Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 01 de diciembre del 2024
Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 01 de diciembre del 2024
Changbin tenía el mundo a sus pies desde que nació. Fama, fortuna, un futuro brillante de la mano de lo que construyeron sus padres antes de él. Amigos leales, inteligencia, fuerza y elegancia. Tenía todo, ¿no? Pero la vida no es perfecta incluso para la gente como él, Changbin tenía todo, pero no amor. Tampoco era como que le interesaba, habría logrado vivir una infancia sin él en muchas ocasiones y seguía vivo, por lo que no creía que tampoco le hiciera mucha falta para obtener lo que quería.
Te conoció cuando él visitaba una de las propiedades de su padre, la que pronto heredaría si él seguía en el ritmo de trabajo desenfrenado que llevaba. A Changbin no le importaba. A este punto de su vida había aprendido a mirar sin ver y a oír sin escuchar, sonreír sin sentir y solo hacer lo que le mandaban. Era un títere, él no decidía su destino, su destino decidía por él.
Su padre y él tuvieron una reunión de “padre e hijo” noches atrás, el mayor le pidió que revisara su propiedades, tierras y haciendas, quería vender algunas para no dejar tantos problemas futuros con herencias, solo quedarse con lo necesario para seguir llevando el negocio a pie. Por lo que Changbin se propuso hacer su voluntad lo antes posible y así volver a su vida tranquila bajo la sombra de su familia.
Cuando llegó a los jardines en aquella tarde lluviosa y te vio bailar sola cerca de una fuente de agua, primero pensó que serías la loca del lugar y que solo te tendría que ignorar. Pero luego escuchó tus carcajadas, se detuvo por segunda vez para prestarte más atención y, como si su mundo girara en ángulo imperfecto de treinta y siete grados, todo pareció cambiar.
Felix: Bin–Hyung, ¿qué tanto miras? –Felix se detuvo más delante de él, deteniendo al mayordomo que llevaba su paraguas para ver lo que hacía su amigo, pero al no obtener respuesta él decidió ver la escena que tanto contemplaba, no encontrándole el motivo por el que se encontraba tan embobado–. ¿Qué? ¿Te agrada la chica?
Hyunjin: Es interesante que esté usando un vestido violeta en la lluvia, ¿no será que sea un fantasma y solo vemos una ilusión? –Ríe detrás del chico rubio, ya casi todos habían entrado y solo quedaban ellos por pasar a la mansión que pronto sería analizada.
Changbin: No es un fantasma, mira sus piernas. Se marcan en la tela.
Felix: Comenzó con sus extraños fetiches. –Hizo una mueca para girarse y seguir su camino con el mayordomo hacia las escaleras, Hyunjin por su parte cruzó al paraguas del mayor para estar a su lado, dejando la de él a los otros dos sirvientes que esperaban por ellos, les hizo una ceña para que se fueran y así hicieron, quedando ellos solos.
Hyunjin: ¿Te gusta ella? ¿Quieres que te ayude?
Changbin: ¿Gustar? –Ahora miró a su amigo y Hyunjin mostró una sonrisa cómoda, él sabía que Changbin no entraba en los grupos de “gustar” o “no gustar”, esa persona simplemente llamó su atención y la quería en su cama, solo para satisfacerse y luego de un buen rato cada uno para su casa.
Hyunjin: Es hija de una de las criadas de esta casa, la señora tiene más de treinta años trabajando aquí, la chica es bastante joven. Según escuché por estos pasillos, es resultado de una violación.
Changbin: ¿Y tú cómo sabes todo eso?
Hyunjin: Recuerda que venía con tu padre y el mío para realizar los contratos de los terrenos, no es mi primera vez aquí, a diferencia de ti que siempre preferías estar en la ciudad y no en el campo.
Ambos se miraron por unos segundos y al mismo tiempo giraron la mirada hacia la chica que no reparaba en la presencia de ellos, ahora dándose cuenta de que jugaba con un pequeño perro San Bernardo que la perseguía y ladraba con la misma diversión que ella. Hyunjin miraba la escena en general, pero Changbin solo podía ver como su vestido se marcaba a su cuerpo, como su cabello era peinado hacia atrás, como sus pechos rebotaban con cada salto en escena, el cómo andaba descalza en el césped.
Si aquello era una película, él compraría todas las grabaciones.
A puras luchas Hyunjin logró que Changbin entrara, con la promesa de que la convencería de que se fuera con el mayor por una noche.
La revisión de la propiedad fue rápida, los ocho chicos inspeccionaban desde las habitaciones hasta la entrada y salones principales, Changbin solo no podía revisar una propiedad tan grande, por lo que les pidió ayuda a sus amigos para agilizar y así tener idea de lo que se haría con aquella propiedad.
Se reunieron en el salón principal junto a la puerta de entrada como acordaron antes de dividirse y el primero en hablar fue Lee Know mientras encendía un cigarrillo, lanzó el humo hacia otro lado y miró al pelinegro.
Minho: Este lugar es un asco.
Han: Puertas rotas en el segundo piso y una que otra falta de pintura por paredes rayadas con creyones. Parece como si vivieran niños aquí.
Seungmin: ¿Los criados no tenían hijos? Tu padre debió ponerlos a raya antes de abandonar la propiedad Changbin. De esta manera perderán mucho dinero en remodelación antes de venderla.
Changbin: Aun debo pensar si vamos a vender o no.
Bang Chan: ¿Qué harás con una propiedad en el campo? Tu lugar es en la ciudad, ni siquiera te gusta estar aquí. Tan pronto bajaste del auto tu cara fue de asco.
Jeongin: Su cara siempre es de asco. –El aludido lo miró con molestia y Jeongin empezó a reír divertido, y antes de que dijera algo más la puerta fue abierta, llamando la atención de los reunidos para dirigir sus ojos allí.
Tú entrabas con una gran sonrisa y cubierta por una toalla sobre tu cabeza, el perro se sacudió en la orilla y te salpicó por completo, provocando que te carcajearas antes de poder prestar atención al momento. Los ocho pares de ojos te recibieron y por instinto te cubriste con la toalla lo mejor posible.
Tú: ¿Quiénes son ustedes y qué hacen en esta propiedad? –Quisiste aparentar segura, pero los nervios eran muy obvios. Más de uno se cruzó de brazos o suspiró con cierta molestia, la mayoría de los chicos se criaron viendo a otras personas como inferiores, pero lo disimulaban a su manera.
Seungmin: En realidad, ¿quién eres tú y por qué estás en esta propiedad? Él es el dueño de todo esto, débele más respeto. –Señaló a Changbin, pero este ni se inmutó en saludar.
Tú: No es cierto, el señor Seo es mucho mayor. Yo lo conozco, él y mi madre se llevan muy bien. Respeto es lo que es sobra para él.
Todos fruncieron el ceño y se miraron entre ellos como si no les gustara como sonó eso, entonces Changbin dio unos pasos delante para colocarse al frente del grupo, ahora mirándote a detalle sin disimulo ninguno. Se detuvo un momento en tus piernas, pero pestañeó para presentarse.
Changbin: Soy el hijo menor del señor Seo al que conoces, Seo Changbin. –Hace una leve inclinación de cabeza–. Nunca había venido porque no me interesaba esta propiedad, pero creo que mi padre se ha interesado en venderla.
Tú: ¿Venderla? –Quedaste sorprendida con su confesión y tuviste que respirar profundamente al sentir como tu pecho se oprimía, miraste a tu perro y este te miró de vuelta sin entender nada–. ¿Por qué…? No… No pueden.
Minho: ¿Qué dijo? ¿Que no qué? –Colocó sus manos en sus caderas al tomar otra calada de su cigarrillo, lanzando el humo hacia Han y este quejándose al instante. Fue detenido de hablar de nuevo con un gesto de la mano de Changbin.
Changbin: ¿Por qué no se puede vender?
Tú: Esta casa es una de las favoritas del señor Seo. Aquí es que le pidió matrimonio a su esposa, y aquí es que pasaban el invierno. También aquí era que venía a hacer sus negocios más importantes. No tiene sentido que quiera venderla.
Changbin: Yo propuse venderla, ¿algún problema con eso? –Fue entonces cuando lo miraste fijamente y él te sostuvo la mirada.
Tú: No… Bueno, sí. –Tragaste grueso al hacerle frente sin pensarlo mucho, él siguió sin inmutarse–. Al vender la propiedad, vendería nuestros trabajos y nuestra vida entera. Hay más de nueve familias que subsisten de esto. El señor Seo nos permitió sembrar y comer de lo que hacemos, también el convivir dentro de la mansión como agradecimiento por los años de servicio, y-
Han: Ustedes lo que están viviendo de las costillas del señor Seo, di la verdad.
Tú: ¡No! Eso no es cierto.
Bang Chan: Han, no te metas.
Miraste de nuevo a Changbin con algo de súplica y te acercaste un poco a él, todos permanecían quietos, como su aquel momento fuera de alta tensión y cualquier movimiento fuera usado en contra de cualquiera de los presentes.
Tú: Por favor, nuevo señor Seo. Le ruego que lo reconsidere. Este lugar no es solamente paredes y un enorme jardín, es también la historia de todos nosotros junto a su padre, él fue tan bueno con nosotros, a pesar de siempre estar ocupado intentó darnos lo mejor.
El silencio permaneció por mucho tiempo, más del esperado, así fue hasta que Hyunjin decidió integrarse a la burbuja de conversación entre tú y Changbin, el más alto rodeó con su brazo los hombros de su amigo y se llevó una mirada de sorpresa.
Hyunjin: Creo que tengo una idea, Changbin-Hyung. –Se acercó al oído de este y empezó a murmurar algo que hacía a chico mirar distintos puntos del piso mientras fruncía el ceño, pestañeó un momento cuando Hyunjin se detuvo y lo volvió a observar.
Changbin: ¿Crees que funcione?
Hyunjin: Ya la escuchaste, este lugar es muy importante para ellos. Es obvio que lo haría con tal de que nada cambie.
Ahora los ocho de nuevo te miraban, parecían lobos, lobos hambrientos de poder y de quitarte del medio con el fin de lograr su cometido, o al menos eso era lo que veías. Pero la mirada de Changbin, esa te llamaba más la atención. Su mirada había cambiado muy pocas veces, pero en cada una de ellas parecía tener algo más que el deseo de quitarte del medio. Había algo en sus ojos que te tensaba, te hacía pensar diferente en comparación de sus amigos.
Changbin: ¿Dónde están los demás sirvientes?
Tú: A-algunos de vacaciones de verano, otros están en el invernadero.
Jeongin: ¿Por qué no estás dentro de ninguno de esos dos grupos y estás aquí sola?
Tú: No estoy sola, estoy con Sebastián. –El perro ladra al oír su nombre y saca su lengua con diversión mientras mueve su cola con cariño.
Han: Habla de un ser humano.
Tú: ¡Oh! Bueno, pues me escapé. –Sonríes con naturalidad y acaricias el pelaje de la cabeza del perrito, este se rinde a tus caricias sin dejar de mover la cola.
Changbin: Como sea. Me darás un tour por la mansión junto con Seungmin, los demás irán a hablar con los sirvientes del invernadero. –Le dio una vista rápida a Hyunjin y este sonrió para apartarse dejando un par de palmadas en su hombro derecho.
Lee Know: Genial. Más tierra para mis zapatos. –Lanza la coletilla usada al piso y la pisa con cara de incomodidad.
Bang Chan: Es justo lo que necesitas para bajar tu cabeza de ese estándar de riqueza. –Se cruza de brazos sin dejar de mirarlo y luego vuelve sus ojos al pelinegro–. Está bien. Hyunjin, ya que has estado aquí antes, guíanos al invernadero.
Como si fuera un mandato los otros seis chicos se dirigieron a la salida del edificio, quedando ustedes tres junto al perro. Seungmin miró al canino por unos segundos y luego a su amigo, Changbin le devolvió la mirada. Seungmin hizo un movimiento rápido hacia ti con los ojos y Changbin solo asintió. El menor pareció entender el plan sin necesidad de palabras.
Seungmin: Bien, ¿a dónde nos llevarás primero?
Tú: Bueno… ¿Qué tal la cocina? ¿Ya pasaron por ella? –Negaron con la cabeza, era obvio que mentían, si antes estuvieron por casi todos lados para analizar la infraestructura.
Pero qué ibas a saber tú, solo sonreíste con cortesía y, secando tu pelo un poco con la toalla, te encaminaste hacia la puerta que daba aquel lugar, Seungmin empezando a jugar con el perro y Changbin vigilando tus movimientos con detenimiento. Abriste aquella puerta blanca para dejar ver el escenario de la cocina más resplandeciente posible.
Changbin: Interesante, esta cocina parece haber sido diseñada por mi madre. En todas sus propiedades hacía el mismo diseño en el techo. –Susurró mirando hacia arriba. Tú asentiste.
Tú: Recuerdo cuando vino su madre para cambiar los colores de la cocina, yo estaba muy pequeña. Siempre le decía a su padre que no tenía un buen gusto para este tipo de cosas.
Por primera vez en el día Changbin soltó una risa, era uno de los pocos recuerdos humanos que tenía de sus padres, cuando discutían por cualquier tontería, por el color del piso, por el tipo de carro, por la escuela que irían él y sus hermanas. Y él también recuerda lo divertido que era verlos intentar entenderse entre aquellas batallas verbales.
Changbin: Es cierto, mi padre nunca tuvo buen gusto. –Aquella frase se llevó una mirada extraña de Seungmin hacia ambos, ustedes quedaron con una sonrisa extraña sin dejar de mirarse, ¿eran ideas de él o parecía que había conexión?–. Bien, sigamos.
Con esa misma hilera de conversaciones se mantuvieron viendo los lugares, el único lugar que no sabían que existía era la minibiblioteca escondida en la oficina principal y que tú les mostraste con diversión. Ellos alzaban la cabeza para buscar con la mirada el fin de aquellas estanterías que parecían infinitas, tú reías al parecerte gracioso su asombro, Changbin bajó su cara de golpe al escucharla y no pudo esconder el veloz destello de una sonrisa que disfrazó con una mueca de disgusto.
Salieron de la biblioteca, iban por los pasillos en dirección al salón de recreación del segundo piso, el mismo que daba vistas al jardín e invernadero en el que estaban los otros chicos. Tú ibas delante con Changbin siguiéndote muy de cerca, Seungmin estaba detrás de ustedes, jugando con Sebastián entre risas, era muy obvio su amor hacia los caninos y… el por qué Changbin lo había elegido para que fuera con él al recorrido. El mayor en un momento del camino giró su cara para ver al otro pelinegro por sobre su hombro, Seungmin lo vio.
Changbin: “Vete.” –Movió los labios sin emitir sonido, Seungmin entendió al instante y se detuvo, el perro aún tomando la mano de él en su boca para que siguieran los juegos. El can lo siguió cuando Seungmin giró por unas escaleras para bajar al primer piso, olvidándose por completo de su dueña.
Llegaron a aquel salón de grandes cristaleras que daban vista al día aun nublado, parecía seguir lloviznando a pesar de los pequeños rayos de sol que iluminaban ciertas partes del campo.
Tú: Y este era el lugar favorito de sus padres. Se encerraban aquí por horas enteras y salían por las noches con grandes sonrisas. –Ríes un poco al acercarte hacia el ventanal, no llevando en cuenta el momento que Changbin cerró la puerta con seguro al estar distraída viendo el invernadero. Los amigos de aquel dueño parecían reír con los sirvientes, incluso pudiste notar al rubio morder lo que parecía ser una fresa ofrecida por una de las mujeres.
Changbin: Me imagino el por qué, es un lugar muy privado y “cálido”, me recuerda bastante a mi casa.
Se colocó detrás de ti para ver el mismo escenario, pero pocos segundos después cambió sus ojos para ver tu cabello aun húmedo y espalda, llevó uno de sus dedos a un pequeño remolino formado en la punta de tus hebras y, Changbin no podría jamás describir la electricidad que sintió con aquel leve toque.
Estaba perdido, muy perdido, tú hablabas, pero él solo podía apreciar lo perfecta que te veías a pesar de todo. Y era extraño viniendo de él, casi siempre era centrado, podía ser suelto y extrovertido con sus amigos, además de animado, pero esto era diferente.
Tú: ¿Me escuchó? –Te diste la vuelta de golpe y él se asustó.
Changbin: ¿Eh?
Tú: Le decía que podemos bajar y comer fresas, estamos en la temporada perfecta para recolectarlas. –Ibas a caminar hacia la puerta, pero él te detuvo con un leve toque en tu brazo–. ¿Qué sucede? ¿Le molesta algo?
Changbin: Quisiera hablar algo contigo antes de… Lo que sea que quieras hacer. –La duda invadió tu rostro–. Es sobre la venta de este lugar.
Tú: Señor, yo…
Changbin: No me digas señor.
Tú: Lo siento, usted es dueño de estas propiedades al igual que su padre, no puedo evitarlo.
Changbin: Yo no soy mi padre.
Tú: Eso lo sé, pero usted es dueño de estas tierras, por lo que también es mi… dueño.
El silencio se hizo bastante prolongado, tú no entendías por qué él no respondía, pero en la mente de Changbin solo podía reproducirse la idea de que era tu dueño, estaba mal, estaba interpretando la idea de otra manera que no era correcta, sus ojos bajaron por tu cuerpo y tu hiciste lo mismo al verle a él. No llevabas nada más que un vestido violeta, uno que con las gotas de lluvia parecía transparentar y dejar ver lo que escondía, a pesar de estar más seca que mojada, había lugares que permanecían algo húmedos.
La lluvia volvió, sus amigos corrieron dentro del invernadero techado y cerraron las puertas, las gotas de agua empezaron a golpear el vidrio.
Changbin: ¿Soy tu dueño?
Tú: Sí, algo así. Supongo.
Changbin: ¿Entonces no estaría mal proponerte algo? –La mirada de ambos se levantaron de golpe–. Tengo en mis manos la decisión de si vender o no este lugar, por lo que… Te propongo un trato.
Tú: ¿Un trato? –Asiente–. ¿Conmigo? –De nuevo asiente.
Changbin: Quiero algo a cambio de la propiedad, algo sencillo. –Da un paso delante y tú retrocedes–. No creo que sea algo malo, es más sencillo de lo que parece. –Los pasos siguieron, él intentaba acercarse y tú solo te apartabas, no sabías por qué tenías la sensación de que aquel trato no era tan favorable como parecía–. Solo tienes-…
Tú: No haré nada contigo. –El silencio se hizo otra vez, Changbin se vio algo afectado al parecer, ya que se detuvo al instante con tus palabras–. Hay otras maneras de convencerlo.
Changbin: Es curioso como me trataste informar al rechazarme y vuelves a ser formal con lo demás. –Retomó su andada, repeliéndote al instante–. No será tan malo, será algo de una vez.
Tú: Señor Seo…
Changbin: Soy Changbin. –Se estiró con algo más de prisa para tomar tus muñecas, tú casi corrías, pero te quedaste estática, ahora viéndolo más de cerca–. No haré nada que no te guste, será un intercambio tonto. Yo saldré perdiendo si lo piensas bien. Te entregaré todo lo que tienes solo por una tarde contigo. –De nuevo sus ojos repasando desde tu rostro hasta desfilar por tu cuerpo–. Será más pronto de lo que piensas.
Quizás él notó tu duda, te vio tambalear por tus deseos de mantenerte allí, por no perder lo que tus recuerdos ni el de tus seres queridos, por lo que Changbin quiso ser un desentendido por una vez en su vida y, cuando volteaste el rostro para pensarlo mejor, él te hizo observarlo otra vez y cubrió tus labios con los de él. Era posible que lo apartaras, no ejercía presión, pero no lo hiciste, no lo alejaste ni cuando el leve contacto hizo un poco más de fuerza para hundirse entre tus labios. Te apartaste lentamente y él se mantuvo al margen.
Tú: Si hago lo que me dice…
Changbin: Te daré lo que quieres.
Tú: ¿Y si me niego?
Changbin: No creo que quieras hacerlo. –Con eso tomó tu mentón y volvió a besarte.
Tú: Señor… –Beso lento–. Señor Seo… –Sus manos llegaron a tu cintura–. Seo… –Te apretó contra él y profundizó un poco más las caricias al clavar sus dedos entre tus costillas–. Changbin.
Changbin: ¿Qué deseas? –Quisiste decir algo, pero las palabras no salían, él lo interpretó como miedo a lo que sucediera–. Tranquila, yo te cuido.
Sus manos deslizándose por tu cuerpo, sus ojos fijos en ti, tú lo mirabas de vuelta, el calor subió por tus mejillas al sentir sus dedos por tu trasero, anclándose en tus muslos y aprovechando el movimiento para alzarte, por inercia rodeaste tus brazos por su cuello para no caerte y él sonrió al interpretar que querías estar aferrada a él.
Tú: No se haga ideas.
Changbin: Ya es tarde, bonita. –Caminó contigo hasta una mesa, era obvio que sería el que usaba su padre para las negociaciones, estaba impecable de limpia y el cristal, a pesar de ser muy grueso, dejaba ver el piso a la perfección.
Acomodó tu cuerpo sobre la mesa, él se sentó en la silla principal frente a ti, quedando a la altura de tu abdomen y acomodando sus manos en tu trasero empezó a repartir besos sobre tu vestido.
No pensabas que aquel día lluvioso te traería una sorpresa como esta, bajaste la cabeza para ver el pelo ondulado del que se supone era el dueño de donde vivías, el encargado del destino tuyo y de los tuyos, y ahora él estaba ahí, a tu merced, dejando que sus labios moldearan tu piel junto a su respiración sobre la tela. Fue bajando hasta llegar a tu vientre, respiraste profundo y él se trancó en el movimiento de tu cuerpo.
Giró su cara antes de llegar a tu entrada y se encaminó al interior de tus muslos, sentiste la punta de su nariz acariciar, su respiración salir mientras rozaba sus dientes y luego plantaba su lengua, aquel desdén lento te permitió jadear, tu cuerpo se relajó a pesar de sentir como alzaba cada vez más con su mano derecha la parte inferior de tu vestido.
Tú: Changbin…
Su nombre mezclado con tu aliento le hizo olvidarse que eras su sirvienta, que le pertenecías y podía hacer lo que quisiera contigo, si al final y a cabo él tenía el poder. Ahora parecía que él era controlado por ti, no por su destino. Ya no importaba si vendía la propiedad, ahora quería saber qué sabor tenía tu piel y de qué manera suplicarías por tenerlo dentro.
Cruzó a tu otro muslo, donde sí dejó una leve mordida, una que te arrancó un gemido atolondrado, ¿entonces eso estaba bien? Siguió con su juego, marcando sus dientes, lamiendo las marcas, besando de vez en cuando y murmurando cosas a tu belleza que solo él oía. De nuevo alzó tu vestido, ahora hasta tus caderas. No le importó si la ropa interior fuera negra, blanca u de otro color, ni se fijó en eso. La tomó por los tirantes de las caderas y la deslizó por tus piernas, cayeron en el piso con irrelevante atención.
Changbin: Eres igual de hermosa aquí abajo.
Tú: ¿Eh…? ¡Oh, Dios mío…! –Arqueaste la espalda al recostarte contra el vidrio cuando su lengua lamió desde la parte inferior de tu entrada hasta llegar a tu clítoris. Se detuvo allí por un rato, él no ignoraba el hecho de que te desmoronabas en sonidos cada vez que él chupaba o lamía con lentitud aquella zona sensible.
Tras un intento por volverte loca, y casi lograrlo, bajó un poco más para ahora sumergir su lengua en tu interior. No podías tener los ojos abiertos, menos cuando él te sostuvo de las caderas para mantenerte estática, aquella ancla no se mantuvo por mucho ya que vio como mejor opción el colocar tus rodillas sobre sus hombros y con su mano derecha plasmarse en tu vientre.
Changbin: Eres muy adictiva… –Susurró al separarse jadeante y al darse cuenta de que seguías gimiendo a pesar de no tocarte sonrió, presionó tu vientre con su mano y casi se te escapa un grito–. …Y sensible.
Retiró tus piernas de sus hombros con brutalidad al igual como se puso de pie, dejando caer la silla detrás de él. Changbin empezó con remangarse la camisa tres cuartos que llevaba y luego sus manos se encaminaron a su cinturón. Pero, en un giro de los acontecimientos, no se imaginó que te volverías a sentar de manera jadeante y lo mirarías a los ojos. Él se quedó estático y tú intentaste regularizar tu respiración.
Sus ojos fueron descarados, miró tus labios hinchados de tanto morderlos para contener tus quejidos, el pelo desordenado y aún húmedo, tu vestido desarreglado en el pecho dejando ver por mucho tu seno izquierdo a pesar de no visualizar el pezón.
Tú: ¿Qué pasa…? ¿No te agrada lo que ves? –De nuevo sus ojos fueron a los tuyos, seguía estático tomando el cinturón, pero él retiró sus manos cuando sintió las tuyas tomarlo para seguir con el trabajo.
Changbin: ¿Estás sellando el trato que te propongo? Fue más fácil de lo que creí el convencert-… ¡Aaah~…! –Dejó de hablar cuando tu mano se plantó en su miembro antes de quitar el pantalón y lo estrujaste con una sonrisa, él frunció el ceño.
Tú: No soy tan fácil como lo considera, Seo Changbin. Si algo aprendí de los tratos que hacía su padre en este lugar, es que… Si los haces, los debes hacer bien.
Una sonrisa cínica se dibujó en el rostro de él, le gustó lo dicho. No, ¿a quién iba a mentir? Tus palabras lo encendieron más de lo que ya estaba y la reacción de su miembro fue bastante obvia para ti. También agregándole con que seguiste torturándolo sobre la tela, aquello se estaba poniendo más interesante de lo que parece. Su mano derecha tomó tu cabello, lo jaló con cierta mezcla de suavidad y carácter para verte desde arriba.
Changbin: Me gusta como piensas.
Sus labios volvieron con los tuyos, pero ahora sin medición o cortesía alguna, era una batalla campar por saber quién de los dos dominaría al otro. Por otro lado, tus manos siguieron con el trabajo de desvestirlo, sacaste su camisa y quitaste el botón, bajaste el cierre y un gruñido salió de su pecho sin apartarse de ti, ese sonido fue encantador, era como si empezara a perder el sentido.
Lo siguiente fue su ropa interior, la bajaste lo mejor posible a pesar de no estar viendo y rápidamente buscaste su pene para acariciarlo, él tuvo que echar hacia atrás su cabeza para jadear, el contacto frío de tus dedos con lo caliente que él estaba lo hizo sentirse increíble, la lluvia no se detenía afuera, al contrario, parecía convertirse en tempestad.
Tú: ¿Estás listo para sentirte bien?
Changbin: Esa frase debería decirla yo, no tú. –Besa superficialmente tus labios y te apartas.
Tú: Usted es mi dueño, es mi deber convencerlo de que este trato es conveniente aunque no lo sea.
Changbin: Que buena manera tienes de convencerme. –Respiró las palabras sobre tu cara cuando sintió como alineaste su punta con tu entrada–. ¿Lista para cerrar el trato?
Tú: Cuando lo quieras, Changbin.
El escuchar su nombre otra vez en ti le pareció más excitante que todas las veces anteriores y no lo pensó para inclinarse hacia delante. Aguantaste la respiración al sentir como te invadía, él también lo hizo, pero solo como reflejo de tus actos. Cuando estuvo completamente dentro siguieron con sus ojos en los del otro, acariciaron sus narices por un momento, se mantuvieron con ojos abiertos, hipnotizados por el suceso, sumergidos y embriagados por el exceso de calor a pesar del frío alrededor.
Tú: Muévete. –Exhalaste y él atrapó tu labio inferior para chuparlo. Ladeó su cabeza y dejó un beso.
Changbin: Es un trato. –Con aquellas palabras su derecha se posó en tus nalgas y la otra en tu pecho, aprovechando tu perdida de cordura para amasarla tus carnes como le viniera en gana.
Su salida fue lenta hasta que dejó solo la cabeza dentro, pero su ingreso fue fuerte, haciéndote temblar al instante. Lo repitió varias veces, pero subiendo la velocidad un poco, sintió deslizarte hacia atrás y soltó tu pecho para ahora apegarte más de él al sostenerte de las nalgas.
Era increíble el hecho de que a pesar de perderse entre las ganas y la fricción, sus miradas permanecían unidas, tú removiste tus caderas junto a las de él, de nuevo subió la intensidad y ahora ninguno de los dos podía callar los ruidos, tampoco los gestos o los balbuceos. Changbin plantó sus manos en el cristal, creíste que se rompería al escuchar como este chirriaba bajo sus dedos, pero no te importó cuando en una penetración todo el juicio se te fue.
Caíste de espaldas en la mesa, él se colocó sobre ti sin detenerse, tomó tu mandíbula, los besos volvieron, el choque de pieles se hicieron salvajes, ni siquiera los truenos eran tan fuertes como su disfrute, solo era cuestión de un poco más, solo un poco. Pero esa espera se volvió segundos cuando él quiso sentir más cómo le apretabas, todo en ti temblaba y rebotaba cada vez que te impactaba.
Una última mirada, solo una última mientras sentían como poco a poco se acercaban a perderse, él acarició tus labios con su pulgar y lo hundió en tu boca, eso fue suficiente para que sintieras el orgasmo arroparte con tal intensidad que hasta él se vio afectado. Todo se volvió nulo y torpe, tu gesto lo hizo también caer en el incendio de tu interior y tuvo que forzarse a sostenerse de sus brazos para no caer sobre ti mientras te llenaba.
La lluvia siguió cayendo al igual que la tarde, el frío los envolvió cuando la humedad de la mezcla de temperaturas en sus cuerpos fue descendiendo y sus mentes se ubicaron donde pertenecían a la vez que retomaban su centro.
Otra vez sus ojos se chocaban, se quedaron inmóviles mirándose por un rato más, él no se salió de tu interior y tú no te moviste ni un centímetro. Él acarició tu cabello con lentitud y se agachó para unir sus labios una vez más, tú lo recibiste con los párpados entrecerrados, aquel momento fue el más cautivador de todos, como si ambos se sintieran completos, como si de alguna manera se habrían acoplado al otro.
Y así, a pesar de la lluvia y el trato hecho entre ustedes, siguieron besándose suavemente con ciertas caricias de por medio, dejándose llevar una vez más y olvidando su proceder aunque sea por unos minutos más de esa tarde.