El efecto Matilda: Secuelas de un pasado que desconoció a las mujeres inventoras y sesgos de un presente que exige cambios
Escrito por: Liz Cachi Delgado
Escrito por: Liz Cachi Delgado
«El porvenir de la sociedad [...] se halla en manos de la mujer, y ella será el agente de la revolución moral que hace tiempo empezó y que aún no ha concluido.» (como se citó en Acosta, s/f)
En los últimos años, se ha hecho bastante conocida la lucha de las mujeres en pro del reconocimiento tanto de sus derechos así como del importante rol que desempeñan en la sociedad. De hecho, probablemente la mayoría de personas que esté leyendo esto sepa sobre la desigualdad imperante aún en sociedades contemporáneas y desarrolladas que, en teoría, deberían ser las que más cerca estén de alcanzar el estatus de “sociedad ideal” o, en otras palabras, sociedad igualitaria, autónoma y libre. Estando así las cosas, seguramente resulte interesante saber por qué, pese a todo lo que las mujeres han logrado, seguimos, como sociedad, estando lejos de la meta. Es claro que ello deriva en más de una respuesta; sin embargo, en este artículo hago especial hincapié en una razón que puede ser desconocida para muchos y que engloba dos términos: el denominado “efecto Matilda” y el “bropropriating” (el segundo derivado del primero).
En primer lugar, por allá por el año 1993, la historiadora Margaret W. Rossiter acuñó, por primera vez, el término “efecto Matilda” el cual sería concebido como una manifestación femenina del conocido “efecto Mateo”, que se basaba en que un autor o inventor que ya había forjado cierta reputación siempre obtendrá más reconocimiento y fama que otro independientemente de la calidad e importancia de su trabajo. Lo cual, claro está, impedía que aquellos nuevos autores e inventores obtengan un merecido reconocimiento y hasta sean infravalorados por más innovador e invaluable que haya sido su aporte (Garrido, 2020).
Así pues, Rossiter se encargó de otorgarle al efecto Mateo una perspectiva de género y acuñando el término de efecto Matilda se encargó de limitar y trasladar la problemática englobada en el efecto Mateo a “la situación de invisibilidad histórica de las científicas” (Garrido, 2020). De esta manera, se puede afirmar que el efecto Matilda hace referencia a “la insuficiente valoración que sistemáticamente se hace de las mujeres en el campo científico, y al escaso reconocimiento a sus contribuciones académicas” (Saborit et al, 2022). Es decir, pone de manifiesto que era el propio sistema social el que se encargaba de invisibilizar el trabajo de las mujeres. Y es que fue este término el que permitió englobar el fenómeno por el cual tanto las mujeres como sus distintos aportes, sobre todo de carácter científico, eran acreditados a hombres o, en su defecto, eran dejados de lado (Saborit et al, 2022).
Ahora bien, la pregunta que surge es ¿por qué Matilda? y la respuesta nos permite remitirnos al nombre de Matilda Joslyn Gage (1826-1898), mujer que además de ser una incesante defensora de la libertad, también fue “filántropa, periodista, activista de los derechos civiles y de los derechos de las mujeres estadounidenses” (Saborit et al, 2022). En efecto, en 1883, se encargaría de publicar un trabajo titulado Woman as an Inventor en el cual recogía una ferviente y clara protesta en contra de “la creencia generalizada de que la escasez de mujeres inventoras se debía a la falta de genio” (Garrido, 2020).
Ahora bien, hablamos de secuelas porque a lo largo de la historia ha sido, precisamente, esta invisibilización que han padecido las mujeres lo que ha derivado en la permanencia de su subordinación frente a los hombres, en tanto todo parece indicar que ellas han sido las que siempre han sufrido un trato desigual en las diferentes actividades en las que se desempeñaban, llegando incluso a ser desvaloradas socialmente (Ipiña, 2020). En ese sentido, el efecto Matilda no solo se hace evidente en las distintas disciplinas, sino que también facilita la tarea de identificar la “discriminación sufrida por las mujeres en su ámbito laboral y refleja la negación de sus aportaciones por parte de grupos patriarcales privilegiados” (Ipiña, 2020).
Y es que la sociedad patriarcal se ha encargado no solo de subestimarlas y relegarlas, sino que ha tratado por todos los medios de encasillarlas, primero, como “objetos y propiedad de padres y esposos” (Ipiña, 2020) y, para mantener dicha posición, optó por negarles el derecho a la educación y evitar que intervengan en aquellos oficios para los cuales “aparentemente” no eran aptas (Ipiña, 2020). Además, a aquellas mujeres que intentaron e incluso pudieron romper con este paradigma se las menospreció, permitiendo que sus avances y trabajos terminen o bien siendo robados o bien en el olvido (Ipiña, 2020), pues, como sabemos, a la sociedad patriarcal nunca le han agradado las “mujeres rebeldes”.
Así pues, el efecto Matilda resalta esta situación y permite analizar y dar cuenta de que existen vastos referentes históricos que “no muestran las aportaciones de las mujeres en diversas disciplinas o eventos” (Ipiña, 2020), pues durante bastante tiempo “fueron los esposos, jefes y encargados, los beneficiarios de estos créditos” (Ipiña, 2020). Teniendo ello en consideración, es sencillo inferir que todos estos acontecimientos fueron primordiales para poder impedir el adecuado reconocimiento de las mujeres como seres igual de capaces que los hombres. Y todo ello trajo consigo secuelas que hasta el día de hoy ponen resistencia a su eventual erradicación.
Un ejemplo de ello es un reciente estudio desarrollado en Estados Unidos llamado Try to picture a scientist! (sabemos que en inglés la morfología de la palabra “scientist” no tiene un género), que tenía como participantes a jóvenes escolares. Y se llegó a la conclusión de que los participantes dibujaban siempre a un hombre (científico), algo que se tuvo que resaltar “ya que cuando se piensa en un genio de la ciencia, se alude a la imagen de un hombre” (Garrido, 2020), y esa imagen era la que se reflejaba en la mente de aquellos escolares, después de todo, “esas son las imágenes mayoritarias que nos han llegado a lo largo de la historia de la ciencia” (Garrido, 2020).
De hecho, considero que este pequeño estudio nos ayuda a dar respuesta a la ya conocida pregunta de ¿qué hubiese pasado si Einstein hubiera sido mujer? Pues la respuesta es que muy probablemente no habríamos tenido conocimiento de su existencia, puesto que sus méritos y famosos descubrimientos hubieran sido acreditados a uno de sus compañeros hombres por más mínima o nula que haya sido su participación en ellos (La Vanguardia, 2022).
Ahora bien, estimo que un ejemplo que puede resumir lo señalado hasta el momento, así como representar las secuelas del efecto Matilda son los famosos Premios Nobel, es decir, estos galardones internacionales con los que se condecora a las personas o instituciones que hayan realizado significativas labores, investigaciones, contribuciones o descubrimientos en favor de la humanidad (CNN, 2020). Y es que los últimos datos recogidos muestran “las diferencias aún existentes relacionadas con la percepción del trabajo realizado por mujeres y hombres” (Saborit et al, 2022). Pues si hacemos un recuento de todas las personas que alguna vez fueron laureadas con este reconocido galardón desde el año de su creación en 1901 hasta el año 2019, nos da un total de 950 personas de entre las cuales solo hay 52 mujeres, sin contar a Marie Curie que fue condecorada dos veces (Saborit et al, 2022). “Esto denota que solo el 5,6 % de los Premios Nobel han sido dirigidos a reconocer el trabajo de alguna mujer, muchas de las cuales han sido víctimas del efecto Matilda” (Saborit et al, 2022).
En segundo lugar, y en relación a lo anterior, toda vez que es expresión derivada del denominado efecto Matilda, aparece el término de “bropropriating” término inglés que ya no hace tanto énfasis en la ciencia, sino más bien al ámbito de las relaciones laborales aunque no es excluyente respecto a otras áreas como el arte o la literatura, y se utiliza para describir la situación en la que un hombre se apropia de la idea o el trabajo de una mujer llevándose por ello el mérito (Rebelión Feminista, s/f).
Además, y ya que han sido bastantes los casos en los que un hombre, dolosamente, ha presentado la idea de una mujer como suya, esta práctica se ha extendido de tal manera que el bropropriating se configura en situaciones bastante cotidianas y complicadas de percibir en tanto se reflejan como micromachismos (Rebelión Feminista, s/f). Y es que la manera en cómo está estructurada la sociedad permite que los hombres reproduzcan continuamente este tipo de comportamientos que vienen de antaño y que recién en la actualidad han podido ser evidenciados y definidos con una palabra (Rebelión Feminista, s/f).
Sin embargo, ello solo ha servido para poner de manifiesto que la mayoría de estas conductas están prácticamente naturalizadas por la sociedad androcéntrica en la que miles de mujeres se desenvuelven. Pues las bases que sostienen este actuar es más cultural que individual cuyos efectos no son tanto a corto plazo, sino a largo plazo (Rebelión Feminista, s/f). Como se ha evidenciado en el estudio estadounidense de Try to picture a scientist! en el que la mente de los escolares tiene a un hombre como el arquetipo de un científico e incluso puede que de otras profesiones en detrimento de las mujeres que, como bien se sabe, también pueden desempeñar estos roles. Afectando así la manera de “cómo entendemos los logros de las mujeres a lo largo de la historia, restándoles o directamente negándoles el crédito y reconocimiento por sus logros” (Rebelión Feminista, s/f) .
Ahora bien, hablamos de sesgos porque lamentablemente, es poca la presencia de las mujeres en gran parte de los ámbitos públicos, sobre todo en ámbitos en los que se resalta y premia el conocimiento, y ello no obedece fundamentalmente a una falta de capacidad, sino a las barreras patriarcales que impiden que las mujeres puedan ocupar estos espacios o ser reconocidas por su trabajo y por sus logros. Es por ello que la historia de las distintas disciplinas, empezando por la ciencia, tiene la importante tarea de reescribirse “de acuerdo con la realidad cambiante” (Saborit et al, 2022). Y es que puede que nuestro presente todavía se encuentre sesgado en cuestiones de género, pero también es verdad que existen circunstancias que nos obligan a replantear creencias y proponer cambios, entre los cuales, claro está, se encuentra el de dejar de lado el sexismo y empezar a otorgar a las mujeres el papel protagónico que siempre han merecido.
En conclusión, tanto el efecto Matilda como el más reciente término bropropriating nos permiten resaltar lo imprescindible que es “reconocer y aceptar que las mujeres han sufrido una discriminación sistemática en la ciencia, para que la historia se escriba correctamente” (Mujeres con ciencia, 2014). Sin lugar a dudas, la historia de la ciencia, el arte, la literatura y en general de todas las disciplinas debe encargarse de recopilar todo tipo de aportaciones y debe asegurarse de resaltar los nombres en dichos aportes con imparcialidad, es decir, reconociendo el trabajo tanto de hombres como de mujeres, y ello se logra empezando por reivindicar a todas aquellas Matildas que hemos tenido a lo largo de la historia, dejando de lado el sesgo de género que engloba nuestro presente y con la premisa de que el talento no tiene género.
Referencias Bibliográficas
(1) Acosta, S. (s. f.). La mujer en la sociedad moderna. Fundación Carlos Slim. Recuperado 13 de agosto de 2022, de https://cdn.pruebat.org/recursos/recursos/libros/pdf/la-mujer-en-la-sociedad-moderna.pdf
( 2) Bropropiating. (s. f.). Rebelión Feminista. Recuperado 13 de agosto de 2022, de https://rebelionfeminista.org/2019/01/04/bropropiating/
( 3)El ‘efecto Matilda’ y los hombres que invisibilizaban a las mujeres. (2022). La Vanguardia. Recuperado 13 de agosto de 2022, de https://www.lavanguardia.com/vida/formacion/20220308/8108033/efecto-matilda-hombres-invisibilizan-mujeres-cientificas.html
(4) Garrido, E. (2020). El efecto Matilda en la galería. Mujeres en los museos de historia de la ciencia. Academia. Recuperado 13 de agosto de 2022, de
(5) Ipiña, O. (2020). El efecto matilda y su repercusión en las arquitectas del siglo XXI. ULA, 1(5), 16–19. http://portaldeinvestigacion.ula.edu.mx/investigacion/images/pdf/2020/REVISTA-ULA-vol.-5.pdf#page=17
(6) Lo que debes saber sobre los Premios Nobel. (2020, 5 octubre). CNN. Recuperado 13 de agosto de 2022, de https://cnnespanol.cnn.com/2020/10/05/lo-que-debes-saber-sobre-los-premios-nobel/
(7) Mujer, ciencia y discriminación: del efecto Mateo a Matilda. (2014, 17 noviembre). Mujeres con ciencia. Recuperado 13 de agosto de 2022, de https://mujeresconciencia.com/2014/11/17/mujer-ciencia-y-discriminacion-del-efecto-mateo-matilda/
( 8) Saborit, A., Morales, M., Macola, D., & Vera, L. (2022). El sexismo en la historia de las ciencias: efecto Matilda. Revista Médica Electrónica, 44(4), 1–11. http://www.revmedicaelectronica.sld.cu/index.php/rme/article/view/4581/pdf