Salimos de Úbeda a las 5 de la madrugada en autobús. En Málaga cogimos el avión que nos dejó en Berlín y desde la estación central, cogimos un tren que nos llevó en dos horas a Hannover. Un viaje cansado pero que mereció la pena por la alegría del reencuentro.
Fuimos muy bien recibidas por las familias. En el instituto, la directora del centro nos dirigió unas palabras e inmediatemente nos pusimos a trabajar. Había mucho que hacer