Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 06 de octubre del 2024
Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 06 de octubre del 2024
Su respiración se aguantaba, el sonido dentro del auto de las luces intermitentes daba una pequeña aura de que todo estaba detenido. La lluvia era fuerte afuera. Había aparcado a pocos metros de tu auto y, luego de verlo detenido allí. Frenó de golpe, de la nada, sin razón aparente. ¿Pero por qué Chan tenía curiosidad de que tu auto se detuviera? ¿Por qué estaba detrás de ti en su propio auto, detenido también? Era fácil…
Chan te acosaba.
Bueno, no lo pongamos así. En su mente no era “acosar” como tal. Era más bien… “cuidarte de todo mal” en caso de que fuera necesario. Por lo que no veía mal el saberse tu horario de memoria como un tatuaje en su mente, tampoco veía mal el levantarse una hora antes que tú y colocarse en su ventana con aquellas cortinas claras que daban perfecta vista hacia tu casa, mas no hacia adentro, y tomar sus binoculares, buscando ver tus movimientos. Porque sí, había comprado la casa que estaba frente a ti con tal de tenerte cerca de él.
Tampoco le parecía mal el visitar tu misma universidad para revisar que llegaras bien a pesar de no estar matriculado allí, el esperarte a que salieras, el ir con lentes oscuros a tu trabajo de medio tiempo los fines de semana, el esperar a que te durmieras para él también hacerlo, pero despertando de vez en cuando en la madrugada para saber si había pasado algo.
Para Chan eras el amor de su vida, y siempre querías amar y cuidar al amor de tu vida, ¿verdad? Pero para ti Chan solo era… un vecino. El más normal de todos. Nunca notabas sus actitudes fuera de lugar, a menudo lo encontrabas saliendo o entrando de su casa cuando tú te ibas o llegabas. Presumiste que sus horarios eran muy parecidos. Te saludaba cuando salías a correr antes de ir a la universidad ya que, en la mayoría de las ocasiones, él estaba regando las plantas en ese horario tan temprano.
Lo único curioso de Chan es que nunca te hablaba, él te sonreía o te movía la mano con amabilidad y cortesía cada vez que te veía, pero rápidamente se volteaba y seguía con lo suyo. Para ti era porque Chan sería un caballero cortés. Para Chan era que no podía mover su boca sin soltar antes una estupidez como: “Quiero meterte en mi casa y hacerte gritar mi nombre de una manera bestial” mientras colocaba una sonrisa desquiciada.
Sí, necesitaba ayuda. Mucha ayuda.
De alguna extraña manera Chan nunca se imaginó estando cerca de ti más que las fantasías donde te empotraba contra su cama, él siempre quiso admirarte a la distancia, porque cuidarte también significaba tenerte a cierta distancia de él para no lastimarte, porque creía que lo haría, creía que te dañaría con su amor tan intenso, algo se lo decía, él estaba obsesionado contigo.
Por fuera, la casa de Chan era como cualquier otra, pintada de blanco con un hermoso jardín cuidado por el propietario.
Pero adentro, él tenía todo menos una casa hogareña y cuidada. En el salón solo había un pequeño sofá unitario con una televisión, no más. En la habitación una cama, por otro lado estaban el baño y la cocina. ¿Y las otras dos habitaciones? Sencillo. Una habitación era para guardar todos sus trajes.
¡Oh, cierto! Se me olvidaba. Chan amaba disfrazarse para estar detrás de ti. En algunas ocasiones, para que no notaras su presencia, usaba trajes como de cartero, policía o hasta limpieza comunitaria para que no repararas de que su estresante y retorcida mente estaba detrás de ti, con sus ojos bien abiertos y dientes apretados en una sonrisa agonizante.
En la otra habitación él casi nunca entraba, solo lo hacía para llevar una que otra cosa que te perteneciera. Sí, así como lo lees. Un mechón de tu cabello que pudo capturar. Una pinza de tu cabello que cayó casualmente cuando saliste corriendo. Fotos tuyas esparcidas por el piso en diferentes ángulos. Un labial que una compañera tuya le entregó en algún momento para que se lo devolvieras ya que se te había olvidado en el baño y así sucesivamente.
Esa habitación era sagrada, esa habitación estaba adornada de la manera más dulce y suntuosa para tu persona, para sentarse en la cama con todas tus pertenencias alrededor y usar tu imagen mientras se daba placer hasta caer en el colchón con una gran sonrisa.
Sí, él era feliz, muy feliz con su vida y ofuscación.
Pero en ese momento sentía angustia. Pasaron algunos quince minutos sin tener movimiento de tu parte, no había nada, absolutamente nada, solo las luces traseras parpadeando y apagándose por un rato de manera tenue entre la fuerte lluvia. ¿Y si algo te había pasado? No. No se lo podía imaginar. No podía quedarse allí mientras su hiperventilación empañaba los cristales y sus ojos se empezaban a mover sin rumbo fijo ante la idea de que estuvieras mal.
Tomó el paraguas del asiento trasero, abrió la puerta sin reparar en que las gotas lo recibieran de manera fría hacia la calle y la tenue luz de la tarde disfrazada de gris. Abrió el objeto para cerrar la puerta cuando estuvo afuera. Chan nunca había hablado contigo. Pues bien, ahora rompería eso con tal de asegurarse de que estaban bien.
Acomodó su chaqueta negra y se removió para acomodar su pantalón del mismo color. El agua del suelo y la que caía empapó sus botas mientras que él avanzaba, en algún punto acercó su mano a sus labios para lanzar una bocanada de aire y luego olerla, bien, su aliento era perfecto. Divisaba tu ventana cuando intentaba acomodar su cabello y al llegar a esta tocó con suavidad, no veía nada hacia dentro, todo estaba tintado.
En tu lugar diste un respingo por el susto al sentir que alguien tocaba la ventana. ¿Estabas nerviosa? Sí, MUY nerviosa en realidad. ¿Por qué? Resulta que una semana atrás uno de tus compañeros había pedido tus apuntes de una asignatura, se los diste sin ningún problema, pero cuando era hora de devolverlo no pudiste ir ese día porque te sentías mal del estómago, por lo que le escribiste que lo recibirías el día siguiente, a lo que su respuesta te dejó descolocada: “Si quieres le digo a tu novio que te lo lleve”.
¿Novio? ¿Qué novio? Le preguntaste aquello y él respondió de manera rápida textualmente: “¿Eh? Creía que el chico que siempre te seguía cuando llegabas y te esperaba a la salida era tu novio…”
Tu corazón pareció detenerse por menos de dos segundos, seguiste preguntándole cosas, que desde cuándo lo veía, que si eso era siempre, que si todos lo sabían… Todas las respuestas eran afirmativas. Entonces decidiste hacer la pregunta que tanto temías: “¿Cómo es?”
Y su respuesta te hizo soltar el celular como si de fuego se tratara, cayéndose en el piso y rompiéndose la pantalla. Entonces no pudiste evitar ver hacia la casa del frente, aquella casa blanca de jardín perfecto. El cielo estaba nublado, parece que se había pronosticado tormenta para esa semana.
¿O acaso era una intervención divina para indicarte que algo no marcharía bien en tu vida desde ese momento?
No importaba. Solo sabías que a partir de esa situación fuiste más consciente de tu alrededor. Observabas siempre quién se acercaba, dónde estaba, qué hacía. Ese día después te reuniste con aquella compañera con la que frecuentabas, pero no caminaron hacia adentro como acostumbraban, la detuviste antes de caminar.
Tú: Necesito tu ayuda… —Ella frunció el ceño cuando le susurraste— ¿Hay un chico que siempre viene conmigo y me espera a la salida? —Esta vez tu amiga pestañeó repetidas veces como si aquello parecía una broma.
Amiga: Pero… Claro. Sí. Él ha venido contigo desde hace más de un año. Incluso, me dijo que era tu novio cuando le entregué el labial que dejaste en el baño aquella vez para que te lo devolviera, ¿no lo recuerdas? —Negaste lentamente sin dejarla de ver— ¿No es… tu novio? Porque ahora mismo está mirando hacia nosotras desde el otro lado de la acera. —Tu cara perdió su color y te colocaste derecha de golpe, el calor de tu cuerpo descendió— No me digas que…
Tú: Yo… No pasa nada. Vamos a clases.
¿Un año? ¿Más de un año? Ese era el tiempo que él tenía viviendo frente a ti. No podías pasarlo desapercibido, ya eran dos personas que te habían confirmado de su presencia, presencia que no notabas hasta ahora. Querías llamar a la policía, ¿pero qué le dirías? ¿Qué alguien te perseguía? ¿Qué más muestras tenías? Podía decir que era coincidencia, que su trabajo le quedaba cerca, algo más. Necesitabas más muestras, más testigos.
Estaba empezando a llover.
Ese fin de semana atendías la caja, casi nadie entraba a la tienda de comida donde trabajabas, la lluvia no permitía la libre circulación y eso hacía que la clientela disminuyera. La campana sonó. Dos personas entraron, luego una tercera.
Y a pesar de que las primeras se dirigieron hacia ti, la última solo caminó hacia una de las sillas y se sentó allí, con la capucha en su cabeza, sin mirar a ningún lugar, con lentes oscuros y mojado por completo. A pesar de eso, reconociste su silueta, reconociste ciertas partes de su rostro.
Tanta fue tu concentración en esa persona que no notaste cuando, quienes estaban frente a ti, te hablaron. Ahora le preguntaste al encargado sobre aquella persona, parecía sospechosa. Su respuesta te dejó con más preguntas que respuestas: “Es curioso que lo preguntas. Él siempre viene los fines de semana, pide agua o café y se va media hora después de ti. Sé que esto es extraño, pero el fin de semana pasado que no llegaste por tu permiso familiar, él tampoco vino”. Lo miraste de nuevo, ahora sí tenías miedo.
Listo, irías a la policía al día siguiente.
Le pediste el permiso a tu jefe, él te lo otorgó sin problemas y en la tarde del día siguiente estabas sacando tu auto del parqueo para dirigirte a la comisaría. Fuiste por la vía principal, doblaste unas cuantas calles, pero poco tiempo después te diste cuenta de algo o “alguien” persiguiéndote. Quisiste confirmarlo doblando en una calle y luego en otra, en esta última el carro siguió derecho y por eso calmaste tus ansias y paranoias para continuar tu camino.
El problema estuvo cuando quince minutos después el carro volvió a aparecer y no te diste cuenta hasta que iban saliendo de una intersección. Tanto te fijaste por el espejo retrovisor entre la lluvia que no reparaste en que caíste en un hoyo y el carro se tambaleó con fuerza, avanzó un poco más y de repente se fue apagando, dándote la única oportunidad de parquearlo correctamente.
Este se apagó, le diste varias veces a la llave. Nada. Le pegaste al timón con rabia y nuevamente le intentaste, este encendía y se mantenía para apagarse poco después.
Tus ojos se levantaron, la lluvia aceleró su curso, pero tu garganta trancó la saliva al ver el auto detenido detrás de ti.
Mierda, mierda, mierda.
Minutos completos allí, solo pensando en una manera de escapar, el carro seguía con lo mismo, los demás autos pasaban por el lado, ignorando la situación, y tú orabas por alguien que llegara en tu auxilio.
Toques llegaron a tu ventana y luego de asustarte de estos pudiste ver a través del vidrio el rostro serio de tu vecino. El miedo te carcomió desde dentro, no querías bajar el vidrio, no lo harías, el enfrentarlo sabiendo todo lo que había hecho te tenía con la mente nublada. Él volvió a tocar.
Chan: ¿Se encuentra bien? ¿Hola? —La voz se distorsionó por el vidrio, tenías que responder, ¿qué pasaría si no lo hacías?
Encendiste el auto y bajaste la ventana hasta que este se apagó.
Tú: Ho…Hola… —Sonreíste y él te sonrió de vuelta como cada vez que te saludaba desde su casa—
Chan: Disculpa, es que… iba de camino a ver una prima y por coincidencia vi tu auto detenido aquí? ¿Pasa algo?
Claro, “coincidencia”.
Tú: No, no. Todo está bien.
Chan: ¿Segura? Tu auto está pestañando las luces traseras de manera anormal. Ahora están apagadas y eso sería un peligro con esta lluvia.
Hiciste una mueca.
Tú: Bueno… Yo…
Chan: Si quieres pido una grúa y mientras te puedo llevar a tu destino en mi auto. —Lo viste de golpe y él volvió a sonreír para dejar notar su hoyuelo, tu cerebro gritaba por las alarmas—
Tú: No es necesario, puedo llamar a la grúa y esperar aquí.
Chan: Pero si esperas aquí, con el aire acondicionado apagado, podrías asfixiarte. —Ladeó su cabeza— La única solución sería abrir tu ventana, y con esta lluvia… —Vio alrededor— No creo que sea la mejor solución. No podría dejarte sola aquí y con este clima.
Tragaste grueso, era demasiado bueno para refutar tus soluciones.
Chan: Llamaré en este momento a la grúa, enciende el auto y sube el vidrio, te llevaré a tu destino.
Tú: De verdad no es necesario… —Suspiraste las palabras como último recurso, él lo entendió como un gesto de no querer molestar. Pero tú nunca molestarías, al contrario, ahora se sentía en el séptimo cielo al poder hablar contigo, su pene se removía de alegría cada vez que oía la dulce melodía que envolvía tu voz—
Chan: No es molestia. Para mí… sería un honor.
No te quedó de otra. Encendiste el auto, subiste el vidrio y cuando creíste que habría mejorado lo suficiente para poder escapar, se apagó. Saliste del auto al chasquear la lengua y quedaste frente a él debajo de su sombrilla, te devolviste para recoger tus cosas, él aprovechó para ver tu trasero con una gran sonrisa, sonrisa que escondió tan pronto como te volteaste y lo volviste a ver.
Chan, ahora mismo, era más que victorioso. Se sentía como un rey. Te tendría para él por el tiempo que el viaje se lo permitiera. Y, de ser necesario...
...haría ese viaje eterno.
La grúa llegó y se llevó tu auto, ahora él había vuelto al camino conduciendo con una gran sonrisa, estabas de copiloto, ¡A su lado! ¡Dios! Se mordió el labio de manera disimulada al encender los limpiaparabrisas para ver mejor y encontrar más autos en el camino.
Chan: ¿Hacia dónde te diriges?
Tú: A la… policía. —La sonrisa de Chan se borró de golpe y te vio de reojo, tú lo notaste, por lo que quisiste agregar más— Es que… anoche entraron a robar en mi casa y… me di cuenta esta mañana.
Eso era mentira, Chan lo sabía. Él se había dado cuenta de que no dormiste la noche entera, estuvo despierto contigo todas esas horas, te vio por todas esas horas.
Chan: Ah… que lástima. ¿Qué te robaron?
Tú: Cosas de valor… joyas… ropa… labiales.
Él se tensó con lo último.
Chan: ¿Nada de dinero? Que extraño.
Tú: Sí, nada de dinero. —Apretaste la mandíbula un momento al respirar profundo— Creo que solo buscaban algo, pero no lo encontraron.
Chan: ¿Sabes? La gente está algo loca ahora. —Ríe un poco antes de llevar su mano izquierda hacia los controles de la puerta y colocarle seguro a todas. El sonido te tensó más y tu respiración perdió rumbo en algún momento— Piensan que uno no se percatará de lo que hacen… —Giró en una curva, retornando en el camino por dónde habían ido— Creen que no será fácil seguir los patrones de conductas o no leerá las situaciones entre líneas. Es muy triste que piensen eso. —Te mira de reojo con una leve sonrisa—. Mi amor, soy policía… No me puedes mentir.
Tu cerebro dejó de funcionar lentamente, no había que ser un genio para saber lo que significaban sus palabras, menos para entender que se había dado cuenta de tus actos.
Tú: Dis… ¿Disculpe?
Chan: Bang Chan.
Tú: ¿Eh?
Chan: Mi nombre es Bang Chan. No me hables de usted. Nadie le hablaría de usted a su novio.
La sangre helándose en ti, tus ojos bien abiertos, él conduciendo con tranquilidad. Chan estaba preparado para cualquier movimiento que hicieras.
Tú: Por favor, no me hagas nada. —Suplicaste, ahora mirándolo con cierta incertidumbre.
Chan: No haré nada que no quieras. —Ríe de nuevo mientras aceleraba y eso te desconcertó— Es obvio que es mentira, no puedo perder esta oportunidad.
Entonces tu instinto de supervivencia pareció encenderse. Quitaste tu cinturón con torpeza y ahora fuiste contra él, Chan frenó al verte lanzarte hacia su persona, los autos empezaron a tocar bocina detrás por detenerse de golpe, pero eso era lo que menos les importaba. Dentro de aquel auto tú buscabas la manera de arañarle mientras que él intentaba el contenerte.
Varios minutos bastaron para que él te retuviera y tomara el cinturón del lado del copiloto con tal fuerza de romperlo de su lugar, la adrenalina subiendo por su cuerpo mientras más te removías. Su cerebro se dividía en dos en este momento, había un muy débil grito que le decía que todo estaba mal, que tendría consecuencias.
Pero su lado primitivo era más fuerte, su interior se encendía de verte agitada debajo de él, de cómo movías tus piernas en contra de él en búsqueda de escapar, de tu cara de miedo que fácil se podría confundir con otra situación. Sí, Chan perdió la cabeza por ti.
Cuando logró el sujetarte con el cinturón, bajó el asiento de copiloto para lanzarte hacia atrás y solo así retomó el rumbo del camino, directo hacia su casa. No, no perdería oportunidad, no, ya no habría segunda, ya no habría un antes o después, a él le importaba el ahora.
Entraron a su casa con la noche cayendo sobre los suburbios, tú seguías luchando a pesar de que seguías atada, él te abrazaba contra su cuerpo para que no intentaras nada en su contra, pero luego hiciste lo que Chan no esperaba.
Lanzaste la cabeza hacia atrás con fuerza y golpeaste la boca tanta potencia que te tuvo que soltar, dejándote caer en el suelo.
Chan: ¡Maldita sea! —Soltó al pasar la mano por sus labios y vio la sangre entre sus dedos, luego fijó sus ojos sobre ti— Tenía tanto tiempo vigilándote, pero nunca me imaginé que fueras de esas chicas que se emocionaban con la violencia. —Sonríe, dejando ver su nueva herida al rojo vivo— Creo que nos vamos a divertir más de lo esperado.
Con eso se agachó hacia ti y sostuvo las ligaduras del cinturón para levantarte del suelo, caminando hacia la tercera habitación, hacia la última. Al abrir la puerta fue que tu cerebro reaccionó y empezaste a gritar desesperada, te removías en un intento fallido de que te soltara y solo lograste que te lanzara en la cama con cierta brutalidad.
Quedaste acostada boca arriba en la cama, abriste tus ojos a pesar de no darte cuenta de cuando los cerraste, tu cabeza colgaba del colchón y conseguiste mirar al piso mientras él se dirigía a cerrar la puerta.
Fotos… Cientos de fotos instantáneas en el piso. Chan encendió la luz para ahora caminar hacia la ventana y acomodar las cortinas, pero tú estabas paralizada del miedo ante aquellas imágenes que ahora se pudieron distinguir. Eras tú en cada una de ellas. Comiendo, corriendo, hablando, en tu cocina, con amigos y familiares, distraída… Dios mío, él era un…
Chan: ¿Te gustan? Las iba a poner en un álbum, pero no sería divertido masturbarme mientras tomaba un libro.
Lo miraste con terror y él sonrió al tener tus ojos en su persona. Lo veías de cabeza mientras la sangre parecía correr hacia tu cerebro, pero él se agachó frente a ti y ahora acercó su cara hacia la tuya.
Chan: No te imaginas la cantidad de veces que imaginé esto. —Llevó su pulgar hacia tus labios y los acarició con suma lentitud, capturó su propio labio lastimado con una sonrisa y saboreó la sangre en su paladar— Y todo es exactamente como lo imaginé. Suave… —Acerca sus labios a los tuyos y saca la lengua para lamer tu boca con lentitud— Cálido y delicioso.
Tú: Mmh… —Cerraste tu boca luego de aquello, apretando tus labios de mala gana ante su gesto y eso le hizo soltar una leve risa. Forzó su pulgar hacia dentro de tus labios y al verte renuente dejó una leve bofetada en tu mejilla.
Chan: Tranquila, haré que tu linda boca abra en un momento.
Se colocó de pie para tomar su pantalón, soltaste todo el aire ante el presentimiento de lo que haría y quisiste voltearte para evitarlo, quisiste girarte. Pero no pudiste, no cuando él te miraba de esa manera tan tensa, como si te retara a hacerlo. Te quedaste inmóvil cuando él abrió su cremallera y bajó lo suficiente su ropa interior de “Supreme” para dejar ver su pene erecto. Tragaste grueso y sonoro al quitar la mirada de allí.
Él solo tomó su miembro con tu mano derecha y lo acercó lo suficiente para delinear con la punta de este tus labios, soltando un jadeo alegre al sentir la calidez de tu respiración tan cerca de él. Colocó su mano izquierda alrededor de tu cuello y presionó levemente.
Chan: No me molestaría que lo muerdas, pero créeme que no te conviene, preciosa.
Con eso hizo una leve presión para que abrieras la boca y solo así pudiste abrirla para recibirla. Se adentró lentamente como si quisiera disfrutar de la sensación y cerró los ojos al sentir ahora tu respiración en su tronco. Se te dificultaba respirar y él pareció imaginárselo ya que volvió a salir, solo dejando la punta dentro.
Chan: Dios… No es lo mismo hacerlo con la mano que con tu boca. —Así volvió a entrar, pero con más rapidez— Si te sientes tan apretada aquí, no me imagino… —Sus ojos se deslizaron por tu cuerpo hasta tu entrepierna, cubierta por tus piernas cerradas. De nuevo sonrió y con eso empezó a entrar en tu boca sin cuidado alguno, sin importar que soltaras quejidos ahogados cuando llegaba a tu garganta.
Ahora sus manos se encaminaron entre el colchón, inclinándose sobre ti para entrar más profundo en tu boca como le fuera posible, utilizando la posición a su favor para ir contra tus pantalones y retirarlos sin importancia alguna. Terminó por lanzarlos al piso y fijarse en tus piernas sin dejar de penetrar, el sudor empezaba a escalar en su frente y apenas estaban iniciando.
Chan: No seas tímida. —Tomó tus muslos con cada una de sus manos y los abrió con fuerza, dejando a la vista solo tu ropa interior sobre tu entrepierna— La fiesta no es de uno, es de dos.
Con eso se agachó para enterrar su cara entre tus extremidades y lamer por encima de la tela tu entrada, esta se humedeció tanto de su saliva como de tu líquido, él lo pudo probar y le encantó hacerlo al saber que de alguna manera u otra lo estabas recibiendo. Las embestidas se hicieron más fuertes cuando él usó sus dientes para mover el impedimento y ahora plantar su boca en tu entrada, succionando y lamiendo todo el contenido con disfrute total.
El evitar retorcerte no fue una opción y menos cuando sus dedos se clavaban en tus muslos para dejarlos quietos en su lugar. Entonces su lengua entró y un gemido intenso salió de tu pecho, tu garganta apretó su pene y eso le hizo perderse en un momento en la exquisitez del momento. No estaba aguantando el tanto disfrute, no podía pensar con claridad cuando su pene solo era tratado de tal manera que le hacía rozar entre la línea de la locura y la perdición.
Movió su cabeza para simular penetraciones con su lengua en tu interior, de nuevo los temblores te invadieron, tus caderas se removieron y la pelvis de él se sacudió inconscientemente. Y entonces fue que dio una última estocada para dejar salir el semen dentro de tu garganta, y como pudiste lo tragaste para no ahogarte con él. Creías que había acabado ahí, que al fin se liberó y te dejaría.
Pero entonces sacó su lengua para lamer las partes internas de tus muslos y morderlos con adoración completa, dejaba besos en la parte aún descubierta y luego clavaba sus dientes. Succionaba para dejar moretones si era necesario, necesitaba saber que eso era real, que no era una de sus fantasías mientras se masturbaba como un idiota al imaginarte.
Cuando lo creyó suficiente se removió, dio unos pasos atrás y vio su obra, te vio con la respiración agitada y las piernas amoratada abiertas en medio de leves temblores. Tus ojos perdidos en él. Y sí, con solo aquella vista se le había levantado de nuevo.
Chan: ¿Cómo no voy a estar loco por ti? —Caminó lentamente hasta rodear la cama y quedar frente a tus piernas, te tomó de estas y te jaló con fuerza hacia él, tu cabeza quedó arriba del colchón— Si me miras de esa manera tan rica.
Tú: Ya, por favor… —Suspiraste acomodándote en la cama.
Chan: Déjame una vez más. Déjame escuchar mi nombre de tu boca. Quiero que mis jadeos se pierdan en tus gritos. —Con la mirada fija en la tuya ubicó su pene con su mano en tu entrada y empujó tan lento como cuando entró en tu boca, sonriendo otra vez como si aquello fuera lo más correcto que había hecho nunca— Mi corazón… se acelera día y noche por ti… —Sale y vuelve a entrar— No te contengas, disfruta el viaje. —Sus ojos se desvían para ver cómo está entrando en ti— Solo deja que pase.
Ahora decidió ser más tentador, mover sus caderas contra ti de una forma tan hipnótica que hasta él se perdía en su propio mundo. Cerraste los ojos. Sí, Bang Chan podría ser un imbécil por lo que te estaba haciendo, pero el cómo usaba su miembro…El cómo se movía… Los gestos sobre ti. El cómo sonreía mientras te comía desde dentro… era demasiado. Se meneó al mismo ritmo de tus gemidos, jadeó junto a ti y los gruñidos se le escapaban.
Tú: Chan… Bang… Bang…
Chan: Este será un viaje brusco… —Se acerca a tu oreja para susurrar— … agárrate fuerte.
Y con eso aumentó la velocidad, dejándote salir un grito de sorpresa que él amó. Todo empezó a subir dentro de aquella habitación. Subió el ruido, las respiraciones y gritos, los gruñidos, las marcas, las penetraciones, los ojos se elevaban, movimientos erráticos de su parte, incoherencias de parte de ambos, los destellos alrededor.
Y de repente… el éxtasis. Se embriagaron de aquella cúspide al mismo tiempo y, a pesar de que estabas cansada por el orgasmo tan satisfactorio que te había entregado. Chan luchaba por mantenerse en el mundo real luego de haberse venido dos veces y sentir que necesitaba más de ti.
Tú: ¿Mh? ¿Qué haces? —Dijiste cuando él se enderezó sobre ti de nuevo.
Chan: Lo siento preciosa, pero este tren nunca descansa.