Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 22 de febrero del 2026
Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 22 de febrero del 2026
Desde el primer segundo la mamá de Seungmin supo que su hijo sería malo. ¿Has estado cerca de una persona en el que su aura te transmite intranquilidad y peligro? Bueno, algo así sintió ella al tener su hijo en brazos y ver que este era exactamente igual a su padre. No había abierto los ojos y ya sabía lo que podía lograr este pequeño antes de que sucediera.
Y fue por esto de que Seungmin fue criado como un niño “aislado”. Su educación se trató en casa por miedo a lo que le pudiese hacer a los demás, ella misma se encargaba de la educación de Seungmin y enseñarle lo que consideraba bueno o malo para su pequeño, sin darse cuenta de que este encerramiento le provocaría una patología más peligrosa de la que venía arrastrando de su padre.
Lamentablemente su madre no se daría cuenta de esto hasta que Seungmin tuviera algunos catorce años, en plena pubertad, donde unos nuevos vecinos llegaron a la casa del lado y este se obsesionaría con saber lo que hacían estos.
En psicología él desarrollaría algo conocido como “trastorno del apego desorganizado” y “conductas obsesivas”, los mismos llevándolo a no saber medir los límites de lo que estaba bien y lo que no. Por eso, en esa tibia noche de mayo, la pequeña vecina de doce años gritó aterrada al ver la larga y delgada figura de Seungmin al lado de su cama, con los ojos bien abiertos, contemplándola sin tocarla.
Allí fue el primero de muchos enfrentamientos con la justicia, uno tras otro, sin descanso, aumentando la lista de delitos al igual que su mal genio y carácter poco agradable. Para cuando Seungmin cumplió dieciocho años, fue declarado culpable por robar a mano armada en la tienda de conveniencia de una gasolinera a las afueras de su ciudad y llevarse algunos doscientos cincuenta mil wones en efectivo.
Habría estado por dos años en la cárcel si su madre no hubiese pagado la fianza, pero con la promesa de no ayudarlo más en este tipo de casos. Pero al pelinegro no le importo. Luego de eso siguió la clonación de tarjetas con seis meses de cárcel, luego el intento de vender cierto polvo ilegal que lo envió a una condena de una año y dos meses. Luego llegó el intento de sabotaje y extorsión a distintas personas, esta vez logró hacerlo con algunas de ellas, pero estuvo cuatro meses más en la cárcel.
En fin, para el cumpleaños número veinticuatro de Seungmin, él estaba sentado en la cárcel, mirando a la nada y esperando a que llegara el día en que lo soltaran de nuevo para crear otra idea que lo devolviera a ese lugar. Se había convertido en un círculo vicioso y adictivo.
A Seungmin no le gustaba acercarse a las personas, pero tampoco podía dejar de hacerles cosas para ser atrapado. Nunca había tenido novia, y cada vez que tenía un amigo lo traicionaba sin problemas, no creaba un vínculo normal o simplemente no podía apegarse a esa persona por más que su mente le dijera que era lo correcto.
Veía como a los familiares de los demás presos los visitaban y llevaban regalos, a veces comida, en otras cosas iban sus hijos y les daban esperanzas de salir de allí. La madre de Seungmin había perdido las mismas en él desde hace tiempo, por lo que el pelinegro no se sorprendía cuando nadie estaba frente a su celda, procurando por verlo.
En los recesos estaba solo, comía con la mente perdida y, en muchas otras ocasiones, se distraía viendo las historias que había decidido plasmar en sus brazos y torso. Entrenaba cuando el lugar estaba solo, no miraba a nadie a los ojos y apenas podía decir su nombre cuando uno de los oficiales le preguntaba algo. En pocas palabras, Seungmin había entendido que había llegado a este mundo para dos cosas sencillas, hacer el mal y estar solo.
Sin embargo, esto tambalearía un día cualquiera al ser escoltado con sus esposas hacia el área de las duchas para el baño regular. El oficial de turno ya lo conocía, por lo que sabía que su interés nunca sería escapar. De todos los presos, Seungmin era el más coherente, tranquilo y sencillo. No escaparía si no tenía un lugar claro a donde huir.
Por lo que se aprovechó de esto para detener a Seungmin en el pasillo y pedirle que se quedara allí, apoyado en la pared, mientras él le “preguntaba algo” a la secretaria de una de esas puertas que pasaban. Seungmin accedió sin problemas. El pelinegro prefería ver el piso de cemento, contar los ladrillos o ver las altas ventanas antes que seguir vigilando los barrotes de su celda. Por lo que, como niño obediente, colocó sus manos esposadas entre sus piernas y esperó a que el oficial terminara lo que sea que hiciera.
Lo que él nunca esperó es escuchar sonidos extraños provenientes de ese lugar donde se encontraba el hombre con la secretaria. Su oído se agudizó y ladeó su cabeza en un intento de comprender lo que hacían, de por qué se escuchaban gritos femeninos, por qué suspiraban, por qué le pedía que hiciera silencio de vez en cuando para luego demandar por “más” entre jadeos.
Seungmin se atrevió a girarse lo bastante para sostener la perilla y le dio vuelta muy despacio para empujarla solo un poco, lo suficiente que le dejara una ranura para él ver hacia adentro. Así los ruidos se hicieron más fuertes, pero no fue eso lo que le interesó a él. ¿Por qué la secretaria estaba bocarriba en la mesa y el oficial sobre ella? ¿Por qué la empujaba? ¿Por qué ella parecía llorar y estaba roja?
¿Qué es en realidad lo que estaban haciendo?
Y es que, uno de los pecados que cometió la madre de Seungmin es que nunca le explicó con exactitud sobre la reproducción humana. ¿Por qué su mente, en veinticuatro años, nunca había meditado la idea de cómo se hacían los bebés y por qué las personas siempre estaban con otras? Él nunca tuvo este interés. Para Seungmin, interesante sería tintar su piel, crear nuevas formas de tener dinero y disfrutarlo con alcohol o comida; o hasta viajar, quizás. ¿Pero por qué sería bueno tener… “sexo”?
Luego de ese evento él lo tuvo en su mente por más tiempo del considerado, reproduciéndolo uno y otra vez en búsqueda de entender por sí mismo cómo es que se podía hacer eso y con qué fin en realidad.
Días después, mientras comía en la cafetería en lo que sería uno de sus últimos días de esa pequeña condena, escuchó a lo lejos carcajadas de otros reos que hablaban de sus hazañas en experiencias sexuales sin vergüenza alguna. Seungmin activó su oído sin dejar de comer.
Jisung: ¡Cuatro putas, te digo! ¡Cuatro!
Hyunjin: ¡Eres un mentiroso! ¡No se te levanta por tanto tiempo para satisfacerlas a todas! Tendrías que ser un maldito caballo.
Jisung: ¿Y qué crees que soy? —Todos se vuelven a carcajear—. Que te dé envidia porque tú no puedas no significa que yo no pueda.
Changbin: ¡Hablas como si de verdad lo hiciste, imbécil! De seguro que fingen los gemidos contigo. —Otras carcajadas mientras este grita diversas groserías que aumenta el ruido en el lugar—. ¡Ya di la maldita historia!
Jisung: ¡Déjenme hablar entonces! —Más risillas que lo hacen bufar—. Pedazos de mierda… —Se acomoda en su lugar—. Entro a este prostíbulo y lo primero que me salta a la cara son estas tremendas tetas del tamaño de un balón. Y que digo: “Mierda, gané la lotería”. Ella se subió encima de mí y-…
Seungmin escuchó con atención toda la historia, luego la que siguió a esa, después otra. Al siguiente día intentó comer en el mismo horario de esas personas para encontrar que seguían hablando de lo mismo y le daban parte de la información que necesitaba para aclarar esas lagunas que no sabía tener.
Para cuando este salió de la cárcel con las pocas pertenencias que les habían retenido, tenía noción de lo que era el sexo y para qué se hacía, sobre las enfermedades que podía tener este si no te protegías con un “condón” y uno que otro proceso de “excitación” que, al momento, le parecía asqueroso. ¿En serio a las personas le gustaba eso?
Alquiló una habitación de un motel con el poco dinero que llevaba consigo y encendió la televisión para distraerse en esa noche. Quizás podría encontrar un nuevo tipo de estafa u operación ilegal que le ayudara a conseguir dinero para poder sobrevivir solo.
Detuvo su andar entre los canales cuando encontró uno en el que un hombre y una mujer tenían sexo. Se quedó con su mirada fija en esto, contemplando como el chico la colocaba bocabajo para introducir su miembro desde atrás y esta lo disfrutaba, luego cambiaba de posiciones, seguía otras actividades que en algún punto hicieron sonrojar a Seungmin y luego lo provocaron mirarse a sí mismo al sentir su pene inquieto. ¿Eso era normal? No recordaba que antes le sucediera eso.
Esa noche, en la soledad de aquella habitación, el pelinegro descubrió tres cosas que destrozaron sus primeros principios: tocarse no se sentía tan mal, quería experimentar tener sexo… y no quería estar solo.
Y así se empujó a sí mismo a ir a lugares “concurridos”, huyendo en las primeras ocasiones cuando las personas lo tocaban o se le acercaban demasiado. Siguió insistiendo, estaba deseoso de probar este nuevo mundo que había descubierto de forma tardía.
Su primera experiencia cercana fue con una chica pelirrubia, nunca la olvidaría solo por el hecho de que sí fue despacio con él y se dio cuenta de que era virgen. Lo había guiado en todo el transcurso y le ayudó a abrir los ojos en el placer. Luego de eso vino una morena, luego una pelinegra, días después fueron pelirrojas, continuó un chico… y la lista seguía hasta que la memoria de Seungmin empezó a olvidar nombres y obsesionarse con la necesidad de tener sexo.
Gracias a uno de esos encuentros conoció una nueva manera de trabajar sin necesidad de ser visto por los oficiales. Y eso era: el uso de identidades ajenas.
Seungmin descubrió que el deseo volvía a las personas descuidadas. Que cuando alguien quería algo con suficiente intensidad, bajaba la guardia. No necesitaba mostrarse; bastaba con observar, escuchar, copiar gestos, palabras, necesidades. Aprendió a crear perfiles falsos, a prometer encuentros que nunca ocurrían, a intercambiar fotos que no eran suyas a cambio de dinero, a manipular conversaciones hasta que el otro lado entregara efectivo, datos, favores… lo que fuese.
El sexo dejó de ser placer y se volvió herramienta. Un anzuelo más eficiente que cualquier arma. Nunca besaba, nunca se quedaba después. Se iba antes del amanecer, con la sensación conocida de haber hecho algo mal… y la calma retorcida de haberlo hecho tan bien con cada experiencia adquirida.
Un nuevo tatuaje llegó al lado de su pecho derecho, marcando el inicio de esta nueva etapa en la que muchos veían a Seungmin como un delincuente, pero uno pasivo, uno que no hacía daño, y le daba la ventaja de aprovecharse de aquellos que pensaban que en realidad él era así.
Los veinticinco de Seungmin lo recibieron más relajado, maduro y directo en lo que quería. Bromista en muchas ocasiones, pero siempre obteniendo una de las dos cosas que quería, sexo o dinero.
Habría logrado más, lo habría hecho de no ser porque en un momento de debilidad se quedó en una de esas camas y… entre las sábanas, los oficiales lo encañonaron y apresaron al ser reportado como estafador y ladrón por segunda vez en su vida. ¿La condena? Dos años y seis meses de cárcel. Perfecto. Saldría a los veintisiete y esta sería la condena más larga que había tenido hasta el momento.
De nuevo Seungmin estaba detrás de las rejas, pero esta vez era diferente. Sí quería salir, necesitaba tener a alguien, necesitaba sentir a alguien. Quería tener a alguien y solo con dos días de abstinencia se sentía desesperado.
Esa mañana despertó especial exaltado, incómodo, irritado, podría decirse que hasta furioso. Los policías se veían confundidos por este cambio de actitud, ¿qué le había pasado a Seungmin para que actuara de tal manera? Lanzó su bandeja de comida, pateó o golpeó las paredes con sus puños, se sostuvo de las barras y las sacudió con tanta fuerza que los demás reos intentaban ver hacia celda, creyendo que se trataba de una pelea.
Eso pasó por varios días, consideraron por primera vez tratarlo con un psicólogo o un estudiante de esta rama para saber el por qué tal cambio, aprovechando que muchos estudiantes universitarios hacían sus tesis en procesos aun poco estudiados.
Y ahí fue que llegaste tú. Una estudiante de término de la universidad de Seúl. Tu calificación nunca fue sobresaliente, pero esta vez querías lucírtela. Era la primera vez de pocas que podrías ejercer tu carrera por lo que en realidad la habías estudiado.
Cuando pequeña viste a tu papá tener “actitudes” no totalmente licitas para poder conseguir dinero y… era chocante, se trataba de un hombre de política. Fue atrapado una tras otra sin condición de poder salir hasta que se cumpliera dicha condena, pero seguía engañando gente, haciendo las cosas mal. Al ser adolescente te entró la curiosidad de por qué tu papá no cambiaba, ¿por qué seguía con esa actitud? ¿Por qué seguía siendo “malo” en la sociedad cuando sabía que no estaba bien?
Tu madre se divorció y rompió todo el contacto que tuvieras con él para “protegerte”, sin pensar que crearía más lagunas que soluciones. Al pasar del tiempo tus padres lograron llegar a un consenso de vivir juntos, tu hermano quería ser político y… tu padre no perdería la oportunidad de guiarlo en su camino.
Por eso llegaste ahí, querías estudiar uno o más caso de por qué una persona podía tomar dichas decisiones. ¿Acaso el ser humano era malo por naturaleza y volvía siempre a esta conducta? ¿O nació siendo bueno y las situaciones lo hacen preso de su futuro? Dos corrientes que te fueron practicadas en los salones de la universidad, pero que querías descubrir por ti misma en realidad.
Le explicaste la situación a el encargado de la cárcel y él se negó. Usaste la influencia de tu hermano y te dio la oportunidad de hablar con un solo reo de las instalaciones. Tendrías que elegir bien, porque quien sea que seleccionaras debía contar con los procesos que buscabas para estudiarlo a profundidad.
Un policía fue contigo celda por celda para explicarte los expedientes, habían tardado toda la tarde descartando personas que parecían más peligrosas o descuidas que otras. Solo te quedaban tres por evaluar, y rogabas en tu interior el que uno de ellos tres fuera el objeto de estudio necesario para utilizar en tu trabajo.
Policía: Kim Seungmin, Veintiséis años. Su expediente va desde delitos menores hasta carga ilícita de drogas y falsificación de identidades. Ha estado en la cárcel aproximadamente diez veces. Desde su juventud se presentó como un chico problemático y, al parecer, su futuro pinta de igual manera.
Asentiste cuando el hombre terminó el informe y viste hacia el interior de la celda. Al principio Seungmin estaba mirando por la ventana mientras estaba sentado en su cama. Las sombras apenas haciendo notar su rostro. Pero cuando el oficial terminó de hablar, él se levantó despacio y con seriedad se acercó a la luz. De repente tu corazón bombardeó al ver su porte y mirada, su pelo como sus ojos tan negros como la noche y esa aura de peligro que emanaba, ¿acaso te había asustado? ¿Por qué tus mejillas se habían sonrojado?
Policía: ¿Crees que este caso sea bueno para su investigación? —Observaste a quien estaba a tu lado sin poder responder, volviste a ver a Seungmin y él ladeó su cabeza al agudizar su mirada.
Tus ojos no evitaron verlo con rapidez por cada punto, su cuerpo aparentemente lleno de tatuajes y la mayoría cubiertos por su traje de preso. Sus manos se veían fuertes, su figura no era delgada por completo, pero… algo no cuadraba con la imagen de delincuente común. Era muy silencioso y quieto, como si te analizara en vez de tú hacerlo con él.
Seungmin dio un paso más, sus ojos quedándose fijos en los del otro hasta que se detuvo frente a los barrotes. No sonríe, pero tampoco se ve extrañado, les envolvía una calma extraña que te atrajo de alguna manera. Miraste tus labios cuando este los relamió despacio, como si fuera a hablar. Sin embargo, nunca lo hizo.
Querías escucharle.
Policía: ¿Ya se decidió, señorita Lee? —Insistió. Tardaste de nuevo en responder, habías notado que hizo presión en tu apellido.
Tú: Sí. —Soltaste al fin, apartando la mirada de él—. Creo que sí. —Te cruzas de brazos y suspiras—. Le puedes decir a mi hermano Minho que trabajaré mi investigación de campo para tesis con el preso… —Miras la numeración en su ropa—. Cero, tres, veinticinco, ciento cuarenta y tres.
Policía: Con el preso Kim Seungmin. —Asiente al apuntar esto y tú aprovechas de nuevo para ver al mencionado, este imita tu pose al cruzarse de brazos y hacer que estos se hincharan en el pequeño esfuerzo. Y, por alguna extraña razón, viste una pequeña sonrisa en sus labios que te hicieron tambalear.
Seungmin: Esto será… interesante. —Tanto su mirada como su sonrisa se agudizan en ti. ¿Por qué esa frase te dio un mal presentimiento?
Así te marchaste por ese día, sin imaginarte que Seungmin quedó atrás en la habitación, con su mente recordando tu rostro, tus ojos… tu figura. Se alejó de las rejas y se sentó en la cama. Apoyó los codos sobre las rodillas, entrelazando los dedos. Cerró los ojos un instante. Tu voz aún le rondaba la cabeza, tu forma de mirarlo, viéndolo como alguien que quería entender. Eso era nuevo. Eso era… “útil”. Recordó el leve temblor de tus manos cuando fingías seguridad. Esa era la grieta exacta por donde podría entrar.
Seungmin: Muy interesante. —Repitió.
La noche caminó por el piso del preso y trajo un nuevo día en menos de lo que esperaba. Le informaron que tendría su primera cita contigo esa tarde, por lo que le dieron la oportunidad de bañarse antes que sus compañeros, comer e incluso ejercitarse para que estuviera libre para tu visita. Cuando volviste, a Seungmin lo esposaron y lo llevaron a aquella habitación donde solo estarían tú, él y un policía por si la situación se tornaba incómoda.
Solo dos horas de sesión. Tendrías que aprovecharlo muy bien.
La habitación era fría, sin ventanas, iluminada por una luz blanca que no perdonaba detalles. Dos sillas frente a frente. Una grabadora. Tu libreta. El policía se colocó a un costado, apoyado contra la pared, brazos cruzados, presencia muda pero constante. Y, cuando Seungmin entró, esposado, notaste el cambio de inmediato.
Sonreía tranquilo, como si estuviera feliz de que alguien estuviera ahí por él, pero a su vez seguía arrastrando esa aura de peligro y ansiedad que te hacía preguntarte si todo estaba bien. Seungmin se sentó frente a ti y colocó los antebrazos en la mesa, alzó su mirada hacia ti y… ninguno de los dos podría explicar el por qué no podían dejar de verse.
Seungmin: Nunca me imaginé que alguien me visitaría mientras estaba en la cárcel. —Empezó él sin un saludo, encendiste la grabadora y él siguió el movimiento de tu mano—. Mucho menos que sería una persona de estudio.
Tú: Lamento si te sientes incómodo con esto. —Él niega despacio al volver a verte.
Seungmin: Para nada. Se siente como si, por primera vez, me prestaran verdadera atención. —Esa frase te pareció curiosa y percibiste cómo se acomodó en su silla—. Por lo que dijiste ayer, supongo que quieres saber de mi vida, ¿no?
Tú: Quiero saber más el por qué sigues volviendo a la cárcel a pesar de estar tantas veces aquí.
Seungmin: Creo que ni yo ni nadie tiene una respuesta clara para eso. No es como si quisiéramos estar en la cárcel siempre.
Tú: Pero aun así terminas volviendo, debe haber un patrón, una motivación… ¿algo de tu pasado, quizás?
Seungmin: ¿“Algo de mi pasado”? —Repite al meditar esa frase, aprieta sus labios cuando sus ojos buscan un ancla en la habitación para aclarar mejor esa duda en su mente. Sonríe de nuevo con tranquilidad y niega como si nada—. No veo mi pasado tan malo. Estudié en casa, con mi madre.
Tú: ¿Y tu padre?
Seungmin: Nunca lo conocí. Mi madre siempre dijo que era un hombre malo. Y que quizás yo fuera igual. —Apuntas eso en tu libreta y vuelve a encontrar sus miradas—. ¿Cuál es tu nombre?
Tú: Me puedes llamar “Señorita Lee”. —Él analiza esa respuesta al fijar sus ojos con más insistencia en ti.
Seungmin: Eres hermana del candidato político Lee Minho, ¿no? —Te quedaste en silencio y su sonrisa se amplía de nuevo—. No sabía que ese idiota tuviera una hermana tan bonita.
Tú: Volviendo al tema-…
Seungmin: Escucha. —Se inclina más hacia adelante y llama tu atención, baja la voz para que solo tú lo escuches—. El oficial detrás de mí ahora mismo lleva audífonos, tiene prohibido escuchar esta conversación, solo puede reaccionar si te ataco o si tú reaccionas con incomodidad. La cámara está apagada y solo tú y yo somos conscientes de nuestro alrededor ahora. Si quiero puedo escapar en este momento. —Tragas grueso y él se echa hacia atrás en su silla—. Pero no lo haré. ¿Sabes por qué? Porque me interesa saber lo que ésta linda chica quiere saber de mí y ayudarla en su trabajo.
Tú: ¿A qué viene eso tan de repente?
Seungmin: A decirte que me interesas. De una forma… —Baja sus ojos a tu pecho y los sube con rapidez—. …“directa”. —Frunces el ceño con cierta extrañeza y él vuelve a sonreír—. Noté como me mirabas ayer. Tampoco es que te desagrado de todo.
Tú: ¿En qué basas eso?
Seungmin: ¿Puedes apagar la grabación?
Tú: Debo grabar todo lo que tú y yo hablemos, es material necesario para-…
Seungmin: Te postraría en cuatro en una cama como la perra que eres. —Tu cara se enrojece y tus labios se abren al instante. Apagas la cinta y él asiente sonriendo—. Te lo advertí, ¿no?
Tú: Esa es una falta de respeto hacia mi persona-…
Seungmin: Pero te gustaría. —Habla más bajo—. Se nota que un verdadero hombre no te ha sometido como te gustaría. Todo de ti grita lo que quieren que te hagan. Lo que quieres que yo te haga. —Seguiste en silencio sin dejar de mirar a los ojos—. Si no estuviera esposado, si no estuviéramos en estas circunstancias… si estuviera en tu habitación…. —Alza sus cejas al notar tu cierto interés—. Sé que no quisieras solo besos. Te jalaría ese lindo cabello que tienes para que grites que te la meta. —Tus ojos no sabían dónde ubicarse y tus mejillas no podían sentirse más rojas—. Solo imagínate cómo te lamería, te la chuparía hasta que-…
Tú: Creo que la sesión acaba por hoy. —Te levantas de golpe y él te ve desde abajo. El oficial se alerta por un momento, pero no se quita los audífonos, ustedes solo se quedan mirándose—. Lo mejor sería seguir ma-…
Seungmin: Soñarás conmigo esta noche. —Vuelve a apoyar sus antebrazos en la mesa con una gran confianza—. Y, como la niña buena que eres, sé que me imaginarás metiéndotela sin condón. —Recogiste tus cosas y él se acomodó de nuevo en su silla como si nada—. Nos veremos mañana, cachorra. —Te detuviste un momento para mirarlo—. Es… adorable tu visita.
Te fuiste de allí echando humos de lo abochornada que estabas, pero Seungmin sabía lo que hacía. Si algo había aprendido es que las niñas de casa eran las más reprimidas… y atrevidas.
¿Pero cómo mierda volverías? ¿Cómo le harías caso a un delincuente como él? ¿Cómo podrías imaginártelo haciendo todo lo que dijo? No es como si mientras te quitabas la ropa te imaginabas que era él haciéndolo, o tampoco cuando te metiste a ordenar tu cabello te ideabas la manera en que Seungmin te lo jalaba. Mucho menos te tocaste en la bañera suponiendo que era él que lo hacía. Y ni pensar que tuviste un sueño húmedo con él como protagonista, arrancándote hasta el nombre a gritos.
…
¿Por qué mierda volviste a la sesión del siguiente día y lo tenías frente a ti con esa maldita sonrisa tan tranquila?
Tú: No creas que-…
Seungmin: No he dicho nada. Pero tu presencia me confirma muchas cosas. —Ladea su cabeza—. ¿Te gustaría que siguiera para que tengas más para soñar y sentir esta noche? —Tu silencio y represión fue la confirmación que necesitaba—. Creo que mi pene no cabría en tu boca. —Abres los ojos más y lo observas impresionada—. Te ahogarías si te lo doy. Pero esa imagen tuya de rodillas mientras intentas respirar y babeas me resulta excitante.
Tú: No sé qué mierda hago aquí. —Susurras apenada y él hace tintinear sus esposas al moverse más cerca de ti.
Seungmin: Solo escucha y déjate llevar. Eres humana… y el sexo el deliciosamente placentero. Estudiar tanto tiene que dar sus frutos, ¿no? —Lo vuelves a mirar con cierto gesto de vergüenza—. Te ayudaré con toda la información que necesites. Es para eso que estoy aquí. Pero, primero dime, ¿cómo quieres que te ponga? —Habla muy bajo y te muerdes los labios—. En lo personal, te imagino en cuatro para ver como tu culo rebota… —Se queda en silencio un par de segundos—. O puede ser abierta y desnuda por completo para mí.
Tú: ¿Por qué eres tan explicito?
Seungmin: ¿No es lo que te gusta? Apuesto que todos los novios que has tenido solo te hablan de bajar el cielo. —Sonríe de lado—. Yo te bajo los pantys para lamer todo eso que tienes ahí. —Te cruzaste de piernas casi como reflejo y él nota el gesto—. De seguro estás tan mojada como me gusta. —Su sonrisa fue hipnótica y… no pudiste evitar caer.
Las sesiones siguieron una tras otra, Seungmin ayudándote en tu trabajo, pero siendo cada vez más claro y directo, sintiendo como su plan hacía efecto a través de los días. Y, cuando menos se dio cuenta, dijiste aquella oración que él nunca pensó que escucharías.
Seungmin: ¿Que harás… qué?
Tú: Pagaré tu fianza con el dinero que tengo ahorrado. —Él estaba boquiabierta, ¿eso era posible? ¿Qué tanto dinero tenías guardado? Él reconocía que era mucho dinero el que solicitaban para soltarlo—. Si quieres no tienes que estar conmigo, es más… un agradecimiento por tu ayuda en mi estudio de campo y…
Seungmin: Por hacerte sentir como una mujer y no como una niña, ¿no? —Lo ves con la vergüenza pintada en tu rostro—. Y eso… que no te he tocado.
Tú: No tienes que hacerlo. No estoy-…
Seungmin: ¿Sabes cuándo saldría? —Interrumpió para dejarte con las palabras en la boca, niegas en gesto y él comprende—. Tan pronto salga… iré contigo a tu habitación. Te lo pagaré como se debe. —Como cada vez que estaban juntos, tu vergüenza se asomó a tu rostro.
Tú: Pero mi hermano-…
Seungmin: Encontraremos una forma de despistarlo. Solo no le digas. —Te guiña el ojo y se levanta de su lugar antes que tú. Su sonrisa siendo igual de calmada que siempre, por lo que también te levantaste de tu silla y se contemplaron—. Nos vemos pronto, cachorrita. —El policía se colocó detrás de él—. No hagas nada sin mí hasta que salga, así será más divertido nuestro encuentro. —Te observó de reojo al darse la vuelta y con eso se marchó junto al acompañante.
Tu corazón bombardeó con fuerza ante esas últimas palabras y palmeaste tu cara con ambas manos un par de veces para “recuperarte” de sus palabras. Otro oficial te llevó a la salida y te subiste a tu auto solo pensando en una cosa: “Él… quiere estar conmigo. ¡Tengo que prepararme!”
Tras pagar la fianza de Seungmin, estuviste esas veinticuatro horas de espera preparándote y depilándote lo mejor posible. Parecías una adolescente asustadiza al investigar por internet todo lo posible que pudiese complacer a un chico como él. ¿Cómo podrías impresionar a un delincuente?
…
Espera.
¿Por qué estabas emocionada por impresionar a un delincuente como Seungmin?
Lo recordaste tan pronto como su libertad se concretó y lo viste salir sin aquella ropa de cárcel sobre su cuerpo. Si no fuera porque tenías autocontrol, estarías babeando como una tonta en plena acera.
Seungmin se acercó despacio hacia ti, con una gran sonrisa y lamiéndose los labios con tal sensualidad que parecía irreal. Su pelo estaba casi desordenado y su vestimenta era negra por completo ajustaba en los lugares correctos para hacer énfasis en sus brazos. Sus tenis Jordan casi hacían crujir la tierra bajo sus pies. Y la imagen completa te tenía débil, en las nubes.
Sus tatuajes contrastaban a la perfección con su piel pálida, y hasta ahora notaste que llevaba pequeños pendientes en sus orejas que le daban un toque más juguetón al sonreír. Deslizó el bulto sobre su hombro para dejarlo tirado en el piso y, tan pronto como estuvo frente a ti, te sostuvo de la cintura para besarte sin pensarlo.
Te quedaste en blanco durante este, pero fue inevitable seguirle en el paso con ese sabor tan adictivo que se cargaba. Casi sin esfuerzo te cargó y te colocó contra el capó de tu auto y abrió tus piernas para meterse entre ellas. Te separaste por inercia ante la rapidez que llevaba.
Tú: ¡Es-espera! Dios mío, Seungmin…
Seungmin: Bienvenida al lado oscuro, cachorra. —Sostuvo tu mandíbula y lamió entre tus labios, te secaste los labios asustada y lo hizo soltar una risa divertida que te cautivó—. ¿Qué pasa? ¿Ahora le temes a los chicos como yo? No te veías tan asustada cuando te dice todo aquello en las sesiones.
Seungmin no se apartó cuando lo miraste mal. Al contrario, su pulgar siguió presionando con suavidad tu mandíbula, obligándote a mantener la mirada en él. Sus ojos brillando con el deseo de llegar más lejos y que no lo detuvieras.
Seungmin: No te haré daño. —Agregó entretenido—. Que sea un delincuente no significa que lo haré.
Tú: Por algo estabas en prisión, ¿no?
Seungmin: ¿Quieres que me vaya para no hacerte daño? —El aire de ambos se hizo espeso, demasiado cargado para estar en el estacionamiento. Sentiste tanto su respiración, como su mirada bajando a tus labios para volver a subir—. Yo solo quiero ser bueno… —Murmura con cierto sarcasmo—…y agradecer tu gesto como se debe. —Retiró su mano despacio y se apartó con cuidado para que te colocaras de pie.
Lo miraste de reojo antes de caminar hacia el lado del piloto y él aprovechó que estuvieras de espalda para nalguearte. Seungmin se ríe cuando te giras sorprendida, toma sus pertenencias y sube a tu auto como copiloto.
El camino fue muy tranquilo, tu acompañante pidió permiso para encender el radio y, cuando se lo otorgaste, apretó el botón.
«Tengo un delincuente en mi habitación. A vece' me lo mete' al pelo y a vece' con condón. Tengo un delincuente en mi habitación. Me lo mete en la cocina y a vece' hasta en el balcón.»
Observaste el radio entre aterrorizada y sorprendida, pero rápidamente volviste tus ojos al camino, Seungmin aprovechó para subirle el volumen con diversión, moviendo su cabeza con el ritmo de la cantante y tarareando de vez en cuando la pegadiza letra.
Solo apagaste el radio cuando llegaste a tu casa, se retiraron el cinturón y contemplaron que las luces estaban encendidas, Minho o tus padres estaban allí, ¿cómo harías para dejar entrar a Seungmin.
Seungmin: Déjame adivinar, tu habitación está en el segundo piso. —Asientes y él se alza de hombros—. Entra normal, yo te espero aquí, te encierras y me dejas subir por tu ventana. Creo que es muy evidente.
Tú: ¿Y si se dan de-…?
Seungmin: Si no gritas muy fuerte, nadie se va a enterar. —Te guiña el ojo y tú aprietas los labios. Respiras hondo para armarte de valor y salir del auto antes de que alguien de tu casa saliera.
El pelinegro se quedó en el asiento y esperó. Apoyó la cabeza contra el respaldo y dejó escapar el aire despacio, contando mentalmente los segundos. No miró el reloj. Nunca le había gustado medir el tiempo cuando algo le pertenecía por completo. Observó la casa desde fuera, las luces encendidas, las sombras moviéndose detrás de las cortinas. Una familia normal. Un escenario común. Nada de eso le resultaba familiar.
Sonríe en un momento porque, por alguna razón, se sintió como aquella vez que tuvo su primer problema policial, en la que entró a la casa de aquella niña para verla dormir mientras él intentaba analizar su anatomía. Para ese momento Seungmin no entendía por qué esa niña y su mamá eran de alguna forma “diferentes” a él… y por qué se sentía tan curioso por eso.
Cuando te vio aparecer en la ventana del segundo piso, apenas visible entre las cortinas corridas, supo que habías tomado la decisión. Salió del auto sin hacer ruido y se acercó a la pared como si ya hubiera repetido ese movimiento otras veces.
La ventana se abrió y le hiciste un gesto rápido que él contempló desde abajo, Seungmin miró alrededor para verificar aquel vecindario silencioso y ostentoso, no quería testigos. Luego ubicó en la pared varios anclajes que le ayudaran a trepar y así, lentamente, empezó a escalar hasta ti. Cuando apoyó las manos en el marco de tu ventana y entró con un movimiento rápido, al final el robar sí le había ayudado para otros temas más allá de sobrevivir.
Tú: No hagamos mucho ruido, que mi hermano no sospeche. —Él se alza de una ceja—. Está en la habitación del lado.
Seungmin: No te podrá escuchar si tienes la boca llena. —Una vez más deja caer sus pertenencias en un lugar del piso—. De rodillas, pequeña perra de raza. —Hiciste su petición sin dejar de mirarlo a los ojos, viéndose cada vez más grande mientras más descendías—. Es hora de que veas lo que es un pene de verdad.
Se deshizo de su correa, seguido del agarre de su pantalón, bajó su ropa interior sin vergüenza y… no mentía en sentirse orgulloso del tamaño que traía. Tus labios se abrieron con la duda genuina en la mente de “¿Me entrará todo eso en la boca?” y Seungmin sonríe al saber que, contigo, podría hacer lo que quisiera.
Su mano buscó el cabello de tu nuca, lo jaló y, cuando tu boca se abrió, se metió en esta hasta la mitad. Salía solo para ir adentrándose más, cada vez siendo más difícil para ti y haciendo que te sostuvieras de sus caderas para poder aguantar su tamaño. Tus piernas se abrieron y los sonidos de tu garganta lo llevaron a echar su cabeza hacia atrás.
Cuando Seungmin volvió su cabeza hacia ti, notó que tu mano se dirigía a tu entrepierna y apretó más tu cabello.
Seungmin: No te toques… —Así fue como te detuviste y acataste su orden—. Buena perrita.
Como justo lo quiso movió tu cabeza contra su pelvis y se movió determinado de que te la tragaras toda, disfrutando después de tanto tiempo como la calidez lo envolvía como tanto lo disfrutaba. Sus piernas se abrieron para penetrar de mejor manera, la saliva escurriéndose por tus labios al igual que el escozor de tus ojos. Tus reflejos de vez en cuando te traicionaban, pero Seungmin los contenía cuando dejaba que su punta llegara más adentro en tu garganta.
Salió para verse cubierto de tu saliva y notar como buscabas aire con desesperación, consideraba que era suficiente de la mamada, al menos tenías una boca buena para eso.
Seungmin: Quítate todo y quédate en pantys. Esos te los quito yo. —Lo viste desde abajo con confusión y él se inclinó hacia ti—. ¿Me ves que te estoy preguntando, perrita? —Tragaste pesado y negaste. Tras volver a tomar una bocanada de aire, él se alejó para dejar que te quitar tus prendas desde el piso.
Le gustó ver tus pechos cuando te quitaste la camiseta, desataste tus zapatos, te levantaste para retirar tus jeans y, por último, quedaba tu sostén. Él no apartó sus ojos de ti mientras dejaba atrás sus tenis Jordan y bajaba más su pantalón. Se desesperó al verte dudando en mostrar tus senos, por lo que te sostuvo del brazo y casi te arroja contra tu tocador. Algunos frascos y piezas de tus pertenecías cayeron al piso, te quejaste al quedar bocabajo casi contra el espejo.
Seungmin: Como adoro las niñas de casa… —Dice al colocarse detrás de ti y mover a un lado tu ropa interior para mecer su pene entre tus nalgas—…siempre son las más putas. —Jala tu prenda inferior hacia abajo y empuja su pelvis contra ti, un gemido involuntario sale de tus labios—. Shhh… shh. Tu hermano, ¿recuerdas? —Vuelve a empujar y tú te muerdes los labios—. Pobrecita… No podrá gritar como quiere.
Tú: No me hables así… —Pides casi como un ronroneo que a él le encantó—. No soy como tú, no debería querer esto.
Seungmin: Qué lástima. —Dice sin mucha pena—. Porque sí veo que te encanta. —Separa sus caderas solo para guiar la punta de su pene hacia tu entrada, intentas detenerlo, ¿no se iba a poner condón? Pero él te detiene al nalguearte y luego sostener tu cuello con tanta fuerza que te deja quieta—. Tranquila, cachorra. Créeme, te gustará más así.
Justo en ese momento logró alinearse contigo y empujó sin pensárselo mucho. Gemiste entre una mezcla de sollozo mientras él abría sus labios, sí que estabas malditamente apretada… Oh, no. Eso no era bueno para ti. Si algo reconocía Seungmin…
…es que era un maldito psicópata en el sexo.
Con el mismo agarre en tu cuello hizo que tu cara bajara hasta la madera del tocador y empujó con más fuerza sin salir, el grito fue casi desgarrador y volteó tus ojos, intentaste respirar, pero él arremetió con rudeza una vez, luego otra, y le siguió otra. Tu cara parecía estar contenida de dolor, cuando en realidad era la expresión de que te abrías a nuevas sensaciones que antes no habías sentido.
Plasmaste tus manos en la superficie y cada penetración era más un arranque de excitación que un gemido, ambos parecían gruñir o jadear como animales con las embestidas. La mesa se sacudía con cada remeneón que daba él y tu cara se alzó para quedar frente al espejo.
Tarde te diste cuenta de que era un error haber levantado la mirada, porque lograste encontrar la figura de Seungmin sin camiseta, con todos sus tatuajes a la vista, con el torso sudado y una sonrisa casi maniática mientras avanzaba en sus empujones. Sus aretes parecían brillar con la poca iluminación de la habitación y, cuando se mordía el labio, mierda… que sexy se veía.
Te jaló del cabello cuando intentaste evitar ese paisaje, abrió tus piernas cuando estas temblaron con intensión de cerrarse y disfrutó como nunca lo ajustada que estabas en tu interior.
Echó su cabeza hacia atrás con una amplia sonrisa de discordia, sus pieles chocando y la locura ascendiendo a cada segundo. Casi llorabas entre ruegos incoherentes. Sin embargo, era por lo tanto que disfrutabas, él sabía que el placer descontrolado era porque tus emociones no encontraban cómo manifestarse de forma correcta. Por lo que procedió a empeorarlo al llevar su boca a tu piel para morderla, jalarla y arañarla como tanto pudo ocurrírsele.
A estas alturas eran dos perros intentando satisfacerse sin raciocinio alguno. En algún punto Seungmin empezó a jadear con la lengua afuera y sacudir su cabeza como si de una bestia se trataba, miraba tu cara a través del espejo y aumentaba la velocidad al verte inmóvil sin poder emitir ningún sonido además de delgados chillidos que los cubrían.
Sentir sus venas marcarse en su pene y que este pareciera entrar cada vez más te hacía no tener cordura. Al contrario, te tenía totalmente loca, las muecas eran cada una más extraña que otra y no te dejaban ni pedirle más como quisieras.
Seungmin: Como estoy loco… por romperte, “señorita Lee”. —Se inclina hacia ti y ahí los gritos reaparecen, esta vez sin ninguno de los dos poderlos retener. Él disfrutaba de saber que te arrancaba hasta lo que no tenías sin detenerse, el esfuerzo haciéndolo más despiadado de lo que ya era.
Por última vez sostuvo tu mandíbula cuando sabía que no podías aguantas más, cuando tu espalda se arqueaba para levantar tu trasero y lo absorbías con tanta desesperación que lo hacía no resistirse. Iba a decirte algo en tu oído cuando se escuchó la puerta moverse desde afuera, a ambos casi se le baja la presión con la insistencia y…
Minho: ¿Se puede saber por qué gritas tan…to? —Habla al entrar en la habitación tras insistir y nota que el lugar está vacío, que tus cosas están desparramadas por todo el piso y… que la ventana estaba abierta, con las cortinas movidas por aire exterior—. No puedes ser… ¿Se escapó? —Corrió hacia la apertura y miró abajo, no había nada—. Mierda, ¡Mierda! ¡Padre! —Corrió hacia afuera, imaginando que hace bastante tiempo te habías ido.
Sin embargo, lo que menos imaginaba Minho es que Seungmin te había cargado sin salir de ti, te plantó contra la pared de otro lugar que hacía de tu armario y cubrió tu boca tras encerrarlos a ambos allí. No había dejado de joderte a pesar de que la velocidad era casi insostenible, solo faltaba un poco… un poco más y ya-…
Seungmin: Mi perra… Eres mi perra, ¿verdad? —¿Por qué dijo eso? Ni idea, pero ni él se retractó ni tú lo refutaste. Solo te inclinaste más hacia él, haciendo que su mano se deslizara por tu rostro y este quedara pegado a la pared.
Tú: Tu perra… soy… Yo-… Ay, Seungmin~ —El escuchar su nombre fue lo que bastó para que se viniera en tu interior, sacando su pene en medio para masturbarse y gemir profundo antes de echar lo que restaba entre tu trasero y espalda.
Se dejaron caer en el interior entre las ropas caídas de la pequeña habitación y jadearon bajo al sentir como algunos pasos andaban por tu pieza. Temblabas con las emociones aun cargadas en tu cuerpo, y así tu orgasmo bajó lento, perezoso y te hizo soltar un suave quejido que él atrapó en un beso para no ser descubiertos. Pero este se extendió, aumentando el deseo y haciendo que ambos se recostaran en el piso.
Seungmin: ¿Quedaste con ganas de más…? —Sonríe cerca de tus labios al poder separarse—. Sabes que tu familia te está-…
Tú: Solo métela…
Seungmin: Vaya… —Sonríe más—. Esa es mi perra de raza.
Y así fue, por una dos o tres veces, ¿quién diría que, después de ese encuentro, Seungmin quedaría atado a ti y dejaría atrás las malas aventuras? Claro, solo quedaría una. Y esa sería hacerte sentir como tanto querías… cada vez que querías.