Encontrar nuestro propósito en la vida se encuentra vinculado al sentido que le damos a la vida que vivimos, relacionándolo con preguntas como:
¿Para que vine a este mundo? ¿Para qué hago lo que estoy haciendo?
Cuando tenemos un “para qué”, nuestra brújula interior nos orienta con claridad, en ese laberinto que es la vida, y todas nuestras acciones van acortando la distancia hacia nuestros objetivos, y todas ellas siempre en sintonía con nuestro propósito. El propósito en la vida no debe ser confundido con un objetivo o una meta, ya que es algo mucho más ambicioso y debe estar alineado con nuestros valores, que son los que determinan nuestra esencia y autenticidad. Nuestros valores nos permiten comprender que somos únicos en este mundo, nos ayudan a tomar decisiones y a seguir la dirección hacia nuestra mejor versión. Nuestros valores nos dan el coraje necesario para superar obstáculos y alcanzar nuestros objetivos de vida, nos proveen de las fuerzas que nos ayudan a vivir una vida con sentido y cumplir nuestro propósito.
Cuando no estamos alineados con nuestro propósito, parece que nada de lo que hacemos tiene sentido, vivimos en la insuficiencia de sentirnos permanentemente insatisfechos, frustrados y enojados. Y es por esta razón, que nuestro propósito debe estar alineado con nuestra vida profesional, ya que ella también es parte fundamental de nuestra vida personal. La vida no diferencia, los objetivos personales y profesionales; ya que todos los objetivos que nos fijemos estarán alcanzados por factores personales y profesionales. El fracaso muchas veces es consecuencia de querer establecer esta diferencia y no mezclar. No podemos quedarnos en la idea de que, para conseguir objetivos profesionales nuestra vida personal no deberá involucrarse, ya que en ocasiones surgirán necesidades (de tiempo, motivación, entusiasmo, contención, etc.) que deberán ser proporcionadas por nuestra vida personal.
Llevar adelante una actividad que este en sincronía con aquello que nos genere pasión, es el camino hacia la verdadera felicidad; aquella felicidad que no representa el goce de los sentidos, sino el gozo del corazón. Pero debemos tomar conciencia, que un propósito debe estar relacionado con un compromiso con uno mismo para ser una mejor persona, ser un mejor profesional, realizarse haciendo lo que nos gusta, ayudar a nuestro prójimo, disfrutar de tiempo con nuestros afectos, en tener la vida que deseamos y nos merecemos.
Alinear nuestra vida con nuestro propósito, nos deparara una vida plena, permitiendo que nuestros objetivos personales y profesionales resulten más alcanzables; ya que, de lo contario por mucho que nos esforcemos y trabajemos, y que lo que hagamos pueda resultarnos apropiado, no nos sentiremos realizados.
“El secreto de la existencia humana no sólo está en vivir, sino también en saber para qué se vive.”
Fiódor DOSTOYEVSKI
Lic. Santiago B. PALUMBO