Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 13 de septiembre del 2025
Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 13 de septiembre del 2025
Pensaste ver antes el infierno congelarse que a Minho derramando lágrimas, pero ahí estaban ustedes tres, estáticos, sin entender muy bien lo que pasaba con cada uno. Felix y tú no dejaban de ver al castaño con sorpresa.
Minho: Luché contra lo que creía correcto… —Abre sus labios para decir algo más, pero niega sin terminar la frase. Respira hondo y se da la vuelta, dejándolos más asustados de lo que ya estaban. Pero… ¿qué había pasado con exactitud?
Tú: Minho-…
Minho: ¡No! —Su voz lo asustó tanto a tu novio como a ti—. No me vengas a preguntar lo que pasa, si sabes MUY bien lo que pasa. —No se giró ni un momento, por sus movimientos podías acertar que intentaba secar su cara con presura para no ser visto con más lágrimas—. No te imaginas las… mierdas que tuve que pasar para que ahora me digan… esto.
Felix: ¿Y de qué mierda hablas ahora? —Soltó tu novio al bajarse de la cama y colocarse de pie entre tú y él—. Queremos acabar esto de una buena vez. Es una decisión de ambos, no es algo que sea asunto tuyo. Mucho estoy haciendo con permitirte dejar tocar a mi novia de nuevo.
Minho: “Tu” novia. —Suelta una risa algo seca mientras respira hondo una vez más.
Felix: Sí. Mi novia.
Minho: ¡Antes de ser tuya fue mía! ¡Mía! —Se gira con furia inyectada tanto en su rostro como ojos—. ¡Mía! ¡MÍA! Una y otra vez, sin descanso. —Felix se echa hacia atrás con cada paso que el castaño da hacia él—. Antes de que la marcaras como una maldita vaca, becerro de ciudad, ella fue una mujer libre que siempre me elegía a mí. ¿Quién mierda te da el derecho de venir y decir ahora que es tuya?
Felix: ¡Ella misma me lo dio, porque soy su novio! —Le enfrenta y solo así Minho se detiene frente a él—. ¡Tengo el maldito derecho! Me lo gané sobre tu altanería y soberbia. —Sus ojos lanzan chispas al quedarse mirando fijamente—. Me lo gané como un caballero, no como un maldito hijo de puta que solo la veía como un trofeo cada noche antes de dormir.
Minho: No… —Su mandíbula se tensa sin dejar de ver a Felix—. Si no sabes nada, lo mejor es que no hables. —Él te mira cuando te bajas de la cama, tu cuerpo se detiene a pocos centímetros de esta cuando ves el dolor marcado en la vista de Minho, él agudiza su mirada sobre tu persona—. Ninguno de los dos entiende que-… —Aprieta los dientes y suspira frustrado—… que…
Felix: Que eres un maldito cobarde.
Tú: ¡Felix! —Le reprochas al instante. Ese no era momento para empeorar la situación echándole más leña al fuego, pero para tu novio era lo contrario. En la cabeza de Felix, mientras más leña hubiese, mientras más fuego subiera, más fácil sería alejarlo de ti para tenerte como suya.
Felix: ¡Lo es! —Se gira hacia ti con carácter, tú lo reprochas con la mirada—. Lo es porque, incluso ahora, cuando te está perdiendo, no se atreve a admitir lo tanto que le gustabas.
Tú: No pongas palabras en su boca. —Pestañeas para ver hacia el segundo chico, este con su vista pegada al suelo—. Minho.
Minho: Siempre creí que… lo que sentía por ti era… —se alza de hombros y suelta una risa desganada que se lleva la atención tanto de tu novio como la tuya—…. ¿Normal? O sea… Quiero decir… Mírate. Tienes lindo cuerpo, te mueves-… —Respira hondo y mira a distintos lugares sin saber bien qué más aportar—. O sea, esto que tuvimos siempre fue carnal… quizás sí hubo empatía y cierta sensibilidad, siempre fuiste abierta conmigo de muchas maneras y…
Sientes tu corazón afligirse al ver que sus palabras no mejoraban la situación, Felix agudiza su mirada sobre él. Era posible que el monologo del castaño habría empeorado las cosas. Sin embargo, pronunció “ese” nombre.
Minho: Cuando Christopher-… —Te enderezaste en tu lugar, no porque quisiste, sino porque tu cuerpo respondió por sí solo— Quiero decir, “Chan”. Cuando Chan habló de ti…
Tú: ¿Chan? —Frunces el ceño—. ¿Lo conoces? —Lo viste girar los ojos, como si la pregunta fuese la más estúpida del mundo. Por lo menos, para él, lo era—. Disculpa, no me puedo imaginar tu conexión con él. No entiendo.
Minho: ¿Crees que Chan te dejaría entrar al Barrio Rojo así como si nada? —Cuestiona con cierto desdén—. Y no hablo de esta calle de Ámsterdam… Oh. No, cariño. —Niega con una sonrisa molesta—. No me hagas reír. No habrías sobrevivido ni un solo día con el nivel de alcohol y la droga que se maneja en ese lugar. —Tu rostro cambió casi por completo con lo que decía, pero él continuó—. Cuando llegaste aquí, te reuniste con alguien, ¿lo recuerdas? ¿Recuerdas su nombre?
Niegas lentamente, pero tanto para él como para ti era más que obvio que mentías. Nunca olvidarías al vendedor de licor clandestino Jeongin, el mismo que le gustaba tanto el dinero como fumar y las mujeres. Nunca olvidarías su mirada de zorro sobre ti, parecía casi más joven que tú para ese entonces, pero solo su forma te era suficiente para entender que no iba por buenos pasos.
Minho: Muy bien que sabes de quien hablo. Del Zorro. Ese maldito zorro que te comió con la mirada como si ya fueras una puta más del lugar.
Felix: Minho.
Minho: ¿Qué? —Observa a Felix una vez más—. Estás en un prostíbulo de mierda y te escandalizas por la mínima palabra no cristiana que sale de mis labios. Revisa tus problemas, niño, y deja los adultos hablar. —La mirada otorgada por el rubio hacia su rival fue más que suficiente para hacerlo retroceder unos pasos—. Como decía. Chan sabía que, tan pronto como el Zorro te viera te iba a despedazar y vender al maldito mercado negro de ser necesario. Tienes lindo cuerpo, lindo rostro, personalidad inocente en su momento… La presa perfecta.
Felix: ¿Y eso qué tiene que ver contigo? ¿Qué hizo Chan?
Minho: ¿A ti que mierda te importa? —Se queja casi en un bufido—. Te juro que quisiera romperte la boca en este maldito-… —Ambos se iban abalanzar para pelear.
Tú: ¿Puedes dejar simplemente de ser tan tosco con él? —Minho iba a decir algo, pero se mordió la lengua. Por lo que, en vez de seguir con la pequeña disputa, decidió continuar contando más del pasado.
Minho: El día que llegaste al bar del Barrio Rojo estaba en Japón, Chan me llamó para pedirme un favor con una mercancía. Un gran, gran favor. —Buscó tu rostro y se quedó en silencio unos segundos antes de continuar—. Sabes lo mucho que te quería ese hombre, ¿no? —Tus cejas se fruncen levemente mientras entreabría los labios—. Él no quería que pasaras lo mismo que su pequeña hermana… No dejaría que pasara otra vez.
Tú: Hannah… —Pestañeas par de veces—. Pero ella-…
Minho: Logró escapar ilesa por él, pero un trauma es imposible de borrar y más con las marcas tan profundas que quedaron. —Él negó lentamente y sentiste tu corazón enfriarse de golpe por como la historia tornaba tal giro—. Él vio en ti una redención de que su hermana pudiese descansar. De hacer contigo lo que no pudo hacer con ella. —Cubres tus labios y él cierra los ojos un segundo para continuar—. Es por eso por lo que me llama y pide este favor: “Quédate con ella como su cliente, no dejes que nada ni nadie más la toque. Solo tú. Sé mis ojos cuando yo no pueda alcanzar a verla”.
Tú: ¿Por qué simplemente él no me dijo que-…?
Minho: ¿Lo aceptarías? —Te cortó al instante—. ¿Habrías aceptado la ayuda de Chan para tus estudios u otra cosa? Te lo dijo cientos de veces. Pero estabas tan empecinada en independizarte y salir de su lado para llegar a donde querías hasta ignorar radicalmente que el hombre habría hecho lo que sea por ti. —Se coloca su mano en el pecho—. Admito que lo hice, primero por diversión y luego por honor. Chan me salvó la vida tantas veces que ni en mil años lograría pagar todo lo que hizo por mí. Y sé que piensas lo mismo de él. —Agachas la mirada y te dejas caer en el colchón hasta quedar sentada en este.
Tú: Chan, ¿qué hiciste? —Respiraste hondo para aguantar las ganas de llorar que empezaban a bombardearte con su recuerdo—. Pero… ¿dónde está? ¿Chan-…?
Minho: Él te protegió como un amigo hasta el final, eso hizo. Y es lo que importa. —Mira a Felix con molestia—. Y es por eso por lo que… cuando escucho a este idiota llamarte “suya” con tanta propiedad y seguridad… Mi sangre hierve tanto por mí como por él.
Felix: Yo también tuve mis batallas, ¿de acuerdo? —Se intentó defender a pesar de estar más cohibido después de la historia—. Que ella no dijo que sí del todo. Fui… Fui paciente y…
Minho: ¿“Y…”? Eres un niño. —Lo señala con el dedo—. Eres. Un. Niño. Y no importa lo que hagas porque ella… —Te señala a ti ahora y levantas la mirada para ver la situación—… no te mirará como un hombre porque… ¡Oh, sorpresa! No lo eres. No sabes quién es ella ni lo que ha pasado.
Felix: Ella me lo contó. —Minho frunce el ceño, Felix hace puño sus manos a sus costados para tomar más confianza—. Me contó su pasado y quien era. Y la acepté tal y como es. —El castaño gira hacia ti, como si quería confirmar que aquello fuera verdad, tú accediste con la cabeza.
Minho: ¿Qué mierda te hizo este niñato para que te tuviera así? —Miras a otro lado y él acaricia su cara—. Sigo sin entender… yo… —Suspira—…Bien. En parte te entiendo, ¿de acuerdo?
Tú: ¿Me entiendes?
Felix: ¿La entiendes? —Las cuestiones fueron casi parejas, pero Minho solo observó a Felix cuando hizo la pregunta.
Minho: Sí, la entiendo. —Respira hondo, su voz baja pero cargada de frustración—. Y parte de mí… no quiere admitirlo, pero también entiendo al niño y...
Okey, esto era más extraño.
Tú: ¿A mí y…? —Parpadeas, confundida— ¿…a él?
Minho: Linda. No bromeo cuando digo que pasé mucho mierda para estar aquí, ¿okey? Admito que actúo por impulso y no he sido un… —Mira a Felix con desgana—… “caballero”. Ese no soy yo. Soy Lee Min-Ho, ¿bien? Y lo sabes. Sabes de dónde vengo y a lo que me dedico, sabes lo que hago y lo que me gusta. Te he contado tanto de mi vida en cada encuentro que, en algún punto me detuve y entendí… que estabas empezando a conocerme más de lo que yo mismo me conocía.
Felix: Eso hasta el último encuentro, supongo. —Intervino para hacerse sentir, no le agradaba el hecho de que Minho te mirara tan fijamente en su presencia.
Minho: No. —Una vez más la sorpresa los abordó de lleno a ambos—. No, porque después de ese encuentro es que me detuve a pensar. —Mira a Felix y luego sus ojos van a ti—. Cuando bajaba las escaleras tras salir de tu departamento me di cuenta de algo estúpido y… que no entendía aún. A estas alturas tengo mis dudas.
Tú: ¿Y eso es…?
Minho: ¿Cuándo permitiría que otro hombre tocara a mi puta sin enfurecerme y pelear con él?
Felix: ¿“Tu puta”? —Alza sus cejas con evidente disconformidad y chasqueas la lengua para mirarle mal, Felix te observa de igual forma, claro que no le gustaría que te llamara así. Y no solo por el apodo, sino por el sentido de propiedad utilizado.
Tú: Minho, deberás ser más claro si quieres que entendamos tu punto. Creo que comprendo lo de Chan y… tal vez lo de Jeongin aún no me queda muy claro y, no sé, es demasiado para esta hora de la noche. Pero… —Te acomodas en la orilla del colchón y nuevamente lo enfrentas al verlo a los ojos—. ¿Qué tiene que ver esto con el hecho de que no aceptes que esta sea la última vez?
El silencio se extiende mientras la expectativa crecía. Ambos podían contar los segundos con los bombardeos de su corazón, sintiéndose como el único sonido que llenaba la habitación además de los suspiros pesados de un Minho que no se decidía si hablar o callar.
Minho: Todo. —Se pasa la lengua por los labios, la mirada clavada en ti primero, después en Felix, y vuelve a ti—. Todo tiene que ver.
Una vez más los ojos de Minho se fijaron en el chico y se quedaron en él por más tiempo de lo normal, de nuevo el silencio los arropó y solo dejaba que la tensión volviera a crecer. Pero entonces él dio un paso hacia Felix y luego otro. Este no retrocedió, al contrario, se irguió más en su lugar con sus ojos como halcón en su contrincante.
Quedaron uno frente al otro, sus ojos parecían casi matarse a pesar de la ausencia de las palabras y entonces… Cubriste tus labios impresionada al ver como Minho tomó parte de la cabellera de Felix y plantó su boca contra la de él toscamente. El calor se fue al instante para ser cubierto por los fríos nervios entre los tres.
Felix se quedó helado, con las manos hechas puños a los costados, el cuerpo rígido bajo el agarre de Minho. Su respiración se agitó en un segundo, y por primera vez no supiste si lo que ardía en sus ojos era rabia o desconcierto.
Felix: ¡Mh! —Reaccionó tras un par de segundos y lo empuja de golpe para romper el beso, la voz quebrada entre furia y algo más—. ¡¿Qué…?! ¡¿Qué carajo haces, maldito-?!
Minho: ¿No querías saber la verdad, niño? —Sonríe socarrón y se relame los labios, divirtiéndose más cuando ve el rostro de Felix enrojecerse con la medida de los segundos—. Esa es mi verdad. Tómalo o déjalo.
Felix: ¡Definitivamente lo dejo! —Casi escupe al pasarse la mano por su boca con rabia y casi repulsión—. ¿Qué mierda con este tipo? —Sigue puliéndose con rabia la cara, siendo cada vez más furioso en sus movimientos—. ¡Maldita sea!
Tú: Te vas a lastimar. Deja… ¡Deja de hacer eso! —Vas con el rubio e intentas tomarlo de los brazos, pero él lo evita al instante. Minho sigue presenciando todo en silencio, esperando paciente que la situación tome algún giro cualquiera.
Felix: ¡Mierda, mierda! —Sus movimientos se entorpecen, se empieza a quejar cuando su mente le clava la estaca de que, no importa cuánto se limpie, otro chico, Minho específicamente, lo besó y… y no le pareció mal—. Maldito asco… —Suelta como último consuelo de que seguía con coherencia. De que sus pensamientos no se había hecho un maldito nido.
Minho: Tu cara no dice lo mismo… —Deja caer con calma. Miras a Minho fijamente y él solo sonríe de lado—. Me conoces, linda. Y si hice esto, es porque sé lo que hago. —Ibas a abrazar a Felix, pero este te hace a un lado con suavidad—. Déjalo a ver si lo dice otra vez. Es obvio que su mente y su boca no se coordinan.
Felix: Asco… Asco, asco, ¡Asco! ¡ASCO!
Minho: Si tanto “asco” te dio… ¿Por qué tardaste en alejarme? —Sus ojos se enfocan en la figura del rubio—. ¿Por qué no me empujaste al instante? —Ese golpe lo dejó sin aire. Su pecho subía y bajaba con violencia, incapaz de responder, y tú pudiste ver cómo la furia no lo ayudaba a esconder el temblor de sus manos—. ¿Sabes qué es lo jodido, Felix? Que todo esto… —Hace un gesto entre los dos, su sonrisa aun alerta— …es tu culpa. —Respiras hondo, empezando a fastidiarte por la situación—. Si solo la hubieses dejado para mí-…
Felix: Ella no es tuya.
Minho: Ni tuya tampoco.
Felix: Es mi novia.
Minho: Por lo que veo ahora seremos socios. —Se cruza de brazos como si nada y eso molesta más a Felix.
Felix: Esto es TÚ culpa por no querer soltarla. Me importa una mierda lo que hiciste por ese tal Chan o… o no sé qué del “lobo” o el “zorro”, ¡O como se llame! Pero YO. —Se señala con esfuerzo, clavando su mirada en el otro chico con rabia—. Yo me gané este maldito derecho… para que vengas tú a querer quitármelo como si nada. —Se aleja de ti una vez más y camina hacia él con paso firme, quedando frente a frente de nueva cuenta y apretando los dientes para hablar—. Tal vez no te conozca… Pero tú no sabes quién soy. No sabes lo que puedo hacer por la mujer que amo. —La sonrisa de Minho se fue borrando lentamente con esa última frase—. Y nunca sabrás lo que puede hacer un hombre verdaderamente enamorado porque a ti lo único que te mueve es la lujuria y morbo.
Tú: Felix, ya basta. Eso no viene al caso y no estás ayudando a mejorar-... —Pero te ignoró. La rabia lo consumía.
Felix: Solo eres un hijo de padres ricos que hace lo que le da la gana cuando le da la gana. Toma lo que quiere cuando lo quiere. Hace lo que quiere cuando lo quiere. Pero cuando algo se le escapa de las manos se vuelve un niño malcriado que lo único que busca es herir y separar hasta sentirse satisfecho.
Tú: Amor.
Felix: A diferencia de ti, esto que soy lo he hecho por mi propio esfuerzo. Este hombre que estás viendo frente a ti se construyó a base de experiencias y trabajo. —Sus ojos se hacen más filosos sobre los de su contrincante—. Creo que los tres sabemos quién es el niño aquí.
Te quedaste boquiabierta al igual que Minho. ¿Acaso esa noche no te dejaría de llenar de sorpresas? ¿Desde cuándo Felix hablaba de esa forma y se defendía de tal manera? Para nada se parecía a aquel chico de pecas relucientes y cabello chocolate que llegó ese primer día a la universidad. Ahora veías un joven esbelto, alto, rubio, con ojos más activos, con rostro maduro, con porte de querer proteger lo suyo… Y le hacía frente a Minho sin miedo alguno.
Felix: Entonces… si ya te cansaste de jugar con nosotros… procederemos a retirarnos. —Se gira sobre sus talones y te observa entre pestañas—. Vámonos. Tenías razón. Nunca debimos venir aquí. —Él va hacia la puerta y se detiene justo antes de tomar la perilla, vuelve a verte cuando no te mueves del lugar—. ¿No me escuchaste, amor? Vámonos.
Pero tú vuelves a ver a Minho, esta vez contemplándolo cabizbajo y con algo de pesar en su persona. Este tosió un poco en su lugar mientras su mirada se agachaba… Estaba sintiendo el peso por segunda vez de sentirse rechazado y… debía admitir que el rubio tenía razón, le dolía muy profundo en el ego. Su arrebato de confianza no le sirvió de nada, tampoco su impertinencia. Te acercaste a Minho con lentitud, Felix abrió sus labios, confundido.
Felix: A-…¿Amor?
Tú: Minho. —Él levantó sus ojos al instante, se veía perdido. Se sentía perdido—. Sé que las cosas no salieron como esperábamos. Tampoco creí que desarrollarías esta… —Miras a Felix y de nuevo a él—… “clase” de sentimientos. Pero… —Tomas sus manos y vuelves a verlo con firmeza a los ojos—. Debo agradecerte totalmente por la experiencia y todo lo que hiciste por mí. Si es verdad lo que me dijiste de Chan, sé que él estaría muy agradecido por esto.
Minho: No quiero perderte. —Susurra solo para ti, intentando que el dolor no subiera a la superficie—. A él lo entiendo, pero tú… eras lo único firme que me quedaba.
Tú: Debes hacer tu vida.
Minho: Tú te hiciste mi vida. —Casi suplica, sus pupilas destilando algo que no recordabas ver en su rostro—. Si no fuera así nunca habría vuelto a ti.
Felix: Amor, vámonos.
Minho: Si tan solo me dieras la oportunidad de demostrarte que puedo ser mejor de lo que soy, prometo aprovecharla.
Felix: Amor. —Te llamó con más severidad, su molestia subiendo ante la cercanía.
Minho: No puedo quitarte la vista, no hasta que él vuelva. Se lo prometí. —Tus ojos abren ampliamente con aquello último y, antes de cuestionar, sentiste un jalón desde tu hombro para apartarte del castaño y colocarte frente a tu novio.
Felix: Que nos vamos, ahora.
Tú: Felix-
Felix: Felix nada. Nos vamos y punto. ¿O qué? ¿Quieres otro revolcón con este…? —Lo observa de reojo por unos segundos y trata de controlar lo que pueda decir, a pesar de que nada podía empeorar más la situación—. Salgamos de aquí.
Tú: Pero-…
Felix: Que no.
Minho: Tú sabes que no todo lo que dije es mentira y por eso quieres huir con ella antes de que se decida. Porque sabes que ella no me dejará tan fácil para quedarse contigo como en tus malditos cuentos de hadas fabricados en tu cabeza.
Felix: Cállate, no la manipules. —Cierra sus ojos, conteniéndose de hacer una estupidez.
Minho: ¡No la manipulo!
Felix: ¡Entonces cállate y deja de confundirla más de lo que está! —Se gira hacia él—. Te permití lo de aquella noche, te permití lo de ahora, pero no me creas tan idiota como para permitirte que vuelva a ti cuando me tiene a mí. ¡No! Esto no es normal. Esto-… No está bien. —El rubio se queda observándote fijamente por unos largos segundos, suspira con un pesar que ni él mismo sabía que cargaba desde dentro—. Tienes que decidir. Él o yo…
Tú: ¿Qué?
Minho: No puede ser verdad.
Felix: Sí, lo es. Es verdad porque no me estaré toda la vida luchando por el amor que merezco.
Tú: Pensé que me amabas.
Felix: Y te amo. Mucho. Demasiado… Pero también lo amas a él y-… —Vuelve sus ojos a Minho, este lo ve devuelta—. Y… No sé. No me causa seguridad. No… Desde ese día en la tienda. No. Sé que él no te ama como yo te amo y que no te dará lo que yo te doy. Pero no puedo entrar a tu mente y convencerte de esa idea hasta que tú misma la decidas.
Minho: Sé que nuestro encuentro fue muy precipitado, niño-
Felix: ¿Precipitado? Estabas a dos centímetros de romperme la nariz ese día, al igual que hace menos de quince minutos. Y ahora quieres venir con un… “teatro” barato de que cambiarás. Y no. No me lo creo.
Minho: ¿Qué es tan difícil de entender que después del encuentro de los tres eso cambió?
Felix: Todo es difícil de entender. No me quieras convencer de que cambiaste de la noche a la mañana después de tener sexo porque es imposible.
Tú: Ya cállense los dos, ¿quieren? —Sueltas más frustrada que antes, ellos te miran al instante—. No sé cuál de los dos es más-… ¡Agh! —Acaricias tu rostro sin saber qué hacer, otra vez estabas con esa encrucijada de la primera vez en tu habitación, donde los tres se debatían lo que debían hacer en este tipo de casos. Con la ligera diferencia de los sentimientos de Minho y la furia más expresada de tu novio.
Si lo analizabas, Felix tenía toda la razón en absoluto. Él estuvo ahí durante todo ese año apoyándote, siendo fiel y estando contigo en cada momento. Te hizo ser quien eras ahora, te hizo crecer, te apoyó, te enseñó y llevó por un camino que nunca creíste sentir…
…pero tu pasado siempre te ataría a Minho. Él siempre sería ese fantasma por el que deberías volver. Lo podrías dejar, sí, era una decisión coherente y más que estructurada. Sin embargo, él sabía de Chan, Chan le había pedido ese favor y ahí estaba él, luchando por cumplirlo hasta el último momento.
Una vez más, ¿qué debías hacer?
Caminas hacia la ventana que había visto al inicio, los chicos aun atentos a tus movimientos y expresiones, el suspenso abordándolos mientras más pasaba el tiempo. De alguna manera se encontraban tan sumergidos en su problemática que ignoraban por completo en donde estaban. Las mezclas de canciones o risas de las personas divirtiéndose, las botellas partiéndose, los empujones, el movimiento cadente en el exterior pasaba por alto entre la mezcla de palabras entre aquellas paredes.
Detrás de ti tenías a dos partes de tu vida muy distintas.
Minho: Creo que… lo mejor es aceptar la propuesta de ambos. —Felix cierra los ojos y tú te muerdes el dedo pulgar sin dejar de mirar por la ventana—. Tengamos esta última noche juntos y… ya no sabrán más de mí. —Nadie dijo nada por un largo rato, como si aceptaran el convenio a pesar de Felix estar ya en contra de este.
Tú: ¿Felix? —Lo llamas para saber si está de acuerdo, pero este no responde—. ¿Amor?
Felix: Yo ya no sé si quiera. No después de…
Minho: Es un precio bajo por todo lo que te estoy entregando, niño. No es como si fuera la primera vez que lo hicieras. —Se sostienen las vistas con pesar, al igual que aquella vez en tu habitación, como si tuvieran una conversación que solo ellos podían entender. En cambio, tú esperabas por su decisión dándoles la espalda, tus ojos anclándose en lo que sea que estuviera fuera de ese lugar para no sentirte tan mal contigo misma.
Felix: Esta será… ¿La última vez?
Minho: La última.
Felix: No volverás a molestarla.
Minho: A ninguno de los dos. —Cierras los ojos con pesar—. Si quieren no me apareceré ni siquiera por el Barrio Rojo.
Felix: No es necesario. Nosotros no volveremos aquí. —Tu novio observa tu silueta y mueve sus labios meditando la propuesta. Era cierto, el nivel de sacrificio sería una noche más. Si pudo con la primera, la segunda sería más llevadera. Como se dijo en tu habitación antes de llegar a ese lugar, sería un pequeño sacrificio por tenerte solo para él… Ya luego de esa noche, todo sería normal como él tanto lo quiso—. De acuerdo.
Te giraste sorprendida, Minho también ladeó su cabeza como si no creyera que aceptara tan fácil aquel movimiento.
Minho: ¿Lo dices-…? ¿Lo dices en serio?
Felix: Vamos a la cama y hagamos esto de una vez por todas. —Él se mueve hasta el colchón y se sienta con tranquilidad, como si todo lo que hubiese pasado solo fue un mal sueño, pero ni tú ni Minho se movieron al mirarlo—. ¿Ahora qué? ¿Qué pasa?
Tú: ¿Lo aceptarás así? —Felix se alza de hombros como si nada.
Felix: Sí, si es la última vez no le veo lo malo. —Tú y Minho se miraron confusos, Felix volvía a molestarse por no entender lo que pasaba de nuevo—. ¿Qué les sucede? ¿Qué tanto les sorprende?
Minho: No sé, esperaba más…
Tú: ¿Conflicto? —Minho asiente—. Sé que es la última noche, pero estabas tan enojado y ahora de la nada solo… aceptas y ya. Aceptas que Minho me toque y… ¿Te toque?
Felix: ¡Wow! No, no dije eso. —Se levanta al instante mientras niega con el dedo—. Nunca accedí a que él me toque o algo similar. Accedí a que sea igual que la última noche. Eso es muy distinto. —Se alza de ambas cejas y los mira a ambos—. Que haga lo que tú quieras. Si quieres estar sola con él o si quieres que esté, bien. Pero que a mí no me toque. —Minho se alza de mano y acepta la petición, tú aprietas los labios y también accedes—. ¿Ahora sí podemos comenzar?
Minho: Lo dice como si fuera una película porno. —Se ríe por lo bajo y su comentario te hace reír también al punto de disipar por fin toda la tensión que se había acumulado. Tanto el castaño y tú caminaron hasta Felix. Te retiraste el pantalón que ya había sido desabotonado por Minho tiempo atrás, te quedaste solo en aquel corsé y mallas que buscaban exactamente lo que estaba provocando en los dos chicos: excitación visual; y por fin decidieron unirse de una vez por todas.
Por última vez.
Te volviste a subir en las piernas de tu novio hasta quedar sentada sobre estas, Felix te tomó de la cintura para estabilizarte y esperar que Minho se colocara detrás de ti. El último no perdió el tiempo y echó tu cabello hacia un lado para llevar sus labios a tu piel expuesta del cuello, el rubio también se puso manos a la obra al atacar la parte descubierta de tu pecho sobre el corsé.
Su aliento quemaba lo que tocaba, sus labios marcaban cada centímetro con una lentitud nada característica de él, como si quisiera grabar su existencia en tu piel. Un suave jadeo provocó que arquearas la espalda con un suspiro, Minho aprovechó este movimiento para acercarse a tu oído y murmurar—:
Minho: Aunque te alejes de mí, dudo que me olvides. —Besa cerca de tu oreja y respira profundo cuando sus manos también se marcan en tu silueta por encima de las de Felix—. No habrá día que no recuerdes lo que fui para ti. —Tu mano derecha lo buscó y acarició su cara, él se dejó tocar y guardó aquel tacto en su memoria.
Tú: Minho… —Ladeas la cabeza para mirarlo, él usa este a su favor para tomar tus labios y besarte mientras buscaba las tiras de tu corsé para jalarlas despacio, tomándose su tiempo en disfrutarte.
Por otro lado estaba tu novio que clavaba sus dedos en el material de cuero que lo apartaba de tu torso, emitía sonidos de disfrute al sentir el calor subir en tu piel. Tu mano libre se aferró en su hombro y, al intensificar el beso con Minho, más fuerte sostenías a Felix, este aceptando las caricias y pegándote más a él para cambiar sus besos por su lengua.
Al separarte del beso un gemido empañó un poco más los sentidos de ambos chicos y encendieron la idea de ir cada vez más lejos en este nuevo encuentro. Minho atacó tus hombros y espalda alta con pequeñas mordidas que enviaban electricidad a tu cuerpo y te hacían retorcerte a su favor.
La prenda superior fue cediendo con cada desamarre que hacía el castaño, por lo que cuando Felix vio que el mismo fue perdiendo fuerza alrededor de tu torso, tomó con arrebato el mismo y lo jaló hacia abajo para tener tus pechos frente a él. No perdió tiempo y fue contra tu pezón derecho, te provocó otro removimiento conjunto a un sonido de excitación que de nuevo activó las alertas.
Tus gemidos se mezclaban con la respiración entrecortada de ambos, y en el calor de ese momento entendiste que ya no había marcha atrás.
Felix levantó la mirada apenas un instante, sus labios brillando con la humedad de tu piel, y en sus ojos encontraste un brillo distinto: mezcla de deseo y confusión.
Felix: ¿Estás feliz? —Te susurra tras dejar su boca libre de tu pecho, prestando atención a cada uno de tus gestos—. Esto lo hago por ti. —Jadea cerca de tu boca—. Porque te amo y tu felicidad es mi felicidad…
Tú: Gracias… —Hablas al borde de un beso, inclinándote más sobre él cuando Minho te empuja más sobre Felix, el rubio queda recostado en la cama boca arriba y contigo encima, su ansiado beso llega con desesperación y él te toma del cabello para que no te separes de él. Los sonidos volviéndolos cada vez más intensos en su querer mientras que Minho levantaba terminaba de retirarte la prenda. La sacó como pudo por sobre tu cabeza en una pequeña separación de tú y Felix, dejándolo que volvieran a unirse al tenerte expuesta para él.
La prenda cayó al suelo y sus manos delinearon tu cintura con firmeza, sus dedos arañando apenas tu piel como si quisiera firmar su nombre en cada curva. Bajó lentamente sus labios por tu espalda, besando, mordiendo, grabando cicatrices invisibles que te arrancaban estremecimientos.
Minho: Deja un poco para mí. —Vuelve a hablar sobre tu oído al colocarse sobre ti hasta cierto punto, una pequeña risa sale nuevamente de tus labios al separarte del beso de tu novio, Minho empezó a dejar besos en tu cara mientras sus manos ahora se encaminaban a su pantalón.
Felix, con la mente levemente nublada, decide replicar lo de su “compañero”. Se hace espacio para meter sus manos entre tu cuerpo y el de él, abriendo el botón con cierta dificultad.
Tú: Espera, me muevo… —Te levantaste un poco para darle más libertad y así escuchar como ambos cierres bajan consecutivamente. Y es ahí donde te detuviste para pensar… ¿Esto en realidad está pasando? Ibas a voltear para ver Minho, pero Felix lo evitó al tomar tu cara con ambas manos.
Felix: Quiero que me mires mientras te lo meto. —Esa frase los sorprendió a ambos, se escuchaba algo… intenso y deseoso de tener toda tu atención para él. Sin embargo, Minho le restó importancia y solo se dedicó a prestarle atención a tu trasero inclinado hacia él, envuelto solo por aquellas mallas rojas y ropa interior—. Además… aún sigues llena de mí, ¿no? —Sonríe confiado y eso hace reír al castaño. Si Felix creía que eso lo iba a detener… que equivocado estaba.
Tu novio te pidió que te levantaras y así hiciste con cuidado, él se masturbó a pesar de ya estar lo suficientemente levantado para ingresar dentro de ti, Minho observó la escena con un poco más de distancia, también tocándose en motivación a lo que ustedes hacían, pero aún sin sacar su pene de su ropa interior.
Los toques de sus manos libres seguían al igual que los jadeos y suspiros, tus respuestas lo mantenían encendidos y con deseos de ser quienes te hicieran gritar dentro de poco. Minho aprovechó su mano derecha libre para masajear tu desocupado pecho y esto sí provocó que terminara por sacar su pene para pasarlo entre la hendidura de tus nalgas, por otro lado, Felix acariciaba la cabeza de su propio miembro entre tus piernas, empujando levemente para provocar más tus movimientos de caderas entre ellos.
Con la medida de los segundos el calor los estaba llevando a ser menos coherentes y más sensoriales. Cada arañada o gemido, sea de quien sea que llegara, motivaba a los tres a removerse con intenciones de ser atendido.
Felix no se pudo aguantar y rompió algunas líneas de aquella malla, justo las que lo separaban entre su pene y tu entrada, Minho fue igual de rápido y desde su posición llevó su mano para tomar tu ropa interior y moverla a un lado, habían trabajado como un equipo sin darse cuenta ante la desesperación de ya querer sentirte. Tu novio se alineó e ingresó… lo hizo lento, su cara plasmando todo el placer que la calidez le estaba permitiendo, sosteniéndose de tus caderas para cerrar los ojos por un segundo.
Felix: Dios… esta es la gloria.
Gimió para él, respiró profundo con intensiones de querer moverse. Sin embargo, lo que nunca se esperó es que de repente sentiría como el espacio se hacía más estrecho y cálido, los ojos del chico de pecas subieron a tu rostro y encontraron la escena más lujuriosa que sus ojos habían visto.
Tu cara se contorsionaba con los labios abiertos, la voz enredada entre el desliz de la cordura y la sensatez. La mezcla de emociones no lo hacían entender del todo hasta que escuchó un gemido ajeno al tuyo, uno de Minho. Él había ingresado junto a Felix en ti y… mierda, tus piernas temblaban sin que ninguno de los dos se moviera, no te querías imaginar cuando lo hicieran.
Tus caderas se arqueaban entre los dos, sintiendo la presión de ambos mientras los jadeos y suspiros llenaban la habitación. Felix te abrazaba desde abajo, sus manos recorriendo tus muslos, mientras Minho se apoyaba por detrás, su respiración caliente rozando tu cuello y su mano libre masajeando tus pechos. Cada movimiento tuyo respondía a ambos, uniendo los estímulos de manera perfecta.
Minho: Si antes estabas deliciosa… —Suspira al lamer tu espalda—… ahora eres más que la gloria.
Felix no podía contenerse; movía sus caderas contra ti, Minho sintiendo cada estremecimiento y no conteniéndose de emitir los sonidos que su cuerpo quisiera ofrecer, cada gemido que escapaba de tus labios. Sus miradas se cruzaban por momentos, pero ninguno era coherente de si pelearon antes o si fuese la última vez.
Tus ojos se voltearon cuando sentiste al castaño adentrarse más en tu interior, la posición no lo favorecía del todo a él y por eso decidiste inclinarte sobre Felix y aprovechar para besar tanto su cara y cuello mientras levantabas más tu trasero. Tu novio ya estaba adentro casi por completo y el gemido de ambos los envolvió cuando el tercero por fin pudo estar al nivel de su “socio”.
Minho: Gimes más bonito con dos adentro. —Suelta un poco bobo y hasta Felix se vio complacido de esa frase, por que tenía razón, tus gemidos eran más agudos por la sensibilidad y lo llenaban más a pesar de apenas moverse—. Y el trabajo hecho… por mi socio… —Deja las palabras en el aire al referirse a la humedad aun pendiente por el semen contenido.
Felix: Quiero oírla mientras la jodemos más.
Minho: No es mala idea… —Se relame los labios ante la deliciosa intención. Es entonces que Minho acomoda sus piernas al ser el único que está de pie entre ustedes y empuja suavemente contra ti, Felix lo imita para ir a la par tanto en placer como en velocidad.
Tú: Se-…se siente-… Agh… —Nada coherente sale cuando casi gruñes al sentirlos salir casi al mismo tiempo para volver a entrar—. Aahm… No.
Felix: ¿“No”, qué? —Los brazos del rubio te toman con fuerza de la cintura, abrazándote contra él mientras su sonrisa se ensancha. Sus piernas se abren más, listas para empezar con las embestidas en tu contra.
Minho entendió las señales del cuerpo del rubio y se adentró más en el espacio generado, la fricción los hizo quejarse a los tres de una forma tan poco formal que les quitó el poco de realidad que tenían. El castaño hizo puño al tomar tu cabellera y la jaló hacia atrás para empujar su pene hacia adentro, una vez más arrastrando consigo a Felix.
Así fue como el descontrol comenzó. Las penetraciones de ambos se hicieron totalmente coordinadas en tu interior, el choque de las pieles y el esfuerzo era cada vez más tosco al igual que la sensación de humedad que aun se sentía por el semen de Felix en tu interior, el mismo sirviendo como un lubricante para no lastimar a ninguno de los tres.
Tú: S-sí… ahhh… ¡más…! —Tus piernas tiemblan al sentirlos moverse al mismo tiempo dentro de ti, el choque de sus cuerpos electrizando cada fibra de tu ser. Tus brazos flaquean a pesar de no sostenerte.
Felix: Que rico… e-el sonido. —Cierra los ojos al hacer una mueca indescriptible, Minho logra verla desde arriba y se queda observándolo fijamente—. Me… vuelve loco. —Sus caderas no pierden el ritmo, apretándote contra él, y tu cuerpo responde arqueándose, siguiendo cada impulso de sus movimientos.
Tus gemidos se vuelven más altos, casi desesperados, mientras los tres sienten la excitación crecer. Cada toque, cada fricción, cada sonido los envuelve en un caos que nadie quiere detener. La mano de Minho que sostenía tu pecho se suelta y aterriza en el colchón para anclarse, su rodilla derecha sube a la orilla de la cama y las venas se marcan con salvajismo cuando la adrenalina se ve inyectada.
Ya no podría parar.
Minho: Que-bien… Bien. Bien. Muy bien. —Sus dientes se aprietan, un siseo de placer es reemplazado casi al instante con un gruñido cuando aumenta la velocidad, Felix casi perdiéndose en el ritmo al voltear los ojos.
Tú: ¡Aaahhh… sí…! ¡Sí! ¡Sí! ¡Los dos…! —Tus manos se aferran a sus hombros y a la cama, incapaz de sostener nada más que el placer que te consume. Ya no estás gimiendo, prácticamente estás gritando desesperada, todo de ti temblando y tomándolo errática—. Ah… sí… sí… no puedo… no puedo más… pro-fundo…
Tu novio quería besarte, pero también quería escuchar todos esos ruidos y locura salir de tu boca. Abrió sus ojos para encontrarse, no solo contigo, sino también con el esfuerzo de un Minho de ojos dilatados y perdido en la situación, aplacado hasta más no poder de complacerlos tanto como se sentía consigo mismo. Como si de un “clic” mental se tratara, los ojos del castaño miraron a Felix de nuevo desde tu hombro, sus miradas encontrándose.
Minho: Es…cúchala… ngh… como grita… —Hablo casi como si estuviera hipnotizado—. Escúchate… —Felix no siente sus venas marcarse cuando cierra sus labios, pero estos se emitían desde su garganta y pecho, era imposible negar el placer que sentía—. Disfrútalo…
Felix: Cállate…
Minho: Como digas.
Con eso él bajó su cara para llevarla hasta él y volver a tomar sus labios, Felix lo habría evitado de no ser que estaba demasiado torpe para hacer algo con sentido común. Sus ojos se cerraron al igual que los de Minho, sin embargo, ninguno se contenía ni detenía. Al contrario, de alguna forma el beso se tornó tan intenso que sus introducciones hacia ti se hicieron violentas, vigorosas y, sobre todo, inestables.
Los jadeos y gemidos masculinos mezclándose con tu voz ronca de tanto sollozar, se separaron para prestarte atención de nueva cuenta y terminar lo empezado. Mordieron, arañaron, jalaron, besaron y gruñeron todo lo necesario sobre tu cuerpo para domarte, ninguno de los tres llevaba los ojos abiertos, estaban totalmente perdidos en la locura absoluta y en los terribles temblores antes la proximidad de algo violento desde su interior.
Tú: Fe-… Min-.. ¡Ngh~! ¡Felix! ¡Ay! ¡AY! … ¡Minho…!
Felix: Dios… cómo te retuerces… —Su voz baja, ronca de placer, mientras se mueve con fuerza dentro de ti, sintiendo cada estremecimiento.
Tus gemidos se volvieron incoherentes, casi desgarradores, mientras los dos seguían moviéndose dentro de ti, sincronizados de forma que tu cuerpo no podía distinguir de quién provenía cada estremecimiento. Cada empuje de Felix te hacía arqueas la espalda, cada presión de Minho contra tu cintura y tu trasero te arrancaba gritos más altos y desesperados.
Minho: No pares… No, no…
Tu cuerpo no pudo resistir más: el calor, la presión, los movimientos sincronizados, los besos, mordidas y caricias… todo explotó dentro de ti. Un grito desgarrador se escapó de tus labios mientras un temblor recorrió cada fibra de tu ser. Tus piernas se cerraban contra ellos, tus caderas se arqueaban sin control, y los dos hombres te acompañaban en ese instante, alcanzando sus propios clímax simultáneamente.
Felix: ¡Dios! —Abrió los ojos con una sonrisa hilarante al derramarse dentro de ti, veía a todos lados sin mirar a un punto fijo.
Minho: ¡Mierda! —Gimió al seguir a Felix, llenándote como nunca había recordado hacerlo. Todo desparramándose y siendo un desastre peor que el que ya tenían en aquella habitación.
Tardaste varios minutos para sentir que volvías a respirar y estabas viva, aún los temblores de tu cuerpo no te dejaban reaccionar de forma correcta ni entender algo de lo que sea que pasaba a tu alrededor. Y, al igual que tú, ni Felix ni Minho podían entender bien lo intenso del suceso.
El primero en salir fue el castaño y luego tu novio para dejarte descansar. Te quejaste cuando Felix te acomodó en la cama para dejarte descansar, aun las respiraciones estaban levemente apuradas y la intentaban sobrellevar de la mejor manera posible.
Felix: ¿A dónde vas…? —Cuestionó al ver como Minho recogía lo que le pertenecía tras tirarlo al piso, se dio la vuelta para ver al rubio.
Minho: A cumplir mi parte del trato. —Sus ojos van a tu cuerpo tranquilo bocarriba y cubierto por las sábanas. Después vuelve sus ojos hacia él—. Cuídala, ¿sí? Es lo único que pido como condición por completar este trato.
El rubio no responde, tampoco acepta ni cede a sus palabras, solo agacha la mirada y deja que Minho se dé la vuelta para salir del lugar. De nuevo Minho fue consciente de los destrozos que habían fuera de la habitación, casi suspiró en derrota al sentir que volvería de nuevo a esa vida vacía antes de tu llegada, y tendría que acostumbrarse a eso. Quizás fuera un patán o un bueno para nada, pero era un hombre de palabra. Iba a tomar la perilla, cuando de repente…
…la puerta se vio abierta de golpe.
Un chico joven de gabardina más otros tres hombres lo recibieron con caras serias. El castaño no entendía nada… Pero Felix sí.
Seungmin: Ding-dong. —Sonríe de lado y toma un sorbo de su café.
Rápidamente ellos entraron, dos de los hombres uniformados sostuvieron a Minho y lo inmovilizaron contra el piso mientras este luchaba por soltarse.
Minho: ¿Pero qué-…? ¡Maldita sea! ¡Suéltenme! ¿Qué mierda?
Seungmin avanzó despacio hacia la habitación, las zapatillas apenas chirriaron. El otro agente llegó hasta la cama, y con un movimiento profesional te despertó con un jalón suave pero efectivo: una mano quitó la sábana y otra te colocó las esposas. Aún aturdida por la noche y el exceso de sensaciones, te despertaste somnolienta y sin comprender.
Felix: Oye… No. Ella no-… —Apenas habla al ver como el policía llega hasta ti—. Trátala con cuidado, idiota.
Tú: ¿Qué mier-…? ¡Ay! ¿Qué pasa? Pero-… ¿Qué…?
Seungmin: Lee Min-Ho, queda detenido por posesión de alcohol adulterado y contrabando desde Japón, vinculado a la red del “Zorro”. Tiene derecho a guardar silencio. —Hizo una pausa y clavó la mirada en ti—. Y usted, queda bajo custodia por una orden de detención por homicidio en primer grado —Añadió para luego darse un sorbo de su café—. Mh… Además se la investiga por contrabando y pertenencia a la red del Zorro. También tiene derecho a guardar silencio.
Felix: Esto no-… No. Seungmin, teníamos un trato. Tenía que ser el único. —El mencionado mira al rubio de torso desnudo en la cama y con los ojos perdidos en su figura, sin querer ver la escena. Aun estabas aturdida de tantas sensaciones que no sabía lo que pasaba, y menos porqué tu novio estaba como si nada, sin alterarse.
Seungmin: ¿Y dejar escapar dos grandes casos por cerrar? —Suelta una risa algo divertida—. Dudo que quieras hacer eso en realidad—. Sabía que el nombre de tu… “noviecita” se me hacía muy raro. Tuve que investigar.
Felix: Te confesé esto para que me ayudaras con él, no para que jodieras a mi novia.
El chico bebe de su café para mirar a su alrededor como si nada, tú siendo cubierta por las sábanas y Minho inmovilizado en el piso a pesar de seguir quejándose como un pequeño animal.
Seungmin: Tómalo como un favor de amigos. ¿De verdad quieres llevar a casa a una prostituta retirada con antecedentes seriales? No, amigo. Pobre señor Lee, se infartaría. —Niega como si fuera el problema más grande del mundo—. Como siempre, tengo que llevarte como buen guía por el camino correcto. Un futuro psicólogo como tú, con un futuro tan brillante, no puede darse el lujo de joder su carrera tan fácil.
Felix: ¿Te puedes callar de una buena vez? Ya ni sé de lo que hablas. Ella… Yo a ella la amo y-… Solo déjala. —Seungmin niega juguetón—. Seungmin.
Seungmin: Nah. Te quiero Bokkie, pero esto ya es otra escala. Es internacional.
Felix se desliza de la cama, ignorando tu mirada y la de Minho, se coloca de pie y suspira sin saber donde colocar sus ojos en toda la situación.
Minho: Pedazo de mierda… —Felix observa al castaño en el piso, traga grueso cuando sus ojos se unen—. Sabía que había algo malo contigo desde el segundo uno.
Tú: Confíe… tan ciegamente. —Hablas por lo bajo.
Minho: Chan me va a matar… —Cierra sus ojos y deja su cara caer al piso, rendido.
Seungmin: ¿Qué pasa? ¿Te encariñaste con ellos? —Sonríe tranquilo, sin embargo, a Felix la culpa lo tiene cabizbajo y al borde de los temblores—. Tranquilo, ellos se unirán con su amigo “El lobo” en la cárcel, ¿sí? —Se gira sobre sus talones y camina a la salida—. No te angusties. Personas como ellos nunca sentirían nada por ti… —Su mirada se oscurece al salir del lugar—… todos terminan a donde pertenecen.