Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 12 de septiembre del 2024
Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 12 de septiembre del 2024
Una llamada entrante en el celular de Chan a tu nombre, él chasqueó la lengua, sabía lo que era, no quería tomarla. Pero respiró profundo y lo hizo, cerró sus ojos al responder mientras se acomodaba en el asiento de su auto.
Tú: ¿Eso es todo lo que quieres? –Chan contiene el aliento y suelta un largo suspiro en el silencio tenso al otro lado de la llamada–. Llego del trabajo y me recibe… Channie, no puedes hacerme esto.
Chan: Es que… es lo correcto. Lo siento. –Un hipido salió de ti y él apretó sus ojos junto a su mandíbula. Tenía que ser fuerte, tenía que soportar el dolor en su pecho. Tu sollozo lo lastimaba–. Lo siento, lo siento tanto.
Tú: Te entregué hasta lo que no tenía… Mi juventud, mi amor, mis sueños, mi consuelos, mi piel, todo te lo di. Te di hasta lo que tú mismo no podías darte. *Respiraste con la voz temblorosa por el llanto* Te completé con mis pedazos… Y ahora me dejas… ¿Rota?
Quitó el celular de su oreja y con la vista nublada buscó colgar, tragó el nudo en su garganta y solo así soltó el jadeo lastimero que estaba conteniendo por aquellos segundos. Se sostuvo del timón con ambas manos, dejando caer el celular al piso del auto, este cayendo junto con sus lágrimas.
Sentado en aquel asiento de copiloto, la lluvia empezó a caer al igual que las lágrimas de Bang Chan. Él miraba el limpiavidrios moverse de un lado a otro, apartando el agua una y otra vez de la visión. No sabía cuanto tiempo tenía allí, pero tras la llamada sabía que era un completo idiota. Primero por pedirte el divorcio y, segundo, ser tan cobarde para irse de la casa y no verte cara a cara cuando lo leyeras.
Recuerdos de ustedes dos lo hacían meditar profundamente. Cuando recibieron aquel resultado de que no podías tener hijos, Chan sintió que su deseo futuro por tener una familia se desboronaba de golpe. Ahora tendría que empezar de cero con otra persona y así cumplir aquel capricho. Pero…
Pero no serías tú. Él siempre te vio a ti junto a él, cargando a un pequeño bebé y sonriéndose enamorados, quizás un segundo y luego un tercero. ¿Y ahora? Todo era muy incierto.
“Te completé con mis pedazos… Y ahora me dejas… ¿Rota?”
Sintió que su corazón recibió una maldita puñalada en el mismo centro. ¿Qué mierda le pasaba? ¿Qué estaba haciendo? Era un imbécil, un completo imbécil. Encendió el auto y las luces delantera para iluminar el parqueo en el que estaba estacionado. Salió con dirección a su cara. A la casa de ambos. A su nido de amor.
Parqueó mal frente a la casa, incluso dejó el motor encendido. Su respiración era bocal mientras buscaba entorpecido la llave de la casa en sus bolsillos. Tenía que entrar, tenía que verte. Rápido, tenía que hacerlo rápido.
Tras encontrarla entró a la casa, todo oscuro alrededor, pero distinguiéndose un leve murmullo de llanto desde la habitación. Él fue directo hacia allá y, tan pronto como abrió la puerta, lo primero que le recibió fue una bofetada en la cara.
Tú: ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Dijiste que no te importaba tener hijos! ¡Me mentiste! Eres un mentiroso… Me mentiste para luego dejarme sola… –Gritaste con rabia y lágrima en los ojos, él intentó acercarse, pero te alejaste hacia la cama–. Te odio tanto, Christopher… Y odio tanto el no poder odiarte como quisiera porque mi amor por ti no me deja.
Chan: Lo sé… –Agachó la mirada–. Mi deseo egoísta y cobardía no me dejaron ver lo que tenía en el presente. Anhelaba tanto el futuro que creo que perdí todo lo que habíamos pasado juntos. –Caminó hacia ti, tú cubriste tu cara al sentarte en la cama, tu llanto no cesaba, él se agachó lentamente para colocar su cabeza en tu muslos y acariciar estos con su mano–. Lo siento. Soy un idiota. Solo… Solo olvidemos esto, ¿sí? No puedo dejar a mi vida… dejarte sería sinónimo de morir en soledad.
Él no te miraba, lo evitaba a toda costa en aquella mesa de hotel. Se suponía que en algún punto de la relación se dieron cuenta que no eran compatibles, que aquello fue algo pasajero, que solo era personas que se agradaban mucho, se tenían estima, no era amor, o eso se decía Minho.
Tú veías el papel en tus dedos con la cara neutra, viendo en grande al principio de la hoja como decía: “Petición de divorcio”, ya firmada por él en la segunda hoja.
Minho: Mientras más lo pienses… –Levantaste tu mirada, notando su perfil–. Mientras más lo pienses, peor será.
Tú: ¿Esto es lo que quieres? –Silencio–. Gatito…
Minho: Solo fírmalo, por favor. –Susurró cerrando sus ojos y luego lanzando su cabeza lentamente hacia adelante para pasar su mano por su cara–. Ya esto es insalvable.
Tú: ¿Insalvable? –La primera lágrima corrió por tu mejilla cuando él te miró a través de sus dedos, con aquella lejanía que no acostumbraba–. ¿Qué hice mal?
Minho: Es mejor dejar esto mientras siga siendo bonito. No quiero pelear, no quiero dolor, quiero tenerte en mi mente como los has sido hasta ahora, como la mujer más dulce y cariñosa… *Negó con su cabeza y suspiró frustrado para susurrar en un hilo de voz* Solo firma.
Minho miró como tomabas las hojas para romperlas, con tus ojos llenos de lágrimas fijos en él. Poco a poco los pedazos de hojas caían en la mesa, él con su vista fija en como estos se reunían debajo de tus manos para ser ahora un cúmulo de basura. No dijo nada, todo era silencio mientras el bullicio de alrededor los rodeaba sin saber exactamente lo que pasaba alrededor de ustedes.
Tú: No. No firmaré. No lo haré si no hay una razón valida para hacerlo. No lo haré solo porque… –Miraste a otro lado, buscando una excusa y luego reíste con veneno sin encontrar nada que decir, volviendo a verlo con incredulidad–. Ni siquiera me imagino un porqué, Minho.
Minho: No lo entenderías si te lo digo. –Murmuró para sí mismo, sin levantar la vista, pero lograste escucharlo, frunciste el ceño.
Tú: Si no me lo explicas, jamás lo entendería. –Ahora sí se levantó su cara, pero parecía tener un conflicto interno, parecía querer decirte todo lo que escondía aquel divorcio, pero a su vez, todo se mantenía bajo llave de una manera que ni siquiera él podría descifrar–. Minho…
Minho: Yo… –Cerró sus ojos y negó con la cabeza para exhalar–. Yo imprimiré otro contrato. Lo siento, pero esto es lo que tiene que suceder.
Y con eso, se puso de pie para caminar lejos de la mesa, siendo seguido por tu mirada devastada. Boquiabierta y aún más confundida de lo que estabas antes.
¿Tu esposo creía que firmarías aquel papel como si nada? Si de verdad lo pensaba podrías decir que no te conocía del todo. Algo te decía que él tenía algo entre manos, algo lo empujaba a pedirte el divorcio por encima de tus sentimientos y los de él, por que sí, podías saberlo con ver sus ojos.
Lo seguiste por varias horas en el día siguiente. Él a su trabajo y luego de varias horas notaste que salió de su trabajo en la hora de almuerzo. Encontrándose con otro hombre que te parecía muy familiar, luego de varios segundos soltaste el aliento por la sorpresa para salir de tu escondite.
Tú: ¿Minho…? –El mencionado se asusta con tu voz y se da la vuelta para encontrarte–. ¿Papá? –El aludido tragó grueso al chocar la vista contigo–. ¿Qué hacen los dos aquí?
Ambos tardaron varios segundos en emitir una palabra, luego de un largo rato Minho se atrevió a hacerlo para mirarte de frente.
Minho: Cariño, escucha… Tu padre… él nunca quiso que estuviéramos juntos, lo sabes, ¿no? –No afirmaste, solo miraste a tu progenitor con duda y este volteó la mirada, Minho iba a volver a hablar, pero lo interrumpiste.
Tú: ¿Él te pidió que te divorciaras… de mí? –La rabia subiendo cuando tus ojos iban de un hombre al otro–. ¿Prefieres ver a tu hija, llorando y sufriendo por el hombre que ama, con tal de que no esté con el que no quieres? –Cuando te devolvió la mirada en silencio, apretaste los dientes–. ¡Eres un imbécil, papá!
Changbin temblaba en su lugar, sus brazos posicionados en la isla de la cocina, intentando cerrar sus oídos lo más posible dentro de su mente para no escuchar todo lo que le gritabas atrás de él. Tú rompías todo en la casa, a los gritos, con llanto, con rabia. Tomaste el papel destruido del piso, aquel que él te entregó y acordaba el fin de su matrimonio luego de que tú firmaras. Lo rompiste en pedazos más pequeño.
Tú: ¡Eres un maldito! Eso es lo que eres. –El jarrón voló a la pared más cercana a él, Changbin se removió un poco por el susto de la cerámica rompiéndose, mas no quitó.
Changbin: Lo siento… –Solo atinó a susurrar–. No quiero que lo entiendas, solo quiero ayudarte a…
Tú: ¡No! –Gritaste, y él calló al instante, esta vez inclinándose sobre la isla de la cocina para acariciar su cara sin saber qué sentir exactamente–. Todo lo que hicimos, lo que construimos, tu imperio, mi vida, nuestro amor… Dímelo. Dime que eso no fue nada para ti. –Cuando solo obtuviste silencio, buscaste el papel del divorcio de nuevo y recogiste los pedazos con rabia para hacerlo bola y lanzárselo, este disipándose en el aire antes de llegar a él–. ¡Seo Changbin! ¡Dime por qué me dejaste de amar! –Sollozas levemente y respiras profundo–. Lo mínimo que merezco… es una explicación…
Luego de tus palabras, al fin Changbin se volteó y te dio el frente para darte la explicación que tanto querías. Tu cara estaba roja y el maquillaje desparramado por toda la cara, pero a él no le importó eso, se enfocó en caminar entre los pedazos rotos de la casa y pasar por tu lado hasta llegar al salón principal. Allí Changbin se sentó en el sofá y esperó a que tú también lo hicieras tras unos segundos de silencio.
Changbin: No te he dejado de amar, puedes estar tranquila por ese lado. –Comenzó, agachando su mirada a la mesita central cuando tus cejas se hundieron–. Pero es hora de que sepas mi verdad, ¿de acuerdo? –Cuando él dijo eso, sus ojos se clavaron en los tuyos.
Tú: Sí… Te escucho.
Changbin: Sé de tu deseo, cariño. –Ahora sí te quedas pasmada, tu respiración se entrecorta e intentas preguntarle de lo que habla, pero él no te lo permite–. Ya no tienes que mentir, sé perfectamente que lo dejaste de lado por mí y lo escondiste para no hacerme sentir mal y… para poder casarte conmigo.
Tú: Binnie…
Changbin: Escúchame antes de que digas algo más. –Se giró hacia ti y tomó tus manos, tragando grueso en un intento de calmarse lo mejor posible–. Te he visto a escondidas llorar por ello, te he escuchado murmurarlo entre sueños y… Lo siento, pero no puedo hacerlo. No puedo permitir que la mujer que amo… –su voz de quiebra lentamente– …sufra a mi lado, cuando ella quiere ser libre, ¿me entiendes?
Aquella conversación fue la más larga y dolorosa que tuvieron tras cinco años de matrimonio. Changbin supo desde un inicio lo tanto que te perturbaba su vida de artista, fingiste todo lo posible para no dejar ver lo tanto que te afectaba el siempre estar con él en grandes eventos, no podías seguirle el ritmo, no había un día de descanso ni para él ni para ti. Tú solo querías volver a tu país, vivir entre la libertad de los campos, reír sin preocupaciones, solo existir y seguir tu vida.
Pero amabas a Changbin. Decidiste sacrificar tu libertad por el amor que le tenías. Y sabías que él no podría cumplirlo. Él amaba cantar, ser famoso, tener fans, el glamour, el viajar. Ambos se adoraban, pero sus estilos de vidas eran totalmente contradictorios.
Por lo que el consenso por parte de ambos fue el siguiente: No, no habría divorcio. Changbin se precipitó con tal de verte feliz. Pero no estaría juntos, por lo menos no siempre. Tú volverías a tu campo, al lugar que tanto amabas, portando el anillo Seo en tu dedo anular. Él te visitaría cuando estuviera de vacaciones, días libres, cuando quisiera y pudiera, y estando juntos se amarían tanto como un hombre ama a su esposa.
Él seguiría siendo idol, tú seguirías siendo libre. Juntos, pero a distancia. Amándose con la misma fuerza de siempre, y haciendo lo que tanto adoraban. Así sería el matrimonio Seo.
Él llegó de aquel viaje totalmente cambiado. De repente no quería hablar mucho, no se comunicaba ni decía su agenda para que estuvieras al pendiente, no llegaba para cenar, no dormía abrazado a ti, solo… solo Hyunjin se había alejado de una manera extremadamente extraña. Y un día soleado cualquiera, uno en que descansabas de tu trabajo y tenías planeado hablarle sobre mudarse a un lugar más tranquilo. Él te pasó un sobre con una cara de muerte.
Lo abriste. Palideciste. Caíste de rodillas hasta quedar sentada en el piso con aquellos papeles en mano. No te salía el habla, todo en tu sistema había dejado de funcionar, tus ojos solo se movían de un lado a otro leyendo aquel papel, pero la parte superior ya decía lo que era exactamente.
Hyunjin: Mi abogado se contactará con el tuyo cuando los firmes.
Tú: Cuando… –Levantaste tus ojos hacia él–. ¿…Firme? –Hyunjin asiente con seriedad, apretaba tanto la mandíbula al verte en el suelo que le era imposible emitir una palabra sin romperse junto contigo–. ¿Fue mi culpa? –Aquella pregunta salió junto a tu aliento, estrujaste los papeles en tu mano y respiraste profundo para aguantar el dolor–. ¿Acaso…? ¿Acaso fui mala esposa? –Él no respondió. Solo atinó a darse la vuelta y alejarse hacia la habitación, alojando en ti más dolor y el llanto que empezaba a brotar.
No salió de la habitación hasta que te escuchó más calmada, estabas sentada en el sofá, contemplando aquel contrato, mientras él caminaba en silencio hacia la cocina y tomaba un vaso de agua. Luego siguió sus pasos hasta la ventana que daba al jardín, justo detrás de ti, allí se mantuvieron sin mirar al otro, sin decirse nada.
Tú: Hyunjin… –Él no respondió–. ¿Ya no me amas? –Volteaste tu cabeza hacia él, Hyunjin respiró hondo y luego exhaló con lentitud, su cara giró hacia ti para verte a los ojos, él parecía haber llorado también.
Hyunjin: Si te lo digo… No vas a querer firmar.
Tú: Tu respuesta me dará el empujón necesario para hacerlo. –Ahora volteaste tu cuerpo para evitar que tu cuello se torciera–. Solo dime si me amas.
Hyunjin: Nunca dejaría de hacerlo. –Se enderezó para tomar del vaso de cristal que aún llevaba consigo en mano y tragó tan fuerte que pudiste escucharlo–. Primero moriría antes de dejar de amarte.
Tú: Entonces… ¿Por qué? –Sus dientes atraparon su labio inferior. Y contuvo un leve quejido cuando las lágrimas se asomaron lentamente–. ¿Amor?
Hyunjin: No me digas así… no merezco tu amor. –Soltó el vaso para cubrir su cara con temblores, este se rompió en el piso y el sonido te impulsó a levantarte para llegar hasta él–. ¡No lo merezco! ¡Me odio a mí mismo! ¡Odio mi cara! ¡Odio el que me amen tanto! Odio haberte sido… haberte sido… Soy un miserable.
Tu corazón se agitó dentro de tu pecho cuando tu cabeza completó la frase que él no pudo terminar. “Odio haberte sido… Infiel”. ¿Acaso? ¿Acaso Hyunjin…? Negaste con la cabeza mientras él se retorcía en su lugar entre lágrimas y sollozos, él no pudo haberlo hecho. Necesitabas confirmarlo, necesitabas oírlo de su voz.
Tú: ¿Me fuiste… infiel? –El cómo su llanto incrementó fue una confirmación sin palabras, tú no podías creer lo que estaba pasando. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?–. ¿Qué sucedió?
Hyunjin: Te juro… Te lo juro por mi vida. –Se dio vuelta para volverte a enfrentar–. No lo quise, yo no lo quise. Fue ella… Fue mi mente… Yo…
Tú: Dime… –Las lágrimas aparecieron en tu rostro de nuevo–. Solo dímelo.
Hyunjin: Yo bebí demasiado, yo… no discernía de la realidad y la fantasía. Amor, te lo juro que no sabía ni donde estaba. –Tocó su pecho con ambas manos, mirándote desesperado–. Y ella se acercó… Se parecía tanto a ti. Yo te extrañaba… Yo te deseaba tanto… Y a la mañana… ¡Dios mío! –Se tomó el cabello mientras apretaba los dientes al traer el recuerdo. Tu silencio lo hizo volver a verte, tu mirada perdida lo llevó a acercase a ti.
Tú: Hyunjin…
Hyunjin: Me odio tanto, amor. Por favor, mírame con cariño de nuevo. No me alejes de ti… Quise divorciarme porque no te merezco. Pero en realidad mi corazón no aguataría tu partida. –Se fue deslizando por tu cuerpo hasta estar de rodillas frente a ti–. Por favor… Por favor…
Él esperaba paciente a que entendieras su ambigua explicación a el porqué en aquel momento te estaba pidiendo el divorcio. Ahora Han estaba totalmente callado luego de soltar todo sin parar y te observaba fijamente mientras tú sostenías el bolígrafo en tu mano.
Han: Todo tendrá sentido mañana. –Lo miraste con seriedad y él tragó grueso para luego tocar la mesa con uno de sus dedos, en búsqueda de bajar la tensión que se elevó de golpe.
Tú: Mañana seré una mujer sin esposo, Han Jisung. –Soltaste entre dientes, él miró a la mesa mientras se mordía su labio–. Ya no seré la señora “de Jisung”, ¿entiendes? –Él respiró profundo por unos segundos y luego asintió al volverte a ver.
Han: Sí, lo sé. Ya serás libre de nuevo… Yo también. Ambos seremos libres.
Tú: No entiendo a qué libertad te refieres –agachaste la mirada y dejaste ver una sonrisa triste–, yo era libre contigo. Y pensé que tú también lo eras conmigo. –Sus ojos se clavaron en ti de golpe y su cara se contrajo mientras su respiración se aceleraba–. Pero si es lo que quieres… Te lo daré.
Mueves la punta del bolígrafo sobre la hoja con tu firma y te apartas para observarla. Vuelves a verlo, él tiene los ojos cristalinos y deja caer una lágrima cuando le vuelves a sonreír.
Tú: Este es… Mi último acto de amor por ti, Jisung.
Aquellas últimas palabras dejaron a Han pensativo y melancólico. No durmió en toda la noche, primero porque decidió dormir en el sofá para darte tu espacio y, segundo, porque su conciencia no lo dejaba pensar algo más. No lo dejaba descansar, no lo dejaba vivir… Se estaba perdiendo en sus pensamientos.
Esa mañana fue con el abogado, el hombre notó con ojeras increíblemente oscuras y profundas. Le pidió que se sentara, Jisung le entregó el sobre y se acomodó en la silla con la mirada perdida.
Abogado: ¿Estás bien?
Han: ¿Mh?
Abogado: Que si estás bien, hijo. –Él asintió con desgane y trató de formar una sonrisa, pero la mueca que dibujó lo hundió más–. ¿Qué te molesta? –Por segunda vez Han miró el abogado y entrelazó sus dedos delante de él como si meditara por donde empezar.
Han: ¿Alguna vez a amado tanto a alguien que cree que le haría daño si se queda con usted? –El hombre de canas frunció el ceño y le prestó más atención–. Amo a una mujer con toda mi vida. Ella es mi norte y mi sur, es todo de mí… y siempre quise ser todo de ella –suspira–. Pero lentamente toma mis manías, cosas que… son perjudiciales para ella.
Abogado: ¿Perjudiciales? –Han asiente– ¿Cómo cuáles? –Él medita y se ríe un poco al recordar algo.
Han: Abrir puertas de autos sin llave, por ejemplo. –Lentamente deja de sonreír–. Mi forma de hablar, mi actitud, mis celos… No. No puedo seguir con ella.
El abogado escuchó las palabras de Han y suspiró pensativo, Han no lo miraba, seguía pensando en ti, en tu sonrisa, en tu felicidad, en lo bonita y buena que eres. En que nunca podría perdonarse si seguía dañándote como él creía que lo hacía.
Abogado: ¿Y tú? ¿No has adquirido cosas de ella? –Eso toma por sorpresa a Han y él vuelve a pensar, asiente lentamente.
Han: Con ella aprendí que las cosas no se resuelven a los golpes ni gritos. Que es mejor dormir abrazado en las noches. –Mueve sus pulgares sobre su regazo–. A expresarme cuando me sienta mal. A amarla tanto como ella me ama. –Pestañea varias veces antes de continuar–. Y por qué la amo tanto es que la quiero dejar en libertad.
Abogado: ¿Escuchaste, linda? –Dice él de repente al voltearse hacia una puerta y Han frunce el ceño cuando el señor sonríe–. Él no te ha dejado de amar, solo tiene miedo de hacerte daño.
Tú: ¿Y cómo podría hacerme daño el hombre que tanto amo? –Dijiste al abrir la puerta y salir de la pequeña habitación en la que estabas, Han se levantó de golpe para mirarte incrédulo–. Sabía que mi ardillita no era tan cruel para hacer eso sin una razón. –Te acercaste a él y acariciaste su mejilla–. Pero, la próxima vez, habla conmigo, ¿sí? No podrás escapar tan fácil de mí, Han Jisung. –Te ríes un poco y él sonríe lentamente al ver tu rostro.
Recibiste la correspondencia de Felix a pesar de que estaba en el extranjero desde hace más de dos semanas. Creíste que aquel sobre era algún recuerdo de viaje. Pero lo que te recibió fue la peor de las noticias, haciendo que lanzaras un grito y tiraras el papel como si se tratara de fuego. Lo mirabas con dolor, lloraste por horas enteras y luego de eso, solo te quedaban suspiros, suspiros cansados, suspiros que fueron interrumpidos por la videollamada entrante de Felix.
Felix: ¿Llegó? –Nada tierno, nada dulce. Sin miradas, sin atención, el primer saludo de Felix fue tan frío como aquel papel en el piso. Al no tener respuesta tuya él levantó la mirada de lo que sea que estaba haciendo para mirar la pantalla con seriedad, se dio cuenta de tu cara hinchada y tus ojos rojos mientras intentabas calmarte, sentías que ibas a derramar las lágrimas que no tenías con su gesto. Él chasqueó su lengua y volvió a evitar la mirada–. Sí llegó.
Tú: ¿Por qué? –Susurraste con la voz raposa sin dejar de verlo, sentías que estabas en un mal sueño, en un limbo sin sentido, ¿cómo podría ser real un Felix que te mirara como lo hacía él? No, algo malo debía estar pasando.
Felix: Solo… Yo… –Fue cuestión de segundos, miró de reojo y cerró sus ojos con fuerza para luego cerrar la llamada. Y dejarte en el silencio, sola… sin rumbo.
Felix no contestó tus mensajes por más que su teléfono vibrara como si el mundo se acabara. No porque te evitara o no quisiera excusarse por su decisión, lo hacía porque estaba llorando en aquella habitación de hotel. Lloraba a gritos, sus pulmones y garganta le quemaban cada vez que vociferaba tu nombre de manera agónica.
No, Felix no fue el que te envió el contrato, lo hizo tu representante. Este creía que sería mejor para él el tener una vida libre de compromisos, así las fans se ilusionarían con estar un día con él, aunque fuera imposible. El rubio nunca estuvo de acuerdo con aquella decisión, hizo hasta lo imposible, discutió con su manager, pero al final los ejecutivos le dieron la razón y ahora tuvo que someterse a ser un hombre divorciado en la vida pública.
Entre los gritos agónicos de Felix, el teléfono de la habitación sonó. Él corrió hasta él cuando no aguantó el maldito sonido y contestó.
Felix: ¡¿QUÉ?! –Gritó con rabia acuosa a través del micrófono, pero poco a poco su semblante fue cambiando de rojo a pálido al escuchar la información–. ¿Qué…?
Dejó sus maletas atrás, solo tomando las pertenencias importantes para correr con la pijama puesta por el edificio en el que se alojaba. Chan lo había llamado, Chan estaba llorando… Tu casa se incendió, y tú estabas adentro.
Tomó el primer avión comercial con rumbo a Corea, sabía que no llegaría a tiempo para evitar cualquier catástrofe o estar presente cuando todo se intentara controlar. Pero a Felix no le importó. No le importó en absoluto que todos lo vieran como un bicho raro al entrar al avión con una toalla de baño, llorando con los ojos rojos y despeinado. Él compró el primer boleto que le dieron con tal de llegar lo antes posible a casa.
Y ahora estaba allí, de tarde, viendo como la casa que compartía contigo estaba casi por completa a oscuras y con cenizas en su interior. Aún había personas alrededor y lo reconocieron tan pronto como lo vieron. Lo tranquilizaron al decir que estabas bien, que te encontrabas en la casa de Seungmin, que era la más cercana.
Seungmin: ¿Felix? Pero estaba en Fran-… –El aludido lo empujó para entrar a su casa, encontrándote sentada en el sofá con una pierna y un brazo vendado.
Felix: ¡Amor! –Corrió hacia ti y se arrodillo frente a ti para tomar tu rostro–. Mi amor, mi amor, mi amor bonito, mi dulce mujer, Dios mío…
Tú: ¿Fefi? –Tus ojos se aguaron–. ¿Por qué estás…?
Felix: Olvida lo del divorcio, solo olvídalo. –Respira profundo–. No me volveré a separar de tu lado. La muerte tendrá que pasar por mi cadáver para llegar a ti.
¿Qué sucedía en aquella habitación matrimonial? Ni siquiera Seungmin lo sabía. Él llegó con la propuesta de divorcio en mano, te la mostró sin mostrar una pizca de compasión, sin una pizca de amor, solo lo dejó en tus manos y fue a su habitación a recoger sus cosas sin emitir una palabra. Fuiste hasta él, pediste explicación, él se puso renuente, la discusión empezó, todo se fue subiendo de tono entre ustedes.
Seungmin: ¡Ya no puedo estar contigo! ¡Entiéndelo! Ya lo nuestro pasó a la historia. –Y como si un balde de agua helada cayera sobre tu cuerpo, todo se desplomó. Él te vio quedarte en blanco y en silencio de golpe, frunció el ceño al no ver como contraatacabas. Retrocediste un par de pasos, mirando a tantos lados como te fue posible para reconciliar un poco de tu mente con el presente.
Tú: Ya no me… amas… –Abriste los labios en búsqueda de más aire, solo el que entraba por la nariz no te era suficiente–. Somos… historia…. –Y con eso te desplomaste en el piso. Seungmin, asustado por tu caída corrió a ti y te tomó de brazos, pero te removiste con violencia para que te dejara.
Seungmin: Déjame ayudarte…
Tú: Vete… –Te miró con sorpresa, ¿acaso había escuchado bien?– Solo vete. ¿Para qué me haces amarte…. Si al final de todo, me dejarás atrás?
Seungmin: Yo…
Tú: No necesito tu lastima, Seungmin. –Tragaste el nudo de tu garganta, mirando al piso–. Al menos déjame sufrirte en paz.
Él se apartó de tu lado para colocarse de pie, te vio desde arriba con angustia e incertidumbre mientras entrabas en una nueva ronda de lágrimas con la cabeza caída. Lo pensó, pensó en irse y dejarte allí… Eso lo pensaba su mente, pero su corazón lo hacía detenerse cada vez que lo iba a realizar, no podía dejarte así, no, él no podía dejar a la mujer que amaba sollozando de dolor…No, no podía.
Se inclinó otra vez y cuando intentó tomarte en brazos, te sacudiste, pero él lo hizo una vez más, esta vez forzándote a estar en su pecho.
Seungmin: Tienes calmarte, por favor. –Un removimiento violento de tu parte hizo apretar su abrazo y cerrar los ojos para aguantar el dolor que sentía cada vez que le gritabas–. Linda-…
Tú: ¡NO! ¡No soy tu “linda”! ¡Vete! ¡Vete! Déjame aquí como el cobarde que eres. ¿Cómo quieres que me calme si vienes y me restriegas por toda la cara el divorcio? ¡¿Eh?! ¡Eres un descarado!
Seungmin: Tengo mis razones.
Tú: Ninguna razón justifica el divorcio, Minni-… Seungmin. –Te corregiste al instante, él sintió un fuerte pulso de dolor en su pecho–. Sino puedes estar conmigo, si somos historia, entonces vete.
Seungmin: Si me dejas explicarte-…
Tú: No quiero tus excusas. No quiero tu lastima… Por favor.
No, Seungmin no cedió, se mantuvo firme en el abrazó y aguantó cada remeneón que diste para soltarte de tu lugar.
Seungmin: Necesitamos dejar esto hasta aquí…
Tú: No… –Murmuraste ronca–. Por favor, Seungmin…
Seungmin: Tengo que irme del país por un largo periodo de tiempo, por mucho más tiempo del que consideraría aguantable para ti… Entiéndeme, por favor.
Tú: ¿Qué? –Intentaste verlo con sorpresa, tus ojos hinchados quisieron buscar su cara y él se afligió en su lugar–. ¿Irte? ¿A dónde? ¿Por qué te tienes que divorciar de mí por eso?
Seungmin: Cariño… Cuando uno es demasiado joven hace locuras, locuras grandes… –Lleva un dedo a tu mejilla y la acaricia–. Y la mayoría de ellas son por amor.
Tú: Esto es… ¿Por mí? –Él asiente con una sonrisa triste–. ¿Por qué?
Seungmin: Este divorcio es necesario, muy necesario. Necesito que te alejes de mí, para ti he muerto, ya no existo y, si te preguntan por mí, dime que te dejé abandonada a tu suerte. Llora si es necesario, eso lo hará más creíble. –Besa tu frente y luego rosa su nariz con la tuya–. Perdón por hablarte así. Creí que me odiarías y me dejarías ir… No conté con que tu amor era tan fuerte para no dejarme ir.
Tú: ¿Y no puedo ir…? –Él frunce el ceño–. ¿…Contigo? Amor… Por favor.
Seungmin: Es peligroso.
Tú: Resistiré lo que sea por ti. –Le sonríes y él sonríe también con dulzura, dejando un beso en tus labios antes de abrazarte.
Te pidió el divorcio con palabras tranquilas y se extrañó que no lloraras ni explotaras como creía que harías, al contrario, te notaste relajada y más seria de lo normal. Solo eso. Firmaste, el proceso comenzó y ahora estaban en una reunión de su trabajo, seguían simulando ser pareja, acordaron aquello para que nadie se interpusiera entre su juicio.
Jeongin: Te ves muy linda. –Quiso aminorar el ambiente tenso que los rodeaba al otro lado de la mesa mientras su jefe hablaba, tú lo miraste y asentiste para devolver la atención al hombre–. Sobre lo de ayer… –Suspiraste al hacer una mueca – ¿No hay algo que quieras pedir a cambio del divorcio?
Tú: ¿Disculpa? –Frunciste el ceño para mirarlo, él te veía con tranquilidad, sonreíste con incredulidad–. ¿A qué te refieres con “a cambio”?
Jeongin: Sé que no querías divorciarte y… algo me dice que te cohibiste de pelear por mí. Creo que mereces algo a cambio de-…
Tú: No… –Él frunció el ceño con tu respuesta.
Jeongin: ¿No?
Tú: No. –Repetiste–. No me vas a devolver las primaveras en las que esperé por ti cuando estábamos enamorados. Ni el amor y el tiempo que te entregué. No me harás sentir bien con nada material, con nada “abstracto” o que parezca “valioso”. –Respiras profundo y lo vuelves a observar con cierta chispa de dolor–. Mi único “regalo” de divorcio es el saber que te irá bien de ahora en adelante, porque… Jeongin, ya no estaré detrás de ti para amarte.
La reunión acabó y todos se levantaron de la mesa, todos a excepción de Jeongin. Habían pasado quince minutos desde que habló contigo, pero aquello último lo afectó… demasiado. “Jeongin, ya no estaré detrás de ti para amarte”. Es como si de repente todo el mundo le aclarara que, luego de concluido el divorcio, no habría marcha atrás. Pero… ¿por qué Jeongin quería divorciarse en primer lugar? Sencillo. Todo fue por una estúpida conversación en una entrevista.
Alguien famoso había preguntado sobre su matrimonio, él contestó de la manera más dulce y tranquila posible porque, claro, te amaba con locura. Y de repente el entrevistador dijo: “¿No te ha picado la curiosidad de como sería estar con otras mujeres? Con la fama y belleza que te cargas, no sería raro verte con otras mujeres”.
En ese momento Jeongin contestó entre risas y sin darle importancia, pero al llegar a la casa, de repente vio todo monótono. El mismo horario, los mismos ensayos, la misma comida y cena, la misma…mujer. ¿Eso lo deparaba para toda la vida de ahora en adelante?
En algún momento en algún concierto se percataba de su fama, de como mujeres y hombres lo miraban, el hambre que les tenían, el deseo carnal, se sentía querido y disfrutado desde la distancia, ¿cómo sería sentir eso cada noche con una persona diferente? El anhelo lo envolvió y lo impulsó a pedir el divorcio.
Un divorcio que, ahora, iba en curso. No había marcha atrás.
¿Dónde estabas? Eso él quería saber. Te buscó por todos lados con desesperación. Bajó las escaleras de los casi siete pisos a la carrera, tenía que llegar al primer piso antes que el ascensor. Y al estar en el Lobby, vio como este se abrió, pero no vio ceña de ti.
Tú: ¿Yang Jeongin? –Saliste del segundo ascensor, al lado del que estaba viendo. Te preocupó verlo desalineado en aquel lugar–. ¿Por qué bajaste las escaleras como loco? Acababa de salir del baño cuando te vi correr.
Jeongin: No… No nos divorciemos. –Más de uno volteó hacia él cuando mencionó la palabra, tú observaste alrededor. Intentaste llevarlo a un lugar aparte, pero él se negó–. ¡No! –Lo llamaste por su nombre–. Dime “Pancito” de nuevo, dime “amor”, vuelve a amarme como antes, como antes de que la jodiera. –Suspiraste mirando a otro lado y volviste a intentar apartarlo–. No, dime que me amas.
Tú: ¡¿Qué mierda te picó?! –Soltaste exasperada–. Querías divorciarte, te lo di, acabamos de firmar ayer.
Jeongin: ¡Pero ya no lo quiero!
Tú: ¡¿Y por qué ahora?!
Jeongin: ¡Porque me acabo de dar cuenta que te perderé por algo vacío y vano! ¡Perderé mi mundo por un momento feliz! ¡Te perderé por idiota, y ahora me estoy dando cuenta!
Tú: Jeongin…
Jeongin: Anulemos la solicitud, te lo ruego, por favor. Te pido perdón por mi estupidez, yo… No soy nada sin ti.