Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 27 de septiembre del 2025
Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 27 de septiembre del 2025
Llevabas mucho rato frente a aquel edificio, no sabías si simplemente tocar el timbre que correspondía con el departamento o escribirle a tu novio para que bajara por ti. Pero había un solo detalle, y es que tu novio no estaba solo en ese lugar.
Miraste hacia arriba, ubicando las ventanas del piso ocho, donde se supone que deberían estar todos ellos reunidos para estar tranquilos antes de su próximo concierto en Roma. Tus nervios te atormentaban, te habrías ido de ahí de no ser por dos cosas: la primera es que necesitabas ayuda de Felix para que te indicara a cómo preparar Brownies para tu corto curso de repostería al siguiente día, no eras muy buena con ellos y sabrías que al llegar serías un desastre al instante, por lo que preferiste pedirle ayuda al experto en la materia.
Por otro lado, la segunda razón era que los chicos habían insistido en conocerte y Felix te lo hizo saber muchas veces. Por eso, tan pronto como supieron que estarías en Italia al mismo tiempo que ellos, no perdieron tiempo en sacar de quicio a Felix para que te presentara. No quedaba de otra, deberías entrar. De nada valía darle más larga al asunto.
Te acercaste a la puerta y tocaste el timbre. Esperaste a que alguien respondiera por el interlocutor o bajara, pero pasaron los segundos sin respuestas. Otra vez presionaste el botón, esta vez con un poco de más insistencia y en ese momento sí se escuchó la voz de tu novio… acompañada con gritos que parecían ser de Changbin y Hyunjin de fondo mientras Chan les pedía que se calmaran.
Felix: ¡Amor! ¡Dame un segun-…! ―Algo de cristal rompiéndose más que otros gritos de Minho y Jeongin impulsando a Changbin para que tire al otro pelinegro―. ¡HYUNJIN-HYUNG! ¡ESO NO-…! ―Se corta la comunicación y haces una mueca al sentir que no habías llegado en un buen momento.
Para tu sorpresa, Felix bajó en poco tiempo con una sonrisa tranquila como si nada hubiese pasado, se dieron un corto beso en los labios al entrar en el ascensor y este cerrarse, y te llevó con él hacia el departamento que, para más sorpresa, estaba totalmente impecable. Miraste alrededor buscando restos de algo roto o marcas de violencia, te imaginabas que, como mínimo, algo mal posicionado debía estar luego de todo lo que escuchaste en esos breves segundos.
Felix: ¿Pasa algo, cariño?
Tú: No, yo… es que-…
Chan: ¡Oh! ¡Bokkie-ya! ¿Ya llegó tu novia? ―Ambos miraron al frente y allí encontraron al mayor del grupo con una gran sonrisa, tu novio cerró la puerta de entrada mientras Chan se acercaba a ustedes y extendía su mano―. Un gusto, Christopher Bahng. Me puedes decir Chan sin problemas.
Tú: El gusto es mío, Chan. ―Estrechas la mano con una gran sonrisa que él comparte.
Felix: Creo que es obvio, pero Chan-Hyung, ella es mi novia. Tenemos un año y dos meses saliendo.
Tú: Un año y tres meses. ―Corregiste y tu novio te miró con confusión―. Calcula bien… ―Lo observas en advertencia y él mira al techo para pensar, Chan intenta no reírse cuando ve que la cara de Felix se desconfigura.
Felix: Sí es cierto, que nos conocimos en la Met Gala. ―Chan casi pierde el aliento cuando escucha eso, y habría preguntado mientras se cruzaba los brazos, de no ser porque un grito desde las habitaciones que los alertó. Miraron hacia los pasillos, confundidos.
Jeongin: ¡Hyung! ¡Hyung! ―Casi se cae al mirar hacia atrás para ver si lo seguían, apurando el paso al vislumbrar como Changbin iba tras de él―. ¡HYUNG!
Chan: ¿Qué mierda les sucede? ¡Tenemos visitas! ―Tanto Jeongin como Changbin se detuvieron en seco a una distancia prudente, te miraron con rostro apenado y se inclinaron en disculpa. Changbin escondiendo el desodorante en aerosol con el que estaba amenazando a su menor por la broma que le había hecho―. Chicos, ella es la novia de Felix.
Changbin: Bienvenida. ―Se inclina nuevamente en respeto, Jeongin lo repite unos segundos después.
Jeongin: Bienvenida, espero que se sienta a gusto con su visita.
Chan: Hoy cenará con nosotros. ―Tanto Felix como tú miraron a Chan con sorpresa, este se gira hacia ustedes y se alza de hombros despreocupados―. ¿Qué? Quiero conocerla mejor, luego de que hagan lo que tengan pendiente podemos hablar sin problemas, ¿verdad que sí? ―Esta vez se inclinó más hacia ti, balbuceaste un par de veces con los cuatro pares de ojos casi fijos en tu persona.
Tú: Ahm… Sí, sí. Claro, ¿Por qué no? No es como si tuviera algo más importante que hacer esta noche. ―Sonríes nerviosa, Felix respira hondo mientras que los otros tres sonríen en cortesía.
Chan: De acuerdo, la cocina es suya. No voy a procurar que la dejen limpia porque sé que Felix es muy cuidadoso con eso. ―El aludido se ríe suavemente antes de colocar sus brazos tras su espalda al sentirse halagado. Pasó un corto rato antes de que tu novio te indicara con la cabeza que lo sigas, pasa por el lado de sus amigos mientras tu ibas detrás de él, sonriendo y saludando a los chicos con una tierna despedida.
Changbin y Jeongin se acercan a Chan con sus ojos aun fijos en la dirección por donde se habían ido ustedes, esperando que estuvieran lo suficientemente lejos para hablar.
Jeongin: ¿Soy yo o la novia de Bokkie-Hyung es latina?
Changbin: No eres tú. Es latina.
Chan: ¿Les sorprende?
Jeongin: Un poco, creí que le gustarían más las chicas de piel de porcelana.
Chan: Yo creía que sería más de europeas como las francesas o italianas.
Changbin: No me sorprende tanto, él fue muy descarado en México. ―Chan y Jeongin lo observan con cara de pocos amigos―. ¿Qué?
Jeongin: ¿Y tú en Brasil, Hyung? ―Changbin iba a hablar, pero fue interrumpido por Chan.
Chan: O tal vez te tengamos que refrescar lo que pasó en Perú. ―Se coloca las manos en las caderas observando fijamente al su amigo, este desviando la mirada ante la acusación―. ¿O en Chile?
Jeongin: Buena esa, Chan-Hyung. ―Chocan puños con una gran sonrisa y se alejan hacia las habitaciones, Changbin queda boquiabierta y sonrojado por el comentario lanzado por su mayor. Eso sí que no se lo iba a perdonar.
Changbin: ¡YAA! ¡¿Desde cuándo ustedes son tan unidos?! ¡¿Yo que les hice?! ―Casi grita al ir tras de ellos pocos segundos después y dejando el salón prácticamente a solas para estar con los demás.
En cambio, Felix y tú sacaban todo para empezar a preparar la tarea que te habían asignado. Tu novio se sabía a la perfección los ingredientes que utilizarían, sin embargo, tú los revisabas en medida de que él los iba colocando en la isla central. Cuando terminó de dejar los utensilios y te observó con una gran sonrisa.
Felix: Iré por los delantales, no te muevas de ahí.
Tú: De aquí no me muevo ni que me paguen. Que no quiero que me peguen con un desodorante. ―Se ríen divertidos ante la referencia a lo sucedido con sus amigos y lo ves alejarse para casi desaparecer por la puerta. Mas se detiene por un breve momento para voltear hacia ti.
Felix: Si uno de los chicos viene, por favor, no le digas que vamos a hacer Brownies, ¿sí? Te aseguro que querrán y es posible que no tengas tarea para entregar mañana. ―Otras risas se le escaparon cunado le confirmaste mientras él retomaba su camino.
Te sentaste en una de las sillas del desayunador y revisaste las notificaciones de tu celular en espera de tu novio. La puerta cedió y levantaste la mirada al creer que había sido él. Lo que no te esperabas era ver a un Seungmin totalmente desalineado y en pijamas entrar al espacio, rascarse primero la espada con los ojos aun cerrados y luego rascarse el trasero mientras habría el refrigerador. Ladeaste tu cabeza con una mueca al no entender qué hacer en ese tipo de casos.
Tomó la botella de leche y comenzó a beber de esta desde la misma botella, hasta terminarse el poco que parecía tener en su interior. Dejó el envase vacío donde mismo lo había encontrado y siguió revisando el interior de la nevera, ahora apoyándose de esta.
La puerta de la cocina volvió a sonar, esta vez para dejar entrar a Felix con un delantal azul ya colocado y uno rosa en mano. Se detuvo en seco cuando vio al pelinegro en el lugar y este lo contempló de vuelta con los ojos aún pequeños.
Felix: Oh, Minnie-ya. Creí que estabas muerto. Has estado durmiendo todo el día.
Seungmin: Aun no me acostumbro al Jet lag… ―Respira tranquilo y se estira en su lugar para luego suspirar―. Aun no sé cómo ustedes se acostumbran tan rápido a los cambios de horario. Que me siento como en la época del pre-debut. ―Felix se ríe por el comentario, claro que lo entendía, él también estaba cansado. Sin embargo, a diferencia de sus amigos puramente coreanos, él y Chan siempre enfrentaban esos cambios al viajas de Corea a Australia y viceversa. Quizás le afectó más en América o en Europa, pero tampoco fue mucho el problema.
Felix: Por lo menos podrás conocer a mi novia, aunque Chan-Hyung dijo que haría una cena para conocerla mejor. ―Seungmin se enderezo y quitó la mirada del interior del electrodoméstico, las cejas se fruncieron en duda hacia Felix, este señaló detrás de él y el menor de los dos volteó hacia donde él ubicaba, el color se le fue por completo a Seungmin.
Seungmin: Ay, no…
Tú: Hola… ―Mueves tu mano con una leve sonrisa, sabías lo que pensaba el amigo de tu novio, tú lo habías visto hacer todo eso y en silencio―. No te preocupes, yo no he visto nada. ―Ahora la cara de Seungmin pasó de un suave blanco coreano a un rojo manzana totalmente madura en cuestión de segundos, hasta sus orejas parecieron tomar ese color.
Felix: ¿Minnie-ya? ¿Estás bien? ¿Qué hiciste?
Seungmin: Iré a dormir de nuevo, me despiertan cuando sea el concierto. ―Felix tuvo que reírse al ver con la rapidez que había salido de la cocina, casi chocando con la puerta ante los nervios aflorados.
Felix: ¡Ja, ja! Déjame adivinar, se rascó el trasero y bebió directamente de alguna botella. ―Dice al acercarse a ti y entregarte el delantal.
Tú: ¿Lo hace siempre? ―Te colocas de pie mientras dejas tu celular en el desayunador, pasas tu cabeza por el espacio que el mandil otorgaba para esta e intentas hacerte el nudo en la espalda.
Felix: Más de lo que cree. ―Se coloca detrás de ti y te ayuda a atar los hilos―. Tanto yo como Hyunjin-Hyung y Minho-Hyung le hemos dicho que dejara de hacer eso. Justo porque en cualquier podría pasar momento una situación como esta. Pero es como una piedra, no entiende. ―Se ríe al terminar y colocar sus manos en tu cintura―. Bien, estás lista para preparar Brownies conmigo. ―Besa tu mejilla y se encamina hacia los ingredientes.
Tú: ¿Qué es lo primero? ¿Derretir el chocolate?
Felix: No, cariño. ―Niega con una sonrisa―. Tenemos que mezclar los huevos, la azúcar… ―Empieza a enumerar con sus dedos―. El extracto de vainilla, la sal y el café soluble. ―Sujeta un recipiente hondo de cristal y te lo acerca―. Hazlo aquí en el mismo orden que te dije.
Así pusiste manos a la obra. Él se colocó detrás de ti para corregirte por hacer algo mal o si necesitabas ayuda. Te pasó la batidora manual para que removieras todo, nuevamente llamándote la atención cuando casi se te vertía encima y explicándote con cuidado cómo era la forma correcta de hacerlo. Así pasaron cinco minutos mezclando, él apoyó sus antebrazos en la isla de la cocina para mirarte con adoración mientras estabas concentrada con el proceso.
Felix: ¿Ves que tiene burbujas? Eso no debe pasar, ¿de acuerdo? ―Asientes atenta a sus palabras y le pasas el recipiente cuando él lo toma para seguir―. La mezcla debe quedar blanca o amarillenta, uniforme y que dé esa sensación de que está esponjosa. ―Remueve otro poco más, las burbujas yéndose una por una―. Si dejamos esto, el Brownie nos quedará como muchos agujeros, como si fueran cráteres en la luna. Así me quedaban los primeros intentos y mi mamá me dio este truco. ―Se ríen con cariño por el comentario.
Tú: ¿Tu madre te enseñó a hacer los Brownies?
Felix: Sí y no. Por un lado, fue mi Nonna Rachel, y en otra parte fui yo mismo. Al igual que tú, Rachel tomó clases de postres y se quedó con esa técnica, la vi haciéndolos y quise aprender. Cada vez que tenía un momento libre los practicaba y un día quise hacerlo para la familia, entonces mi madre me dio las correcciones.
Tú: Entiendo. ―Observas la mezcla y Felix la deja a un lado al verla mejor que antes.
Felix: Muy bien~ Ahora vamos a derretir el chocolate. ―Toma varias bolsitas del dulce y los coloca frente a ti―. ¿Cuál prefieres? ¿Chocolate amargo, con leche, blanco o dorado?
Tú: ¿Cuál es la diferencia si elijo cada uno? ―Sostienes el chocolate dorado para leer a detalle su contenido.
Felix: Bueno, el blanco sabes que el color será totalmente diferente, el dorado contiene caramelo. ―Se cruza de brazos cuando te ve sostener el último mencionado―. El de leche quedará más claro de lo normal y no sabrá igual porque contiene leche, y el amargo es el que siempre se usa.
Tú: ¿El clásico?
Felix: El clásico. ―Confirma.
Tú: Entonces seguiré la receta original. ―Dejas el envase en su lugar y tu novio los aparta para abrir el elegido. Toma otra vasija de cristal y echa los granitos del dulce en este.
Felix: Tienes que tomar en cuenta que el recipiente que uses para derretir el chocolate sea como este. Debe soportar microondas. ―Lo señala al echar el material vacío en la basura y acercarse otra vez―. Con eso echamos la mantequilla. ―Agarras el recipiente y lo colocas encima de los chocolates―. Exacto, échalo todo. Muy bien. Llévalos al microondas por quince segundos.
Te levantas de tu lugar y agarras la vajilla transparente, él te sigue para que nada se escape. Fue gracioso esperar que el chocolate se derritiera porque se quedaron en silencio solo mirando como este daba vueltas en el interior del aparato y luego se miraron, como si cayeran en cuenta de que podían seguir hablando mientras esperaban. La campana sonó y fue tu novio que sacó la nueva fusión con un guante de cocina que ya había ubicado.
Felix: Dejaremos enfriar y luego la uniremos con los huevos.
Así hicieron. Tras unos minutos hablando de cómo había sido la gira en general y sobre sus próximas citas, él te indicó el cómo proseguir. Buscó el colador para echar tanto la harina como la cocoa y verterlas encima sin los grumos que se formaran. Mezclaste según lo indicado y luego juntos lo echaron en un molde para Brownies con papel encerado que él había colocado momentos atrás. Esparcieron cada uno con una espátula hasta que todo estuvo más o menos uniforme. Encendieron el horno a ciento setenta grados Celsius y lo dejaron cocinarse.
Justo cuando se quitaban sus delantales para limpiar la cocina, vieron a Minho y Hyunjin entrar con determinación, olfateando como si se tratan de dos pequeños animalitos persiguiendo algo en específico.
Hyunjin: Eso que huelo… ¿Es Brownies?
Felix: No. ―Soltó Felix con rapidez, pero sus mayores fruncieron sus ceños y te miraron con tanta intensidad que te dio escalofrío.
Hyunjin: ¿Tú eres la novia de Bokkie-ya?
Tú: A…já.
Minho: Hyunjin-ah, Minho. ―Señala primero a Hyunjin y luego a él en una presentación rápida―. ¿Tú hiciste los Brownies o él?
Tú: Ahm… Juntos. Pero son mi tarea para una clase de repostería. ―Los mayores chasquearon la lengua con frustración y se enderezaron en sus lugares para regresar, tú miraste a tu novio confundida.
Hyunjin: Aborten la misión, son para una tarea de la novia de Bokkie-ya. ―Se escuchó más de un suspiro y queja de frustración por parte de los chicos desde los pasillos, como si todos estuvieran esperando que dieras un paso en falso y entrar todos juntos a atacar. Esto los hace reír a ambos al retomar el quitarse los mandiles.
Después de treinta minutos tanto el Brownie estuvo listo como la cocina limpia, Chan y Minho decidieron preparar la cena de esa noche cuando tuvieron el espacio. Al final hicieron prometer a Felix que les haría una bandeja del aperitivo a ellos para que se quedaran quietos y no robaran nada de lo que habías hecho.
Ahora estaban todos desparramados en el salón principal. Hyunjin, Jeongin y Jisung jugaban UNO con las cartas del mayor de los tres. Changbin hablaba con su madre por videollamada desde el balcón, sentado en una de las sillas para no apoyarse en las barandas y no ser reconocido por quien sea que pasara por esas calles. Felix y tú se encontraban en los muebles jugando Genshin Impact para pasar el rato de espera. Seungmin seguía durmiendo en la habitación que compartía con Bang Chan y Jeongin.
La cena estuvo lista a mediados de la noche y todos se reunieron en la mesa principal del departamento entre bromas molestas (pero moderadas, no querían que Chan o Felix se molestaran por asustarte o incomodarte) y una que otra jugarreta hacia el rubio del grupo por comportarse con más tranquilidad, culpando a tu presencia por esa actuación tan cuidadosa.
Felix: Soy así de tranquilo, no molesten. ―Comentó mientras Chan servía lo preparado y Minho colocaba los platillos frente a sus amigos. Changbin había terminado de la videollamada, por lo que ayudó tanto con la bebida como con los vasos que utilizarían. Debías admitir que, a pesar de ser un poco caóticos, sí sabían trabajar en armonía y hacían sentir el ambiente bastante cálido al estar todos juntos.
Chan: ¿Dónde está Seungmin-ah?
Jisung: Creo que sigue dormido.
Chan: Ve a despertarlo.
Jisung: ¡¿Y por qué yo?! ―Chan lo mira con seriedad y Han chasquea la lengua antes de levantarse para ir por el menor, los demás aguantaron las risas, algunas escapándose mientras más se alejaba el castaño. Al rato se escuchó un fuerte manotazo desde la habitación que les llamó la atención y luego se vio un risueño Han ahitado, corriendo devuelta hasta su lugar. Seungmin apareció justo cuando Han se acomodó en la mesa como si no hizo nada, con una almohada en la mano y cara furiosa.
Seungmin: ¡¿Quién se atrevió a despertarme así?! ―Gruñó, frotándose los ojos y acomodándose el cabello despeinado. Miró a cada uno con molestia―. ¡Hablen ahora, infelices!
Chan: Minnie-ya. Hay visitas, compórtate y cámbiate, la cena está lista.
Seungmin: Pfff… Uno no puede descansar con estos infernales. ―Susurra para acomodarse en una silla vacía aun en pijama, Chan lo iba a reprochar para que se fuera a cambiar, pero decidió respirar y solo dejar que haga lo que quisiera, él también tenía hambre y ya quería sentarse.
Felix: Lamento esa escena. ―Te murmura Felix por lo bajo mientras los demás están en su mundo―. Sabes que ellos son…
Tú: No pasa nada, son muy divertidos. ―Se ríen mirándose a los ojos.
Jisung: ¡Ay! Búsquense un motel.
Seungmin: Tú búscate una vida.
Jisung: ¿Quién dijo “perro, ladra”?
Hyunjin: ¿Por qué prepararon pollo frito?
Minho: ¿Fuiste tú que cocinaste? ―Lo señala con una cuchara―. ¿Verdad que no? Cierra el hocico y te lo tragas. ―Hyunjin hizo un puchero y miró su plato como un niño regañado.
Jeongin: ¡Hyung! ¡Yo quería ese muslo! ―Le gritó a Changbin cuando este se acercó las pinzas y lo tomó con rapidez antes de que fuera arrebatado―. ¡Eres un tramposo! ¡Iba a ser mío~!
Changbin: Para la próxima no seas tan lento, Innie-ya~ ―Se ríe casi a carcajadas y haciendo que tanto Seungmin como Jisung se cubrieran los oídos por lo estruendosa que era.
Felix te miró de nuevo y tú apretaste los labios intentando no volver a reír.
Chan: ¿No hay más sillas? ―La mayoría lo miran y luego se ven entre ellos, la mesa tenía ocho sillas y, donde se suponía que él debía sentarse, estabas tú. Todos intentaron darle su lugar al mismo tiempo, pero él los detuvo―. No, no está bien. Ya lo resuelvo. ―Fue al salón, agarró el sillón unitario de los muebles y lo acercó a la mesa, estaba un poco fuera de lugar, pero lo suficientemente cerca para hablar y buscar su comida.
En el transcurso de una hora Felix y Seungmin casi se sacan los ojos con los tenedores por un pedazo de pollo que tú querías, Minho se quejó dos veces del jugo de cartón que habían servido (supuestamente era de naranja, pero para él sabía a Sandía), Changbin se peleó con Hyunjin por comentar que parecía un salvaje al comer los huesos, Jeongin empezó a cantar la canción de Demons Hunters, Golden, y tanto Jisung como Hyunjin y Changbin le siguieron poco después, olvidándose de la discusión. Y Chan…
… Bueno, Chan fingía demencia para que no le agarrara una fuerte migraña. Devoraba su cena mirando a otro lado, solo repitiéndose en la mente: “Si no lo veo, no está sucediendo”.
Al reposar el silencio fue más notorio ya que cada uno estaba enfocado en su celular viendo sus notificaciones o jugando, con el estómago lleno ya no había tanta energía para pelear o hablar, solo enfocarse en respirar tranquilo. Siendo los únicos hablando en la mesa el mayor junto a ti y a Felix.
Chan: Este lugar siempre se convierte en un campo de batalla cuando ellos comen.
Tú: Sí… nunca había visto tanta energía en una sola comida.
Felix: Amor, te prometo que solo pasan así cuando están todos juntos… aunque confieso que a veces me distraigo con ellos.
Tú: Son un caos adorable, se ven como una familia real. Como si compartieran sangre. Por eso la conexión es tan bonita. ―Te acomodas en tu lugar―. Debo admitir que en los conciertos sí se ven muy unidos, pero verlos en tarima y verlos en la cotidianidad es muy distinto.
Chan: Nos lo dicen bastante. ―Entrelaza sus dedos mostrando sus hoyuelos en un gesto de sonrisa genuina―. Aunque, ahora que lo mencionas, ¿estuviste en un concierto de Latinoamérica? Siento que te vi en uno de ellos.
Tú: Oh, no. No pude, no alcancé a comprar los boletos. Aun teniendo un NOVIO… ―Lo miras fijamente y le finge silbar mientras observa a otro lado, Chan se ríe―…que podía hacerme el favor.
Felix: Ya te lo dije, amor. Ni siquiera yo pude alcanzar, esa plataforma estaba muy caótica. Ni los del staff lograron conseguirlo para hacerme el favor. En un momento nos ilusionamos porque la maquillista gritó que logró estar en fila y… ¡ZAZ! Que la sacan de la nada. ―Suspira frustrado al recordar―. Que lo reporté demasiadas veces con el equipo de la empresa, ahora entendía por qué tantos problemas en los conciertos y quejas.
Chan: Sí, que lo vimos muchas veces por redes sociales. Más otras “cosas”. ―Se rasca la nuca, intentando no recordar que esto le afectó demasiado―. Pero... que la podías llevar el backstage.
Felix: Teníamos meses de relación en ese momento, aún estábamos con las citas. Se supone que habíamos acordado no presentar a nadie hasta que tuviéramos los diez… once…
Tú: diez. ―Asentiste mirando la mesa y él confirma con la cabeza.
Felix: Sí, diez meses de relación. Cuando nos sintiéramos muy estables en nuestra unión. Además de que ella tenía este nuevo proceso personal y las fechas en su mayoría eran en día de semana…
Tú: Eso es cierto, se me complicaba bastante. Chan, en serio… que mierda de fechas, amigo. ―Él ríe cuando llevas tu mano a tu cara con queja y la acaricias, él mira al rubio y Felix alza su ceja hacia Chan como si dijera “te dije que es especial y divertida”, era obvio que le agradaba tu personalidad―. La fecha que más se me facilitaba era la de Brasil, creo que la segunda y… ―Felix dejó de escuchar un momento al ver que Seungmin se levantaba de la mesa con pereza y sostenía su plato, era evidente que la llevaría a la cocina para volver a su habitación.
Felix: ¿Seungmin-ah? ―Este lo mira con seriedad, sus parpados hasta la mitad de los ojos―. ¿Me puedes hacer un favor? ―Este camina hasta rodear la mesa para acercarse más al rubio y escuchar la petición―. ¿Puedes traerme una porción de Brownie? Uno de la esquina. ―Seungmin asiente―. Donde están los condimentos hay un envase con canela en polvo, por favor, espolvoréaselo encima, ¿sí?
Seungmin: ¿Puedo comer uno?
Felix: No, Seungmin. Esa es la tarea de mi novia. ―Él chasquea la lengua y se aleja―. ¿Me lo vas a traer?
Seungmin: Sí, sí. ―Suelta de mala gana y desaparece por la puerta de la cocina, Felix vuelve a retomar la conversación contigo y Chan.
El pelinegro fue hasta el fregadero y limpió su plato, tras secarse las manos buscó otra vajilla y fue hasta el postre. Como le indicó el mayor por unos días, agarró una espátula y sacó la porción de la esquina, la ubicó en el medio del plato y fue hasta donde estaban las especias.
Y entonces vino el problema.
Había dos frascos exactamente iguales… y ninguno de los dos tenían etiquetas.
Seungmin: Si uno es canela, ¿qué es el otro? ―Meditó al acariciar su mentón, ¿sería canela también? ¿Por qué habría dos frascos de canela en polvo? Ni idea. Los italianos de seguro serían psicópatas y siempre tenían dos frascos de canela. Tomó el más cercano y lo esparció sobre el dulce.
Salió de la cocina y le dejó el plato a su amigo, este agradeciéndole cuando Seungmin se dio la vuelta para ir a dormir de nuevo. Felix limpió el cuchillo que había usado con una servilleta y partió el dulce a la mitad, te pasó un pedazo y él comió otro para seguir hablando.
Felix: El problema es que no estábamos acostumbrados a ese clima, y mira que hay mucho sol y calor en Australia.
Chan: Sí, pero no es el mismo calor. Porque en Sudamérica es muy húmedo y pasa a llover de repente. Vuelve y hace sol… De nuevo llueve. Y hace sol. De repente hay tornado frente a tu puerta. ―Los tres se ríen, Hyunjin y Jeongin también ríen al recordarles algo ese comentario.
Tú: ¡Sí, sí! ¡Eso es cierto! De donde yo vengo eso pasa siempre, y creo que pasa en casi todos los países de Latinoamérica. Me parece que en Estados Unidos es algo diferente. ―Empiezas a comer del Brownie―. Mmmh~ Ay, Fefi, esto está delicioso.
Felix: Te dije que estaría muy bueno.
Chan: Espero el mío después del concierto.
Felix: Pasado mañana compraré los ingredientes. ―Se come el último pedazo que le quedaba y se sacude las manos con tranquilidad―. Que la canela… ―Se cubre la boca cuando aún está masticando―. Que la canela le da el toque.
Tú: ¿Esto es canela en polvo? ―Él asiente―. Sí que le da el toque.
Felix: Pero creo que la canela italiana es diferente, sabe más a nuez con dulce, tiene sensación terrosa. ―Tú también comes el último bocado al estar de acuerdo y limpias tus dedos a la vez que Felix traga―. Y Seungmin-ah le echó demasiado. Pero aun así el Brownie está bueno. ―Tose un poco antes de continuar―. Como decía. En Australia el calor es incómodo, pero el clima no cambia tanto. En Estados Unidos creo que es ciertamente parecido a Australia.
Chan: Creo que en Chicago el calor pega distinto, pero no es tan húmedo como en Sudamérica. ―Ustedes aceptan la idea de Chan y siguen hablando de esto por un rato más.
Con el paso del tiempo Changbin se levanta de la mesa y es seguido por Jisung para lavar sus platos, luego es Minho el que va cuando los dos anteriores vuelven a sentarse en la mesa y así cada uno deja el lugar limpio. Tú te percatas de ese detalle y sonríes, los coreanos sí que eran personas muy organizadas y limpias en casi todos los aspectos.
De alguna manera ellos se fueron agregando a la conversación y de a poco empezaron a hacer anécdotas de sucesos que les había pasado en el Tour. Las risas no faltaban y más de una vez chocaban las palmas o puños en la mesa, e incluso se levantaban para reír mejor antes las situaciones que contaban.
Minho: Entonces Han-ah se cae en plena tarima cuando le lanzo el agua en la espalda y todos quedamos quietos. ―Se inmoviliza en una pose extraña que saca más de un resoplido divertidos―. Pero Hyung nos miró como diciendo “¿son idiotas o le pegaron de pequeños? Sigan moviéndose”. ―Las risas sutiles volvieron―. ¡Y que el muy idiota empieza a cantar en el pisoooo! ―Ahora sí se carcajearon todos.
Bueno, todos menos tú y Felix. Ambos simularon unas risas mientras se removían en sus lugares, ninguno de los dos se miraba y fingía estar bien, pero en realidad es que el fuego los estaba consumiendo…
… y vaya que los estaba jodiendo demasiado.
Tu pierna se removía nerviosa y los ojos de tu novio no estaban quietos en un solo sitio. Él entrelazaba sus dedos nerviosos encima de la mesa y tragabas pesado cada dos segundos. Pestañeabas con cierto ardor en tus mejillas y Felix…
…Felix sentía su pene demasiado despierto. Su tic en el ojo le decía a todo su cuerpo que algo no estaba marchando bien.
La nueva ola de carcajeadas los sacó de ensueño y los hizo fingir risas de nuevo, para todos pasaba desapercibido el cambio de ritmo que ustedes llevaban, salvo para una persona: Chan. Él veía cómo gradualmente ustedes iban de una tranquilidad cualquiera a una inquietud casi llamativa. El líder era muy observador, nada se le escapaba, aunque no lo dijera. Pero empezaba a preocuparle que ambos, al mismo tiempo, presentaran tales síntomas.
Changbin: ¡Eso es mentira! ¡Mucha mentira! ―Le gritó a Minho―. Canté con el balde en la cabeza en Latinoamérica, yo lo recuerdo.
Jeongin: Eso fue en Orlando, Hyung idiota. ¿No recuerdas que llegamos de Atlanta y que a Jisung-Hyung se le perdió su maleta? Tardamos más en llegar al hotel por eso. ―Changbin parece dudar un momento y se queda pensativo.
Jisung: No, no, esa pasó en Singapur. Que mi maleta siguió de largo y nadie se dio de cuenta que había pasado.
Jeongin: ¡¿En Singapur?! ¡Pero si estás más idiota que Changbin-Hyung! ―Jeongin, que estaba al lado tuyo, se levanta de repente y por el removimiento de su creciente ira por sus mayores, te golpeó con su codo sin querer sin esperar lo que estaba a punto de pasar.
Tú: ¡Ngh~! ―Gemiste casi en queja y…
Todo se hizo silencio.
Mucho silencio.
Tú te cubriste los labios. Felix abrió más los ojos. Changbin, Jisung y Jeongin te miraron de repente. Chan maldijo en su mente. Hyunjin y Minho tomaron de su juguito en silencio y Seungmin… Bueno, Seungmin estaba en el séptimo sueño.
Felix: ¿Estás bien? ―Susurró al mirarte, sus ojos encontrándose con los tuyos y viéndose fijamente. Asientes con rapidez mientras bajas la vista.
Tú: Sí, solo fue un pequeño golpe. ―Te sostienes del brazo, justo en el lugar que Jeongin te había pegado. No te dolía, pero, luego de ese vergonzoso molesto, debías fingir que solo ese estúpido toque no te había hecho gemir antes de que reaccionaras. Tu voz salía más temblorosa de lo que querías y tu novio lo notó.
Chan: Felix, llévala al baño y revísale que no le deje moretón. Hay algunos productos en el tocador por sí los necesitas. Cualquier cosa me puedes avisar. ―El rubio asiente mientras se coloca de pie contigo. Chan mira al menor del grupo al cruzarse de brazos―. Jeongin-ah, para la próxima vez sé más cuidadoso. ―Este asiente, pero aun mirando la situación entre Felix y tú.
Felix: Vamos. ―Su voz sonaba más baja de lo habitual, pero intentabas fingir que no la escuchabas, no ahora, esta no ayudaba a que estuvieras cuerda.
Los dos caminaron hacia el pasillo, con las miradas de todos siguiéndolos hasta que se perdieron tras la esquina. El eco de las risas que habían llenado la mesa quedó atrás, y lo único que podías escuchar era el golpeteo de tu corazón y el roce de las zapatillas de Felix en el suelo.
Se detuvieron a unos metros del baño. Justo casi frente a la puerta de la segunda habitación de las tres que había. Tú miraste a tu novio sin entender el por qué se había detenido, pero Felix… A Felix se le estaban fundiendo las neuronas. Dentro de su cabeza había una parte que quería llevarte al baño y hablar de lo que sea que les estuviera pasando… pero ahí estaba su habitación, la que compartía con Hyunjin y Changbin, y estos dos se encontraban en el salón con los demás.
Tú: ¿Fefi? ―Él no contesta―. ¿Cariño? ―Pestañea como si saliera de una ensoñación―. ¿Pasa algo?
Felix: Los siento. ―Suelta un suspiro tembloroso y gira apenas la cabeza hacia la puerta de su habitación. Su manzana de Adán se mueve fuerte al tragar―. Es que… no puedo pensar con claridad ahora mismo.
Tú: ¿No te sientes bien? ―Te enderezaste a su lado y acariciaste su rostro, él respiró hondo con tu toque, cerrando los ojos para concentrarse en este. Intenta recomponerse, mantenerse coherente, no sabía por qué se sentía de tal manera, pero reconocía que no debía dejarse llevar.
Felix: Me siento… demasiado bien y demasiado mal al mismo tiempo. ―Susurra con voz ronca, su mano tomando la tuya en su cara―. Es como si mi cuerpo me pidiera algo que no debería ahora.
Tú: Creo que no eres el único que te sientes así… ―Él abre los ojos y te contempla―. No me siento coherente desde hace pocos minutos.
Como si esas palabras fueran gasolina al fuego que lo estaba consumiendo, sus dedos se entrelazan con los tuyos y los aprieta, con desesperación contenida.
Felix: Cariño… ―Él respira hondo y suelta el aire despacio, como si temiera que cualquier movimiento le hiciera tomar la decisión incorrecta―. Si no me detengo ahora, no voy a poder hacerlo luego. ―Su confesión queda suspendida en el aire, más peligrosa que cualquier contacto―. Y… no quiero que pienses que me aprovecho de ti, no aquí… no así. Los chicos están ahí afuera… ―Felix mira al techo un segundo y vuelve a tomar aire―. Debemos esperar a que pase-… ―Acercas tu rostro a su mejilla y la besas, él se queda inconcluso―… pase… Que pase… ―Otro beso, cerca de sus labios. Algo en su pecho tiembla―. Que pase… ―Jadea frunciendo el ceño, hacia un esfuerzo sobrehumano. Un tercer beso en su comisura lo hicieron temblar―. No…
Tú: ¿“No”?
Felix: No… ―Niega, pero no se mueve, ni se aleja, ni rompe el enlace de sus dedos―. No.
Tú: Está bien. No.
Tus palabras parecieron darle un mínimo de alivio, pero también lo dejaron más vulnerable. El “no” de Felix no era rechazo, era un hilo delgado al que se estaba aferrando para no caer en el abismo de lo que realmente deseaba.
Felix: Exacto, “no”. ―Asiente como si intentara convencerse a sí mismo, tú lo miras detenidamente―. No… No puedo… ―Suelta tu mano en su cara, tú también ibas a quitar la tuya de esta, pero no lo hiciste cuando sentiste que ahora te sostenía de la cintura, apretando con cuidado―. No lo… puedo hacer… ―Hablo demasiado bajo para ser normal. Te acercó contra su cuerpo sin llegar a besarte todavía, respirando hondo, como si tu cercanía lo incendiara más.
Tú: Entonces debes detenerte… ―Por primera vez, y en mucho rato, sus ojos se volvieron a encontrar. Sus dedos apretaron tu cintura con más fuerza, la picazón de sus dedos removiendo la tela de tu blusa.
Felix: Lo intento. ―Su cuerpo se movió solo al empujar el tuyo hacia la pared despacio―. La verdad que lo intento… ―Susurra, como si confesara un pecado―. Pero contigo no sé cómo detenerme.
Su pecho latía desbocado contra el tuyo, cada respiración caliente chocando en tu piel. Y en sus ojos, nublados de algo inexplicable que compartías, mostraban su debate mental entre detener todo o dejarse llevar.
Justo al lado de ustedes estaba la puerta de la habitación. La mano libre de Felix se encaminó a la perilla sin dejar de mirarte, tú no tenías que ver sus movimientos para saber lo que pensaba.
Tú: Si abres esa puerta… ―Tus ojos se mueven por todo su rostro, el calor siendo intenso en los dos―. No hay marcha atrás.
Felix: Lo sé… ―Suspira, casi perdido en sus propios pensamientos―. Pero… no puedo alejarme de ti.
Tú: Piénsalo bien.
Él no responde con palabras. Solo deja escapar un jadeo bajo, sus labios rozando tu mejilla mientras su otra mano trepa, acariciando tu espalda con temblores controlados. Sus pupilas, dilatadas, solo mostraban que no estaba siendo del todo coherente en la ruta que había decidido. Allí, en ese instante, toda su concentración está atrapada en ti.
Felix: No puedo más…
Su mano finalmente descansa en la perilla.
Tú: Felix.
Esta cruje cuando él la aprieta con fuerza, su mandíbula tensándose también.
Felix: Solo será besarte.
Tragas grueso.
Tú: Sabes que eso es mentira.
Él gira lentamente el metal.
Felix: No soy el único que quiere que lo sea.
Tú: Felix, tus amigos…
Felix: Solo te veo a ti.
El clic de la puerta, indicando que está abierta, alerta a los dos. Sus ojos fijos en el otro. Y, antes de que pudieras reaccionar, él empujó la madera, los hizo entrar con una velocidad casi inhumana y les dio la vuelta para colocarlos contra la puerta tras cerrar la entrada.
Sus dedos fueron rápidos en colocar el seguro y así, en medio de la tenue oscuridad de la habitación, tomó tu boca con una desesperación casi animal. Lo sostuviste de la cara cuando él se pegó a ti sin cuidado alguno, sus jadeos y respiración eran erráticas hasta el punto de sacudir todo tu interior.
Felix: No quiero detenerme. ―Gruñe. Sus manos se aferraban a tu cintura con fuerza, apretando cada centímetro como si el mundo desapareciera afuera de esa habitación. Su boca no dejaba espacio para nada más: besos urgentes, casi irracionales, llenos de un deseo que había estado conteniéndose hasta ese instante.
Tú: Fefi… ―Otro beso―. Felix.
Felix: No… puedo… ―Resopla contra tus labios, apenas audible―. No quiero… no quiero… ―Tu cuerpo fue tocado de tantas maneras por sus manos que parecía casi caer a la locura, estaba desesperado, no sabía por dónde comenzar o qué primero tener―. Te quiero ahora. No quiero parar. ―Antes de que dijeras algo su lengua fue a tu cuello y lamió lo que encontró, un gemido desesperado se desprendió de tus labios. Su reacción a ese sonido fue plantar el bulto de sus pantalones en tu entrepierna―. No quiero… no quiero alejarme de ti…
Tú: Yo tampoco quiero. ―Suplicaste al arqueas tu espalda, él aprovechando el espacio para llevar sus manos a tu espalda y casi araña lo que pudiese, sus venas empezando a marcarse en sus brazos ante el vano intento de controlar la adrenalina.
Sus labios rozaron tu cuello otra vez, mordiendo y jadeando contra tu piel, gesto que hizo que tu corazón se acelerara. El calor de su cuerpo contra el tuyo provocando un temblor involuntario. Su mirada te quemaba, llena de deseo contenido y vulnerabilidad al mismo tiempo.
Casi te aplastaba contra la puerta, cada roce de su pecho contra el tuyo quemando. Sus manos recorrían tu cintura con firmeza, casi tirando de ti hacia él, mientras sus labios buscaban los tuyos con una urgencia que era feroz.
En un arrebato te llevó con él hacia otro lado, te quitó la blusa casi a jalones y jadeos desesperados. Hiciste lo mismo con su camiseta y tocando al instante tanto su pecho como sus abdominales, tus dedos sintiendo los relieves de su cuerpo caliente mientras él buscaba no perderse en las sensaciones que le provocabas. Retomó el arrebato en tus labios sintiendo como lo rodeaste con tus brazos, Felix aprovechó el gesto para levantarte desde los muslos y cargarte sin esfuerzo.
Ladeaba su cabeza y emitía sonidos que no dejaba nada a la imaginación, siendo evidente en lo desesperado que estaba por tenerte, tú tampoco te quedabas atrás, porque de vez en cuando tomabas su mandíbula para guiar el beso y morderle los labios sin coherencia alguna. Sí que sabías satisfacerlo y él lo demostraba con las sonrisas que desprendía con cada chasquido de beso.
Te tiró a la cama cuando estuvieron cerca, no sabía si era de él o de alguno de sus compañeros, pero no le importaba. La mente de Felix solo tenía tres cosas: “La quiero coger, que gima duro y hacerla mía”. Se repetía una y otra al colocarse sobre ti, ambos solo usando sus jeans como único impedimento además de tu sostén.
Felix empezó a lanzar todas las almohadas al piso, te atraía a él y se restregaba cada vez que podía a tu cuerpo. La habitación se llenó de suspiros, miradas ardientes y el calor de sus cuerpos tan cerca que parecía imposible pensar en nada más.
Arañabas su piel y él se ondeaba sobre ti en disfrute, sus piernas abriendo las tuyas sin necesidad de usar sus manos, sus caderas permitiéndose moverse y ver cómo te removías bajo de él. Él tuvo que colocar sus manos en tus hombros desde atrás para que no te escaparas de su sombra y mordió desde tu clavícula hasta tus pezones sobresalientes.
El sudor empezaba a desprenderse de sus cuerpos, el vapor que exhalaban confundía más al otro y subía la temperatura del momento, olvidaban todo lo que pasaba en el exterior, él estaba atrapado en tus deseos.
Tu novio terminó por separarse de ti unos centímetros para irse contra tu pantalón, lo jaló junto con tu ropa interior y lo tiró en el piso casi con odio al igual que tu calzado. Se retiró su propio calzado sin dejar de comerte con la mirada. Los ruidos que él emitía al verte desnuda, solo para su merced, no parecían de un hombre cualquiera. Es como si Felix se olvidara que en algún momento que era un ser racional y solo tuviera mente para estar entre tus piernas y escucharte suplicarle por tenerle.
Tus manos vuelven a su cara, acarician sus anchos hombros, siguen por sus pectorales y suben a su cuello, tus ojos ven todo con descaro y los de él se inundan del placer de verte disfrutarlo. El sostiene tu muñeca derecha al tener tu mano en su abdomen bajo, la detuvo de subir y cambió el rumbo para que llegaras hasta su pantalón. Lo veías tirar su cabeza hacia atrás, sentías su piel contraerse con tu paso, su respiración atascarse y su voz cambiar a tenerte a la orilla de la tela.
Dejaste de acariciar su espalda con la izquierda e hiciste que ambas manos atacaran su botón para quitarlo, bajaron el zipper y él se alzó más sobre ti para darte espacio a lo que sucedía. Él bajó su mirada hacia ti y le sonreíste mientras bajabas tanto la parte delantera de la prenda inferior junto con la interior.
Sus labios se abrieron al sentir que su pene tuvo contacto del ambiente exterior, de que estaba libre al fin de aquella prisión de tela. Pero su satisfacción se transformó en casi agonía cuando tomaste la punta con tu mano, sus ojos giraron y otro gruñido se desprendió de su pecho. Sus brazos se sacudieron al ser el único soporte que lo erguía sobre ti.
Tú: Amor…
Felix: Por favor. ―Suplicó temblando y respirando con dificultad, sus piernas se abrieron más por inercia y empujaron sus caderas contra tu palma. Su frente descendió hasta tu hombro, sus jadeos continuaron a pesar de que lo satisfacías con suavidad y cuidado, su calor te cubría casi por completo.
Él estaba perdido, su mente no sabía diferencial entre tu mano o tu interior, apenas podía tener los ojos abiertos y racionalizar algo en su interior. Pero, en un atisbo de luz, recordó lo que hacía y se percató de que no te entregaba todo lo que le dabas.
Estabas tan distraída en sus expresiones que casi ignoraste las caricias por el contorno de tu piel expuesta, que se desviaron por tu pelvis hasta llegar a tu entrada y que allí sus dedos acariciaron la humedad que encontraron. Ambos gimieron casi al mismo tiempo, la excitación aumentando.
Felix: Necesito… sentirte… ―Besa bajo tu mentón y respira profundo tu aroma, sus dedos tantean, pero no entran para seguir jugueteando con la parte externa, cada movimiento pareciendo ser replicado por las caderas de él―. Que me tragues. ―Ahora sí empujó tanto el dedo medio como el anular tu interior mientras abría sus labios al igual que tú, sus ojos atrapando cada uno de tus gestos desde su ángulo, estar así era tan erótico que aumentó el ritmo de las falsas penetraciones contra tu agarre.
En algún punto de los encuentros, la introducción de los dedos de Felix se asemejaron a sus movimientos y, aunque no sea su pene que estuviera dentro de ti complaciéndote como querías, te sentías rozar la gloria con cada empuje. Aún más cuando usó su pulgar para motivar tu clítoris y lo que salió de tus labios fue más allá de un gemido, fue un alarido de súplica, de deseo de que acabara con tu tortura.
Las pupilas de Felix se desenfocaron, su piel se erizó y la locura se apoderó de su sistema. Sacó sus dedos con fuerza, haciéndote temblar de dentro hacia afuera, soltó tu mano de su miembro para ahora llevarla hacia encima de tu cabeza, la unió con tu otra mano y con su derecha sostuvo tus muñecas fijamente.
Felix: Quiero que me escuches… ―Pestañeaste confundida por su voz profunda, casi hipnotizándote por lo deliciosa que sonó en el momento―. Mis amigos están allá… afuera. No hagas ruido. ―Se acerca un poco más―. Y si lo vas a hacer… ―Sonríe de lado al irse alineando con tu entrada sin necesidad de sostener su miembro―. Haz que sea inolvidable.
Con eso se introdujo en tu interior y tu cuerpo no conectó la excitación con la respuesta, te encogiste en tu lugar sin dejar de mirarlo, tus dedos se retorcieron y tus nervios temblaron casi al mismo tiempo mientras te mordías los labios…
Y a él no le gustó eso.
Esperaba que gritaras, quería que gritaras. Ladeó su cabeza al empezar a moverse, esperaba a que gimieras, que rogaras, fue subiendo el ritmo viendo como aumentabas el esfuerzo de no soltar sonido alguno.
Entonces ya su paciencia se fue a la mierda. Su derecha sostenía tus manos, pero su izquierda se plantó en tu cuello con la fuerza exacta para hacerte abrir la boca y soltar los sonidos que él quería escuchar.
Felix: Eso está mejor. ―Pega una fuerte embestida que te hace levantar la mirada con un gimoteo agudo―. Mucho… mejor.
Se enderezó en su lugar y… no hubo marcha atrás. Desde atrás solo se podía ver como Felix atacaba si piedad tu interior, sus caderas contrayéndose cada vez que se moldeaba entre tus piernas a su gusto, gimiendo con la misma intensidad plantaba su fuerza.
Volteaste la cara y él la enderezó para que lo volvieras a ver, te observaba fijamente desde arriba, como un animal devorando su presa con las ganas que el hambre le generaban, la ternura que tenía al momento de cocinar desapareció al sentirse dentro de ti.
Tus uñas se hundieron en las sábanas, tu cuerpo pedía respirar, imploraba aferrarte en la línea de la realidad. Sin embargo, tu mente estaba en otro lado distinto, tus ojos se cruzaban y la sonrisa incoherente mientras balbuceabas eran una clara señal para Felix que estabas al punto de tocar el paraíso.
Entonces te soltó y se recostó sobre ti, sostuvo tu cadera y muslos, te besó al sentirse al borde del colapso, seguías sus movimientos sintiendo sus sacudidas, estaba tan cerca como tú. Acariciaste su cabello, lo tomaste con fuerza y él gimió deseoso de más, cerró sus ojos empujando lo más profundo que podía, sus músculos rogando porque se desahogara, aunque su cabeza le pidiera que extendiera más el momento. Solo una embestida más, un ruego, una caricia, necesitaba algo que lo terminara de perder.
Y ahí fue que su cara se contrajo, cuando lo envolviste una vez más como si entendieras lo que le faltaba, su voz y respiración se atoraron quedó atrapado en la urgencia de terminar, en la pasión de llegar juntos al orgasmo y lo pudiste ver gemir desesperado mientras tu interior se llenaba de calidez, desbordarte junto a él al plantar tus manos en su espalda. Sentirse tan plenos al mismo tiempo que perdieron la noción de qué era real y qué era demencia.
No se miraron hasta que pasaron minutos enteros perdidos en su propio mundo, buscando aire casi con arrebato hasta que tu novio salió de tu interior y se desplomó a tu lado.
Ahora los dos, desnudos, veían el techo oscuro de la habitación como si fuera la cosa más fascinante del mundo. No entendían el porqué, pero ese desahogo fue… diferente. La primera en sonreír lentamente fuiste tú. Y él, sin mirarte, también fue mostrando esa mueca alegre, como si lo que hizo fue fascinante. Aun no sabían qué fue lo que provocó esa reacción de ambos (pero se lo imaginaban), pero… maldita sea, sí que lo agradecían.
Tan sumergidos estaban en su mundo dentro de aquella habitación, que no se imaginaban como se encontraba el resto del equipo. Casi todos habían optado por usar sus audífonos mientras que Chan, Han y Changbin se habían encerrado en el balcón para tratar de escribir o producir lo que sea que los distrajera de esos “ruiditos de amor”.
Chat grupal (desde el punto de vista del celular de Felix):
Minho-Hyung: ¿Ya terminaron?
Zorro divertido: No me voy a arriesgar a quitarme los audífonos.
Aussie-Hyung: Los chicos y yo fuimos los últimos en revisar, Han-ah casi se arranca las orejas.
Prince-Hyung: A mí ni me miren. Estoy escuchando mis canciones favoritas, no quiero escuchar como los pollitos se “reproducen”.
BinBin-Hyung: Esos SÍ que fueron Brownies felices. ¿Cuál era la tarea? ¿Ver cuánto se reproducían al comer uno?
Quokka-Hyung: ¿Te imaginas que todos habríamos comido?
Prince-Hyung: …
Aussie-Hyung: …
Zorro divertido: …
Minho-Hyung: Quisiera estar muerto como Minnie-ya ahora mismo.
Extra:
Seungmin escucha entre sueños que alguien toca la puerta, lo ignora. También siente que la puerta es abierta y quizás se despertó un poco, pero sus ojos se volvieron a cerrar creyendo que podrían ser Jeongin o Bang Chan. Se removió con quejido al sentir que lo removían y ahí abrió sus ojos. Casi gritó al ver tanto a Changbin como a Hyunjin frente a él, entre las penumbras de la habitación, con grandes sonrisas.
Seungmin: ¿Pero qué mie-…?
Changbin: Digamos que Bokkie-ya está en su “momento feliz” ahora mismo.
Hyunjin: Y nosotros ahora no tenemos dónde dormir.
Changbin y Hyunjin: ¿Podemos dormir con ustedes? ―Se acercan más hasta que el pelinegro se sienta en la cama y los empuja.
Seungmin: No.
Al final Changbin sí durmió con Seungmin y Hyunjin con Jeongin.