Señor, en el silencio de este día que nace, vengo a pedirte: paz sabiduría y fuerza. Sabiduría para conocerte, entendimiento para comprenderte ciencia para descubrirte, consejo para distinguir entre el bien y el mal, fortaleza para resistir al mal y obrar el bien piedad para encontrarte en mí como Padre y en los que me rodean como hermanos, y temor de Dios, para amarte, respetarte y servirte, por tu gran bondad.
Hoy quiero mirar el mundo con ojos llenos de amor. Quiero ser paciente, comprensivo, humilde, suave y bueno. Permite que yo entienda la pobreza de Espíritu, para necesitar siempre de Ti; que desee ser misericordioso para alcanzar la misericordia tuya; que aprenda a ser manso para hallar la tranquilidad en el obrar y heredar la tierra prometida; haz que con esfuerzo logre mis metas y sienta la satisfacción y tu consuelo; regálame un corazón limpio para que pueda verte; que trabaje por la paz y así ser llamado hijo tuyo; que consiga la felicidad de tu Reino porque me esfuerzo para lograr la justicia; que yo difunda tu Evangelio a pesar de la incomprensión, la persecución y el mal trato, porque estoy seguro que de Ti recibiré el premio.
Quiero ver detrás de cada persona a tus hijos como los ves Tú mismo, para así apreciar la bondad que hay en cada uno de ellos; cierra mis oídos a toda murmuración, guarda mi lengua de toda mala expresión; que sólo los buenos pensamientos permanezcan en mí, revísteme de tu bondad y haz que durante este día yo te refleje.
Amén.
Señor Dios nuestro:
Haz que el clamor de tu voz
Llegue a muchos; que se
Levanten y vivan unidos en ti.
Prepara sus corazones con tu palabra,
De modo que se disponga
A evangelizar a los pobres
Y a cuidar de tu mies abundante.
Señor, que todos los llamados
A la vida Agustino-Recoleta
Escuchen tu voz y puedan
Cumplir tu voluntad.
Amén.
A ti Jesucristo quiero hablarte hoy: a ti que me amas con un amor como ningún otro hay en el mundo…
A ti quiero alabarte por el amor con que siento me amas de manera real y viva en la Sagrada Eucaristía…
Gracias por mi vida, regalo maravilloso…
Gracias por mi familia, mis padres y hermanos…
Gracias por mis amigos, tesoro inapreciable y hermoso…
Gracias por este mundo lleno de vida y alegría que me regalas para que viva en él y alcance la feliz realización personal y comunitaria.
A ti quiero pedirte la gracia de Espíritu Santo, para que, fortalecido, sea testimonio de tu amor…
Concédeme decir, “No al pecado”: no al egoísmo, no a la mentira, no a la hipocresía, no al odio y a la falsedad…
Concédeme misericordia con aquellos jóvenes que sufren la esclavitud del pecado: droga, prostitución, alcoholismo, narcotráfico, guerrilla… aquellos que han formado un hogar sin la madurez necesaria y que están destinados al fracaso…
Concédeme sembrar en mi y en ellos la semilla del amor, la esperanza y la fe, para que esos corazones rotos por el dolor que causa el pecado, encuentren en ti EL CAMINO, LA VEDAD Y LA VIDA.
Concédeme un corazón grande para amar “COMO TU AMAS” …
Concédeme un corazón misericordioso para perdonar “COMO TU ME PERDONAS” …
Concédeme un corazón que comprenda “COMO TU ME COMPRENDES” …
Concédeme un corazón que sirva “COMO TU ME SIRVES” …
Concédeme un corazón que sea hermano de todos, así como tu que “TE HICISTE HERMANO DE TODOS AL MORIR EN LA CRUZ” …
Concédeme darte gracias, por el amor con que tú me amas, lléname de tu Espíritu Santo, y hazme fuerte para gritar al mundo: “ES POSIBLE LA PAZ Y EL AMOR ENTRE LOS HOMBRES PORQUE JESÚS ESTÁ VIVO EN MEDIO DE NOSOTROS”.
Amén.
Dios creador de todas las cosas,
rey de los cielos que revistes
el día de tu luz esplendorosa,
la noche de las gracias del sueño,
para que el descanso nos conforte,
y devuelva nuestros miembros al trabajo,
alivia nuestros corazones fatigados,
por fin a nuestras penas angustiosas.
Nuestros corazones te alaban,
el canto de nuestro himno te da gracias
por este día ya terminado.
Y los que duermen sueñan contigo.
Rogamos a Cristo y al Padre
y al Espíritu de Cristo y del Padre,
único poder en todo.
Apoya al que te pide, Trinidad.
(San Ambrosio de Milán)
El mismo san Agustín será una persona que en su práctica pastoral manifestará la misericordia, tanto personalmente, dando a los pobres lo que puede y tiene, como por medio de dos instituciones episcopales en su diócesis de Hipona, como fueron la matricula pauperum (ep. 20*, 2) y el xenodochium (s. 356, 10). La primera era una lista de las personas o familias más pobres, a las que se socorría periódicamente con los alimentos y elementos necesarios. El xenodochium era un albergue en donde se ayudará a los extranjeros, peregrinos, pobres y necesitados de la diócesis de Hipona.
Y este ejemplo de misericordia de su Pastor llevó al pueblo fiel de Hipona a imitar su comportamiento, de modo que en una ocasión en la que san Agustín estaba ausente, los mismos laicos reunieron una fuerte cantidad de dinero para rescatar a más de 200 personas que habían sido secuestrados y eran llevados para ser vendidos como esclavos. El ejemplo de la misericordia de Dios y de Cristo había movido a Agustín a ser misericordioso, y su mismo ejemplo personal movió a sus fieles a imitar sus acciones. Obviamente, cuando tuvo conocimiento del hecho, el Santo no pudo sino alabar la fe y la misericordia de sus fieles (ep. 10*, 7).
En un mundo sin misericordia como el nuestro, el poder rescatar la misericordia en su sentido más evangélico y agustiniano, será sin duda una alternativa y solución a muchos de los problemas que aquejan hoy a la humanidad, particularmente el de la falta de valores y de corazón en el mundo.