Una página para orientar sobre dudas que surgen en la crianza de los peques y pueden ser de gran ayuda.
«No nos atrevemos a quitarle chupete»
La primera vez que escuché este comentario en la consulta me sorprendió y me dejó un poco perplejo. Luego, a lo largo de los años lo he oído muchas veces; ya no me sorprende, pero me sigue produciendo cierta perplejidad. Dos adultos, él Ingeniero Industrial y ella Licenciada en Químicas, y «no se atreven» a quitarle el chupete a su hijo de 2 años (!!). El niño lo usa a toda hora, jugando, cuando está inquieto, para dormir,… pero no lo usa en la guardería. A la madre le asombra que en la guardería no lo pide ni para dormir la siesta.
En la guardería le han dado una norma firme y clara: en la guardería no se usa chupete.
La forma de quitar el chupete va a depender de la edad del niño, de su temperamento y de su madurez.
En el niño pequeño, de menos de 15 meses, suele ser más fácil. Simplemente se le quita, desaparecen los chupetes de la casa. Cuándo el niño llore, o proteste, se le calma cogiéndolo, hablándole,… Si usaba el chupete para dormir, habrá que cambiar el ritual para dormir
En el niño más mayor (partir de los 18-24 meses), hay que hacerlo de otra manera. La forma de hacerlo puede ser diferente para cada niño, según su carácter y su madurez.
A grandes rasgos, tenemos dos extremos del temperamento. En un extremo está el niño apacible, que casi siempre está contento, que se adapta muy fácilmente a las novedades y a los cambios. Y en el otro extremo, el niño inquieto, difícil, que le cuesta aceptar los cambios, lo nuevo, y se frustra con facilidad. La gran mayoría de niños están en algún punto entre estos dos extremos, con todas las variantes y matices que se quiera (obviamente cada niño es diferente).
En el niño adaptable y tranquilo cualquier cosa va a funcionar. Con cariño, pero con firmeza se le dice que ya no va a usar chupete, porque ya es mayor,… En estos niños suele funcionar muy bien la primera estrategia que explico más abajo.
En el niño más inquieto va requerir algo más de habilidad y paciencia. Suelo recomendar dos posibles estrategias para retirar el chupete. No es una mejor que otra; aconsejo una u otra según los padres y el carácter y la madurez del niño. Los padres sois los que mejor conocéis a vuestro hijo, así que podéis ver que le puede ir mejor a vuestro hijo.
Primera estrategia: «convencerlo» de que es mayor. Bueno, con un poco de «teatro»: hacer una especie de ceremonia de despedida del chupete. Primero explicádselo y poner una fecha con algo de antelación, unos días o unas pocas semanas,… (a los niños les gusta saber que va pasar). Que vuestro hijo pinte una cajita para poner los chupetes, que los ponga dentro, y se hace un ritual de despedida,… y se tira a la basura, o se la lleva alguien (los Reyes Magos,…). Usad la imaginación, pensad que le puede resultar convincente a vuestro hijo. Cuando pida el chupete (por hábito), recordadle la ceremonia de despedida, que ya es mayor,…
Segunda estrategia: cortar los chupetes. Cortar un poco la punta del chupete y cada día ir cortando un poquito más. Cuando pida chupete le dais el chupete cortado. Si protesta de que está roto, le dais otro igualmente cortado,… La clave es hacer como si no os dieseis cuenta de que los chupetes están cortados. Si pregunta porque están rotos hay que decirle, que como ya tiene dientes los va rompiendo él sin darse cuenta,…
En ambos casos la clave es el convencimiento con que le decís las cosas,… Cualquier estrategia fracasará si no estáis convencidos y la hacéis con dudas.
En el niño que usa el chupete a toda hora, tanto para dormir como de día, puede ser mejor ir disminuyendo el uso de chupete (y de tetinas también) primero, antes de quitárselo con alguno de estos métodos.
Una vez tomada la decisión, no volver a atrás, mantenedla, con cariño y con empatía, pero con firmeza. Puede que tenga alguna rabieta, (consejos de cómo manejarla aquí). Sobre todo no le riñáis, ni mostréis enfado.
A partir de los 15-18 meses, lo antes posible, Por dos motivos. Uno por las consecuencias y dos porque conforme se acerque a la edad del «no y el yo», más difícil va a ser.
Edad máxima a partir de la cual no debería usarse nada el chupete: 2 años.
El chupete no es perjudicial para bebés, incluso es beneficioso porque satisface su necesidad de succionar, le ayuda a calmarse cuando está inquieto y protege del Síndrome de Muerte Súbita del Lactante, pero debe usarse bien. Si quieres saber cómo usar bien el chupete pincha aquí.
Fundamentalmente problemas con la posición de los dientes, como mordida abierta o mordida cruzada (referencia aquí).
También puede afectar el lenguaje, por dificultar la pronunciación, a una edad en que es importante la adquisición de una correcta fonación (referencias aquí y aquí).
Si vuestro hijo ya tiene 18 meses y usa chupete ir pensando en quitárselo.
Sin miedo. Con cariño.
Es una nueva oportunidad para vuestro hij@, para que aprenda a enfrentar y resolver problemas de la existencia. Y para vosotros, como padres, para que conozcáis cómo es vuestro hij@ !
La autonomía es la capacidad que los niños adquieren a lo largo de su proceso de aprendizaje para realizar por sí mismos todas aquellas tareas que se les encomienda. Que los más pequeños adquieran autonomía es imprescindible para su desarrollo.
Una de las claves y autoconceptos infantiles más importantes de la etapa de Educación Infantil es, por tanto, la autonomía. Tanto es así, que para obtener los conocimientos necesarios en esta etapa los niños deben lograr autonomía en sus actividades diarias. Para alcanzar dicho objetivo se establece un área en concreto donde se trabajan todos los aspectos y autoconceptos
Los niños más pequeños nacen siendo heterónomos, es decir, necesitan de la ayuda de un adulto para realizar las tareas más básicas. Es en los centros educativos, en colaboración con las familias, donde se debe encaminar la enseñanza hacia la adquisición de la autonomía. Esto significa que los niños dejen de ser personas que dependan en la totalidad de su vida diaria de un adulto para ejecutar por sí mismos acciones cotidianas tanto en el aula como en el ámbito familiar.
Fueron pedagogos como Freinet y Freire en sus diversas publicaciones —como en el libro de “Pedagogía de una Autonomía”— los que pusieron de manifiesto la importancia de desarrollar la autonomía en el alumnado desde la infancia, trabajando diariamente su asimilación. Este autoconcepto es importante porque supone, además, el desarrollo de otras capacidades que están ligadas a la autonomía infantil. Lograr la autonomía implica, a su vez, trabajar contenidos relacionados con la propia higiene que el niño debe hacer por sí mismo, el conocimiento que va obteniendo y aprendiendo de su propio cuerpo, la alimentación y la importancia de esta en su desarrollo, el descanso, etc. Estos aspectos son fundamentales para que los menores aprendan a realizar por sí mismos estas tareas de cara a su crecimiento personal y a convertirse en protagonistas de su propio aprendizaje.
La adquisición de la autonomía infantil conlleva, por otro lado, llegar a desarrollar aspectos como la autoestima, la seguridad o la libertad de pensamiento, que nacen de crear pequeños retos que, al ser superados de manera autónoma, logran un refuerzo para estas nociones tan fundamentales en el crecimiento de los niños.
A medida que van creciendo debemos imponerles algunas labores que deberán cumplir, como hacer la cama, cepillarse los dientes sin ayuda, ducharse, encargarse ellos solos de los deberes del colegio, etc. No cometamos el error de hacer todo por ellos, ya que les perjudicaríamos, al retrasar su madurez como personas.
Así como los adultos tenemos diferentes cometidos en el hogar, los niños también. “Si los miembros de la familia cumplen con sus propias responsabilidades y no asumen las de los demás, los hijos se convierten en personas independientes y todos son felices”, afirma el psicólogo Jim Taylor en un artículo publicado en Psychology Today.
La autoestima de los menores depende directamente del amor y del trato recibido por los padres. Diariamente debemos hacerles saber que son especiales e inteligentes. Que poseen talento y que, con esfuerzo, pueden lograr todo lo que se propongan.
Cuando se sientan que no pueden hacer una tarea, anímalos a seguir intentándolo hasta lograrlo. Su seguridad irá creciendo a medida que descubran de lo que son capaces.
Sin embargo, evita caer en el error de permitirles todo y aplaudirles por cada cosa que hagan, para que no terminen siendo personas egocéntricas que necesitan la aprobación de los demás para ser felices.
La pediatra Teresa de la Calle Cabrera, de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria, advierte en un artículo sobre el error de convertir a los niños en el centro de la familia. También explica las consecuencias negativas que esto trae, tanto para ellos como para sus progenitores.
“En muchas ocasiones, se convierte en sobreprotección, ansiedad, expectativas desmesuradas e incapacidad para enfrentarse al mínimo contratiempo. También nos encontramos con padres desbordados ante cualquier suceso que se salga mínimamente de lo habitual, incapaces de manejar una simple fiebre, agobiados si el niño se pelea con un amigo o si la profesora le amonesta en clase”, sostiene Cabrera.
Para fomentar la autonomía en los niños debemos proporcionarles lo que precisan para realizar sus distintas tareas.
Por ejemplo, procuremos que dispongan de todos los materiales escolares para cumplir sus responsabilidades del colegio, como una silla y mesa adecuadas, lápices, libros, cuadernos, etc. Y haz que se encarguen de su cuidado y buen uso.
En sus primeros años de vida, debemos permanecer muy atentos a cada paso que den para garantizar su seguridad. Pero cuando son más mayores, es importante alentarlos a explorar el mundo más allá de la protección que les brindamos.
“Este impulso les permitirá a tus hijos probar sus propias capacidades en el mundo real y encontrar un sentido de competencia, seguridad e independencia dentro de sí mismos”, sostiene Taylor.
Para que lleguen a ser personas autosuficientes es fundamental un mínimo de disciplina. Es decir, no se puede tolerar cualquier conducta. Lo ideal es mantener un equilibrio entre flexibilidad y firmeza. Así crecerán como seres seguros, alegres y responsables.
Hazle saber lo que hizo mal cuando se comporte de manera inapropiada y las consecuencias que habrá si no cambia su conducta. Por ejemplo, enséñale a usar el casco siempre que se suba a la bicicleta. Si no hace caso, es el momento de imponer un castigo, como quedarse sin ir al parque un día. Y mantenerlo, claro; si luego no lo pones en práctica, sabrá en su interior que siempre conseguirá salirse con la suya.
La rutina contribuye a mantener un orden en la vida de los menores. Les enseña que en el día a día hay un tiempo específico para todo. Eso los ayudará a convertirse en personas autónomas, ya que reconocerán sus responsabilidades cuando llegue la hora de cada actividad y se acostumbrarán a cumplirlas sin que nadie los obligue.
Por ejemplo, se lavarán los dientes cuando proceda sin que tengamos que decírselo constantemente. De esa forma, aprenderán que la vida es una mezcla de libertad y rutinas que deben cumplir.
La independencia es una de las características de la madurez. Por eso es importante fomentar una comunicación fluida con nuestros hijos mientras van creciendo. Es uno de los secretos para fomentar la autonomía en los niños.
Debemos hacerles sentir que su opinión es valiosa para nosotros y su entorno en general. Cuando debamos asignarle las distintas responsabilidades, hagámoslo a través de una conversación respetuosa y cálida. Expongamos con claridad los motivos de las decisiones que tomamos y preguntemos su opinión.
Si las reglas del juego están claras entre todos los integrantes de la familia, se evitarán muchos problemas en el día a día.
Podemos explicarles los beneficios de ser autónomos a corto, medio y largo plazo. Les gustará escuchar que la autosuficiencia les hará sentirse seguros en el trato con sus amigos y compañeros del colegio. Que les ayudará a destacar en los deportes o en la actividad a la que sean aficionados. Y, en el futuro, a tener un empleo mejor.
Cuando comprendan que de esa manera gozarán de una mejor vida, se motivarán para cumplir con las distintas obligaciones diarias en el hogar y el colegio.
No debemos imponer cargas que no puedan asumir. Hay que esperar a que tengan la edad suficiente para desempeñar ciertas tareas. Por ejemplo, no sería lógico pretender que tu hija de tres años prepare su desayuno. O que, cuando todavía no supera los siete años, vaya sola al supermercado.
Se debe fomentar la autonomía en los niños con sentido común. Conviene tener en cuenta su edad y la capacidad que poseen para realizar distintas actividades.
Después de que el menor se sienta capaz de hacer muchas cosas por su cuenta, querrá expandir sus límites y probar nuevos desafíos. En ese punto, los padres debemos ser hábiles para permitirles desarrollar su autonomía. Y hacerlo sin que ello represente un riesgo para su seguridad.
Habrá muchas ocasiones en las que podamos dejarles hacer lo que quieren. Otras, en cambio, tendremos que imponer algún límite. Por ejemplo, si quiere realizar alguna actividad que consideramos peligrosa a todas luces. Entonces tendremos que establecer con ellos un diálogo y argumentar nuestras razones. También, ofrecerles alternativas que les resulten atractivas y permitirles que elijan entre varias opciones.
De esa forma, tu hijo se sentirá seguro de tomar sus propias decisiones, mientras cuenta con el apoyo y la orientación de sus padres.
Por el bien de nuestros peques y su desarrollo dejarles ser niños autosuficientes. La falta de autonomía repercute tanto..
Las rabietas son una de las situaciones más difíciles de gestionar para los padres de niños entre 2 y 4 años de edad.. La mayoría de niños tienen rabietas a lo largo de su infancia y la mayoría de sus padres pueden sentirse frustrados y desconcertados cuando ocurren. Pero más allá de saber que las rabietas son algo relativamente normal y de intentar sobrellevarlas de la mejor forma posible, la realidad es que la mayoría de los padres y madres no saben como actuar cuando alguno de sus hijos tiene una rabieta. No sólo no saben qué cosas pueden ayudar a sus hijos a sentirse más tranquilos y seguros, sino que suelen cometer errores que hacen que las rabietas se vuelvan más intensas y duren más tiempo.
Gritar a un niño que está experimentando una rabieta o intentar controlarlo a base de enfados es tan poco eficaz como enfadarse con un recién nacido que se ha hecho pis encima. El niño que se enrabieta no lo hace por voluntad, sino precisamente por todo lo contrario; las estructuras cerebrales que permiten dominar sus emociones todavía no están lo suficientemente desarrolladas. El niño, no es capaz de controlar la frustración por si solo (por más que sus padres, le griten, ridiculicen o le amenacen). La rabieta es algo normal y natural en su desarrollo. Por eso la labor de los padres no consiste en exigir al niño que se controle solo (porque no puede) sino ayudarle a calmarse, a entenderse y a superar su frustración.
No todos los niños tienen rabietas, ni a todos les duran lo mismo, ni les ocurren con la misma frecuencia. Tampoco todas las rabietas deben acabar con el niño aceptando la negativa de los padres. Si bien, por lo general es mejor no ceder ante las rabietas, hay excepciones en las que podemos replantearnos nuestra postura.
Si embargo, sí hay cinco actitudes de los padres que pueden ayudar al niño a calmarse, ayudándole a superar el mal rato y aprender a tomar control sobre sus emociones y otras cinco actitudes que pueden provocar precisamente el efecto contrario. Por desgracia, muchos padres suelen echar mano de las actitudes menos eficaces consiguiendo que la rabieta de niño cobre aún más fuerza y que se sientan tan frustrados como el propio protagonista de la rabieta. Para evitar que a vosotros os pase, aquí os dejo los cinco SIes y los cinco NOes que os ayudarán a trabajar con vuestros hijos a calmar sus rabietas. Siguiendo estas pautas evitaréis empeorar las cosas y estaréis ayudándoles a ir adquiriendo control de sus emociones.
A continuación vas a poder leer las 5 cosas que no debes hacer cuando alguno de tus hijos tenga una rabieta, así como las 5 cosas que si puedes hacer para ayudarle. No son trucos mágicos sino estrategias eficaces que tienen su base en el funcionamiento del cerebro del niño.
NO te tomes la rabieta como algo personal. El hijo es tuyo, pero su rabieta no. No pienses que puedes controlar su rabieta, porque en la mayoría de los casos no va a ser así. Un buen objetivo es que no se sienta solo y que se calme algo antes. Exigirte a ti mismo ser capaz de controlar la rabieta de tu hijo puede hacer que tu frustración aumente y hacer el problema más grande. Si hay una manera de solucionar esa rabieta, sin lugar a dudas pasa por que seas capaz de transmitir tu calma al niño; así que estate tranquilo/a. Saber que el problema lo tiene el niño y no nosotros suele ayudar a los padres a tomarse las cosas con más calma.
SI puedes explicar al niño el por qué de tu negativa. No suele dar un gran resultado porque el problema no suele venir de que el niño no entienda la situación sino de su dificultad para dominar sus emociones. Sin embargo, a veces funciona y si es así es la manera más rápida y tranquila de solucionar la rabieta y por lo tanto merece la pena intentarlo. El niño y tu os ahorraréis un buen sofocón.
NO pierdas el control ni te enfades con tu hijo. Sería poco inteligente pensar que vas a ayudar a un niño pequeño a ganar control sobre sus emociones perdiendo las tuyas. Enfadarte sólo va a asustar o violentar más al niño haciendo que su frustración aumente y la rabieta empeore.
NO agarres o sujetes al niño. Los gritos y las pataletas son la manera natural que tiene el cerebro del niño de descargar la tensión emocional y calmarse. Si intentas sujetarle estarás impidiendo el mecanismo natural de descarga y sólo conseguirás que el niño se frustre y enfurezca más.
SI puedes dejarle espacio y tiempo para que se exprese libremente. En ningún caso se trata de ignorarlo; debemos estar presentes, cerca suyo para que sepa que estamos a su lado y que nos importa como se siente. La rabieta no es un chantaje sino un problema que tiene el niño y, aunque intentar controlarlo o sujetarlo no funciona, debemos permanecer a su lado. Darle la espalda sólo hará que se ponga más nervioso.
NO atosigues al niño y le pidas que se calme una y otra vez. Si sigue muy enfurruñado posiblemente necesite más tiempo.
SI puedes reflejar su frustración y enfado utilizando la empatía. Frases como: “Te apetecía mucho esa piruleta”, “Vaya, te has enfadado mucho, ¿verdad?” funcionan, porque lejos de hacerle sentir peor le ayudan a sentirse comprendido y, a comprenderse a sí mismo. Puedes dejar caer dos o tres comentarios empáticos; no conviene insistir o repetir estas frases constantemente, porque el niño se puede sentir manipulado, pero utilizarlo con cautela es una de las mejores herramientas para ayudar al niño a subir los escalones que van de la frustración a la tranquilidad. Yo los utilizo siempre y los resultados son desde buenos a excelentes. Puedes aprender a utilizar respuestas empáticas y así mejorar tu capacidad para calmar y comprender a los niños aquí.
NO le hagas pasar vergüenza con frases como…”El señor de la tienda te está mirando”, “Qué feo estás cuando te enfadas” o “Mira lo tranquilo que está tu hermano”. Las comparaciones sólo conseguirán frustrar más al pequeño.
SI puedes ayudar al niño a plantearse nuevas alternativas. Al cerebro del niño le cuesta ser flexible y salir de su propio enfoque y eso hace que lo vean todo más negro de lo que realmente es. Por eso, escuchar frases como “Podemos comprar la piruleta este fin de semana” o “¿Te apetece que te lleve a caballito?” pueden ayudar al niño ver la luz al final del túnel.
SI puedes permanecer cerca de él y dejar que se agarre a tu pierna (si así lo desea) o incluso tomarlo en brazos cuando el niño esté algo más calmado y siempre que quiera o acepte que le sujetes o le abraces. A veces los niños más enrabietados piden que sus padres le tomen en brazos y sus padres les niegan el abrazo pensando que es otro capricho o no se merecen el abrazo hasta estar más calmados. Sin embargo, el abrazo es una petición de socorro para intentar unir los cables que la rabieta ha cortocircuitado, y dar un abrazo, si el niño lo pide o se deja es treméndamente útil (de hecho la mayoría de las rabietas de mis hijos suelen acabar con algún tipo de abrazo).
No existe una fórmula mágica que garantice el éxito de quitar el pañal en escasos días. Para llevarlo a cabo, los expertos recomiendan:
Diálogo. Uno de los primeros pasos para acostumbrar a un niño a que abandone al pañal es comentarle la importancia del paso que va a dar. Para ello, los principales trucos son acudir al baño con él, explicar los signos que alertan de la necesidad de acudir al servicio o cómo se usa el inodoro. También se recomienda preguntarle con cierta frecuencia o, ante determinados gestos, si siente la necesidad de acudir al baño.
Organización. Como todo paso importante, quitar el pañal a un niño requiere de cierta preparación. Durante este proceso, será necesario el uso de orinal, alzador para sentarse en el inodoro, protector de colchón o llevar siempre ropa de cambio.
Muchos padres recurren al uso de juegos para fomentar que sus hijos acudan al baño cuando les sea necesario. Reforzarles esa idea a través de la lectura o relatando cuentos propician que el niño se familiarice con el hecho de ir al baño.
Prendas. En la transición del cambio de pañal hay que favorecer que el niño, por sí solo, se pueda quitar las prendas. Se recomienda, por tanto, el uso de prendas cómodas, etc.
Intentar que el ir al baño se convierta en un hábito. En este caso, se recomienda intentar acompañar al niño al baño con regularidad. También acudir con él en momentos en los que es más probable que tenga esa necesidad: después de comer o nada más despertarse.
No a las malas formas. Dejar de usar el pañal es un cambio importante y que requiere de esfuerzo por parte del niño. Es normal que, durante el proceso, los niños tengan ciertos escapes. En ese sentido, hay que evitar regañarle, castigarle o actitudes que transmitan enfado.
Escapes nocturnos. Hasta los 6 años los niños pueden no controlar adecuadamente sus esfínteres mientras duermen. Algunos niños requieren el uso de pañales durante la noche o el uso de protectores de colchón.
No existen métodos milagrosos que aseguren que un niño deje de usar el pañal. Es importante no agobiarse, ni presionarle.
Quitar el pañal es uno de los pasos más importantes en el crecimiento de los niños.
Se estima que a partir de los dos años de vida es cuando los niños son capaces de controlar sus esfínteres. Sin embargo, que acuda al baño por sí solo, depende de otros factores como la autonomía o la capacidad de expresión.
Quitar el pañal requiere de una planificación y organización. Es necesario tener paciencia y trabajar conjuntamente con el niño.
María Montessori, pedagoga, científica, médica y educadora, fue una de las grandes mentes de su época y bien podemos decir que de la nuestra también. Y es que son innumerables las cosas que hemos aprendido gracias a ella. Una de esas cosas a destacar y que en esta ocasión nos ocupa es el tema de los celos entre hermanos. Sigue leyendo y sabrás cómo gestionar las envidias y celos entre hermanos tengan la edad que tengan según el método Montessori. ¡Empezamo
Los celos entre hermanos - ¿Por qué y cuándo se producen?
La mayoría de las veces los celos, ese sentimiento 'raro' que nota el niño y que no sabe explicar bien, surgen ante la llegada de un nuevo bebé en la familia. En otras ocasiones los celos se producen cuando el bebé empieza hacer cosas como caminar, sonreír, decir su primera palabra... Y se lleva todas las miradas de atención.
Hay que tener en cuenta que los celos también se pueden dar entre mellizos o gemelos o entre hermanos mayores pero de diferentes edades debido a diversas causas, por ejemplo, cuando uno de ellos saca mejores notas en el colegio.
Sea de la forma que sea, los celos se producen o se sienten porque hay un cambio significativo y un hermano se ve desplazado del que hasta la fecha había sido su 'lugar especial'. Los padres tenemos en nuestra mano la posibilidad de hacer que esos celos no sean tan intensos mostrando amor, comprensión, respeto y dando siempre pie al diálogo.
Ten claro que los celos son una emoción natural más, al igual que la tristeza o la alegría, y que para aprender a gestionarlos bien hay que entenderlos y saber expresarlos. Si el niño no habla o no comunica lo que le ocurre y los padres, sobre todo por lo que supone la llegada de un segundo hijo, no tienen tiempo o no saben cómo ayudarle, la situación podría ir a peor. Señales que nos demuestran que el niño está celoso
Antes de meternos con las técnicas Montessori para tratar de ayudar a los niños con los celos, veamos cuáles son las señales que nos indican que esos sentimientos están haciendo acto de presencia:
- Cambios de comportamiento y ganas de llamar la atención
- No hace caso a lo que se le dice
- Regresión o querer hacer lo mismo que el hermano pequeño
- Pesadillas o alteración del sueño
- Agresividad y/o rechazo al diálogo
- Baja autoestima
- Falta de apetito o apetencia desmedida por la comida
Para evitar en la medida de lo posible los celos de los niños que esperan a su hermanito o bien los que se dan entre mellizos o gemelos o hermanos de distinta edad, podemos llevar a cabo una serie de técnicas basadas en las enseñanzas que nos dejó María Montessori.
1. Involucrar desde el principio al hermano mayor
Una forma ideal de que el hermano mayor no sienta celos, o al menos supere pronto esta etapa, es involucrarle desde el principio. Se ha de contar con él explicándole que mamá está embarazada y que dentro de unos meses serán uno más en la familia y todo lo que ello supone. De esta forma el niño lo verá como algo natural.
Sin embargo, debemos tener en cuenta que esto no significa que tengamos que dotar al hermano de algunas responsabilidades que, en realidad, no le corresponden.
2. Ser realistas y no crear falsas expectativas
El punto anterior se une con este otro. Cuando se habla de la llegada de un nuevo bebé a la familia se ha de hacer de forma realista, ni contarlo como que va a ser todo maravilloso ni presentarlo como algo negativo. A su vez, se debe usar un lenguaje acorde a la edad del niño y animarle a que haga cuantas preguntas pasen por su mente.
3. Reafirmar el papel de cada hermano
Según decía María Montessori: 'El niño que ha aumentado su propia independencia con la adquisición de nuevas capacidades, solo puede desarrollarse normalmente si tiene libertad de acción'.
¿Cómo podemos utilizar esto para tratar los celos entre hermanos? Pues dando margen a la independencia de cada uno, permitiendo que tengan su propio espacio y dejando también que pongan en práctica por sí mismos las nuevas capacidades que adquieren cada día aunque muchas de ellas hayan de basarse en el ensayo error.
4. No hacer comparaciones
Tengan la edad que tengan los hermanos se debe evitar a toda costa hacer comparaciones entre ellos, incluso cuando pensamos que no nos oyen. Ni comparaciones positivas (pues no lo serán tanto para el otro hermano) y ni negativas, esto solo afecta a su autoestima y por lo tanto a los celos.
5. Contar con los hermanos para todo lo que se pueda
Para cambiar la ropita del bebé cuando se le haya manchado, para preparar el baño, para ir juntos a la escuela, para ayudarle a hacer los deberes en casa... Da igual la edad en la que se encuentren los hermanos, siempre se puede contar con uno para ayudar al otro y la inversa. ¡No hay nada mejor apara afianzar la relación entre ellos!
6. Y si un hermano no hace más que llamar la atención...
Puede que sea el hermano mayor quien no haga más que llamar la atención porque tiene celos de su hermano pequeño o puede que sea este quien tenga celos del mayor y busque ser el protagonista a toda costa. Sea como sea, si hay alguien que reclame la atención de los padres, lo mejor es dársela.
Hablar con ellos, buscar momentos para estar todos juntos y para compartir cosas por separado y sobre todo mucho diálogo para que entiendan que no hace falta que hagan nada en concreto para llamar la atención pues la atención y todo el cariño del mundo de sus padres ya lo tienen
La regla de los cuatro regalos navideños es bien sencilla. Consiste en seleccionar solo cuatro cosas, basándose siempre en estos cuatro principios. Esto significa que, a la hora de elegir los regalos de Navidad para los niños, Papá Noel y los Reyes Magos deben regalar:
1. Algo que sirva para llevar (ropa, zapatos, complementos...).
2. Algo para leer.
3. Algo que los niños realmente deseen.
4. Algo para compartir con toda la familia como una experiencia, un juego de mesa o algo de uso común.
Desde luego, se trata de apostar por la calidad en los regalos navideños frente a la cantidad, un auténtico desafío cuando se trata de niños. Porque ellos, evidentemente, sienten un afán desenfrenado por tenerlo todo, y si es posible, ya, en este mismo momento.
Pero... ¿realmente los niños disfrutan cada vez que reciben una avalancha de juguetes? ¿Realmente valoran cada regalo? La respuesta es No. Cuanto más regalos reciben, más vacíos se sienten, porque no son capaces de 'digerir' tal empacho. Los niños reciben más juguetes en Navidad de los que necesitan
Según los últimos estudios, los niños reciben en Navidad diez veces más regalos de los que necesitan. ¿Y no ocurre que, a pesar de tener decenas de juguetes guardados, al final tus hijos terminan jugando con los mismos siempre? ¿O quizás creando sus propios juguetes con cajas de cartón y cartulinas que encuentran por casa?
La razón es que poco a poco, ante tanto juguete, los niños pierden la ilusión. Y ante tanto estímulo, llega la apatía. Imagina que llega un día en el que le preguntas: ¿Qué le vas a pedir a Papá Noel? Y te contestará: no sé. Intenta que nunca llegue ese día. La Navidad, recuerda, no solo se basa en regalar juguetes. Los niños son capaces de ver mucho más que nosotros en esta fiesta.
Los villancicos, las tiendas decoradas con estrellas y espumillón, las luces, las reuniones en familia, los dulces navideños... Solo necesitamos aprender un poco de los niños para disfrutar de otra forma durante estos días de Navidad.
Entre tanta luz en la calle y colores en los centros comerciales, es complicado no caer en el consumismo que se respira en estos días navideños. Más allá de los regalos que los niños piden en su carta de Papá Noel o los Reyes Magos, es importante que enseñemos a nuestros hijos a huir de las compras compulsivas y a valorar las pequeñas cosas que tenemos y que nos regalan.
Si quieres que tus hijos tengan mesura y aprendan a apreciar los regalos de Navidad que les hacen, más allá de la regla de los cuatro regalos, ten en cuenta las siguientes pautas.
- Hablar con la familia para no regalar un exceso de obsequios. Como ya hemos mencionado, los niños se juntan con una cantidad ingente de regalos en Navidad. Para frenarlo, podemos organizarnos con nuestros familiares para reducir la cantidad de regalos (y apostar por la calidad), tal y como nos indica la regla de los cuatro regalos.
- Dar ejemplo. Si tú sueles caer en comprar de forma compulsiva cuando vais al supermercado, adquieres todo tipo de cosas que luego no utilizas, no tratas con cuidado las cosas... Tus hijos van a aprender de tus actos y los tomarán como referencia.
- Participar en un acto solidario. Durante la Navidad, se organizan múltiples actividades solidarias en las que podéis participar en familia. Podéis, por ejemplo, invitar a tus hijos a donar los juguetes que ya no usen o involucraros en un comedor social.
- Preparar regalos con los niños. Propón a tus hijos hacer regalos emocionales o caseros para sorprender a la familia en esta Navidad. Se trata de pequeños detalles, hechos a mano, que los niños pueden regalar a los seres queridos. Esto les ayudará a darse cuenta de que no hay que gastar mucho dinero para sorprender a alguien con algo bonito.
Además de juguetes, la Navidad trae a nuestras casas algunos valores (de los que parece que nos acordamos más en estas fechas, aunque bien tendríamos que mantener durante todo el año): la generosidad, la solidaridad, la bondad, el amor, la entrega, el valor de las pequeñas cosas... El verdadero sentido de la Navidad nos lleva centrarnos en las emociones, en lugar de en los regalos.
Los siguientes cuentos navideños que te proponemos hablan sobre los regalos que los niños reciben en navidades.
- ¿Solo eso?
¿Has oído hablar del síndrome del niño hiperregalado? El protagonista del cuento '¿Solo eso?' se enfada mucho cuando no recibe todos los regalos que había pedido en esa Navidad. Compártelo con tus hijos para reflexionar sobre su actitud.
- Un trato con Santa Claus
Julio llega al acuerdo con Papá Noel: por cada regalo que le traiga, dejará de lado a un amigo... Así, se juntó con muchos obsequios, pero no tenía a nadie con quien compartirlos. Lee con tus hijos este cuento de Navidad para saber si se arrepiente de su decisión.
- Una lección para Jaime
Jaime le pidió tantos regalos a Santa Claus que, después de pasarse varias horas abriendo paquetes, ¡le dolía hasta el brazo! Lee junto a tus hijos este cuento navideño que habla sobre el valor de la generosidad.
- Un regalo de Navidad
Este cuento nos invita a reflexionar sobre cuál es el verdadero sentido de la Navidad. Pregunta a tus hijos sobre su opinión y organiza un pequeño debate en casa sobre los valores navideños.
Las pantallas entretienen, ayudan en el aprendizaje, permiten una mejor comunicación… pero un abuso de estos dispositivos electrónicos resulta perjudicial de forma especial para niños y adolescentes ya que son más vulnerables a sus riesgos al estar en desarrollo. Y es que cada vez hay más evidencias científicas de que el uso de esta tecnología de manera continuada durante la infancia es contraproducente. Así, por ejemplo, es un factor de riesgo de daño cardiaco en la edad adulta temprana, por promover el sedentarismo, como asegura un estudio reciente presentado en el último Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología. Así que si aún en casa no os habéis decidido a poner límites a las pantallas o piensas que tus hijos son demasiado pequeños para tenerlos, mira lo que dice la ciencia según la edad de los menores y prueba a establecer para todos los miembros de tu familia el Plan Digital Familiar que proponen la Asociación Española de Pediatría (AEP) y la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD).
En España, el 95 % de los menores de 16 años hace uso de ordenadores y el 98 % utiliza Internet, según el Observatorio Nacional Tecnología y Sociedad (ONTSI). Además, siete de cada diez tienen móvil al que acceden normalmente desde los 11. Y de ahí pronto comienzan a meterse en las redes sociales, a pesar de que la mayoría de las plataformas indican que hay que tener 14 años para inscribirse. “Preocupa el impacto que pueda tener sobre su bienestar un uso excesivo de la tecnología digital”, señala la Asociación Española de Pediatría. Y es que no son pocos los riesgos de un abuso de pantallas, como recuerda la misma AEP.
Impacto en la salud a todos los niveles. Pasar más de dos horas frente a pantallas afecta a la salud física (sueño, alimentación, ojos…), social(menor interacción en la vida real) y mental(mayor riesgo de síntomas depresivos).
Dolor de espalda o lesiones, provocadas por posturas inadecuadas o uso prolongado de teclados y mandos.
Fatiga visual: ojo seco, picazón, lagrimeo, aumento o inicio de miopía en los niños y adolescentes, además de dolor de cabeza y de espalda.
Alimentación insana. Comer con la tele (tableta) o pendiente del móvil se asocia a una mayor ingesta calórica y mayor riesgo de una dieta poco saludable. También reduce la interacción de la familia.
Sueño alterado. Usar las pantallas antes de dormir implica dificultad para conciliar el sueño, disminución de la sensación de sueño o reducción de la secreción de melatonina.
Distracción. Tener la tele como ruido de fondo ya genera distracción para el aprendizaje de vocabulario, la atención y el juego.
Atención disminuida. Tener pantallas cerca hace que estemos más pendientes de ellas.
Acceso a contenido inadecuado. A pesar de los controles parentales, se encontrarán con situaciones e informaciones inadecuadas para su edad o no veraces.
Por eso, a través del Plan Digital Familiar de la AEP y que respalda la AEPD, se quiere ayudar a padres e hijos para que juntos aprendan a utilizar las pantallas de forma positiva y así disminuir los riesgos que conlleva un empleo inadecuado. “Es importante que nosotros, como padres, eduquemos a través del ejemplo, les supervisemos, estemos disponibles para ellos y establezcamos límites; en definitiva, que les ayudemos a gestionar su uso”, apunta María Salmerón, coordinadora del grupo de trabajo de Salud Digital del Comité de Promoción de la Salud de la AEP, el encargado de elaborar el documento.
Para ello, ofrecen unas recomendaciones generales para las familias como, por ejemplo, evitar el empleo de varias pantallas a la vez (multitarea digital) o su uso en el baño y dormitorios, ceder a los menores dispositivos antiguos, no tener soportes de pantalla en carritos o coches y fomentar el pensamiento crítico y la actividad física en familia.
Además, sugieren otras propuestas también basadas en recomendaciones científicas que las familias podrán adaptar a sus circunstancias particulares dependiendo de la edad de sus hijos y su situación. Una vez elegidas (y si se ve necesario consultarlas con el pediatra), se puede obtener una copia impresa de todo el plan, colocarlo en un lugar disponible para todos los miembros de la familia e ir actualizándolo según se van consiguiendo objetivos o ampliando la edad. Estas son las más destacadas:
A estas edades, los peques aprenden por repetir e imitar a sus padres, cuidadores e iguales y todavía sus habilidades de memoria y atención son inmaduras. Por tanto, los dispositivos electrónicos “no son los más apropiados para facilitar el aprendizaje”, asegura la AEP. Y si bien hay estudios que demuestran que los mayores de 15 meses pueden aprender palabras a través de las pantallas táctiles, la asociación de pediatras también reconoce que tienen problemas para su interpretación. “Los estudios científicos en menores de 2 años son insuficientes y desconocemos si favorecen el aprendizaje”, señalan. En cambio, afirman que la ciencia sí ha demostrado los problemas derivados del uso excesivo de pantallas: la reducción de las horas de sueño, el aumento y la tendencia a la obesidad, y las dificultades socioemocionales y del lenguaje.
Limita el uso digital a videollamadas con familiares y amigos, y solo con un fin concreto (saludar, leer un cuento corto, cantar una canción…) y nada de hacerlo en la comida o cuando vayan a dormir.
Los dispositivos electrónicos no deben utilizarse como cuidadores. “Si los acompañamos cuando usan las pantallas, interaccionar con nosotros, repetir y explicar lo que ven o interactuar con las imágenes les ayuda a procesar la información”, explican los pediatras.
Tampoco son chupete emocional para manejar las rabietas.
Si usas pantallas, mira antes si el contenido es adecuado o no para tu hijo. “Los cambios de imágenes rápidos, con colores estridentes o ruidos fuertes bloquean su capacidad atencional”, indican los expertos.
El cuento es desde los primeros años de vida un instrumento que ayuda a construir sólidas estructuras a la fantasía del niño reforzando la capacidad de imaginar. Los cuentos son una parte muy importante en el crecimiento y desarrollo de los niños.
¿Os habéis dado cuenta como los niños aprecian que les contemos un cuento en cualquier momento del día? ¡Les encantan los cuentos! Y, ¿por qué? Porque es una forma ideal de aprender. Los cuentos infantiles son una buena forma de crear lazos de unión con los niños, fomentando su imaginación y creatividad, ahuyentando los temores y haciéndoles sentir más valientes al inspirarse en sus personajes favoritos.
Desde edades tempranas es muy importante fomentar principios y valores en los niños y a través de los cuentos infantiles es una herramienta muy fácil.
La lectura es uno de los hábitos más saludables que tiene beneficios como:
Aumentar su creatividad
Educar en valores
Saber escuchar y poner atención
Ayudar a combatir sus temores
Estimular su memoria y sus ganas de expresarse
Aumentar su comprensión
Desarrollar su capacidad lectora
Ayudar a conciliar el sueño
Estimular el lenguaje: sin darte cuenta le ofreces una riqueza lingüística que va quedando en ellos sin necesidad de lecciones aburridas.
Mejorar su ortografía
Sentirse feliz al compartir un momento especial
A través de la lectura de cuentos los niños pueden aprender colores, palabras en otro idioma, números, letras… sin que para ellos sea aburrido.
Es importante tener en cuenta la edad del peque:
Durante el primer año: existen libros de cartón, de tela y de baño.Es mejor elegir materiales resistentes para que los peques puedan manipularlos sin miedo a que se rompan fácilmente
De 1 a 3 años: cuentos visuales e interactivos en los que predominen las imágenes y los sonidos. Las historias deben ser sencillas y claras.
A los 4 años: en esta edad intervienen personajes fantásticos, objetos que hablan y se mueven, y ciudades encantadas.
A los 5 años: los peques prefieren personajes y situaciones más reales. Les gusta poder identificarse.
También existen cuatro formas de ver los cuentos:
Texto: es la forma más sencilla. También pueden existir en este formato varias formas de ver sus historias, como son los libros pop-up (donde se consiguen efectos de transformación, movimiento y profundidad), libros de solapas, libros ruleta, libros con lengüetas y muchos más.
Vídeo: forma de dejarse llevar por las aventuras guiadas.
Audiocuentos: se presentan historias mucho más dinámicas.
Flipbook: libros, cuadernos o libretas que contienen imágenes o dibujos en secuencia que cambian de una página a otra y que al moverlos rápidamente se obtiene una animación.
¿Qué sienten los niños cuando escuchan un cuento?
El niño cuando escucha un cuento se ve imaginando la historia y se va poniendo en el lugar de los personajes, así va sintiendo sensaciones o emociones parecidas a ellos. Por ello, los cuentos benefician el desarrollo de la imaginación del niño, así como puede ser su sentido de la percepción y la sensibilidad, potenciando la empatía hacía los demás y ayudando a mejorar en sus relaciones sociales.
¿Cómo trabajamos en Depeques la importancia de los cuentos?
En Depeques fomentamos mucho el poder de los cuentos. Es una herramienta muy importante que utilizamos en diferentes momentos del día, creando momentos de relajación y abriendo sus mentes a la imaginación cada día en la asamblea, antes de ir comer o a lo largo de la tarde. Un cuento siempre es muy atractivo para los peques y es algo que les encanta J Con ellos podemos trabajar un montón de cosas, como los colores, valores, emociones…
Pero… ¿Cómo debemos contar un cuento a un niño? Primeramente cantamos una canción que dice así: “Os voy a contar un cuento, un cuento chiquirritín, tendréis que cerrar los ojos y así soñaréis feliz. Mi cuento tiene una ola, ¡holaaa!, y una sirena de mar, mi cuento tiene un pirata y un barco que hundido está… shhhh….”
Así conseguimos que poco a poco nos imiten con los gestos que hacemos y atraer toda su atención antes de comenzar con cada cuento.
Una historia puede contarse de muchas maneras y lo ideal es que la historia evolucione a medida que lo hace el niño.
Normalmente suele haber dos o tres frases máximas por página.
Podemos hacer teatrillo y escenificar las historias. Cambiar el tono y usar mucho diálogo y poca narración.
Hacerles partícipes de las historias.
Utilizar diferentes soportes.
Repetir el cuento cada día hasta que veamos que se anticipa a la historia y así, cada día le gustará más.
Respetar que si un día no quiere ese cuento y quiere otro, se pueda leer otro.
Lo ideal es contar cuentos antes de irse a dormir, ya que es el momento en el que la mente toma el mando y da rienda a su imaginación. Los cuentos forman parte de la vida de las personas y desde niños aprendemos a sumergirnos en nuevos universos, ver la historia a través de los ojos de los protagonistas e incluso imaginarnos cómo sería día a día en ese otro mundo gracias al poder de las ilustraciones.
Como veréis, ¡merece la pena hacerse con un libro! Acontinuación os dejamos el enlace de los cuentos del cole.
El lenguaje es la forma de comunicación con los demás. Ya desde que es un bebé, el niño se puede comunicar antes de decir palabras. El habla es la expresión verbal de la comunicación. Los niños aprenden a comunicarse desde los primeros días y, de forma progresiva, van desarrollando el habla.
El aprendizaje del habla despierta mucho interés en los padres y es uno de los aspectos del desarrollo que se supervisan en los exámenes de salud, durante la primera infancia.
En el desarrollo del lenguaje del niño influyen factores como la herencia, la familia, el ambiente en el que se desarrolla y la escolarización.
En los primeros años, los niños desarrollan el lenguaje junto con otros aspectos del desarrollo. Evolucionan de diferente manera, pero en general son capaces de hacer ciertas cosas a determinadas edades:
El niño se sobresalta ante los ruidos, busca la fuente de los sonidos y emite sus propios sonidos en forma de balbuceos y arrullos (vocalizaciones A-E). Cuando crece, por lo general a los 9 meses, es capaz de unir sonidos y decir palabras como mamá o papá, aunque no entienda el significado.
Aumenta el balbuceo utilizando más sonidos, imita algunos sonidos y palabras y dice una o más palabras. Es capaz de entender órdenes sencillas.
Hacia los dos años tiene un vocabulario de entre 20 y 50 palabras, comienza a combinar palabras y es capaz de señalar partes de su cuerpo y objetos habituales, así como de seguir instrucciones de dos pasos (coge el juguete y dámelo).
Aumenta el número de palabras, dice frases de tres a cinco palabras.
Aumenta la comprensión (entiende lo que es encima de la mesa y debajo), comprende algunos verbos y se puede entender gran parte de su habla.
El retraso del habla y el lenguaje es el retraso del desarrollo más frecuente. Alrededor de uno de cada cinco niños aprende a hablar más tarde que otros niños de su edad. A veces es difícil diferenciar entre lo que es normal y tan solo se trata de inmadurez en el desarrollo, de aquello que es un problema y por lo tanto precisa ser valorado por un especialista.
Cuando se habla de que un niño tiene un retraso del habla es porque su forma de hablar es peor, de forma significativa, que la de los niños de su misma edad. Un niño puede tener retraso del habla y posteriormente desarrollar el habla de forma más lenta. O puede ocurrir que el retraso del habla sea un síntoma más de otros problemas del desarrollo que se asocian con retraso del habla.
Los niños con retraso del habla precisan ser diagnosticados y tratados de forma temprana.
En el menor de un año:
Si no responde a los sonidos o no vocaliza.
Entre uno y dos años:
No utiliza gestos o señala con el dedo, o no dice adiós a los 12 meses.
Prefiere gestos a vocalizar para comunicarse a los 18 meses.
No imita sonidos a los 18 meses.
Tiene dificultad para entender peticiones sencillas.
A los dos años:
No es capaz de decir palabras o frases.
Repite sonidos o palabras, pero no utiliza el lenguaje para comunicarse.
No es capaz de entender indicaciones sencillas.
Tiene una voz extraña.
Es más difícil entenderle que a otros niños de su edad.
Hay muchas causas.
Un niño puede tener un desarrollo normal, pero no hablar. Esto a veces es debido a alteraciones de la boca, la lengua o el paladar.
En ocasiones, el retraso del lenguaje puede ser el signo de otro problema más importante como la pérdida de audición, retrasos del desarrollo en otras áreas o incluso un trastorno del espectro autista.
Problemas de la audición. Un niño que tiene problemas para oír, tiene problemas para comprender, imitar y utilizar el lenguaje.
Cuando el niño habla mal y emplea poco vocabulario, pero el resto de su desarrollo, tanto mental como de los sentidos, es normal, se trata de un retraso simple del habla. Los retrasos simples del habla son, por lo general, temporales. Habitualmente son de causa hereditaria y madurativa.
El retraso del lenguaje en los niños pequeños a veces es señal de un problema de aprendizaje, que se manifestará como dificultades al comienzo de la lectoescritura. Es el llamado retraso global del lenguaje.
Si un niño tiene un retraso del lenguaje se debe solicitar que sea estudiado por un especialista.
El especialista en lenguaje valorará el lenguaje del niño y el habla. Para hacerlo se pueden utilizar escalas y tests que midan el lenguaje del niño y lo que se considera normal.
También hay que evaluar:
Lo que el niño comprende (a esto se denomina lenguaje receptivo).
Lo que el niño dice (lenguaje expresivo).
Cómo interacciona para comunicarse: señalar, gestos, etc.
Los sonidos que emite y la claridad del habla.
El desarrollo de la boca: boca, lengua y paladar.
La primera persona a quien acuden las familias es al pediatra. Ante la sospecha de alteración del lenguaje los niños son valorados por el médico especialista en foniatría, que es el profesional encargado de los trastornos del lenguaje, habla, voz y audición.
El desarrollo del habla depende, entre otros aspectos, del entorno.
La estimulación sensorial, especialmente la auditiva, es muy importante para que el niño aprenda.
Algunas recomendaciones para la familia:
Dedicar tiempo a estar con el niño y comunicarse con él. Con canciones, cuentos, juegos y todo aquello que pueda aumentar su biblioteca de palabras. De esta manera el niño puede desarrollar el oído, por donde entran y “caminan” las palabras.
Dirigirse al niño hablándole en un lenguaje correcto, tanto en la articulación de las palabras como en el uso del vocabulario. Hacerlo de forma lenta, precisa y directa. El niño imita y copia lo que escucha.
Utilizar la vida diaria para hablarle. Aprovechar que se va a la compra o cuando está en casa, contarle las cosas que se van viendo, señalar objetos.
Es importante darle tiempo para que se exprese y cuente sin prisas. Que él sienta que le escuchamos y que queremos compartir su lenguaje.
Leerle cuentos es muy conveniente, comenzando cuando es un bebé.
En niños con dificultades del habla, la comunicación en varios idiomas puede ser perjudicial. El bilingüismo normalmente no es el responsable de los retrasos, pero tampoco ayuda a perfeccionar la capacidad expresiva.
Si existe un problema del lenguaje, habla, audición o del desarrollo, la intervención temprana es necesaria para ayudar al niño. Los padres pueden aprender qué es lo que le ocurre y cómo ayudarle.
Onomatopeyas: Juega con tu hijo a hacer el sonido de una onomatopeya, que es el ruido que hacen las cosas y los animales. Todo suena en casa: Una puerta (pum), el microondas (pin), la vaca (muuu)… Por lo que será un buen acercamiento hacia la fonología de nuestro idioma.
Mírame: Busca el contacto visual en cualquier acción. Selecciona su juguete favorito o cualquier juguete con sonido que capte su atención; luego siéntate frente a él, siendo el centro de su campo visual. Facilita el contacto visual colocando el juguete cerca de su rostro, a la altura de sus ojos. Muéstrale el juguete de forma divertida y asombrosa “¡Mira qué bonito es el señor conejo! ¡Tiene unas patitas muy pequeñitas! ¿Has visto su nariz? …” Cuando tu hijo te mire directamente a los ojos, recompénsale con besos y halagos.
Pompero Mágico. Siguiendo la misma rutina, uno frente a otro, muéstrale el pompero. Cuando captes su atención, llévalo hasta la altura de sus ojos y únicamente sopla cuando tu hijo le mire. Este juego es realmente atractivo para los niños ¿Quién no adora las burbujas?
Imita a mamá o a papá. La imitación de roles simbólicos ayudará a tu hijo a ganar destrezas manipulativas y continuar aprendiendo sobre el funcionamiento del mundo a través del juego entre lo real e imaginario. Este tipo de juego permite a tu hijo imitar situaciones reales, como hacer como si se peinase, hablar por teléfono o comer. Todo esto realizado con objetos que pueden o no ser exactamente los propios de esa acción.
Oigo o no oigo. Usa cualquier juguete de insertar (casa de madera, 3 en raya…). Tu hijo debe colocar una ficha en su oído y cuando oiga un sonido hecho por ti (sin que te vea) debe echar la ficha en el juguete. Se pueden usar instrumentos musicales o la voz, entre otros.
Que los niños dictan rutinas y condicionan nuestro estilo de vida es bien sabido, pero a pesar de ello viajar con niños es una experiencia familiar inigualable. Sin embargo, muchas familias sacrifican viajes ante el temor de acabar estresados al viajar con peques o tener algún percance con ellos fuera de casa.
En realidad, los niños pueden viajar desde que nacen y aunque es necesario tomar precauciones, organizarse bien y adaptar los planes a sus necesidades, no existen serios inconvenientes que nos puedan suponer un impedimento a la hora de disfrutar de nuestras vacaciones familiares con ellos.
Un truco para que todo vaya como la seda consiste en tenerles en cuenta a la hora de planificar todo el viaje. Los siguientes tips nos ayudan a conseguir que nuestro ansiado viaje de desconexión no se convierta en toda una odisea:
Ante todo, sentido común y coherencia. Hay destinos que no son los mejores para viajar con niños, por más que nos encanten los países exóticos o las experiencias llenas de adrenalina. Quizás no podamos viajar a Asia en plan mochileros, practicar kayak con un bebé o volar en avión durante 12 horas seguidas… ¡Pero seguro que hay lugares más cercanos e igualmente atractivos que no conocéis todavía! El mundo es muy grande y variado, lleno de lugares preciosos y sitios de interés.
Lo primero que tenemos que pensar es qué tipo de viaje y estancia encaja más con nuestras necesidades. Playa o montaña, pueblo o ciudad… Por lo general, los lugares pequeños como los pueblos exigen menos desplazamientos y tienen un ritmo de vida más pausado, que resulta ideal para las familias con niños pequeños.
El truco para que todo vaya como la seda consiste en tenerles en cuenta a la hora de planificar todo el viaje. Los siguientes tips nos ayudan a conseguir que nuestro ansiado viaje de desconexión tras un año de confinamiento y restricciones a la movilidad no se convierta en toda una odisea:
Las capitales europeas, por su parte, ofrecen un sinfín de atractivos y son un buen destino turístico para familias. Muchas de ellas, además, están a tan sólo un par de horas de vuelo ¡o se puede llegar en pocas horas de tren! Si nos centramos en destinos con actividades atrayentes también para niños y que sean cercanos, no necesitaremos descansar de las vacaciones a la vuelta a casa.
Con niños a bordo, cuanto más planificado esté nuestro viaje, menos margen daremos a las sorpresas de última hora. Hacer colas innecesarias bajo el sol para sacar entradas a museos o atracciones es algo que podemos evitar fácilmente si viajamos con todas nuestras entradas ya adquiridas de antemano. Igualmente, debemos salir de casa con todas nuestras reservas ya realizadas.
Alojamientos, restaurantes, visitas turísticas y actividades deben ser planificadas desde el principio del viaje y esparcidas en nuestro calendario vacacional de forma que haya espacio y tiempo suficiente entre ellas para poder desplazarnos con comodidad y tranquilidad de un sitio a otro, pudiendo descansar entre actividades y evitando estresarnos si surge algún imprevisto.
Cuanto más pequeños son los niños, más demandan atención y cuidado. Para evitar que la organización del viaje se convierta en una tarea mastodóntica con un peque que no deja ni un minuto libre al día, lo ideal es dividirnos el trabajo de planificación de nuestras vacaciones: quién buscará destinos, transporte y alojamientos; quién contactará y realizará las reservas, etc. ¡Así será todo resulta mucho más fácil!
Al viajar con niños pequeños, no podemos estar todo el día dando vueltas por la calle. Sobre todo si es verano y las altas temperaturas en las horas centrales del día nos obligan a descansar. Una habitación de hotel puede llegar a asfixiarnos si tenemos que pasar muchas horas encerrados entre cuatro paredes. En cambio, las casas rurales, apartamentos o complejos hoteleros con piscina, zonas de ocio variadas y actividades infantiles, son una buena opción para familias con hijos.
Los apartamentos vacacionales o las casas de alquiler son, de hecho, una estupenda alternativa; porque nos permiten estar como en casa. En ellos disponemos de mayor espacio y podemos ahorrar en desayunos, comidas y cenas
Que dispongan de espacio exterior o estén ubicadas en urbanizaciones con piscina es un plus muy a tener en cuenta si viajamos en los meses más cálidos del año.
Una familia está compuesta por personas de distintas edades y tenemos que planificar un viaje para todos. ¡Lo que quiere decir que los peques también cuentan! Los museos son lugares maravillosos, pero a no ser que tengan dinosaurios o sean interactivos, los niños se aburrirán en seguida en ellos y empezarán a estar inquietos.
A la hora de viajar con niños, es importante localizar puntos de interés a lo largo de nuestro viaje que les permita jugar y divertirse. Si los peques ya tienen edad para jugar en un parque, es interesante tener localizadas zonas verdes o lugares de ocio infantil, así como restaurantes y cafeterías kids friendly (con monitores, actividades o espacios de juego) donde se les tenga en cuenta en la organización del espacio y la preparación de los menús. En este post te contamos qué puedes pedir a tu peque en cualquier restaurante si practicais BLW fuera de casa.
Tenemos que tenerlo claro a la hora de trazar nuestro itinerario: nos olvidamos de estar pateando las calles todo el día, de querer verlo absolutamente todo y de ir con prisas para que nos dé tiempo. Los niños son extremadamente sensibles y sólo conseguiremos alterarlos y acabar pasándolo todos mal. Un ritmo suave y un itinerario diario breve, que alterne visitas turísticas con momentos de esparcimiento, y que no esté sobrecargado de visitas culturales, se adapta a la perfección al ritmo de un peque.
Si la edad de nuestros hijos ya les permite disfrutar con nosotros en la emoción anticipada del viaje, podemos mostrarles imágenes de vuestro destino, y de los lugares que hay en él, que sepamos van a gustarles. Al mismo tiempo, les podemos hablar de cómo va a ser nuestro lugar de vacaciones, de la casa tan bonita que vamos a tener allí, de las cosas que haremos juntos cuando lleguemos (la palabra “juntos” es muy importante para ellos) y de todas las cosas nuevas que veremos.
Hacer imaginar a los niños lo bien que lo vamos a pasar todos juntos, les emociona y les hace tener ganas de conocer el lugar. No olvides hablarles del medio de transporte que usaréis para llegar a vuestro destino. Eso evitará confusiones, nervios y temores, ya que hay pequeños que pueden ponerse nerviosos al viajar si no entienden bien la situación o lo que está sucediendo.
Tenemos que echarle imaginación y entusiasmo a nuestro relato, pero sin exagerar. Y por supuesto, nunca les tenemos que engañar. Si no queremos exponernos al berrinche constante de un niño indignado (y con toda la razón del mundo, además), debemos ser fieles a nuestra palabra y llevarles a montar en la noria o lo que sea que les hayamos prometido.
Ya lo tenemos todo elegido, organizado y reservado… ¡Ahora toca hacer las maletas! Vamos a intentar no cargar con cosas innecesarias. Viajar con bebés o niños muy pequeños implica llevar muchos bultos extra (sillita de coche y de paseo, cuna de viaje, etc.).
La regla de oro es una maleta de tamaño mediano por cada dos. Siempre con ruedas y nunca excesivamente pesadas. Tenemos que tener en cuenta que los adultos tenemos que tener al menos una mano libre para poder cuidar al peque en todo momento. ¡Portear a los peques en vacaciones es más útil que nunca!
Una sola maleta de mano servirá para tener siempre cerca de nosotros durante el trayecto todo lo imprescindible. Si viajamos en avión y no queremos facturar, debemos preparar una maleta de mano por persona. Hay cosas que, aunque necesarias, pueden adquirirse en destino.
Así que no hace falta llevar un regimiento de pañales o toallitas húmedas. Seguro que adonde vamos también los podemos comprar (como tantas otras cosas que ocupan una barbaridad de espacio en la maleta). Basta con que lleves las suficientes para el trayecto. Informarnos del tiempo que hará en nuestro destino para llevarnos sólo la ropa que sea necesaria, también resulta de lo más útil, incluso aunque nuestros hijos ya sean mayores.
La maleta del peque debe contener sus efectos personales y algunos de sus juguetes favoritos. El peluche con el que duerme o su cuento favorito pueden facilitarle enormemente la adaptación en destino. En nuestra maleta de mano también debemos llevar algunos materiales de entretenimiento para amenizar el viaje. Muchos vienen en formato de viaje, son ligeros y no ocupan espacio.
Al viajar con niños también debemos llevar un botiquín infantil de viaje, sobre todo si nuestro hijo necesita inhaladores o medicación de uso crónico para afecciones tales como el asma o la alergia. Es importante llevar cantidad para todas las vacaciones, así como recetas y/o informes médicos donde consten el diagnóstico y el tratamiento indicado. Otros medicamentos básicos como los analgésicos o antitérmicos también son imprescindibles.
Tampoco está de más llevar una copia de la cartilla de vacunas al viajar con niños y consultar con su médico un par de meses antes los viajes al extranjero, por si hay que hacer algún ajuste en el calendario de vacunación o acudir a un centro de vacunación internacional. Para que según qué tipo de destino o viaje, necesitaremos tener en cuenta que ciertas vacunas resultan imprescindibles.
Es preferible contar con un par de camisetas menos en la maleta para hacer espacio a unos pocos juguetes. Aunque el trayecto sea corto, los niños pierden el interés en seguida y si se aburren puede hacérsenos a todos muy largo el viaje…
En este post, nuestra experta en seguridad infantil, María Arenzana, nos ofrece recursos útiles para entretener a los peques en el coche. Sin embargo, si nos anticipamos, estamos preparados y tenemos con qué entretenerles en los desplazamientos, todo será como coser y cantar.
Debemos tener a mano sus cosas… ¡pero no a la vista! Dosificar los juguetes y no mostrárselos demasiado pronto ni todos a la vez es como tener un as en la manga. Lo normal es que al principio del viaje los niños estén súper entretenidos observándolo todo y haciéndonos un montón de preguntas. Estaciones de trenes, aeropuertos, barcos… ¡Todo es nuevo para ellos y resulta emocionante!
Debemos aprovechar la ocasión y procurar fomentar su interés por todas esas cosas nuevas que está viendo a su alrededor. Explicarles dónde estamos, que vamos a hacer a continuación, para qué sirve esta cosa… También es frecuente que, tras la emoción inicial, acaben durmiéndose en los desplazamientos. Con suerte, casi sin darnos cuenta, habremos llegado a nuestro destino.
Las rutinas son muy importantes para los niños, ya que les da seguridad. Saber lo que va a suceder a continuación les aporta tranquilidad (por ejemplo: después de la comida, se duerme un rato). Un niño que se siente a gusto, es un niño feliz y, por extensión, toda la familia disfrutará mucho más de su estancia fuera del hogar. Así que, en la medida de lo posible, trataremos de planificar nuestro itinerario vacacional respetando su ritmo, horario y hábitos.
El peque debe de poder disfrutar de su hora diaria de juego al aire libre con otros niños de su edad, esto es importante para que no se sienta desorientado. También lo es que respetemos sus horarios de comida y sueño, la hora del baño o la del cuento en familia. Si vais a zonas de costa o piscinas, ¡no os olvidéis de adquirir los protectores solares más adecuados a la sensible piel de vuestros peques!
Viajar con niños es una experiencia increíblemente enriquecedora para toda la familia, que nos permite atesorar grandes recuerdos y reforzar nuestro vínculo afectivo. Para que nuestras vacaciones resulten todo un éxito, solo tenemos que echar mano de la coherencia, utilizar el sentido común y saber empatizar con los más pequeños.
Tenerles en cuenta, porque son parte de la familia y van a viajar con nosotros, marca por completo la diferencia. Sus necesidades y apetencias son diferentes de las de los adultos y es algo que debemos tener siempre en cuenta. Sin embargo, con estas sencillas pautas, podemos marcar por completo la diferencia y conseguir un álbum de viaje espectacular, lleno de momentos maravillosos con nuestros hijos, del que nos sentiremos muy orgullos cuando regresemos a casa.
Un mal cuidado dental puede poner en riesgo la salud de tu hijo.
Hay tres problemas muy típicos que suelen aparecer a estas edades:
Es uno de los problemas dentales más graves. Cuando hablamos de la mal oclusión nos referimos a un desarrollo defectuoso de las piezas dentales y de la mandíbula, dificultando masticar la comida y modificando la estética de la boca.
Es importante acudir cuanto antes a un dentista para su diagnóstico y tratamiento posterior.
Otro de los problemas más comunes y que afecta a personas de todas las edades. Sin embargo, los niños y jóvenes corren un mayor riesgo si aún no han adquirido un buen hábito de cepillado dental. Además una mala alimentación con exceso de azúcar puede acrecentar el problema.
Aunque parezca un problema común y no demasiado grave, es importante tratarlo cuanto antes ya que a la larga puede suponer la pérdida temporal de piezas dentales, una mal oclusión y el incorrecto posicionamiento de los dientes.
Sobre todo se producen cuando están comenzando a andar o en los casos en los que el niño practica algún deporte. Es importante que, en el caso de que el niño se dé un golpe en la mandíbula por ejemplo, se acuda cuanto antes al dentista para ver si se han producido daños en los dientes.
• Cepillar los dientes mínimo dos veces al día.
• Establecer un orden de cepillado.
• Cepillar los dientes de uno en uno.
• Utilizar enjuagues complementarios.
• Controlar lo que comen entre horas.
Es habitual que los niños no quieran visitar odontólogo, pero en el caso de no visitar el dentista periódicamente puede que haya problemas en su higiene bucal.
Estos son algunos de los consejos que os damos para fomentar la adquisición de unos buenos hábitos para lavarse los dientes:
A veces, aunque son demasiado jóvenes, quieren empezar a cepillarse ellos solos. Es importante dejarles intentarlo y felicitarles por ello. Después los padres podéis realizar un repaso para comprobar que todo ha quedado limpio.
2. Dar ejemplo
Los niños a menudo imitan lo que ven en los adultos. Si os dejáis ver cepillándoos los dientes, enjuagándoos, etc., el niño empezará a intentarlo por él mismo.
Usar cepillos de colores o con formas de animales que les llamen la atención y alimente su curiosidad.
A la hora de escoger el dentífrico adecuado es importante evitar sabores fuertes como el de la menta. Lo mejor es optar por sabores más suaves y agradables como la fresa.
Sobre todo cuando el niño aún es demasiado pequeño para lavarse él mismo los dientes es importante hablar de los beneficios que ello conlleva.
La higiene bucal es muy importante para evitar enfermedades, sobre todo en los niños que están en el momento de la adquisición de estos hábitos. Es importante tanto el cepillado dental diario como las visitas regulares al dentista para diagnosticar los diferentes problemas que nos podemos encontrar en los dientes.
Dichosa frase que los niños una y otra vez repiten a la hora de las comidas... Y es que hay determinados alimentos que resultan de entrada complicado que les guste a los niños pero... ¡no des la batalla por perdida!
El niño poco a poco debe introducir nuevos sabores, texturas... y esto obligatoriamente debe pasar por una fase de exposición, lenta pero con determinación. Ten paciencia y no cedas a chantajes ni cambies un plato que no le gusta por otro que sí... es el primer paso para que tu hijo sepa que con ese comportamiento obtendrá de ti todo lo que busca.
Ofrece el nuevo alimento en pequeñas porciones de manera repetida y sigue los trucos y consejos que a continuación te mostramos para conseguir que tus hijos coman esos alimentos que, por regla general, son los que menos gustan: verduras, frutas y pescado.
¿Qué puedo hacer para que coman más verduras?
Camúflalas. Dales a probar el alimento de manera que no lo reconozcan. Opta por rallar las verduras y verás que las podrás cocinar con casi todo. Si es muy avispado y delicado con los colores opta por verduras neutras como los puerros, calabacín pelado, apio... Todas las verduras que son blancas pasan inadvertidas.
Quizás no les gustan cocidas pero, ¿y crudas? Dales a probar palitos de zanahoria, pimiento, hojas de lechuga, tomates cherris... recuerda que, además, de esta forma aportan más vitaminas y minerales.
Acompáñalas con su salsa favorita: de tomate casera, de queso, mayonesa casera, salsa de yogur...
Las tortillas de verduras son un aliado perfecto para poder introducir las verduras.
Transfórmalas en puré. Es una solución práctica. Pero sobre todo evita que se acostumbre a esta textura excesivamente.
Una buena presentación, por favor. Platos con formas divertidas, brochetas... que los vegetales hagan a la vez de recipiente. Por ejemplo, usa el mismo tomate para contener una ensaladilla rusa.
De vez en cuando fríelas, pero no abuses de los fritos; es una opción menos saludable.
Añádelas a sus alimentos preferidos. Por ejemplo, si le encanta el queso o la salsa de tomate, añade aquí las verduras.
¿Qué puedo hacer para que coman más fruta?
Llévalas a la mesa preparada y limpia. Es difícil que sobre fruta cuando está pelada, preparada y en platos con varios colores.
Realiza preparaciones divertidas: prepara brochetas, batidos, introdúcelas en bizcochos caseros...
Y tú... ¿ya tomas fruta? Predica con el ejemplo: un niño hace lo que ve en casa. Si tú comes fruta, él estará más predispuesto a comerla.
Mézclalas. Combina fruta enlatada con fruta fresca: es una solución para aquellos niños más golosos.
En las ensaladas de pasta añade manzana, pasas o cualquier otra fruta.
Fruta seca: es también una solución válida de vez en cuando, siempre que no esté escarchada o con chocolate. Orejones, dátiles, pasas... Son muy saludables y pueden llegar a sustituir a las “gominolas”.
Prepara ricos zumos. No sirven los zumos comerciales: tienen gran cantidad de azúcar y ninguna vitamina.
En pasteles caseros. Que la fruta sea un ingrediente más de tus pasteles y bizcochos caseros, tanto dentro como en la cobertura: fresitas, arándanos, plátanos, etc...
Convénceles de las diferencias de sabor entre frutas; puede ser que no le guste una mandarina pero sí un plátano.
¿Qué puedo hacer para que coman más pescado?
Cómpralo de buena calidad. Los niños son niños, pero no tontos, notan la diferencia enseguida.
Por sorprendente que parezca no lo cuezas mucho, queda seco, astilloso y “sabe más a pescado”.
Rebózalo.
Añádelo a la salsa que les gusta: de tomate, carbonara, rosa...
Mézclalo con los ingredientes que les gusten: jamón, queso, pasta, patata...
Procura cocinarlo limpio, es decir sin espinas, mejor en filetes; la dorada, los lenguados, merluza caballa...
Haz hamburguesas y albóndigas de pescado.
Conviértelo en sopa.