Ser voluntaria es acompañar, aprender y ser parte de, esta experiencia cambió completamente mi forma de vivir y ver la vida, cada persona deja una enseñanza en nosotros, podemos aprender de manera empática el camino que han recorrido, las vivencias y llevar el mensaje de que una vida digna, segura y en paz es para todos
Sin duda ser voluntaria en esta organización ha marcado un antes y un después en mi formación como persona y como profesionista.
Ser voluntario para mi significa ser valiente, verte en el espejo de los demás y saber que todos estamos librando batallas que sólo el amor y la empatía pueden aliviar.
Ser voluntaria es la forma más bonita de estar viva; es amor, aprendizaje, retos, diversión. Es contribuir a un mundo mejor, creer en el cambio y ser parte de él.
Ser voluntario es tener el privilegio de aprender y compartir con otras personas, que se vuelven parte de tu familia elegida, con mucho cariño, admiración y confianza.
Ser voluntaria me enseñó a caminar con empatía, a escuchar con el corazón y a mirar con el alma. Aprendí a compartir esperanza y estar presente cuando las palabras no bastan. Ser voluntaria en Casa del Migrante Saltillo me recordó la importancia de crear espacios seguros y con dignidad para las personas.
Ser voluntario cambió mi vida. Me enseñó que la fuerza y el amor se presentan de diferentes formas y nos ayudan a salir adelante. Entendí que los actos sencillos y cotidianos de amor y ayuda son los que nos dan la fuerza para seguir y hacer un cambio en el mundo.
Ser voluntaria me enseñó hasta dónde puede llegar una persona cuando decide cambiar el mundo.
Después de acompañar personas en movilidad no hay marcha atrás. La experiencia de ser voluntaria me enraizó a las muchas luchas por mundos distintos.
Estar en este proyecto me abrió la posibilidad de acompañar espacios de solidaridad, reconocimiento y memoria colectiva que re construyeron el sentido que había perdido entre tanta violencia