Cuando hablamos de la Teoría de la Mente nos referimos a la capacidad de atribuir pensamientos e intenciones a otras personas. Saber ponerse en el lugar de la otra persona y comprender que cada uno de nosotros percibimos, pensamos, sentimos o creemos cosas distintas.
Para los neurotípicos (personas sin autismo) puede parecer algo muy sencillo, y de hecho usamos esta capacidad constantemente, pero las personas con autismo la tienen la alterada. Es por eso que presentan dificultades a la hora de comprender que los demás tienen creencias y pensamientos diferentes de los suyos propios. Con cierta frecuencia, esto conlleva que muchas veces no sean capaces de actuar o predecir situaciones y observemos conductas “extrañas” o no esperadas.
Pero como la mayoría de los conceptos psicológicos, la Teoría de la Mente no es una capacidad que se tiene o no se tiene, sino que hablamos de un espectro amplio de posibilidades. Se puede tener desde una gran capacidad mentalista a una nula capacidad, pasando por un gran abanico de posibilidades. Además, dentro de nuestras posibilidades, podemos ir mejorándola.
El déficit en Teoría de la Mente explica en gran medida las dificultades que las personas con autismo presentan en el área social (Cornago, Navarro, & Collado, 2012):
Para darse cuenta de las intenciones de los otros, predecir sus conductas y conocer las verdaderas razones que los guían.
Para entender las emociones de los demás, lo que puede llevarles a mostrar escasas reacciones empáticas.
Para comprender cómo sus conductas o comentarios afectarán a las otras personas e influirán en lo que los demás piensen de él y para anticipar lo que los demás puedan pensar sobre su comportamiento.
Para tener en cuenta el grado de interés del interlocutor sobre el tema de conversación.
Para mentir y para comprender engaños, la ironía o las burlas.
Para comprender las interacciones sociales, lo que puede llevar a problemas a la hora de respetar turnos o seguir el tema de la conversación.
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Por este motivo, es muy importante que cuando nos planteamos la intervención con personas con autismo, trabajemos esta capacidad mentalista, a partir de juegos de role-playing, dibujos, historias sociales, cómics, etc. Hay que tener en cuenta diferentes aspectos: la edad del niño o la niña y la capacidad cognitiva, pero nadie mejor que vosotros conoce a vuestros hijos e hijas. A continuación, os mostraré algún ejemplo de actividad que utilizo durante las sesiones terapéuticas y que podéis usar, y os pueden aportar ideas para mejorar la habilidad mentalista en casa.
Con los más pequeños o con los que tengan más necesidades de apoyo, debemos empezar haciendo ejercicios para reconocer el propio cuerpo, específicamente la cara. Con imágenes de su boca, nariz, ojos y orejas y toda la cara completa, posteriormente con imágenes de las personas más cercanas y, finalmente, con fotos de caras que encontremos por internet (también usaremos dibujos).
Cuando vayan comprendiendo las partes de la cara y, mediante el juego y canciones, señalen las partes, tanto en el cuerpo como en el papel, podemos empezar a trabajar la comprensión de las emociones. Es recomendable empezar por las tres básicas: contento, enfadado y triste. Más adelante ya iremos ampliando. Como siempre, lo primero es experiméntarlo en el propio cuerpo. Para ello es importante aprovechar todas las situaciones cotidianas que se puedan dar en casa, en el parque o en la calle. Cuando el niño o la niña muestre, de forma espontánea, alguna de estas emociones, nosotros le pondremos nombre a esa emoción. ¡Guau, estás contento!, ¡Eso es que estás enfadado!, etc. Nunca se debe menospreciar ninguna emoción y mucho menos decir que se es feo por estar enfadado. Tienen derecho a enfadarse, como todos. Aunque lo mejor es experimentarlo en el propio cuerpo, también es importante expresarles cuando alguien de su alrededor está mostrando una de estas emociones. A parte, podemos trabajar con imágenes de otras personas, como os muestro a continuación:
Para los más mayores, podemos usar otros ejercicios más adecuados a su edad, que, además de ser divertidos, dan mucho juego. La primera batería de ejemplos es sobre los cómics. Trabajar sobre qué piensan ellos, qué diría cada personaje e ir escribiéndolo. Podéis dejarles toda la responsabilidad a ellos; y que pongan voz a todos los personajes o, ponérselo un poco más difícil, y escoger vosotros un personaje y ellos otro. De esta manera podéis jugar e ir complicando más o menos las conversaciones.
También podemos trabajar con un viejo conocido, La Rue 13 del Percebe, aquí os dejo un ejemplo:
Por último, os quiero mostrar unas fotografías donde tienen que explicar que le pasa al protagonista. ¡Obviamente, tienen truco! ¡He recortado la imagen para que solo se vea una parte de ella, así es más divertido! A ver qué os parece.
¡Recordad! La Teoría de la Mente, así como las Habilidades Sociales, siempre es mejor trabajarlas en primera persona y rodeados de personas. Pero teniendo en cuenta este confinamiento, o días lluviosos que no sepáis qué hacer, podéis echar mano de estas actividades.
Espero que estas ideas os hayan gustado y las pongáis en práctica con vuestras hijas e hijos. Os dejo manuales y libros muy interesantes donde podéis seguir leyendo información muy útil sobre la Teoría de la Mente.