Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 22 de febrero del 2026
Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 22 de febrero del 2026
Todo empezó cuando Felix se graduó de profesor de secundaria con tan solo veinte años. Había acabado en tiempo récord y con méritos sobresalientes de la universidad de Seúl que lo hacían tener más ofertas que muchas otras personas. Pero, por alguna extraña razón, Felix no se imaginaba en uno de esos salones impartiendo clases de ciencias naturales para chicos tan… “tranquilos”.
Por alguna extraña razón, él siempre se imaginó con un grupo desorganizado, uno que él pudiese adoctrinar y de allí poder demostrar que estaba listo para todo terreno.
Las cosas que uno piensa cuando es inexpertos son las que más pueden repercutir en tu vida. Y Felix se daría cuenta de eso muy tarde.
Un día, mientras hacía la compra en un supermercado, pudo escuchar una conversación a lo lejos que le interesó bastante. Era una mujer morena junto a quien parecía ser su novio coreano, ambos elegían frutas y ella se quejaba tanto en el idioma como en lo que Felix reconocía como español.
Chico: Pero si las frutas siempre son caras, amor.
Chica: ¡¿Pero tan caras?! Cariño. Literalmente nos lanzábamos estas frutas o más en mis clases de secundaria. —Ríe divertida al ver la naranja y presionarla con su pulgar para identificar si está madura—. Además, todavía estas no están de comer, son “injertas”. —Tanto su novio como Felix en su lugar fruncieron el ceño al no entender la palabra que utilizó, ella suspiró—. Que aun no están maduras, no están para comer. Fueron trabajadas con procesos químicos para sacarla más rápido al mercado. —Ella deja la fruta y concluye con—: Tenías que haber estudiado conmigo en secundaria, así no serías tan bobo en la vida.
Chico: ¿En tu país la secundaria era divertida?
Chica: ¡Éramos lo que ustedes llaman rebeldes sin causa! —Se vuelve a reír—. Volvíamos a los profesores locos y muy pocos nos lograban controlar. En República Dominicana es muy difícil no hacer un “desacato escolar” para hacernos sentir. —Una vez más, tanto el chico como el rubio teñido que estaba cerca no entendieron las palabras en español que utilizó la chica y ella giró los ojos—. A lo que me refiero es que cada día era una aventura nueva, siempre hacíamos locuras intensas.
Chico: ¿Y eso no les daba problemas después?
Chica: Esa es la parte más divertida. —Se ríe con la cara que muestra su novio y lo empuja un poco para irse a otro lado con él—. Mejor veamos los aguacates. Si cuestan más de cien pesos dominicanos me voy a desmayar. —Se ríen juntos al caminar a su nuevo destino, sin darse cuenta de que dejaron atrás a un Felix pensativo, que seguía dándole vueltas a una manzana en sus manos.
Felix: Con que… República Dominicana, ¿eh? —Asiente al sonreír despacio, la idea formulándose en su cabeza despacio, como si de una fórmula se trataba.
Tras la compra el rubio soltó las bolsas en sus muebles y buscó su laptop para investigar más del país en relación con la educación. “Educación ciencias de la naturaleza secundaria de República Dominicana”, los links parecieron al instante y podría jurar que entró a todos los que encontró, cada uno siendo más interesante cuando los traducía al coreano. Había cosas más básicas, pero poco de lo que vio en la universidad.
Felix duró días investigando, luego duró semanas mezclando este tema con las enseñanzas de algunos maestros coreanos que ya habían dado clases en Latinoamérica y, cuando menos se dio cuenta, tomó la decisión un mes después. Se iría a impartir clases a República Dominicana. Así empezaría lo que él nombró operación “dotrina coreana”.
Seis meses estudiando español intensivo, otros tres llenando documentos de solicitud y, en un año, se estaba despidiendo de sus familiares para tomar ese avión al otro lado del mundo, con la aceptación por parte del ministerio par ser uno de los docentes.
Lo que Felix nunca imaginaría es que, tras salir de Corea del Sur, nada de lo que soñaba se haría realidad. A pesar de que él había visto videos de cómo era el comportamiento de los estudiantes dominicanos y cómo los maestros se quejaban, él tenía la errónea idea de que los podría controlar. Pobre e iluso Felix, al parecer el que aprendería cosas nuevas en esos salones sería él y no los chicos.
Estuvo una semana completa descansando y preparando su pedagogía según las enseñanzas coreanas y dominicanas. Su curso era el denominado “sexto C de bachiller”, sería asignado como profesor encargado y… debía admitir que estaba emocionado.
Sería su primera vez dando clases desde que se había graduado, ¿qué encontraría en esos salones de aquella escuela llamada como uno de los padres de la Patria de aquel país? No podía dejar de sonreír de la emoción, en esos salones estaría el futuro. Podrían ser doctores, enfermeras, abogados, escritores, ¡E incluso maestros! No podía esperar para entrar a una de esas aulas y demostrar que-…
X: ¡PACOTICO DEL DIABLO. DEVUELVEME MI CUADERNO, AZAROSO! —Un libro voló después de ese grito de una chica, Felix estaba boquiabierto en la puerta. Esto era peor de lo que había pensado. Casi todos los estudiantes parecían casi mayores que él, algunos fumaban, otros se maquillaban, uno que otro comía, se pintaban las uñas, se pegaban, arrastraban los pupitres y rayaban tanto la pizarra como las paredes.
Directora: Esto es sexto C de bachiller, señor Lee Felix. —El mencionado ve a la mujer bajita a su lado, aun con los labios abiertos, la mujer sonríe al ver su gesto—. Y dele gracias a Dios que le tocó con los del C y no con los de A. —Se despide con la mano y se da la vuelta—. Mucha suerte en su primer día.
Aunque Felix intentó decir algo, la mujer pareció irse más rápido de lo que su propio cuerpo se lo permitía, como si escapara de la situación. Suspiró y volvió a ver el salón, respiró hondo para calmar los nervios y avanzó un paso, no miró a los lados, pero pudo sentir como lentamente algunos estudiantes se daban cuenta de su presencia y empezaban a calmarse o a ubicarse en sus asientos.
Dejó sus cosas en la mesa que le correspondía, sacó su laptop del bulto y luego el celular de su bolsillo para descansarlo en el escritorio. Acomodó sus lentes y, al ver de nuevo el salón, todos se habían ubicado en sus respectivos asientos, casi en silencio, como si se trataran de buenos ángeles, él frunció el ceño, ¿cómo hicieron eso tan rápido?
Podía jurar que escuchaba pequeños cuchicheos, pero eran tantos estudiantes que no podían identificar quién era, ¿sería normal que se vieran todos apretados como sardinas?
Felix: Buenos días, estudiantes. —Saluda con formalidad, su voz impresionó a más de uno. El rubio era delgado y alto, la voz era totalmente contraria a lo que lograba demostrar. Iba a hablar, pero todos lo interrumpieron al responder de la misma manera, pero de forma desorganizada—. Vaya, eso es muy interesante.
Sonríe dulcemente y de nuevo se escucha los susurros, sus ojos se mueven por distintos lugares, aun sin ubicar quién los hacía. Así que decidió seguir hablando.
Felix: Mi nombre es Lee Yongbok, me pueden llamar señor Lee o profesor Felix, como les sea más cómodo. Seré su profesor de Ciencias Naturales para lo que resta del año escolar. Como podrán notar por mi acento, no soy de este país, soy coreano. —Algunos sonidos suaves y femeninos se levantaron por el salón, se escucharon risas después de eso y él les restó importancia—. Sé que es su último año y sé que mucho de ustedes están cansados. Comprendo muy bien su posición. Pero, todo lo que verán de mí, es importante tanto para sus exámenes como para su futuro.
X: Eso dicen toditos los profesores. —Se escuchó una voz masculina desde atrás y los demás rieron, pero Felix no lo hizo, esperó a que volvieran al silencio para seguir.
Felix: Para mí eso no está mal. Significa que me estoy adaptando muy bien al sistema de ustedes, y eso es bueno. Sin embargo, no toleraré la indisciplina. Mis reglas son básicas: Respeto, atención y esfuerzo. Nada de celulares. Si no entienden algo, preguntan. —Mira a los ojos de chicos al azar—. Si se equivocan, aprenden. Si interrumpen, pierden el tiempo. Y mi tiempo ya fue aprovechado, el de ustedes es que va contra el reloj.
El silencio fue sepulcral, todos los ojos atentos a él… A excepción de uno. Se quedó mirando fijamente a alguien que tenía la cabeza baja a diferencia de sus compañeros. Felix se alejó de su escritorio y caminó entre los angostos pasillos entre los pupitres para llegar a su objetivo, todos siguiéndolo con la mirada. Algunos hicieron muecas al imaginar lo que pasaría, otros no entendían lo que hacía.
El maestro se detuvo en esa persona que ubicó y agudizó su mirada cuando se dio de cuenta que estabas “chateando” con alguien más y sonreías como si nada. Al pasar los segundos sin que te dieras cuenta de su presencia a tu lado, él tosió falsamente y te asustaste al azar la mirada.
Tú: Ay, santo Dios… Casi me da un infarto. ¿Qué eres? ¿Un fantasma?
Felix: ¿Disculpe, señorita? —Abres tus labios impresionada de su voz, era obvio que no habías prestado atención de nada de lo que decía—. También está prohibido usar el teléfono en mi clase. —Extiende su mano y casi al mismo tiempo escondes el aparato, niegas con la cabeza y él se alza de una ceja.
Tú: Ya, ya, profe. Dejo de usarlo, no me lo quite, por fa. Es que… Es que mi mamá está en otro lado y yo-…
Felix: Su celular. —Interrumpió con carácter, sin demostrar un atisbo de intención a entenderte. Tú negaste de nuevo y te quejaste casi infantilmente, él asintió y, sin decir más nada, se alejó.
Los susurros volvieron y se mantuvieron hasta que él se sentó en su lugar. Abrió su laptop en silencio mientras las voces bajas iban aumentando de volumen, algunos en burla y otros perdidos en la actitud del maestro.
Felix: Pasaré la lista. —Comentó bajo, muy pocos escuchándolos. Recordaba esta metodología de un profesor dominicano para provocar respeto y silencio. Sí, quizás algunos lo odiarían el primer día de clases, pero no le importaba, al menos no ahora. Él quería impartir su clase con respeto—. Lisbeth Rejo. —Silencio, ausente—. Pedro Salomé.
Siguió mencionando nombres hasta que uno de los atentos dijo presente. Las quejas llegaron de los que quedaron ausentes por estar hablando, él los ignoró.
Cuando mencionó tu nombre y levantaste la mano para que te colocara presente, él alzó su mirada de la laptop hacia ti, sus ojos detrás de los lentes viéndose casi tenebrosos. Tus compañeros alrededor susurraron cosas como “le cogió contigo, te jodiste” y “Creo que te va a quemar”. Felix no dijo nada y continúo con la lista hasta que culminó.
Se levantó con creyones en mano y fue a la pizarra para empezar a escribir, se dio la vuelta al terminar, dándose cuenta de que muchos tomaban fotos.
Felix: ¿Qué dije de los celulares? —Más de uno se asustó y guardaron sus teléfonos—. Escribirán todo lo que yo coloque en la pizarra. No esperaré a nadie.
Al parecer Felix tenía a los chicos como los quería y, con eso, pudo impartir la primera clase sin problema. Algunos de los que parecían ser estudiantes aplicados participaron y él tomó en consideración esto. Observaba a los que se dormían, a los que hablaban y los que hacían otras cosas mientras él explicaba.
De vez en cuando sus ojos se detenían en los tuyos cuando volvías tu vista de mirar por la ventana a pesar de estar en el mismo centro del salón, sonreías y él se giraba casi de mala gana.
Amiga: Creo que le caes mal. —Te habla muy bajo—. Cuando al fin le caías bien a la profesora Martha vienen a botarla para colocarte a un coreano al que le caes peor.
Tú: Y no puedo quemarme este año. Mami dijo que si bajo las notas de nuevo por estar pintándome las uñas me iba a mandar con abuela para el campo.
Felix: ¿Está buena la conversación? —Tanto tú como tu amiga levantan sus rostros hacia el profesor, encontrándose con los compañeros aguantándose la risa y el profesor cruzado de brazos—. Bueno, ya que se saben la clase, ¿quisieran explicar qué es la fotosíntesis para este repaso de nivelación?
El silencio cae de golpe. Tu amiga te mira con pánico. Tú parpadeas una vez, tragas saliva y te enderezas despacio en el asiento.
Tú: Eh… —Empiezas, buscando aire—. ¿Cuando las matas toman sol? —Algunos sueltan los resoplidos de risas y haces una pequeña mueca.
Felix: ¿“Matas”? —Se alza de cejas—. ¿Te refieres a las plantas? —Asientes—. ¿Así le dicen aquí? —Más de uno confirma—. Bueno. Espero que estuvieran hablando de las “matas tomando el sol” y no de otra cosa. —Con eso se vuelve a voltear para seguir escribiendo.
Tanto tú como tu amiga sueltan el aire contenido, se miran de reojo y prefieren seguir en silencio.
La clase acabó con un montón de tarea por parte de Felix, y así pasó el siguiente día, y el siguiente. Lentamente los estudiantes su fueron soltando y Felix adaptando a las conductas. De repente tenía a estudiantes soltando “chistes” entre sus explicaciones y él los ignoraba, luego le lanzaban bolas de papeles y también los dejaba pasar.
Para cuando pasó la semana Felix empezaba a tener migraña porque nadie se callaba e ignoraban sus palabras, al contrario, se reían en su cara por sus solicitudes. Ahí Felix entendió que lo del primer día fue más una trampa que la realidad, ellos medían a Felix para saber qué tan intenso era y, ahora que lo podían “dominar” de cierta forma, no le hacía caso.
Pasó otra semana, y otra más. La frustración de Felix subiendo a pesar de dar su clase para lo que sí prestaban atención. Ya entraba al salón, daba los buenos días, daba su clase y pasaba la lista la final de la clase a pesar de que la mayoría estaban en su mundo. Estos les pedían sus cuadernos a los que sí copiaban y de alguna manera se mantenían casi al margen de la clase.
En el primer proyecto escrito que él corrigió la decepción iba en aumento, lo mismo pasó con el primer examen sorpresa y también con la corrección de cuadernos.
Ahora estabas calculando tu calificación para ese mes según recordabas haber sacado, y ese mes lo tenías más bajo que todos los anteriores, tu mamá te iba a matar.
Tú: No puede ser… un sesenta y ocho.
Amiga: Yo tengo un setenta y dos, ¿y tú, Savier?
Compañero: Tengo un cincuenta porque no entregué el primer proyecto. Creo que toditos estamos quemados.
Amiga: A este paso nadie va a pasar esta clase sin pasar por completivo. Ese profesor e’ como loco.
Compañero: Yo te lo dije. Desde que dijo: “Mis reglas son el respeto, atención y esfuerzo” sabía que iba a jodernos la existencia. Ese mamague-…
Amiga: Ya llegó, ¡Ya llegó! —Todos corrieron a su posición al ver a Felix caminar hacia su escritorio. Este se sentó en su silla en silencio, abrió su computadora y luego suspiró.
Felix: Buenos días. —Todos respondieron casi desganados—. Creo que es obvio que les diré que casi este mes todos están reprobados, ¿no? —Se hizo el silencio—. Si van a cuestionar mis métodos de dar clases, primero cuestiónense sus actitudes hacia mis clases. Las calificaciones más altas son de aquellos que sí prestaban atención.
X: De los lambones.* —Más de uno se carcajea y Felix alza su mirada de la pantalla, todos dejan de reírse de golpe. [Lambón: persona aduladora, servil y zalamera que busca agradar a alguien con poder para obtener beneficios, a menudo mintiendo o exagerando, y también puede referirse a un chismoso o soplón que delata a otros.]
Felix: Esos “lambones” pasarán esta materia y usted posiblemente repita el curso con esa actitud, ¿o no, Melvin? —Dijo al reconocer la voz de quien habló, ya los tenía a todos ubicados, era el encargado del salón, era su deber—. Solo les recuerdo que le quedan dos meses para finalizar este semestre. —Sus ojos van hacia ti por inercia y tragas grueso—. Si no quiere llorar por un punto extra, esfuércese ahora.
Sin más se levantó con su creyón y todos buscaron sus cuadernos casi a la carrera. Como siempre, algunos haciendo ruido o ignorando el profesor mientras que otros intentaban prestar atención. Pero tú te quedaste inmóvil, sentiste sus palabras muy directas y casi te asustaban por parecer una amenaza directa, tu amiga se dio cuenta de tu actitud y suspiró al preocuparse un poco por ti.
Tras esa clase salieron a receso y se ubicaron en su lugar de siempre, una mesa debajo de un árbol de guayabas que daba bastante sombra. Vieron a Felix caminar a lo lejos con su maletín en destino hacia su auto.
Tú: Ahí va el ángel de la muerte. Ese desgraciao’.
Amigo: Creo que sí tendremos que ponernos la pilas. Ya la mayoría somos mayores de edad, no somos muchachos. El estar haciendo desorden ya debimos dejarlo el año pasado.
Amiga: Este es nuestro último año, es del que más recuerdo nos llevamos. Porque él no soporte nuestra vibra no vamos a dejar de ser nosotros.
Tú: Savier tiene razón, María. A este paso nos va a quemar por no atender a la clase. Y no quiero irme a vivir con mamá pal’ campo. Esa mujer e’ como loca y le gusta romperle los palos de escoba a uno en la cabeza. —Tu amigo hace una mueca.
Amiga: Oye, ahora que lo pienso. El profesor Felix siempre está como molesto o irritado, ¿será que no tiene novia para desahogarse?
Amigo: Pa’ mí que ese e’ pájaro. Ese no da hombre por ningún lao’.
Tú: Pero tiene una voz… —Tu amiga y tú se sonríen con cierta coquetería que hace que el único chico del grupo gire los ojos—. De seguro e’ de lo que priva en serio en su trabajo y un loco cuando te da.
Amiga: ¡Ay! Esos son más ricos.
Amigo: Alguien que me saque de aquí, no soporto estas dos malditas locas. —Los tres se ríen y empujan al único chico—. ¿Pero te imaginas que él lo único que necesita e’ que se lo follen pa’ ser buena gente? Porque con esa cara de perro que viene to’ lo día solo me da a entender que el muchacho no hace más nada que estudiar.
Amiga: ¿Y quién sabe? Quizá’ y encuentre una mala que le saque todo ese queso que tiene contenido y nos deje uno que hasta nos regale los puntos. —Los otros dos chicos te miran y tú alternas la vista entre ellos dos, confundida.
Tú: ¿Qué?
Amiga: ¿Cómo que “qué”? Tú sabes lo que tienes que hacer.
Tú: ¡Ni que fuera una maldita cuero! Yo no voy a hacer eso. —Abres los ojos, casi molesta y los otros chicos se quejan audiblemente.
Amiga: ¿Te recuerdo cuando en tercero te comiste en el baño como a dos de sexto al mismo tiempo? ¿O cuando casi te encuentran detrás del curso de artística haciendo ya sabemos qué? Ahora que tu vienes a privá dique en muchacha de casa.
Amigo: Y la vez del paseo a la Feria del Libro. Te metiste a la cocina de la guagua* e hiciste de to’. Si tú eres el verdadero desacato escolar en esta escuela, bendita loca. [Guagua: Bus, autobús, medio de transporte.]
Tú: Pero esto es diferente, es un profesor.
Amigo: Muchacha, aquí to’ el mundo sabe que te gusta el coreanito ese. Desde que ese pana llegó al curso y casi te quita el celular escribes su nombre en el cuaderno y en el celular. Que hasta encontraste su Instagram y lo stalkeas. —Miras a otro lado, sintiéndote avergonzada de ser tan obvia—. Te comes al tipo y te sube la nota, dale mente.
Tú: Lo dicen como si él va a decí’ que sí.
Amiga: ¿Y qué pasa si dice que no? Ni que te vaya a botar. —Miras fijamente a la otra chica y ella suspira pesadamente—. Bueno, sí, quizás lo haga. Pero si lo intentas una vez y él dice que te reportará, le ruegas que no lo haga y que no volverá a pasar.
Amigo: Le tiras un cuento ahí de que tu mamá está enferma o algo así.
Tú: Diablo. Tú ere’ duro, Savier.
Amigo: Tú cree’ que yo estoy aquí pa’ semilla. —Se ríen los tres de nuevo, justo antes de que acabara el receso y tuvieran que subir al salón de nuevo. Pero ahora subiste con la mente distraída.
Mientras la profe de matemáticas hablaba de trigonometría, tú solo podías imaginarte de las maneras que podías acercarte al profesor Felix y plantearle la situación sin que todo saliera mal. Suspiraste y agudizaste tu mirada a lo lejos, ¿será que eso funcionaría? Bueno, debía intentarlo. Era eso o que el muy maldito te quemara.
Ese día la clase acabó y, mientras todos casi corrían para escapar de la escuela, tú ibas en sentido contrario. Para nadie era un secreto que la mayoría de los profesores se quedan entre media a una hora en sus salones encargados para planificar lo del día siguiente, Felix también tomó esa práctica para no cargarse de nada en su casa y seguir teniendo las costumbres del país.
Justo cuando entraste lo viste tomando un refresco mientras escribía algo en su registro, no se percató de tu presencia hasta que cerraste la puerta detrás de ti con cuidado.
Felix: ¡Mh! —Termina de tragar el líquido gaseoso y te observa con mayor detenimiento—. Es usted. Discúlpeme, no me di cuenta de cuando entró. —Se acomoda en su asiento y cierra el libro para prestarte más atención—. Dígame, ¿ocurre algo?
Tú: Ah… —Toses un poco para esclarecer tu garganta, los nervios invadiéndote cuando sus ojos ámbar se fijaron con más atención al retirarse los lentes—. Profesor Felix.
Felix: ¿Sí? —Ahora con un tono más serio, apoyando los antebrazos sobre el escritorio. Sentiste que el valor que traías ensayado se te quedaba atorado en la garganta. No era tan fácil cuando lo tenías frente a frente, cuando ya no era “el ángel de la muerte”, sino un adulto mirándote con atención real.
Tú: Yo… —Respiras hondo—. Vine por mi nota.
Felix: Claro. Siéntese cerca del escritorio. —Buscaste una de las butacas y cumpliste su petición, el sonido de la silla arrastrándose, siendo exageradamente fuerte. Pero esto no le quitó la concentración al hombre para hojear unas cuantas cosas y teclear otras en su laptop. Te retiraste tu mochila y la dejaste en el piso—. Usted sabe que no es una mala estudiante, ¿verdad? —Te observa de reojo y te sonrojas antes de miras hacia la mesa de la butaca.
Tú: No es lo que se ve en mi calificación. —Hubo un silencio incómodo, Felix te observó por un segundo más—. No puedo reprobar el último año, profe. Mi mamá dijo que me enviaría con mi abuela al campo.
Felix: Yo no regalo puntos. Tendrá que esforzarse. —Bufaste por lo bajo, pero él lo escuchó y lo hizo contemplarte una vez más—. Según usted, ¿qué quiere que haga? Esa calificación es el reflejo de su esfuerzo. Apenas participa, entrega las cosas por el simple hecho de hacerlas. Quizás sea más esfuerzo al que esté acostumbrada, pero si se dedica un poco más-…
Tú: Profesor. A diferencia de donde usted viene, aquí nos tenemos que fajar a hacer una y mil cosas además de estudiar. Cuando llego a mi casa es a hacer oficios y ayudar a mi papá en la tienda. No es fácil, ¿sabe? No somos coreanos como usted. —Felix te miró con ojos más amplios, te mordiste el labio inferior al sentir que fuiste muy directa—. Ese es… mi caso. Usted no es mal profesor, solo que es… poco flexible.
Felix: Si fuera más flexible… creo que prestarían menos atención.
Tú: No es cierto. Prestamos atención, pero a nuestra manera. Nos enseñaron a trabajar por… calificaciones, y no por aprendizaje. Por eso no es más fácil copiar de los cuadernos que “atender”.
De nuevo hubo silencio, el rubio no había visto el punto de esa manera, y al analizarlo te daba la razón. Por eso hacían las cosas mediocres, querían pasar, no aprender. El problema no es que fuera ruidosos o incómodos de tratar, es que Felix quería acostumbrarlo a su sistema coreano y no al revés, él no se estaba adaptando en realidad al sistema.
Sus ojos se perdieron al mirar al frente y eso te hizo ser tú que lo mirara, saboreaste lo que ibas a decir a continuación.
Tú: Usted… ¿no se divierte? —Felix volvió su mirada a ti—. Quiero decir, ¿no sale con alguien? ¿No tiene tiempo libre para disfrutar?
Felix: No tengo tiempo para esas cosas. Mi trabajo es muy importante. Estoy preparando al futuro de este país, es algo muy serio. —Frunces el ceño al escucharlo y sus ojos se mueven por tu rostro con curiosidad genuina—. ¿Qué? ¿Qué pasa?
Tú: Profesor… Usted no es un robot, es humano. —Esas palabras congelaron al rubio y no dejaron que sus pupilas se alejaran de ti—. ¿No ha tenido…? No sé, ¿una enamorada? O, tal vez, ¿alguien con quien salir como un amigo? —Mientras más hablabas, peor se sentía.
Felix: Estoy solo en este país. Solo… salgo de mi casa al trabajo y…
Tú: ¿No comparte con otros profesores? —Niega despacio—. ¿Por qué?
Él no tuvo una explicación clara. Ahora que lo analizaba, ¿por qué se hizo alguien tan distante y estricto? ¿Tan enfocado estuvo en su “operación” que no recordó que tenía una vida fuera del trabajo? Para ti fue evidente que tus palabras lo dejaron pensativo, ¿por qué de repente se veía vulnerable? Cubrió sus labios con sus dedos.
Tú: Profesor Felix, ¿se encuentra bien? —Él pestañeó un par de veces y sacudió su cabeza, asintió al verte y muestra una pequeña sonrisa confusa.
Felix: Sí, estoy bien. Lamento ese silencio incómodo. Solo… —Bufa y niega sin saber bien qué decir—. La vida me pasa frente a los ojos y… no me doy cuenta. —Te mira con algo de pena—. Siempre decía que el tiempo de ustedes se agotan, cuando en realidad siempre ha sido el mío.
Tú: No diga eso. —Respondes casi sin pensarlo—. Todavía está a tiempo.
Felix: ¿Eso cree? —Pregunta en voz baja.
Tú: Claro, usted se ve bastante joven. ¿Qué edad tiene?
Felix: Veintiuno. —Abres los labios impresionada y él ríe divertido, cierras tu boca con un sonrojo, esa risa te cautivó de una forma inexplicable—. ¿Qué? ¿Qué le sorprende?
Tú: Es muy joven y ya es maestro. Solo me lleva dos años.
Felix: ¿Tienes diecinueve? —Asientes, la pregunta fue evidente en el rostro de tu profesor y te apenas por la respuesta.
Tú: Reprobé una vez en el pasado por ser algo… “intensa”. Por eso estoy fuera de generación. Pero no es un problema, ¿verdad? —Él niega sonriente y tú te contagias de su mueca alegre—. Es bueno saberlo.
Felix: ¿Sabe? Es más agradable de lo que pensaba. —Ríes suavemente—. Creí que era una estudiante problemática. Ya sabe, como nuestro inconveniente del celular y eso. Además de que usa el uniforme como gusta, la falda más corta y se maquilla a pesar de que está prohibido. —Te ríes por lo bajo.
Tú: ¿Usted veía mi falda?
Felix: Es mi deber ver los patrones y conductas de mis estudiantes. Por esto puedo analizar muchas cosas.
Tú: Claro… —Te alzas de una ceja divertida y lo dejas pasar—. Admito que mentí esa vez. En realidad me aburren las presentaciones. Los profesores de este país siempre consideran que engrandecerse los hacer ser más interesantes. —Él pestañea con lentitud mientras hablas, de alguna forma analiza cada una de tus facciones y se detiene en tus labios, solo subiendo la mirada cuando lo vuelves a enfrentar—. Pero también reconozco que es un buen profesor. Se nota que le gusta lo que hace.
Felix: Es agradable saber que mi trabajo no es ignorado siempre. —Se vuelven a sonreír, sus ojos quedan fijos en los del otro. Él suelta el aliento y tú sientes un escalofrío que casi no lograbas reconocer. Los dedos de Felix juegan nerviosos con las hojas del libro de registro y los tuyos se secan de los nervios en la tela de tu falda.
Tú: Profesor, ¿puedo confesarle algo? —Eso lo toma por sorpresa, por alguna razón se sintió ansioso y, tras mirar hacia otro lado por un segundo, devolvió su vista a ti con un asentimiento—. Pero… ¿me promete no decirlo o molestarse? Tampoco quiero que me mande a la dirección por eso.
Felix: Tranquila. Siéntase en confianza de hablar lo que guste conmigo.
Lo meditaste por más tiempo de lo considerado. Respiraste hondo, cerraste los ojos y…
Tú: ¿Está mal si le digo que usted está bueno? —La sonrisa se le esfumó a Felix. Por su cara de confusión te asustaste y te colocaste de pie con los nervios de punta—. Sabía que era mala idea. Ay, pero si seré loca. —Te muerdes la uña y te das la vuelta para no verlo—. Lo siento, profesor. E’ mentira-… —Lo escuchaste colocarse de pie detrás de ti y eso te impulsó a tomar la mochila apresurada, avanzando para llegar a la puerta.
La abriste, pero Felix la empujó a cerrarse de nuevo desde detrás de ti. Te quedaste inmóvil y alzaste tu mirada solo para ver su mano empujando la entrada.
Felix: Gírate. —La formalidad dejó de existir en los labios de Felix y esto te provocó más miedo que antes, su voz siendo el complemento perfecto para erizar tu piel. Te diste la vuelta despacio y te encontraste acorralada por el profesor—. ¿Qué… dijiste?
Tú: Profesor, era mentira, solo era un reto y-…
Felix: ¿Segura de que es mentira? —Cortó directo y se acercó más—. Mírame a los ojos y dime si lo que dijiste es mentira. —Dejaste caer la mochila ante los nervios.
Tú: Profe-…
Felix: No mentiste, ¿cierto? —Intentas asentir, pero tu cerebro estaba casi fundiéndose por los nervios.
Tú: Mi-mire… Solo es una tontería. Borre lo que dije y no me haga caso, que a veces se me cruzan los cables. Yo suelto las cosas sin pensarlas y luego me arrepiento como usted no tiene idea.
Felix: ¿Has tenido sexo en la escuela antes? —Algo dentro de tu cabeza se escuchó rompiéndose con esa pregunta, alzaste la mirada a él con más nervios que antes. ¿Qué mierda?—. He escuchado mucho de ti en la escuela sin necesidad de que me lo digan. Pero ahora estás nerviosa, ¿en serio eras tú que hacías todo lo que decían?
Tú: Ay, ¿yoooo? —Te intentas hacer la desentendida con una risa nerviosa—. No, profesor… ¿Cómo cree? Soy-…
Felix: Tengamos un trato. —Quita su mano sin dejar de mirarte—. Ya que me ayudaste a entender que no tengo vida social… o vida en general. ¿Por qué no me lo enseñas tú? —Ibas a protestar, pero él siguió—. Si lo haces tan bien como lo dicen por ahí, no tendrás que pensar mi asignatura nunca más.
Te quedaste congelada, procesando la oferta. Felix, el "ángel de la muerte", el coreano estricto que no rompía ni un plato, te estaba proponiendo un intercambio que ni en tus sueños más locos con Savier y María habías imaginado. El silencio en el aula era tan denso que podías escuchar el zumbido de las luces del techo y el latido desbocado de tu propio corazón.
Él no se movió. Te mantenía acorralada contra la madera de la puerta, y esa mirada ámbar que antes te parecía autoritaria, ahora quemaba con una chispa de curiosidad peligrosa.
Felix: ¿Qué pasa? —Murmuró él, inclinando la cabeza—. ¿Se te fue el "desacato escolar"? ¿O es que solo eres valiente cuando tus amigos te están viendo?
Ese comentario te picó el orgullo. Tragaste saliva, sintiendo el calor subir por tu cuello. Si te echabas para atrás ahora, sentías que esa imagen del profesor casi burlándose de ti por lo que resta del año. ¿O acaso te estaba poniendo a prueba?
Tú: Lo que no entiendo es por qué usted me hace una proposición como esa. —Felix soltó una risa seca, casi cínica, y acortó la distancia. Podías oler su perfume, algo intenso y profundo.
Felix: Dijiste que soy humano, ¿O no? Soy un hombre, nunca me había percatado del interés en personas de mi alrededor. —Llevó sus manos a sus bolsillos—. Y si voy a empezar a "vivir", mejor que sea con alguien que ya conoce las reglas del juego. Y que tenga una falda tan “corta” como esa. —La ropa del profesor le quedaba impecable, pero ahora podías notar cómo la tensión de sus hombros delataba que él también estaba nervioso, aunque lo ocultara bajo esa máscara de frialdad.
Tú: De acuerdo… —Te cruzas de brazos—. ¿Y qué pasa con los puntos? —Preguntaste, tratando de recuperar el control de la situación—. No quiero un "aprobado" rayando. Quiero que mi nota sea tan buena como la de tus lambones. —Felix sonríe de lado.
Felix: Si me impresionas con lo que sabes, tendrás sobresalientes en todas.
No se diga más. Tu gran sonrisa te delató y te hizo agarrarlo de su chaleco para traerlo hasta ti. Ahora fuiste tú que lo colocaste contra la puerta y besaste sin cuidado alguno. Felix no encontró de qué sostenerse con tu intensidad, quería seguirte el ritmo y casi se le dificultaba, ahí te diste cuenta de que él era inexperto en este caso. Por lo que te seguiría el paso a ti y no sería al revés.
Tú: Me sorprende que un profesor de ciencias sea tan inexperto en “naturaleza”. —Él intentó no reír bobo con eso, pero le fue inevitable. Te causó ternura su torpeza, por lo que lo empujaste a una butaca cercana y él vio asombrado como te colocaste de rodillas casi al instante.
Él miró atrás mientras le abrías los pantalones y se extendió lo mejor posible para cerrar las ventanas que podía alcanzar. Su ansiedad subiendo al mismo tiempo que sentía tus manos sostener su cierre, respiró hondo al sentir su ropa interior bajando y suspiró al tener su miembro afuera. No se dio cuenta de cómo te brillaron los ojos al ver su tamaño, pero relamiste tus labios emocionada. Esto sería divertido.
Sus ojos fueron a ti a pesar de que no lo miraste y su rostro se contrajo al sentir tu boca tragarlo. Sus ojos se giraron solo por la sensación tan cálida, su cabeza cayendo atrás cuando empezaste a moverte. Tragó para mantener la compostura, a penas iniciabas, no podía sucumbir tan fácil, ¿verdad?
No sabía si sostener tu cabeza o simplemente dejar que te movieras contra él, pero su cuerpo le exigía a gritos que fueran más rápido, sus orejas enrojeciéndose al igual que sus mejillas cuando se le escapaban los ruidos.
Fue inevitable enredar tu cabello entre sus dedos y sus caderas respondieron a tus insistencias. Así fue como alzaste los ojos para contemplar sus gestos y debiste admitir que se veía sexy con los labios abiertos, el ceño fruncido y su cuello marcado en venas ante el esfuerzo de no jadear tan alto que se escuchara fuera del curso.
Lo sacaste de tus labios mostrando tu lengua con una gran sonrisa y podías admitir que su cara se hizo más roja de lo que ya estaba.
Tú: ¿Tienes condón? —Él niega, ¿Por qué lo tendría? Si era obvio que no era del tipo de hombre que estuviera pensando en sexo tan pronto como saliera del trabajo. Chasqueaste la lengua y te colocaste de pie.
Él siguió tus movimientos aun cuando te diste la vuelta, entraste tus manos por tu falda y sostuviste tu ropa interior para bajarla por tus piernas, sus ojos moviéndose con estas casi hipnotizado… Y mierda, que sexy se veía eso.
Te enderezaste para mostrarle la tela y su respiración irregular te dio a entender lo emocionado que se sentía por lo que estaba viviendo. Una vez más te diste la vuelta y le lanzaste el panty, él atrapándolo con nervios y mirándolo como si fuera el mayor tesoro del mundo.
Aprovechaste su distracción para jalarlo fuera de esa butaca y llevarlo contigo a su escritorio, lo soltaste al estar lo suficientemente cerca para inclinarte sobre la mesa. Empujaste todo lo que estaba allí hacia otro lado hasta poder hacer espacio para ti, colocaste tus antebrazos en la superficie y moviste tu trasero para que los ojos del rubio se quedan clavados allí.
Tú: ¿Te gusta lo que ves? —Con una mano subes la falda y deja ver un lado de tu nalga, Felix no sabe si seguir mirando la escena o tus ojos, pero su lado primitivo no lo deja de querer saber qué más había debajo de la tela.
Terminaste por destapar tu parte inferior por completo y remover el trasero de nuevo, él se relame los labios y casi por inercia huele tu ropa interior con sus ojos dilatados, sin dejar de mirar lo que estaba frente a él. Su mano libre llegó a su miembro aun despierto y lo acarició de arriba hacia abajo.
Tú: No te vas a hacer una paja cuando me tienes tan cerca. Solo mételo…
Felix: Pe-pero… el condón. —Pestañea confundido.
Tú: Solo mételo y lo sacas antes de venirte.
Felix: Eso puede… salir muy mal… —Lo dijo para convencerse a sí mismo.
Tú: ¿O qué? ¿No quieres entrar? —Subes tu pierna derecha sobre la mesa y esto le da la vista completa a tu entrada, queda impresionado mientras deja caer la prenda al piso.
Camina atontado hacia ti, sus ojos fijos en como la punta logra tocar tu humedad y lo incita a hacer más, cuando arqueas la espalda para inclinarte más adelante, él decide que no puede esperar más. Plasma con duda sus manos en tus caderas, empuja su pene con cierta torpeza en tu interior.
Escucha una queja de tu parte y… él casi se detiene, de no ser porque los sentidos se cubrieron de cómo lo envolvías, su alrededor pareció arroparse por lo que le hacías sentir. Siguió deslizándose dentro de ti y le encantó sentir cómo ronroneabas de placer, empujó al estar completamente adentró y lo repitió otra vez, salió y lo volvió a meter con ignorancia de si debía hacer algo más allá que eso.
Lo ayudaste con tus caderas y él se quedó quiero, fijo en ver tu trasero chocar con su pelvis. Lo motivó a acomodas su pantalón y retomar la intensidad de sostener tu cuerpo, se acopló lentamente a tu vaivén para que en pocos segundos sea él que tomara el norte del encuentro.
Una intensa penetración te hizo quejarte, pero no de la misma manera que antes, esta vez fue cargada de una fuerza masculina que se mezclaba con sus roncos jadeos. Tus oídos se sentían bendecidos al escucharlo, agradeciendo que se inclinara para acorralarte entre sus brazos y te arremetiera con más fuerza.
Te sostuviste de la parte delantera del pupitre del maestro, tu cara siendo una mezcla de sensaciones que no podían expresar con claridad todo lo que estabas sintiendo en ese momento, y más cuando de repente se te olvidó que era coreano por lo bien que empezó a hacer a pesar de su poca experiencia. Mordiste tu labio inferior, extasiada, otro empuje te arrancó un gemido cargado de locura y fue entonces que todo se hizo peor cuando jaló tu cabello en un intento de controlarte para que te quedaras quieta.
Tus labios quedaron abiertos y tus uñas arañaron lo que encontraron. La respiración se te dificultó al igual que la de él, Felix subió su camisa hasta su pecho para dejar ver su cuerpo trabajado y ondear sus caderas contra ti mientras ladeaba su cabeza, tomando aire desde la boca mientras fruncía el ceño, la cordura ya no estaba dentro de su cabeza. Echaba su cabeza hacia atrás y te jalaba más hacia él cada vez que se relamía sus labios.
Felix: Increíble… Te sientes-… —Pestañeó al darse cuenta de que dijo la oración al revés—. Bueno… yo quiero… Oh, mierda. —Cerró sus ojos cuando lo acorralaste y sintió una presión que lo asustó, era una mezcla rara de sensaciones, como si fuera a explotar en cualquier momento.
Te enderezaste hasta tener tu espalda contra su pecho, él aprovechó para soltar tu cabello y sostener tu cuello, lamió a ojos cerrados lo que sintiera de tu piel y jadeó cuando se hacía más errático y salvaje, las cosas cayéndose del escritorio y los ruidos siendo más persistentes, sus pieles siendo ruidosas ante el sudor… y ni hablar de lo inestable que se sentían.
Felix estaba a punto de venirse, no lo él lo sentía. Tu miembro temblaba demasiado dentro de ti. Lo empujaste con suavidad e hiciste que saliera de ti antes de que se viniera, te arrodillaste frente a él y seguiste frotando su pene alterado, lamiéndolo y chupándolo sin darle espacio para respirar.
Entonces, en pocos segundos, el clímax arropó a Felix y lo hizo casi retroceder hasta llegar a la pared, el líquido viscoso cayendo en tu cara y dejando que el restante cayera en tu boca.
El silencio cayó de golpe, el mayor se deslizó por la pared agotado, con su cabeza en el limbo. Gateaste hacia él y sonreíste cuando abrió los ojos, se sintió apenado al ver tu cara llena del desastre que te había hecho, pero tú reíste tranquila.
Tú: Tranquilo, amo estas mascarillas. —Él te ve confundido—. Y ahora las coreanas serán mis favoritas. —Entonces Felix entendió al colorearse de nuevo en vergüenza.
Al siguiente día el salón no parecía haber vivido lo que para Felix sería uno de los mejores momentos de su vida. Entró al salón y, como era costumbre, todos los estudiantes se acomodaron sin dejar de hacer ruido. Dejó sus pertenencias en su escritorio. Pero, a diferencia de los días anteriores, no se sentó ni empezó a escribir. Se plantó en el medio del salón y esperó que la curiosidad por su persona en el centro del salón llamara la atención de sus estudiantes.
Sonríe tranquilo con el silencio y se cruza de brazos.
Felix: Buenos días. —Los chicos le responden—. Qué agradable el día de hoy, ¿no? —Todos se quedaron extrañados con esa frase y aún más con la alegría del mayor—. Faltan dos meses para que cierre el ciclo escolar. Y me gustaría saber qué han aprendido hasta ahora. —Algunos levantaron la mano y respondieron cosas técnicas mientras Felix asentía—. Muy bien. Para los demás que no participaron, ¿qué es la naturaleza para ustedes?
Tú dudas un momento, pero levantas la mano con cuidado. Él te señala, su sonrisa casi delatándolo.
Tú: Ahm… son eventos o fenómenos del mundo que… ¿componen a los seres vivos?
Felix: Nada mal… —Sonríes al igual que él, Felix elige a otros más al azar y asiente—. Todas las respuestas que me han dado han sido correctas. Y, a partir de ahora, intentaremos ver nuestras clases de la forma más sencilla. —Va al pizarrón y empieza a escribir, cuando termina les mira a todos y frunce el ceño—. ¿Por qué escriben?
Compañera: Pero usted dijo-…
Felix: Vamos a socializar. Esta vez aprenderemos todos juntos. Ahora será más importante el entender que una calificación, ¿de acuerdo? —Busca tu mirada y se vuelven a sonreír—. Al final de cuentas, ustedes son el futuro de este país.