Werian no quiso seguir mirando y apartó la vista para observar si estaba alguno de los muchachos; pero no, no había nadie. El columpio estaba roto, y la brillante cuerda que lo sostenía, rasgada. Se puso muy, muy triste… pero aún así siguió mirando, con la esperanza de encontrar algo positivo: el jardín, no tenía ni una flor y el jardinero parecía no estar trabajando. Ella, miró al cielo, seguro que encontraba el bello azul brillante… pero, asombrada, vio un grisáceo en el cielo, acompañado por unos helicópteros y aviones a los que subía gente con la cara totalmente tapada por un pasamontañas.