Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 14 de marzo del 2025
Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 14 de marzo del 2025
Era tan inocente. Tan, pero tan inocente. Lee Yong-Bok, recién llegado de Australia luego de haber vivido toda su vida allí en una burbuja de privilegios había llegado a Ámsterdam, Países Bajos, todo para cursar en una universidad de alto rango a la que sus padres pudieron enviarlo para que alcanzara el nivel de conocimiento que se conocía.
Así fue como un inexperto Yong-Bok de diecinueve años llegó a una ciudad con bastante movimiento y de gente muy blanca. En sus primeros días se dedicó a hacer turismo interno para enviarles fotos a sus familiares. En los demás días se dedicó lo suficiente a su clase de idiomas para tener una base al entrar a la universidad.
¿Estaba nervioso? Sí, muchísimo. No solo estaba entrando a una casa de estudio más allá del colegio de chicos a la que asistió toda su vida, sino que también salió del país, solo.
Hacía videollamada todos los días con sus hermanas o su madre, siguió conociendo la ciudad y en un momento ya tenía parte de las calles y monumentos emblemáticos memorizados. Cuando llegó el gran día de entrar a la universidad, se sorprendió el ver que no todos iban como él, estaban con ropas relajadas mientras que él iba con ropas tan delicadamente planchadas por él mismo que parecía más un ejecutivo que estudiante.
Entró con tranquilidad mirando a su alrededor, perdido y con miedo de preguntar dado a que temía ser hazme de reír por su pobre conocimiento en el idioma al apenas llegar. Se tropezó con varios chicos, en ocasiones con algunas chicas hasta más altas que él, pero cuando le intentaban hablar él solo huía antes de que dijeran algo.
Y se mantuvo tropezando entre los pasillos hasta que tú te colocaste frente a él. Yong-Bok se detuvo en seco, con grandes ojos fijos en tu figura mientras tú le sonreías con cierto nivel de cortesía. Él intentó esquivarte, pero no lo dejaste huir por más que lo intentara. Cuando él suspiró derrotado fue que extendiste tu mano.
Tú: Un gusto, bienvenido a la Universidad de Ámsterdam. —Él te miró con gran impresión al ver que te comunicabas en su idioma y eso lo soltó lo suficiente para responder a tu saludo con un estrechón de manos suave—. Es evidente que eres nuevo, te ves totalmente perdido y, si te soy sincera, no eres el único. Cada año esta universidad recibe cientos de extranjeros y los de años superiores debemos siempre-…
El chico castaño de pecas dejó de escucharte, él solo podía ver dos cosas mientras hablabas. Una de ellas era que tus ojos tenían un color precioso, uno que parecía cálido y atraerlo por su hermoso brillo. Después estaban tus labios, los mismos que no se habían detenido de soltar palabras para que entendiera las cosas del lugar y que él parecía atender cuando no era así.
Sí, Yong-Bok era inocente, muy inocente. Se había enamorado a primera vista de ti.
Tras ese primer día él no se apartó ningún segundo de tu lado. Tampoco te molestaba, él no hacía mucho ruido y solo hablaba cuando le preguntabas algo. Lo ayudaste con los salones, a sentirse más en ambiente, a conocer tus amigos y con el idioma.
En pocos meses Felix no solo era un estudiante común entre los demás de la universidad, sino que era popular tanto por su inteligencia y belleza, destacando en los pasillos por encima de los demás chicos luego de que lo ayudaran a cubrir aquellas preciosas hebras chocolate con un hermoso rubio que encantó a más de uno.
“Felix”, ese apodo que le habías colocado luego de que te fuera complicado pronunciar su nombre de origen oriental. Y él no se molestó, para nada, era un honor ser bautizado nuevamente con aquel nombre por ti, se sentía dichoso cada vez que le prestabas ese nivel de atención.
Luego de algunas clases se encontraban y se sentaban en el campus, bajo un árbol al azar para hablar de distintas cosas. Tú le decías de tus orígenes latinos y hablabas en tu idioma nativo para recibir una hermosa sonrisa de asombro de su parte, en cambio, él te contaba el inicio de su familia y el por qué estuvo en Australia toda su vida.
Pasó el primer año, entre conversaciones tontas, comidas graciosas y hacer tareas juntos en la silenciosa biblioteca. Cosa que duraba poco al terminar peleando con sus lápices como espadas entre risas, y siendo silenciados por el bibliotecario de turno mientras ustedes escondías sus sonrisas.
El acercamiento fue cada vez más estrecho, se conocían al punto de saber hasta las frases que diría el otro en cualquier situación, y así llegaron los regalos de Felix, también tus sonrisas coquetas y sus pestañeos bobos, uno que otro besito accidental y, como era evidente entre un chico y una chica que se atraían bastante, las indirectas tanto verbales como en gestos.
Sin embargo, ninguno se atrevía a dar el primer paso, ¿por qué? Ni idea. Felix se puso a meditar esto un día mientras miraba por la ventana en la clase de Introducción a la Psicología. ¿Por qué él no daba el primer paso? ¿A qué le temía? Tú le gustabas y era obvio en la interacción que él también te gustaba, entonces… ¿qué lo detenía?
Presionó la borra de su lápiz entre sus labios al imaginar una situación irreal en la que se confesaba y tú saltabas a sus brazos diciendo que sí. Aquello lo llevó a sonrojarse de manera inocente.
Pobre Felix, tan dulce e inocente Felix. Ese día él tomaría la palabra para cambiar el rumbo de la relación que tenían y el resultado sería…
Tú: ¿Yo? ¿Te gusto? —Aquello, más que ser una pregunta, fue palabras de incredulidad. Estábamos hablando de Felix, ese chico tímido que habías recibido un año atrás sin saber nada del idioma y muy poco del país, aquel que sobre salía por su belleza y dedicación en clases. El mismo chico que ahora secaba sus palmas en sus pantalones con disimulo para no hacer tan obvio sus nervios.
Felix: Ahm… Sí. Eso es lo que quise decir desde el principio.
Tú: Debes estar jugando.
Felix: Mh… No. Creo que no. —Ahora sus manos se clavaron dentro de sus bolsillos y se quedaron en silencio bajo aquel árbol al azar del campus, con sus mochilas lanzadas a el tronco de este mientras se encontraba de pie uno frente al otro.
Tú: ¿Y si te digo que no? —Los ojos de Felix se levantaron al instante a tu cara y quedó congelado. Sintió su sangre drenarse por casi todo su cuerpo para ir a sus pies y, podía jurar, que por un segundo sintió que su corazón se detuvo. Todo eso se reflejó en su persona aunque después quisiera disimularlo, y tú te diste cuenta. La broma fue pesada y por eso empezaste a sonreír lentamente—. Pero no te pongas así, no he dicho que no.
Felix: En realidad no has dicho nada… —Susurra con suavidad.
Tú: Es porque me tomó por sorpresa. Pero sería una tonta si ignorara lo que siento por ti, Felix. Es obvio que te diré que sí. —Él se quedó estático, incluso más que antes—. ¿Felix? —Sus ojos moviéndose por toda tu cara mientras sus labios se entreabrían, pero sin emitir ni una sola palabra—. Felix, me estás preocupando.
Felix: Yo… —Se toca el cuerpo por todas partes y termina por colocar sus manos en sus mejillas al sonrojarse—. ¡Dios! ¿estoy soñando? ¿Me dijiste que sí, de verdad? —Aquello te provoca una risa, una de las favoritas de Felix y asientes con alegría mientras él empieza a soltar el aire casi entre carcajadas. Te tomó entre sus brazos y te levantó del suelo sin esconder sus sentimientos—. ¡Me dijiste que sí!
Tú: ¡Felix! ¡Nos vamos a caer! —Pero estaba tan sumergido en su propio mundo que poco caso hizo en tus palabras y solo te alzó más a pesar de estar doblando su espalda hasta casi más no poder.
Felix: ¡Como me gustas! ¡Me gustaaas!
Tú: ¡Felix! ¡Shh! —Intentaste cubrir su boca con tus manos, pero él movía su cara sin dejar de reír—. ¡Por Dios, Felix!
Felix: ¡Mi chica! ¡Mi chica me quiere! ¡Mi chica! ¡Mi brownie! ¡Mi solecito! —Te rendiste en intentar callarlo y solo escondiste tu cara en su cuello a la vez que lo rodeabas con tus brazos, moviste tus pies en el aire y él dio vueltas contigo.
Ese día Felix lo recordaría como uno de los más felices de su vida, sentía hasta sus pecas arder por tanto sonreír y su corazón enviar una adrenalina tan fuerte que lo hacía creer posible levantar un auto si este se colocaba delante.
Se lo contó a su familia y amigos en Australia, habló de ti con sus compañeros más cercanos de clases y suspiraba con toda la ilusión del mundo cada vez que te pensaba. Te hacía cartas que recibías con una dulce sonrisa y tuvieron citas invitadas por él luego de conseguir un trabajo de medio tiempo en un pequeño supermercado cerca de la universidad.
Se daban besos cada vez más lentos y profundos, y ni hablar de las sensaciones de Felix por tocarte más allá que solo tu ropa. Cada vez los besos en lugares escondidos eran más intensos, te tomaba con más fuerza, los jadeos eran más cargados de anhelo, y tú… Bueno, tú eras cada vez más débil a sus toques.
Lo gracioso de esta situación era que Felix era demasiado inocente, él te confesó desde el inicio que además de ser virgen, nunca había dado su primer beso, tuviste que guiarlo con paciencia y él se dejó llevar en las sensaciones. Pero ahora él dominaba, de alguna manera había aprendido que los besos detrás de la oreja te encendían o que agarrar tus nalgas también se sentía bien.
Y eso enorgullecía a Felix. Ahora mismo sonreía como un niño ingenuo victorioso mientras estaba en la caja registradora, en espera de que alguno de los presentes en el pequeño supermercado se acercara para pagar. Recordaba a la perfección tus suspiros y respiró profundo para quitar la reacción automática que tuvo su cuerpo a ese pensamiento.
X: Oye, ¿me vas a atender o qué? —Felix automáticamente despabiló con la voz del joven frente a él, colocaba una caja de cervezas y dos cajas de cigarrillos en el mostrador, iba con otro chico a su lado y ninguno tenía buena mirada.
Felix: Ahm… Sí, disculpe. —Tomó los productos y empezó a escanearlos, pero siguió escuchando la conversación de los dos muchachos frente a él.
X: La chica tiene un trasero… Pero una cosa increíble, amigo. Tengo que volver a buscarla. Nadie se mueve como ella. —El otro empezó a reírse y el primero lo empujó para reírse también al mismo tiempo que Felix levantaba la mirada para verlos despectivamente—. Hablo enserio, hasta los sonidos eran perfectos. Cuando estaba dentro de su boca era como-…
Una tos falsa salió del pelirrubio y llamó la atención de los dos chicos, ahora sí parecían molestos por su intromisión.
Felix: Son treinta euros. —Los observa entre pestañas—. Por favor.
X: ¿Y tú por qué me miras así, niña de porcelana?
Amigo: Ey, ey… Minho. —El amigo del castaño lo tomó del brazo al verle sus intenciones de acercarse al empleado.
Minho: ¿Tu qué? Déjame. —Se soltó de un jalón y colocó sus manos en el mostrador, viendo amenazadoramente a Felix. Por otro lado, Felix lo miraba con una ceja alzada—. ¿Quién te crees, pequitas?
Felix: Nadie, en realidad. Solo alguien que no estaría hablando de las mujeres como si fuera una muñeca sexual.
Minho: ¿Y tú qué sabes? —Niega sin quitar sus ojos de la cara de Felix—, En realidad, ¿a ti qué mierda te importa cómo hable de quien me dé la gana?
Amigo: Minho, ya vámonos. —Lo intenta agarrar, pero este de nuevo se zafa.
Minho: Que me dejes, mierda. Le voy a romper la boquita a nuestro amiguito educado, para que sienta el sabor de no meterse en las conversaciones ajenas.
Amigo: Eso nos traerá problemas, y ya tenemos bastantes. Recuerda que de aquí tenemos que ir al Barrio Rojo, no podemos perder tiempo. —La cara del castaño se fue contra su amigo y apretó sus labios con intención de darle entender que lo quería callado antes de ser él quien recibiera el golpe que estaba ofreciendo.
Felix: Sí, “Minho”. Hazle caso a tu amigo. —Otra vez el rubio recibió la mirada de ambos chicos—. No querrás más “problemas”. —Mueve sus ojos hacia el hombre de seguridad en la puerta y luego vuelve a mirar a su contrincante con una pequeña sonrisa de falsa amabilidad.
Minho, fastidiado hasta las orejas, se queda mirándolo con rabia intensificada. De alguna manera se prometió borrarle esa sonrisa y sentía que lo cumpliría ya sea tarde o temprano. Se enderezó al chasquear su lengua, arregló su chaqueta de cuero negro y buscó entre sus bolsillos su tarjeta de crédito para pagar la cuenta. Felix, con su sonrisa aun en alto para seguir fastidiando al cliente, pasó el plástico y se la devolvió junto con la compra.
Felix: Ha sido usted muy amable. Pase buenas tardes y gracias por comprar aquí.
Minho: Si me vuelves a ver, pequeña muñeca de mierda. Date por muerto. —Con eso tomó la bolsa y se fue pisando fuertemente, siendo seguido por su amigo en silencio hasta que desaparecieron por la puerta trasparente del local.
La sonrisa del rubio teñido se fue borrando poco a poco y sacó su celular solo para decirte lo que había pasado, recibiendo respuesta casi al instante junto con unos pequeños emojis de risas.
Felix ríe en su lugar y medita que más decir, no te había visto desde dos días atrás por los exámenes de tu facultad, te extrañaba mucho y te lo recordaba bastantes veces, por lo que decidió preguntar si podía visitarte.
Tú: “Lo siento, Fefi. Tengo examen de matemáticas y debo estudiar integrales para primera hora mañana.” —Esto seguido de una carita triste junto a un corazón roto.
Tu novio sintió su corazón afligirse al saber que te esforzabas tanto para poder lograr las calificaciones correspondientes en una universidad tan exigente. Él también se esforzaba y sabía lo difícil que era. Por eso se le ocurrió la grandiosa idea de visitarte por sorpresa para animarte un poco y, si era posible, ayudarte con lo que pudiera. Quizás y te ayudaba con la cena, a veces no lo hacías por estar muy preocupada por estudiar.
Él envió un mensaje compresivo y luego habló de otra cosa para despistarte, pero mientras tanto pensaba en qué comprar en ese mismo supermercado para llevarte algo de cenar. Felix salió tres horas después, con la noche caída y una bolsa llena de ingredientes para hacerte un “Stamppot (puré de papas con espinaca) con salchichas ahumadas”, un platillo que decían en aquel país representaba el amor y la dulzura de una pareja enamorada, una pareja como ustedes.
Tarareaba una canción dulce que lo hacía recordarte mientras miraba el camino lleno de gente en pareja o hablando por teléfono, más de una chica o chico le lanzó piropos para llamar su atención, pero un Felix enamorado era un Felix fiel, así que iría con la frente en alto de no caer en tentaciones.
Llegó a tu edificio, justo frente a aquel río que empezaba a ver con costumbre desde que sabía dónde vivías. Ingresó con tranquilidad y subió las escaleras empinadas que caracterizaban a la ciudad. Fue justo en el tercer piso que se acercó a aquella puerta blanca para tocar, pero se detuvo al ver la silueta de alguien más entre los pasillos. ¿Sería un vecino? ¿O un amigo de tu novia?
Minho: ¿Qué mierda haces tú aquí?
Felix: No. ¿Qué haces tú aquí?
Segundos antes Minho había tocado el timbre de tu puerta. Por lo que, mientras Felix y el castaño se miraban fijamente con evidente molestia, la puerta se abrió lentamente para dejarte ver con una sonrisa cansada, sonrisa que se borró al instante al ver a los dos chicos frente a ti. Ambos te observaron con grandes dudas y tú solo quedaste en blanco. Ahora los tres estaban en silencio.
Mucho silencio.
Minho: ¿Qué mierda?
Felix: Me fuiste… ¿infiel? —Su rostro se desconfiguró rápidamente en temor y dolor.
Tú: ¡No! No, no, Fefi…
Minho: ¿Por este hijo de puta es que no vuelves al Barrio Rojo?
Felix: ¿Barrio Rojo?
Tú: Te lo voy a explicar. Minho… —Lo observas con severidad—. Vete, ahora.
Minho: No. Me debes una explicación.
Felix: Te dijo que te vayas. —Soltó con sarna entre dientes mientras aguantaba las lágrimas.
Minho: No me hagas terminar lo de la tienda, “porcelanita”. —Devolvió la vista al rubio.
Tú: Cálmense los dos.
Felix: ¿Por qué no vienes y lo haces? —Justo en ese momento Minho lo tomó de la camiseta con arrebato y tú lanzaste un fuerte grito justo antes de que se soltara el primer puñetazo en la cara de tu novio.
Minho: Maldita sea, mi oído…
Tú: Adentro, los dos.
Y así es que tuviste a los dos chicos en tu apartamento, con Felix sentado en el marco de la ventana para mirar el río desde arriba y a Minho sentado en la orilla de tu cama, moviendo su pierna con ansiedad contenida. Tú caminabas de un lado a otro, acariciando tu cara con desesperación sin saber qué hacer.
Tú: Debería estar estudiando para mi examen de matemáticas en vez de esto…
Minho: Lo estarías si no habrías renunciado a lo que teníamos en el Barrio rojo.
Tú: Deja de decir esa mierda, renuncié porque no tenía tiempo para eso y estudiar al mismo tiempo. Sí genera mucho dinero, pero…
Felix: ¿Qué es el Barrio Rojo?
Minho: No te importa. —Felix apretó tanto los labios como los puños, con intenciones de irse encima del otro chico, pero tu mirada lo detuvo.
Tú: Es… Un lugar donde las mujeres hacen “cosas” para ganarse la vida. —Todo se quedó en silencio al terminar la frase, tu novio te miró fijamente en espera de que siguieras, pero al ver que no continuabas él decidió preguntar.
Felix: ¿Cosas como cuáles? —Minho te miró con una ceja alzada y tú solo suspiraste sin saber cómo indicarle las cosas de la manera más “suave” y “adecuada”.
Minho: Es una zona de prostitución.
Tú: ¡No es-…! —Cerraste los labios al instante y miraste a tu novio, él estaba completamente sorprendido. Te quisiste acercar a él, pero tu cuerpo no se movía—. Felix…
Felix: ¿Tú eras…?
Minho: Y de las mejores. —Sonríe de lado. Tanto tú como Felix lo mandan a callar al mismo tiempo y él rueda los ojos, exasperado—. No sé qué mierda les pasa. No entiendo por qué dejaste el escaparate cuando ya estabas establecida y menos entiendo por qué te atrae un niño como él.
Felix: No soy un niño…
Minho: No te pregunté.
Tú: ¿Solo pueden callarse los dos? Mi cabeza está-… —Suspiras exasperada y tanto Felix como el mayor te observan volver a caminar por tu habitación hasta sostenerte en el tocador. Te miras en el espejo y respiras profundo sin saber qué hacer. Amabas a Felix, demasiado, por algo quisiste formalizar con él. Pero Minho, lo de Minho era literalmente fuego, ambos se atraían de una manera única, aunque no se le llamara “amar” como tal.
Minho: Escucha… —Se acerca desde atrás hacia ti y coloca su mano sobre tu hombro, Felix se levanta al instante—. Tú y yo podemos estar juntos. Si lo que quieres es una pareja, lo tendrás, pero por favor…
Felix: No la toques…
Minho: No te metas.
Felix: Amor… —Te susurra a ti, pero el agarre de Minho se aprieta sobre tu piel—. Mi sol.
Minho: Solo déjame probarte un poco más, solo eso te pido. —Habla muy bajo, al lado de tu oreja y Felix se acerca.
Felix: No dejes que te toque.
Minho: Yo te haré sentir bien.
Felix: Eres mi novia.
Minho: Recuerda todo lo que hicimos.
Felix: Recuerda todo lo que tenemos.
Minho: Te deseo.
Felix: Te necesito.
A este punto los tres se miraban a través del espero, pero era obvio que sus ojos estaban enfocados en ti, hasta tu misma te mirabas sin saber qué decisión tomar. A tu derecha estaba Minho, con su porte imponente y toque posesivo, queriendo tocarte como antes, mostrando su anhelo en sus ojos sin esconder nada de lo que pedía.
A tu izquierda estaba Felix, con sus cejas hundidas en preocupación y mostrando todo el amor que le colgaba en las manos. No te tocaba, pero solo su mirada te hacía sentir que te amaba con locura, que quería estar contigo… que añoraba el sentirte.
¿Qué harías?
Felix: Amor, por favor. Todo lo he descubierto contigo. El amor, el deseo y la sensación de estar completo. —Lleva su mano a tu mejilla y voltea tu cara para que lo mires directamente.
Sus ojos se encuentran y no pueden apartarla del otro. Sin embargo, sientes la mano de Minho bajar de tu hombro a tu costado y él seguir esta ruta sin ser detenido hasta tus caderas.
Minho: Eres tan perfecta…
Felix: Te amo demasiado, necesito seguir descubriendo todo contigo. Por favor, te lo pido. —Otros segundo más con sus miradas perdidas en el otro. Acercaste tu rostro y él repitió tus movimientos hasta que sus labios se encontraron, se hundieron en un tierno beso que rápidamente te sacó un suspiro. Felix acarició tus mejillas con sus pulgares y se mantuvo atado a ti al disfrutarse.
Pero Minho no se quedaba atrás y, mientras estaban distraídos en su mundo de caramelo, él hacía un infierno con sus besos en tu espalda y cuello del lado contrario a donde estaba Felix. Arrastró la orilla de sus dientes en tu mentón y aquello te hizo separarte de tu novio para mirar al otro chico que buscaba tu atención.
Tú: ¿Qué haces…? —Murmuras con la mirada perdida.
Minho: Lo que te gusta. —Y fue entonces que ustedes también se besaron, dejándole un sabor agridulce a Felix. De alguna manera le dolía lo que veía, pero no tanto como creía que sería. Empezaba a incitarlo de alguna manera a llamar tu atención y le sacó un jadeo de desesperación, necesitaba volver a llamar tu atención.
El beso se extendía a través de los segundos y la humedad. El rubio dejaba delicados besos necesitados por tu hombro para descender a tu pecho. Tomó tu mano y estiró tu brazo para dejar el rastro de lamidas lentas por este, lamidas que ahora llamaban tu atención y te hicieron separarte del chico de fuerte carácter que ahora sonreía satisfecho con lo obtenido, relamiéndose los labios al verte jadeante.
Volteaste tu cara por segunda vez y encontraste a tu novio mirándote con aquellos ojos de manera distinta, parecía un depredador, lamía tu muñeca y clavó sus dientes en tu palma sin dejar de mirarte.
Minho: Mira nada más… Encendiste al niño tanto como me encendiste a mí.
El rubio y el castaño se miraron en silencio, parecían tener una conversación entre ellos que tú no lograrías entender, pero en un pestañeo sus ojos volvieron a ti. Esta vez, con una sonrisa algo… siniestra.
Felix: Mi amor, sabes que te amo mucho, ¿verdad?
Minho: Necesito tocar ese culo de nuevo, cariño. —Sonríe sin vergüenza alguna, y te sorprende que Felix no refuta nada, al contrario, sonríe también al verte sonrojada por las palabras del otro—. No te pondremos a decidir, bonita. Sabemos que puedes ser mi puta…
Felix: … y también mi princesa.
Ambos caminaron hacia ti y tú retrocediste con algo de miedo, ¿acaso habías escuchado bien? De repente esos dos, los mismos que se estaban casi matando arriba de ti, ahora parecían tener una alianza para tenerte con ellos.
Tú: No se acerquen…
Felix: Vamos, amor… Yo nunca he hecho esto, ¿me dejarás así? ¿Sin nunca haberte probado...?
Minho: El niño tiene razón, bonita. No nos puedes dejar con las ganas, sabiendo lo bien que lo haces… —Se mordió el labio al detenerse, justo un segundo después de que te tropezaste con el filo de la cama y caíste en esta sentada. El castaño rodeó la cama y Felix se colocó frente a tu cuerpo para ceñirse sobre ti.
Felix: Me encanta recordarte lo preciosa que eres, adoro ver tu rostro sonriente. Pero hoy quiero verlo de otra manera, mi amor…
Tus muñecas fueron tomadas desde atrás y te hicieron recostarte en la cama bocarriba, lo primero que viste fue el techo y luego el rostro sonriente de Minho.
Minho: …Llorando de placer.
Y así él hundió su pulgar en tu boca en lo que Felix llevaba sus dedos junto a sus labios a tu abdomen destapado. Te removías por las sensaciones provocadas y eso hacía sonreír más al chico de pie frente a tu cara. La humedad en su dedo encendía parte de su cerebro, corazón y pantalones, no podía detener su ser cuando este pedía más.
Subió la orilla de tu blusa hasta por encima de tus pechos y dejó a la vista tu sostén. Felix automáticamente levantó su cabeza para ver aquel relieve y, cuando Minho dejó libre uno de tus pezones para chuparlo, Felix quiso hacer lo mismo con el otro.
Se colocó entre tus piernas y bajó la tela para capturar lentamente tu piel, suspirando junto contigo. No tuvo que seguir mirando a su contrincante para seguir imitado, sus oídos escucharon tus gemidos ahogados y eso les incitó a ambos a utilizar sus lenguas y dientes para escuchar más.
Las caderas de Felix se removían contra tu entrepierna por la inercia y las de Minho contras tu cara sin quitarte el espacio para respirar o gemir. Siguieron tocando tu abdomen, mordiendo tus pechos y clavícula, clavando sus dedos en tu piel, arañando tus muslos, sosteniendo tus manos, deleitándose con tus quejas y las respuestas de tu cuerpo, dejando chupetones en tu cuello y arrancándote la petición de buscar más de ambos.
El primero en apartarse para quitarse sus pantalones fue el mayor, Felix continuó saboreando lo que encontraba de tus costados, besando cerca de tu oído, buscando tus labios para saborearte con anhelo y también separándose para erguirse entre tus piernas. En el momento que Felix movió su cuello y hombros mirándote desde arriba pensando en su siguiente movimiento, ya Minho se encontraba bajando su ropa interior hasta dejar su pene libre.
Felix en un momento se detuvo, rebuscando entre sus bolsillos y recordando segundos después que no se echó ningún preservativo por que se suponía que no vería a su novia. Él siempre llevaba uno por si se daba la ocasión y, ahora que se dio, no lo tenía. Eres un idiota.
Felix: Tienes un-… —Minho rodó los ojos suspirando y buscó en el bolsillo trasero de su pantalón, al tener la envoltura la lanzó hacia el rubio.
Minho: Sí que eres un niño. Pídele a Dios que te quede bien… —Siguió en lo que estaba al volverte a sonreír desde arriba. Como estabas boca arriba y con la cabeza casi colgando de la cama, lo veías de cabeza y con su pene casi frente a tu cara—. Mh… Veamos si me extrañaste… —Iba a hundirse en tu boca hasta que escucharon un chasquido de lengua de Felix—. ¿Ahora qué?
Felix: No puedo abrirlo…
Tú: Ven, yo te ayudo. —Te separaste de la vista de Minho y eso lo hizo suspirar de mala gana.
Te sentaste en la de rodillas en la cama y tomaste el plástico de las manos de tu novio, él te miró atento al verte romperlo con los dientes. Luego fuiste hacia sus pantalones y quitaste tanto su cinturón como el botón junto al cierre. Viste su miembro marcado contra la tela de su ropa interior y apretaste tus labios al notar que no estaba mal dotado. Lo miraste desde abajo con ese aire divertido y terminaste sonriendo al verlo tan rojo por la vergüenza.
Tú: Tranquilo, mi amor. Es normal.
Felix: Lo sería si no estuviera alguien más aquí…
Minho: Como digas. Ustedes sigan hablando, yo estaré en lo mío. —Minho se subió de rodillas en la cama para quedar detrás de ti, retiró sus zapatos con los propios pies y tomó tu pantalón para colocarte en la posición que quería. Ahora estaba en cuatro, con el trasero alzado contra él mientras tu cara estaba frente al miembro de Felix.
El castaño bajó tu pantalón y luego tu ropa interior en lo que liberabas al rubio, este último pareció agradecértelo con un suspiro de alivio.
El chico de mente más liberar al verte estar libre de telas y a su disposición tomó su pene para acariciarlo en tu hendidura, arrebatándote un gemido justo cuando colocabas el preservativo en la punta del miembro de Felix y el más joven solo abrió los ojos con cierto brillo de lujuria al ver tu cara en erotismo puro.
No aguantaste las ansias, por lo que llevaste tu boca a la punta de Felix, por encima del plástico, deslizándolo con los labios al mismo tiempo que lo ingresabas en tu boca.
Cuando lo sentiste en tu garganta Felix volteó los ojos por reflejo, nunca había sentido algo tan placentero como tu boca, ni siquiera cuando se masturbaba pensando en ti, las sensaciones eran totalmente distintas.
Minho: ¿Ahora ves porqué hablaba tan bien de ella en el supermercado? —Los ojos de Felix parecieron poseídos al buscar la cara de Minho, ¿Qué mierda acababa de decir? Se habría ido contra él, de no ser porque no esperó que hubiese una reacción en cadena cuando Minho se metió de golpe en ti y te empujó contra Felix, haciéndolo entrar más profundo en tu garganta y sacándoles un gemido ahogado a ambos—. Mierda, que bien se siente…
Felix: Demasiado…
Minho: Muévete, ¿te vas a quedar ahí parado toda la noche?
Tú decidiste tomar la iniciativa a pesar de tener las lágrimas al borde de tus ojos, Felix te miró desde arriba y siseaba mientras contenía el movimiento de sus caderas para no lastimarte. Por su parte, Minho empezó a moverse sin cuidado alguno, sin dejar de sonreír, se sentía tan pleno cuando estaba dentro.
Entonces pasó lo que nunca pensaste. Felix tomó tu cara y Minho tus caderas, ya tu novio no podía aguantar con los movimientos sutiles y de reflejo contra él, Felix también necesitaba buscar su liberación.
Abrió más sus piernas y penetró tu garganta con poco control de sus intenciones, ahora sí haciéndote desbordar lágrimas junto con ruidos mezclados en satisfacción y ahogamiento. Minho echó su cabeza hacia atrás al sentir que lo apretabas aún más cuando arqueaste tu espalda y le diste una mejor vista de tu trasero rebotando contra él.
Felix: Oh, mierda… Amor.
Minho: Esto es tan adictivo…
Felix: Quiero más…
Minho: Necesito más.
Ambos parecieron ponerse en la misma sintonía y aumentar el ritmo, ya Felix te contenía la cara con ambas manos mientras se movía errático contra ti y Minho disfrutaba de tus espasmos alrededor de su pene desde dentro.
Minho sonreía y Felix se mordía sus labios, Minho sacaba la lengua y Felix gemía ronco al echar su cabeza hacia atrás. No se sabía cuál de los tres estaba en peores condiciones, pero en tu caso solo eras un manojo de sensaciones sin saber dónde sostenerte ni que sonidos hacías por la inercia del disfrute.
Las caderas del castaño ondularon en busca de su liberación primero, luego Felix tembló mientras su respiración se entorpecía. Y poco tiempo después Felix fue el primero en venirse en tu boca, siendo contenido por el preservativo, para segundos después sentir al mayor llenarte.
Te deslizaste por completo en el colchón, cansada y con temblores que te hicieron sentir la mezcla de tu orgasmo junto al de Minho por tus piernas. Las respiraciones de los tres llenaban la habitación y el sudor los cubría como si la temperatura estaba quemándolos vivos. Tras un largo silencio cargado de olor a sexo y deseo, Felix se quitó el condón mientras Minho te ayudaba a acomodarte en la cama.
Los tres estaban recostados en la cama, ellos dos con sus ropas colocadas con algo de decencia mientras tú seguías con tu parte posterior expuesta. Quizás deberían hablar de todo esto o llegar a un consenso de lo que había sucedido, tú debías estudiar de matemáticas para el siguiente día, tenían que hacer muchas cosas… pero estaban cansados. Por lo que, antes de que alguien dijera algo, sus respiraciones se relajaron tanto hasta dormirlos, con Minho y Felix abrazándote con sentido de propiedad, uno con amor y otro con deseo. Pero los tres quedando juntos hasta que el sol los iluminara en una nueva vez.