El “Informe a la UNESCO” de Jacques Delors, en 1996, indica cuatro pilares de la educación: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir con los demás y aprender a ser. La educación no se reduce a la transmisión de competencias técnicas y científicas; apunta al desarrollo de un tipo de hombre y mujer que sepa desplegarse: CREER, CRECER y SER en la sociedad. Desde la escuela dehoniana, así entendemos y proponemos la educación. No se trata tanto de una entrega de conocimientos, sino de una mediación que favorece el crecimiento de todas las capacidades y dimensiones de la persona, de tal modo que pueda construirse a sí misma edificando, a la vez y junto a otros, el mundo y la sociedad.
En nuestras escuelas, queremos atravesar las puertas de una educación que inicie en la capacidad de preguntarse por la propia vida, de encontrar horizontes de sentido, de ser capaz de elegir y clarificar los propios valores, de discriminar y decidir libremente las propias respuestas. Queremos educar también esa dimensión de la persona, en la que es urgente educar, y que se nos escapa de los proyectos, de los contenidos, de las programaciones, de los procesos de calidad e, incluso, de las campañas y de los planes de valores. Esta dimensión de la interioridad que es el ámbito profundo del ser humano que le trasciende y que constituye la esencia de una vida con sentido.
El proyecto se llama metAMORfosis porque expresa el proceso de transformación interior al que estamos llamados. La palabra metamorfosis hace referencia al cambio profundo que sucede en la vida, como la oruga que se convierte en mariposa. Al escribir AMOR en mayúsculas, subrayamos que la verdadera transformación solo es posible desde el amor: el amor que nos habita, que nos conecta con Dios, con los demás y con nosotros mismos. Así, la interioridad se convierte en un camino de crecimiento personal y espiritual que nos renueva y nos hace más libres.
El programa de Educación de la Interioridad en los Colegios Dehonianos, tiene como objetivo, formar en la competencia de aprender a ser, para que las personas de nuestra comunidad:
Desarrollen una mayor capacidad de reflexión,
Tomen decisiones basadas en principios éticos,
Analicen la realidad de una manera más profunda, más allá de lo superficial,
Enriquecen su percepción y expresión simbólica,
Aprendan a incorporar el silencio en su vida diaria, lo que les permita abrirse a la diversidad y a lo trascendente.
Y cultiven una interioridad que los impulse a comprometerse con su entorno y con los demás.