita no aparece, cambia de ruta. Puede dirigirse hacia la calzada San Juan, buscar el Periférico y después abordar un Transmetro. Otras veces, cuando la espera se prolonga y el cansancio pesa, toma un taxi pirata o un mototaxi.
No es una decisión sencilla. Ese viaje significa gastar más dinero, pero algunas noches Amelia siente que el descanso vale más. “Aunque afecte mi economía, uno necesita descansar y el cuerpo lo exige”, explica.
El tráfico en la zona 1 se intensifica a medida que avanza la mañana, complicando el trayecto de la población para llegar a sus trabajos. (Foto: Aisha Chub).
A las 5:30 de la tarde vuelve a salir. El regreso es otra historia. Las calles que encontró casi vacías de madrugada ahora están llenas de vehículos. Los buses avanzan unos metros y vuelven a detenerse. Entre los automóviles aparecen motocicletas que buscan cualquier espacio para avanzar, mientras en las aceras algunos peatones aceleran el paso para alcanzar otro transporte.
Ha llegado a pasar hasta tres horas en un trayecto. Durante ese tiempo permanece de pie, siente dolor en los pies y observa cómo el camino parece avanzar a un ritmo distinto al de su cansancio. Cuando ya no quiere continuar dentro del bus, se baja y camina.
La Organización Mundial de la Salud ha advertido que los desplazamientos prolongados pueden convertirse en una fuente de estrés y que reducir los tiempos de viaje puede contribuir al bienestar de las personas. En el caso de Amelia, el cansancio no termina cuando baja del bus: continúa hasta su casa.
El tráfico también ha reducido el tiempo que puede compartir con su familia. Entre semana, cuando finalmente llega, muchas veces apenas quedan unos minutos para conversar. Preguntar cómo estuvo el día, decir buenas noches y prepararse para dormir forman parte de una rutina que se repite antes de que la alarma vuelva a sonar.
El cierre de algunas calles complica el trayecto de los guatemaltecos en las tardes, el transporte público escasea aún más cuando llueve, además de un incremento en el caos vehícular. (Foto: Aisha Chub).
Amelia calcula que por la mañana puede pasar entre una hora y una hora y media en el trayecto y que por la tarde el regreso puede extenderse hasta dos horas o más. Cuando suma esperas, transbordos y otros desplazamientos, estima que alrededor de cinco horas de su día pueden terminar absorbidas por el camino. Cinco horas que podrían tener otro destino.
Podría ser tiempo para descansar, conversar con sus hijos, estudiar, leer o simplemente estar en casa sin pensar en la hora. Pero muchas veces transcurre sentada o de pie dentro de un bus, mirando por la ventana mientras espera que los vehículos vuelvan a avanzar.
Para Amelia, el problema tampoco se limita al cansancio. Ha visto motociclistas realizar maniobras arriesgadas para avanzar y conoce casos de personas que han sufrido accidentes. La desesperación por reducir unos minutos del trayecto puede terminar convirtiéndose en un peligro mayor.
Por eso considera que el problema necesita más de una respuesta: mejores vías, transporte público más eficiente y alternativas que permitan reducir los tiempos de desplazamiento. Pero mientras esas soluciones llegan, su rutina continúa.
Por la tarde, el regreso a casa es un desafío debido al tráfico congestionado en vías principales para salir de zona 1. (Foto: Aisha Chub)
A las tres de la mañana, la alarma volverá a sonar. Mientras muchas personas todavía duermen, Amelia comenzará nuevamente a prepararse. Saldrá cuando las calles apenas empiezan a despertar y buscará un bus entre otros trabajadores que también intentan llegar a tiempo.
Su jornada será de ocho horas, pero su día será mucho más largo. Porque para Amelia el tráfico no se mide únicamente en kilómetros ni en vehículos detenidos. Se mide en las conversaciones que se acortan, en el cansancio que se acumula y en las horas que ya no puede recuperar.
Son cinco horas, aproximadamente, que cada día desaparecen entre una parada y otra. Cinco horas de una vida que también transcurre mientras espera que la ciudad avance.
El tráfico no solo causa cansancio, sino que también representa un peligro para la seguridad de conductores y peatones. (Foto: Aisha Chub).
Historias|03 de octubre, 2026 | Por: Aisha Chub