Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 05 de julio del 2025
Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 05 de julio del 2025
Mirabas la pared frente a ti con los ojos bien abiertos y las mejillas ardiendo hasta más no poder. El evento que había sucedido hace poco te dejó casi en un shock que ni tú lograbas entender.
Chan: Abre las piernas. —Tu mente pareció hacer cortocircuito, no captaste el mandato tan rápido como él quiso, eso hizo que él con sus manos tomara tus muslos y los separara con igual fuerza, sacándote otro jadeo. Entonces se agachó sin dejar de mirarte, respiró profundo, abrió la gaveta que estaba justo debajo de ti y ahí encontró su taza. Se levantó de nuevo, cerró la gaveta y se fue con una sonrisa divertida—. Gracias por la “ayuda”, amor.
Ahora tus ojos se detuvieron frente a aquella puerta por donde había desaparecido como si nada luego de provocar tantas cosas en ti. Cerraste tus piernas lentamente y respiraste profundo para bajar de aquel mesón. Tomaste tu revista y, por los temblores, la misma cayó en el piso.
Cuando te agachaste para recogerla leíste rápido un título en rojo que te atrapó: “Venganza para tu marido”.
Tú: ¿“Venganza”?
Levantaste las hojas y buscaste la página, allí empezaste a leer detenidamente:
«Venganza para tu marido. La guía perfecta para que se arrastre a tus pies.» —Interesante artículo, te acomodaste en la orilla de la isla de nuevo—. «¿Te ha pasado que los hombres quieren aprovecharse de su fuerza sobre ti? ¿Siempre te levantan de un lado a otro y, por más que quieras, tu voz parece apagarse cada vez que él habla?» —“Sí…”, pensaste. Era como si la columnista sabía lo que había pasado hace poco—. «¡Yo le tengo la solución! Con estos sencillos pasos domestique a su hombre y sea quien mande en su hogar sin que él se dé cuenta. Con estos sencillos pasos, ¡Créame! En menos de tres días, este hombre estará arrodillado ante usted.»
Una vez más observaste la puerta con cautela y lo escuchaste hablar en la reunión, aparentemente discutía con Jisung sobre algo de la letra, observaste el artículo, de nuevo la puerta, sonreíste lentamente. Esto sería… divertido.
«Paso uno: No siempre estés disponible para él.»
Cada vez que Chan se encontraba en reunión te llamaba en voz alta para que le llevaras algo. Tú, con la dulzura que te comprendía, siempre le llevabas lo que pedía. Pues, eso cambiaría hoy. Esa reunión no sería la excepción.
Chan: ¡Amoooor! ¿Me puedes traer los otros audífonos? Se me descargaron estos. —Siguió en lo suyo, esperando que llegaras como siempre con estos. Pero cuando pasaron demasiados minutos, miró a la puerta con confusión—. ¡Amooor! —Silencio en la casa, se preocupó un poco. Se levantó de su silla y fue en tu búsqueda. No estabas en la cocina ni en el salón, tras un rato saliste del baño con una toalla en tu cabeza y otra rodeándote el cuerpo—. Oh, ahí está.
Tú: ¿Mh? ¿Qué pasa? —Te diste la vuelta, sonriendo como si nada.
Chan: Te llamaba hace un rato, no me contestaste. ¿Se puede saber por qué? —Frunciste el ceño con una sonrisa entretenida y señalaste al baño.
Tú: Porque me estaba bañando. Creo que es obvio, mi amor.
Chan: Pero siempre me respondes aunque estés-…
Tú: Tenía música, ¡Lo siento tanto! —Finges una mueca de disculpas y giras sobre tus talones para ir rápidamente hacia la habitación. Le diste un último vistazo antes de cerrar la puerta y pudiste verlo… confundido. Sabía que eso no era normal. El plan empezaba a funcionar.
«Paso dos: Desaparece cuando menos lo espere.»
Llegó a la casa con cansancio tras salir esa mañana al edificio donde trabajaba. Lanzó su mochila al sofá y fue a la habitación en busca de tu encuentro, sin embargo se detuvo en la puerta mirando a los lados, no te encontró por ninguna parte y eso fue otra cosa que lo descolocó. Siempre estabas recostada en la cama en espera de que él llegara para hacer algo juntos o escucharlo tras un día practicando con sus compañeros, ni siquiera en la silla frente a la computadora o en la cama.
Salió para ir a la oficina, luego llegó a la cocina y allí se quedó pasmado con lo que veía. Sí, estabas ahí, pero no de la manera que esperabas. Te encontrabas cambiada, esos jeans ajustados, esa blusa que se adornaba perfectamente en tu cintura, tacones de mediano tamaño que combinaban con tu cabello.
Te diste la vuelta con una lata de refresco en mano y al abrirla te percataste de la presencia de tu novio y le sonreíste con aquellos labios pintados, casi cerrando los ojos por el gesto y mostrando el perfecto rímel que te había costado usar. Chan estaba descolocado, ¿qué mierda pasaba aquí?
Chan: ¿Saldrás?
Tú: ¡Oh! Sí, sí. Olvidé comentártelo. Saldré con unas amigas al centro comercial. Una de ellas mostrará a su novio y unos amigos. —Caminas para salir de la cocina, Chan se queda quieto antes de analizar bien las palabras y darse la vuelta.
Chan: ¿Amigos?
Tú: Tranquilo, Channie. Será máximo dos horas, ¿sí? Es ir, comer algo y volver. —Abres la lata y tomas de esta al detenerte frente al sofá—. ¡Agh! Que fría. Necesitaba refrescarme. —Cierras los ojos y Chan aprovecha tu distracción para verte a detalle. Uñas arregladas, cerras enmarcadas, pendientes brillantes, anillos y brazaletes en muñecas, cabello ordenado impecablemente. Mientras más miraba, más se confundía.
Chan: ¿Puedo…? —Lo miras fijamente, él se intimida de repente con tu penetrante mirada—. ¿Puedo llevarte y buscarte? Ya sabes, para que no vayas sola.
«Paso tres: Dile que “no”, cuando espera un “sí”.»
Tú: No. —La sonrisa que se le estaba formando se le borró de golpe. Pestañeó varias veces antes de tartamudear sin encontrar sentido a tu negativa.
Chan: ¿No? —Niegas con una sonrisa—. ¿Por qué no? Siempre te llevo a todos lados y-… y-…
Tú: No quiero, Channie. Puedo ir y volver yo solita. —Amplias el gesto de tus comisuras y sigues tomando de tu refresco, él sigue mirándote fijamente, preocupándose enserio con lo que pasaba—. Debí tomar esto antes de maquillarme. Mi labial está algo corrido ahora. —Haces una pequeña mueca al ver la marca de este en el aluminio.
Chan: A ver… yo… Yo no entiendo por qué actúas así. —Tu curiosidad te hace observarlo de vuelta—. Ayer con los audífonos y ahora esto. Quiero decir, si fue por lo que la taza, creo que es demasiado, ¿no?
Tú: ¿Lo de la taza? —Finges demencia—. ¿Qué taza, amor?
Chan: Mi taza, la taza de DeadPool. La pequeña “discusión que tuvimos” y… lo que hice. Ya sabes. —Muerdes el interior de tu mejilla, mirando a otro lado como si intentaras recordar y niegas.
Tú: No lo pensé, cariño. Luego de eso solo leí mi revista y seguí en lo mío. —Indicas, restándole importancia, él agudizando su mirada—. Encontraste tu taza, ¿no? Con eso ya estaba bien. —Mueves el refresco y terminas de beber lo que queda de un sorbo—. Aaah…~ que rico. —Una bocina se escucha fuera de la casa y dejas la basura sobre la mesa—. ¡Mh! Ya llegaron por mí.
Vas rápidamente a la habitación y sales tras un minuto con tu pequeño bolso, guardando tu celular en este. Alzaste tu mirada al sentir tu presencia frente a ti, besaste tu mejilla y dejaste la marca en esta antes de que dijera en algo, solo escuchaste un débil “cuídate” cuando abriste la puerta y saliste, dejándolo solo y con sus pensamientos rondando en su cabeza.
Dijiste dos horas y eso esperó. Dos horas que se hicieron cinco. Te llamó tres veces y contestaste dos de esta, indicándole que ibas de camino y él solo suspiraba, ¿con qué derecho podía reclamar? Era cierto que en pocas ocasiones habías salido por tu cuenta y eso le hacía pensar que sus teorías eran ciertas, estabas molesta por el tema de la taza del día anterior.
Se recostó en la cama y se hizo el dormido cuando llegaste, sintiendo como te reías por tropezarte sin querer en la oscuridad con algunas cosas o cuando intentabas ser más silenciosa de lo normal. De alguna manera, por pequeña que sea, le empezaba a inquietar a tu novio.
«Paso cuatro: Muéstrale que él está en tu dominio, no al revés.»
Amaneció con tranquilidad y, como cada mañana, Chan estiró su brazo con una suave sonrisa para rodearte en un abrazo. Sin embargo, encontró el vacío. Esto ya era el colmo. Su buen humor siempre iniciaba con abrazo y beso tuyo, quizás algo más.
Si estaba solo, no había abrazo; si no había abrazo, no se sentía cómodo; si no se sentía cómodo, no había humor… Y ahí es donde Chan se sienta en la cama con la cara hecha mil demonios. No, no eran buenos días.
Se quitó las sábanas con molestia y ni siquiera se estiró o intentó colocarse un pijama, caminó por su casa en ropa interior hasta encontrarte en el salón, leyendo un libro con tranquilidad, esta siendo perturbada por la presencia de tu novio.
Tus ojos se alzaron junto con su suspiro, sonreíste con amor y él agudizó su mirada, molesto.
Tú: Buenos días, Channie.
Chan: ¿Por qué estás aquí y no estás en la cama conmigo? —Ignoraste que fuera tosco en sus palabras y volviste la vista al libro, hojeando suavemente las páginas—. Te estoy hablando.
Tú: Y yo te estoy escuchando, mi amor. —El respiro profundo de tu novio fue un alentador de que no se estaba tomando las cosas de la mejor manera, le estaba socavando que de un momento a otro las cosas no fueran como él las tenía… Estaba perdiendo fuerza.
Chan: Todos los días nos abrazamos en la cama un momento, ¿qué fue diferente hoy?
Tú: Me desperté una hora antes, no quería despertarte. —Te quitas los lentes y le prestas atención—. Te vi durmiendo tranquilo y preferí que siguieras descansando, no quería molestar.
Chan acarició su cara, exasperado, y se sentó en la silla que estaba a su lado, meditando tus palabras y buscando huecos que pudiera aprovechar, hacerte volver a tu “lugar”. A lo que siempre conocía, estos cambios no le gustaban del todo.
Chan: ¿Así será todo?
Tú: ¿“Así” cómo?
Chan: Así, tú alejándote y sin darme… No sé, calor y cariño. Que te pedí algo dos días atrás y me ignoraste, ayer te vas de fiesta de repente y sin avisarme, hoy… esto. ¿Qué sucede contigo? —Sus miradas se mantuvieron en el silencio—. Al menos dime si está pasando algo, ¿no? —Te quedaste neutra, incomodándolo un poco al no obtener la respuesta que quería.
Tú: Si te digo que estoy molesta, ¿qué cambiaría, Christopher? —Él tragó grueso cuando lo llamaste por su nombre. Ni en las peleas más duras que habían tenido en el pasado habías utilizado el recurso de “regañarlo” con su nombre. Chan entrelazó sus dedos y jugó con sus pulgares, sintiendo la ansiedad de tener tu mirada sobre él, sintiéndose de repente… señalado.
Chan: Puedo mejorar lo que te haya molestado. —Suelta mirando al piso, buscando no sentirse de esa forma.
Tú: No me vuelvas a hablar alto y menos a tratarme como un objeto. —Sus ojos vuelven a los tuyos—. El problema no fue la taza, sino tu actitud. —Chan sabía que había sido por eso.
Chan: Tú tampoco actuaste bien, lo que dijiste fue muy salido de tono.
Tú: ¿Y eso te da derecho de gritarme? Porque si es así, no me molestaría dormir por un tiempo en la cama y que tú lo hagas con Berry en Australia. —Se recostó en el sillón, haciendo aquella mueca característica de cuando una idea no le gustaba de todo. Sus labios fruncidos, moviéndose de un lado a otro con mala gana, en ocasiones mostrando sus hoyuelos ante el ejercicio del gesto—. ¿Te quedó claro?
Chan: Sí. —Soltó cortante. Quizás no te gustó el cómo lo dijo, pero habías logrado que te escuchara, que entendiera lo que querías y aceptarlo para estar bien contigo. En el pasado quizás te habrías callado esos pensamientos o dejado pasar, pero el artículo te había enseñado algo sencillo: «Él hará lo que sea por la mujer que ama. Incluso dejar su orgullo a un lado con tal de estar contigo. Con tal de que lo ayudes.»
Pueda que todo esto había escalado demasiado por algo tan pequeño, pero el significado de esto fue alto, ahora no sería un Chan con patrones repetitivos en su casa. Donde todo se hacía según el tiempo y los deseos de él, sino de ambos. Y eso era un buen paso.
Pero el trabajo no había acabado.
Chan: Ya que…arreglamos nuestras diferencias. —Se levanta de su lugar y va hacia ti, al sofá principal, y se acomoda en el reposabrazos del que estas recostada—. Crees que… ¿Podamos celebrarlo de alguna manera? —Su mano llegó a tu cabello y lo peinó con suavidad hacia atrás, tratando de que su toque te hiciera sentir en un ambiente íntimo.
Ahí te diste cuenta de que no todo estaba dominado. Chan seguía eligiendo cómo y cuándo hacer las cosas. Si él quería sexo, casi siempre tú también querías. Sus toques, sus susurros, sus besos, la mirada, todo de él te encendía por más tranquila que estuvieras. ¿Cómo controlar eso? Una idea fugaz a tu mente llegó a la cabeza:
«Paso cinco: Altéralo, pero no lo satisfagas.»
Dejaste el libro y los lentes a un lado, dejaste que te tocara. Tras dejar tu cabello dejó que sus dedos se encaminaran por la curvatura de tu cuello con lentitud, un jadeo se te escapó cuando el leve roce se convirtió en su palma bajando por tu pecho. Echaste tu cabeza hacia atrás, ladeándola con los ojos cerrados, y dándole aquella vista placentera que tanto amaba. Una tú sumisa y dominable, a su antojo, a su deseo, a su necesidad.
Su sangre empezaba a calentar dentro de él cuando su mano llegó a tu bata, introduciéndose en aquellos lugares que se escapaban de su vista, pero que conocía a la perfección.
Chan: Sí, ahora nos estamos entendiendo. —Su mano se detuvo antes de tomar uno de tus pechos y escaló hasta tu garganta una vez más. Abriste tus labios y sus ojos se sintieron pesados de la lujuria que le mostrabas, tus piernas se removían, haciendo que la tela del pijama que cubría hasta tus muslos cayeran y descubrieran más. Chan no perdía detalle de nada tuyo, todo lo capturaba, todo lo tomaba… todo lo encendía.
Y justo cuando sostendría tu garganta con la posesión que acostumbraba…
Tú: Me daré una ducha. —Él se asustó por lo repentina que fue la oración. Lo miraste con una sonrisa tranquila, te apartaste de su agarre incompleto y tras salir del sofá caminaste sin mirar atrás, dejándolo en blanco, pestañeando sin saber qué pasó y con una dolorosa erección.
Por primera vez en mucho tiempo se sintió frustrado de tener que bajarla pensando en cosas poco eróticas y no metiéndotela. Esto estaba mal, muy mal. No porque sucedió una vez, sino porque, durante el resto del día fue así.
La oportunidad se volvió a dar en la cocina, usabas pantalones cortos y él no podía dejar de ver tus piernas. A pesar de que arreglabas el arroz para cocinarlo, él se acercó desde atrás y se arrimó con un jadeo cerca de tu cuello. Sí, estaba empezando a necesitarte, no se le había olvidado lo de esa mañana.
Chan: Hueles tan rico. —Deja un beso en tu mandíbula, cierra sus ojos al sentir la mezcla de aroma y suavidad de tu piel—. Como quisiera sentirlo más. —Sus labios tomaban una pausa cada vez que se plantaban en ti, sus suspiros profundizándose y sus manos sosteniendo tus caderas para que te quedaras quieta.
Tú: Las cosas que dices, Channie. —Te dejas llevar por un momento en las sensaciones que te invaden, en su respiración, en sus leves movimientos de cadera contra ti, en su insistencia en tocarte aunque sea por encima de la ropa. Casi podías sentir que te tomaría allí mismo, sus pulgares enganchándose del elástico del pantalón.
El temporizador de la cocina sonó, indicando que el pollo del horno estaba listo. Y aunque Chan seguía concentrado, tú mataste sus deseos al apartarlo y prestarle atención a la comida. Él te tomó de la muñeca antes de que te alejaras por completo, pero te soltaste y… de nuevo se encontraba con ese problema dentro de sus pantalones.
Bueno, la tercera sería la vencida. En ese ocaso el sol no se despedía como era costumbre, el cielo estaba nublado y caía suaves gotas de lluvia en las ventanas de su apartamento. Chan estaba en reunión, coordinando parte de la gira que sería para el año siguiente y que tocaría más países de los que no habían ido.
Sus ojos por un momento se desviaron al vidrio que daba vista al cielo y, mientras hablaba uno de los coordinadores del staff, él empezó maquinar una idea de cómo convencerte de estar con él. Prometió no molestarse, dijo que iba a cambiar y no gritaría, sabía que si lo hacía todo podría empeorar.
Coordinador: Chan… ¿Chan? —El susodicho hacía un puchero, siendo capturado por su cámara mirando a otro lado—. ¡Christopher!
Chan: ¿Qué? —Observó molesto al lente cuando lo sacaron de su planificación mental, sentía que casi lograría de no ser por el llamado—. Estoy escuchando.
Coordinador: ¿Qué fue lo último que dije? —Él hace una mueca y suspira exasperado.
Chan: Solo dilo de nuevo.
Coordinador: Decía que podíamos ir a otros países que no hemos ido. Creo que coordinaremos la semana que viene con las empresas gestoras de actividades de gran tamaño, pero ahora proyectaremos más capacidad para que no pase como en-… —Chan volvió a dejar de escuchar y a su mente llegó tu imagen, tenía que congeniar algo rápido, no aguantaría una tercera decepción. ¿Quizás comprarte algo sería buen idea? Negó con la cabeza, sabía que con cosas materiales tampoco ayudaría.
Changbin: ¿No te gustó la idea? —Una vez más salió de sus pensamientos.
Chan: ¿Mh?
Han: Esta es una pérdida de tiempo, es obvio que el hombre está más perdido que Jeongin-ah en las Amazonas.
Jeongin: ¡Eh! ¡Hyung! Que eso es cruel. Podría sobrevivir perfectamente. —Más de uno se ríe y el maknae se acerca a su cámara—. ¡Dejen de burlarse! ¡Yo sobreviviría más que Seungmin-Hyung y Changbin-Hyung!
Changbin: ¡¿JA?! ¿Qué te crees que soy? Tengo mucha capacidad y fuerza. Sigue soñando, I.N.-ah
Seungmin: ¿Y la de pensar no te la sabes?
De nuevo las risas llegaron, pero Chan se encontraba serio, no opinaba, solo sumido en sus pensamientos, era obvio que los demás se darían de cuenta a este paso. Tomó su taza de Deadpool y tomó café de esta, no sabía lo que haría, debía tener algo rápido.
La puerta de su oficina se abrió y una vez más Chan levantó su cabeza, la taza en su mano se resbaló y cayó al piso, haciéndose añicos, sus labios se entreabrieron en la sorpresa y más de uno en la llamada se asustó por su semblante pálido, la cámara seguía encendida.
Hyunjin: ¿Por qué Chan-Hyung tiene esa cara? ¿Habrá un fantasma en casa y se le apareció?
Coordinador: No lo sé, pero acaba de dejar caer su taza favorita. Creo que se rompió.
Felix: Ese no es un buen indicador. —Hace una leve mueca al moverse en su silla y se desliza más cerca de la computadora—. ¡Hey! ¡Chan-Hyung! —El aludido no miró ni un segundo a la pantalla otra vez, solo se puso de pie y acercó su mano a la laptop—. ¿Qué haces? ¡Chan! —Bajó lentamente la tapa hasta que esta se cerró con un último llamado de Felix.
Pero lo que menos tenía en mente Chan era su reunión, ahora te veía a ti en la puerta, apoyada en el marco con una de sus camisas sobre ti. Justo aquella camisa negra que él usaba en ocasiones especiales y que a ti te quedaba hasta la mitad de los muslos, abotonada justo solamente por un punto de la camisa, justo en el centro, dejando las aberturas necesarias sobre tu pecho y pelvis para que se diera cuenta que no llevabas nada debajo.
«Paso seis: Convierte su abstinencia en un infierno.»
Tú: ¿Acabaste tu reunión? —Él asiente mecánicamente—. Me alegra. Es para decirte que la cena está lista. ¿Quieres ir a la mesa o la buscaras para traerla aquí?
Chan: ¿Dónde quieres cenar? —Su voz se encontraba sumergida en un ardor que él mismo desconocía. No te había tocado y sentía su pene despierto dentro de su ropa, sus ojos no dejaban de buscar más en los espacios que daban vista a tu piel, se estaba volviendo loco.
Tú: Cenaré en la mesa, pero no tienes que acompañarme.
Chan: Quiero hacerlo. Quiero cenar… contigo. —Te diste la vuelta sonriendo y te alejaste de la puerta, él solo caminó detrás de ti como si se tratara de un zombie, quizás sí le estaba afectando demasiado la necesidad de tenerte, más de lo que esperaba.
Ibas a sentarte en tu lugar, pero él casi corrió para quitar la silla y ayudarte a sentar, volviste a sonreír, pero ahora encontrando extraña esa repentina actitud. Él se sentó a tu lado y extendió su mano para que la tomaras antes de cenar, la miraste y luego a él.
Chan: ¿Qué? Solo quiero tomarte la mano mientras ceno. —Alzaste la ceja y él chasqueó la lengua—. Solo quiero ser lindo contigo, ¿eso es malo?
Tú: ¿Lindo conmigo?
Chan: Tomarnos la mano no es malo, somos una pareja, vivimos juntos, estamos solos aquí, ¿por qué no quieres dejar que te toque? —Fingiste ignorarlo y él soltó el cubierto para hablar de nuevo—. Amor, por favor, escucha. —Lo miras una vez más—. Esto se está yendo demasiado lejos, eres mi novia, mi chica, quiero tocarte, quiero sentirte, te quiero conmigo, quiero estar dentro de ti, no seas así…
Tus ojos lo analizaron y, como esa mañana, de nuevo se sintió regañado sin tener que utilizar palabras. No exigiría que estuvieras con él, lo pediría como querías, comprendía que te merecías lo que habías pedido con altura.
Tú: ¿Es lo que quieres? —Asiente lentamente, sus ojos consumiéndose en los tuyos, respirando profundamente tu aroma cuando te acercaste a él hasta estar a pocos centímetros—. Pídemelo bien. —Te alejas justo antes de que él intentara robarte un beso y lo ves apretar la mandíbula mientras tragas.
Chan: ¿Cómo te voy a pedir lo que sabes que quiero? —Murmura entre dientes—. Amor, esto es ridículo. Esto es… —Te levantas de tu lugar y tomas tu plato—. Espera, para donde vas.
Tú: A tu oficina. Cenaré allá esta noche y te puedes quedar aquí. Cuando en realidad te importe.
Chan: No, no. Escúchame. —Te quita el plato de la mano y lo deja en la mesa de nuevo, intenta tomate de las manos, pero lo evitas—. No seas así conmigo.
Tú: ¿Cómo debería ser?
Chan: Extraño que seas dulce conmigo, que me ames y que me dejes amarte como te lo mereces. Quiero besarte y… quererte… —Alza sus ojos hacia ti, se acomoda en su silla y pestañea un par de veces más antes de decir otra cosa—. Quiero que me dejes tocarte, por favor. Déjame amarte como siempre. —Miras a otro lado—. No, no, mejor que sea como tú quieras. Quiero… Quiero que hagas lo que gustes conmigo. —De nuevo le prestas atención y él sonríe un poco, sintiéndolo como una leve victoria—. Te necesito, necesito tus manos tocándome y saber que me amas, que me amas como yo te amo.
Tú: ¿De verdad quieres una noche conmigo…? —Acercas tu mano derecha a su cara y acaricias muy por encima el contorno de su cara, él cierra sus ojos, deleitándose de ese leve roce, sintiendo su miembro sobresaltarse de anticipación—. ¿…o solo quieres mi perdón?
Chan: Quiero… las dos cosas. Te quiero a ti y quiero tu amor de nuevo, como antes. Pero si solo puedo tener una, mi amor… —Se desliza en la silla y lentamente se coloca de rodillas frente a ti—. Si es tu decisión que tenga una. Dame tu cuerpo y déjame arrepentirme dentro de ti.
Tú: ¿Y si te digo que no te daré ninguna hasta que supliques? —Él no levanta la mirada, lleva sus manos a tus muslos desnudos, pero no los tocas, solo hace el ademán de acariciarlos, el deseo que tiene lo consume, te necesita.
Chan: Entonces te lo suplico. —Habla profundo, con seriedad y una tenue lujuria que se disfraza de arraigo—. Te necesito. Tengo hambre, hambre de ti. —Tus manos llegan a su cabello, acariciándolo con la paciencia y el amor que él tanto extrañaba. Chan se deja acariciar, pegando su frente a tu vientre, rozando su nariz sobre la abertura de su propia camisa entre tu piel. Estaba tan… tan cerca.
Tú: Channie. —Sus ojos fueron hacia arriba, mirándote casi contra la luz del techo, sintiéndose bautizado por la calidez en tus ojos, se sentía cada vez más calmado, que poco a poco le darías lo que tanto anhelaba—. Puedes solo acariciarme. —Él asiente, conforme a tu petición. Sus manos al fin se plasman en tu cuerpo, aprietan la masa de tu muslo y te dejan firme para él, cuando sus labios se encaminan a tu entrepierna lo detienes—. Solo caricias.
Chan: Por favor… —Desliza sus ojos de arriba hacia abajo con intensiones de seguir, con implicaciones de que le dieras más espacio—. No me podré aguantar…
Tú: ¿Quieres mi perdón?
Chan: No seas así conmigo, mi amor. —Su voz parecía salir de su pecho, rozando lo recóndito de su persistencia—. Por favor, por favor, te lo suplico… Un pequeño beso, déjame tocarte y seguiré tus directrices, haré lo que quieras, pero no me hagas esperar.
Te quedaste en silencio con si mirada intacta en ti, ¿qué deberías hacer? Era obvio que querías, claro que querías que te tomara, pero si le dabas el paso ahora él seguirá haciendo lo que quisiera.
Tú: Channie…
Chan: Mi amor, por favor.
Tú: Está bien. —Sueltas con cierto aire aturdido, su ruego te encendía demasiado y no te dejaba pensar con la claridad que pedías. Chan no te dio oportunidad a hacer o decir otra cosa, se puso de pie con una velocidad impecable y te tomó de los muslos para levantarte—. ¡Dios!
Chan: Tranquila, te tengo. —Rodeaste tus brazos en su cuello, observándole a los ojos con cautela de su próximo movimiento, él también te vigilaba de cerca, dejándote descansar sobre la mesa. Apartó ambos platillos y sonrió al sentirte curiosa por sus movimientos—. ¿Puedes abrir tus piernas para mí? —Asentiste haciéndole caso, él se quedó entre ellas y llevó sus manos hasta la camisa que te cubría—. ¿Quieres que te quite el botón? ¿Me lo permitirías? —Confirmas aun con tus ojos sobre los tuyos, lo quita y deja que la tela le haga el espacio—. ¿Puedo acariciarte?
Tú: Despacio. —Suspiras.
Chan: Despacio. —Confirma él con un leve movimiento de su cabeza. Sus manos entraron y llegaron a tu cintura, como se lo pediste él te amasó lentamente. Los dedos de tu novio se clavaron, movieron todo lo que tocaba con el hambre que le carcomía, su pene empujando sus pantalones y más al escuchar tus exhalaciones—. ¿Te puedo besar?
Tú: ¿Me quieres besar? —Cierras los ojos cuando sus caras quedan a centímetros, el se detiene cuando apenas tus labios sienten los de él.
Chan: Lo anhelo.
Tú: ¿Y si te digo que no?
Chan: Me harás rogarte hasta que me digas que sí. —Jaló tu cuerpo hacía él con tranquilidad, tu entrepierna desnuda sintiendo la elevación en su pantalón—. Me harás morir por ti y el deseo de ahogarme en tu cuerpo. Te lo pido como quieres que te lo pida. —Un beso en tu mejilla—. Haré que te sientas tan bien… —Una lamida en tu mandíbula—. Quiero gemir tu nombre en tu oído. —Sus uñas se clava sobre tu trasero—. ¿Qué hago para que me digas que sí?
Llevaste tus manos a la orilla de la camiseta de tu novio, sus besos en tu piel siguieron por tu hombro izquierdo, escuchando como jadeaba al tener tu calor emanando sobre él, pero sin poder hacer nada más hasta que le dieras el permiso. Él sintió tu palma en sus abdominales, el contraste de temperaturas le sacó un sutil gruñido que te gustó, volteaste hacia él y Chan te volvió a mirar.
Chan: Amor, ¿te puedo besar? —Susurraste la afirmación casi cuando tu boca era tomada, lo último que viste fue una sonrisa ladina que te cautivó y te encendió más justo en el momento que sentiste su sabor después de tanto tiempo.
Sus lenguas se encontraron y, mierda, que bien se sentía que él quisiera tomar el control y se contuviera por ti, sentías como su locura lo consumía, como gruñía desde su pecho cada vez que se reprochaba por no poder hacer las cosas como quisiera. Escuchaste como el botón del su pantalón fue retirado y por sus movimientos durante el lento beso entendiste que se intentaba bajar el pantalón.
Chan: Mi cielo… —Se separa, su cara está roja, sus venas marcadas, lo tenías al límite de la cordura. Acariciaba tu cara con la de él, su cara contraída en busca de tu misericordia—. Siento que voy a explotar a este paso, uso todo de mí para no volverme un animal, por favor, déjame entrar.
Sus ojos volvieron a abrirse y encontrarse, acariciaste el contorno de su cara y veías como la lujuria lo embriagaba hasta más no poder.
Chan: Te prometo que seré bueno.
Tú: No. —La pregunta surgió de su propio gesto—. No quiero que seas bueno. —Le robaste un pequeño y lento beso que lo hizo respirar hondo—. Quiero que dejes salir todo lo que tengas guardado.
Y todo perdió el control.
Él pareció olvidarse de que era un hombre, porque lo primero que hizo fue morderte a su antojo y sin medir entre la fuerza o la lógica, escuchó tus gritos y gemidos de sorpresa, se jactaba de sentirte retorcerte bajo su cuerpo, de al fin poder tenerte para él y meterse lo antes posible. Se quitó su camiseta en un pequeño espacio que se hizo para volver a ti, luego se deshizo de su calzado, seguido de sus pantalones y culminó con su ropa interior.
Chan: Te amo, te amo… —Mordida en tu pecho, un jadeo agónico—. Quiero que me tragues y sentirte por completo. —Lamida en pecho y luego toma el pezón en tu boca para chuparlo, otro gemido de deleite, tu cara se sentía arder y tu entrepierna mojarse, era obvio que él lo sentía, su pene se rozaba en extensión por la entrada y te mataba en anticipación—. Quiero que me hagas perder la cabeza… —Empuja a pesar de no estar adentro, pero tú balbuceas su nombre al sentirlo tan bien—… como yo te hago perderla a ti.
Con su mano derecha se alineó en tu entrada, sentiste la punta tener una leve intromisión y tus piernas cedieron al placer de temblar por querer sentirlo. Empujó, ambos aguantaron la respiración, sus labios entreabiertos ante la sensación que tanto habían esperado, por fin se sentían llenos y completos con el otro.
Tú: Nngh… Chan… Se siente…
Chan: ¿… bien? —Vuelve a sonreír justo cuando su pelvis choca con tu entre pierna y te arranca una profunda queja que él adoró, tu cuerpo respondiendo, estremeciéndose, pidiéndole a tu novio que siguiera con esa maravillosa sensación—. ¿Me puedo mover?
Tú: Pero ya.
Chan: ¿Vamos a la cama?
Tú: Donde quieras.
Él te cargó una vez más y caminó con su pene dentro de ti hasta ha habitación, se deleitaba de escuchar tus debes murmullos en su oreja cuando te recostaste, cada pequeño movimiento que él hacía era suficiente para estimular tu interior. Te arrojó a la cama y se colocó encima, te sostuvo desde los muslos y abrió más tus piernas, te sostuviste de las sabanas al ver su sonrisa oscura, no como triunfo u orgullo, era más bien la satisfacción de ver que estabas tan necesitada como él.
Tú: Christopher… —Otra vez utilizaste su nombre, pero esta vez al abrir los ojos ante el sensual movimiento ejercido por tu novio. Sus caderas volvieron a ondear y te hizo girar los ojos—. Oh… Dios mío.
Chan: Te dije-… que lo haría… —Aprieta su mandíbula—…como lo querías. —Soltó tus piernas y apoyó sus manos alrededor de tu torso, cuando sintió que no podía moverse bien de esta manera, se recostó sobre ti y te sostuvo de la cintura con ambos brazos para que no te movieras.
La velocidad que tomó pasmó tus ruidos, apenas y podías respirar. Sus penetraciones, aunque descentralizadas por el placer, eran muy fuertes y altamente profundas, jurabas sentirlo en tu vientre de no ser poque apenas tenías la coherencia suficiente para intentar llenar tus pulmones de manera mecánica.
Tú: ¡Chan! ¡Cha-…Aaah~! —Te besó desesperado, su mano te plantó una nalgada que se mezcló con el sudor y la locura del momento, se hizo desenfrenado, tosco, lunático, incluso él se tuvo que morder el labio para intentar contener todos los gemidos roncos que querían escapar de su cuerpo. Pero le fue imposible, mientras más se acercaba el clímax, menos coherencia tenía todo.
Su pene se vio envuelto, teniendo que soltar débilmente lo que su cuello callaba, tus gritos lo volvían loco, todo era blanco y destellos a su alrededor cuando un intenso sonido animal los congeló, tan cálido se sintió atrapado en ti, tu piel ardiendo contra la suya y de repente…
…el paraíso.
Todo se llenó y se vació al mismo tiempo, el blanco y el negro se fundieron, hubo calor y frío, locura y coherencia, Chan solo atinó a besarte sin sentido alguno, le correspondiste torpemente, palmeando su espalda cuando te sentiste llena de él y su piel inferior arder por la fuerza que empleó en tu contra.
Tu novio intentó enderezarse, pero quedó tan aéreo que casi cae de nuevo sobre ti. Acariciaste su cuerpo desnudo, eso lo motivó a quedarse allí un poco más sobre ti, se recostó y, aunque te sentías aplastada por su peso, solo buscaste aire y acariciaste su piel con cariño, sintiéndote satisfecha del resultado.
Chan te abrazó y colocó su cabeza sobre tu pecho, como si buscara más de tu calor, como si intentara no alejarse de ti. Quizás ninguno de los dos se había dado cuenta, pero en este momento Chan habría creado una unión más fuerte hacia ti, no dejaría que esto se repitiera, no quería volver a sentir tu desprecio. De ahora en adelante sería como tú quisiera y como lo quisieras.
Ahora… tú mandabas.