Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 31 de agosto del 2025
Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 31 de agosto del 2025
¿Cómo era Changbin molesto? Era casi imposible saberlo. Te planteaste esa idea mientras ustedes veían una película juntos, una semana después de todo lo sucedido con el vestido. Tu novio no se percataba de que lo mirabas fijamente, analizando con cuidado el verlo de la misma manera que aquella vez.
Changbin: Maldita… mierda.
Recordaste esas palabras mientras te sacudía como una muñeca de trapo para sacarte la prenda sea como fuera. Respiraste hondo con una sonrisa. Nunca, pero nunca en tu vida te imaginaste que ver a tu novio, ese chico que era toda una masita de pan siendo un hombre brusco. Desde ese momento no dejaste de soñarlo dominándote… o tú dominándolo, cualquiera de las dos formas te funcionaba.
Changbin: ¿Bebé? —Tu mente saltó de golpe desde tus pensamientos hacia el presente, casi sacándote un susto de paso—. ¿Qué tanto piensas con esa sonrisita? Te hice una pregunta y me acabo de dar cuenta que veo la película solo. —Jaló su brazo desde tus hombros para separarse e inclinarse un poco hacia adelante, dándose la oportunidad de verte mejor—. ¿Algo para compartir?
Tú: Nop. —Contestaste al instante y eso le dio una leve espinita.
Changbin: Amor…
Tú: Solo… recordé la fiesta que fuimos la semana pasada y cómo terminó mi vestido. —Él chasquea su lengua, dejándose caer de nuevo en el sofá a tu lado—. Fue gracioso ver a Han intentar atrapar el ramo de la “nueva” señora Bahng.
Changbin: Es un tonto. —Ríe por lo bajo tomando el control remoto a su lado y deteniendo la película—. Sigo lamentando lo de tu vestido. Te quedaba muy bonito. —Le sonríes con ternura, negando para restarle importancia—. ¿Quieres que vayamos mañana a alguna tienda cuando vuelva de visitar a mis padres?
Tú: ¿No estarás muy ocupado? También debes ir al dentista y ayudar a tu hermana con lo de su departamento.
Changbin: Oh~ Cierto. —Cierra sus ojos al lanzar la cabeza hacia atrás con pesadez—. Lo había olvidado totalmente, no puede ser… —Chasquea su lengua otra vez, casi quejándose al saber el día pesado que le esperaba.
Seguiste mirándolo en silencio, aprovechando para acariciar su cabello oscuro con ternura mientras esperabas que se recompusiera de su pequeño berrinche. Sus rizos le dieron la bienvenida a tus dedos y la leve emoción aleteó en tu pecho al ser consciente de tenerlo cerca. Recordabas todo lo que habían hecho para estar ahí … y tu corazón no resistía la emoción.
Changbin: Me dormiré si sigues haciendo eso. —Ríe tranquilo al igual que tú, pero tampoco te detiene, solo se deja hacer con los ojos aun cerrados. Te acomodaste más cerca, dedicándote a rozar su cara y parte de su cabello, deteniéndote solo cuando él voltea su rostro hacia ti—. ¿Entonces iremos pasado mañana?
Tú: Tengo clases, ¿se te olvidó que es jueves? —Otra queja y tu risa divertida sale a relucir, él aprovecha que están en ese momento íntimo para hundir su cara entre tu cuello y abrazarte entre murmullos mimados. Palmeaste sus brazos para que te soltara, aun dejando salir pequeños destellos de felicidad que lo contagiaron a él.
Changbin: Noo~ No vayas~ Quédate conmigo y hagamos compras~
Tú: Que insististe en que fuera la universidad y ahora eres el primero que te quejas cuando tengo que estudiar.
Changbin: Es que siempre me aleja de ti. ¡Jm…~! —Restriega su cara contra tu piel, su cabello y labios haciéndote las cosquillas suficientes para casi lanzar una risotada—. Salta esa clase, es solo un día.
Tú: Lo haría si ALGUIEN no me habría pedido lo mismo la semana pasada para ir con él a la boda de su amigo.
Changbin: ¡Eso era mega importante! —Se separa para verte con los ojos bien amplios, te muerdes los labios cuando te señala—. ¿Cómo te atreves a solo pensar dejarme ir solito a la boda de Chan-Hyung? ¿No viste cómo estaban todos en pequeños subgrupos todos elitistas y con risas de millonarios? Ja Ja Ja, Ja Ja Ja. —Imita la misma con sarcasmo y por cuarta vez tuviste que reír por las cosas de tu novio.
Tú: Y luego estabas tú con tu risa de puerta chirriando.
Changbin: ¡¿Qué dices?! ¡Mi risa es muy bonita! ¡Mira, mira! —Se empieza a reír forzadamente mientras te toma de las muñecas, tú te intentaste alejarte y él lo evitó. La risa falsa se hace una verdadera y empiezan a juguetear entre ustedes como pequeños niños.
Si algo amabas de Changbin es que, para él, siempre era buen momento para reír o hacer reír. Nunca era demasiado adulto para hacer tonterías o decir lo que llegara a su cabeza. Sí, tenía sus momentos de seriedad y autoridad, como cualquier hombre responsable, pero en casa siempre se portaba como en realidad quería ser. Solo sus amigos y tú sabían quién en realidad era Seo Changbin, y quien en realidad era Binnie.
Tras un rato de jugarreta divertida ambos quedaron tumbados en el sofá, riendo con las mejillas rojas y respiraciones agitadas. Changbin aún te sostenía de las muñecas, pero con mucha menos fuerza, dejándose caer a tu lado mientras te observaba con esa chispa infantil que tanto amabas.
Pasó de lo risueño a lo tranquilo y, de lo tranquilo, a lo sencillo y bobo. Tu novio acarició tus muñecas con cariño mientras miraban el techo, tu casi recostada sobre él.
Changbin: Volviendo a lo del vestido… —Quitaste la mirada del techo para ahora llevarla hasta él—. En ese momento, te asusté, ¿verdad? —Frunciste el ceño ante su pregunta y él te observó con cautela—. Cuando te arranqué el vestido. —Una vez más él separó sus miradas, ahora buscando algo en qué anclar sus ojos mientras hablaba—. Sentí que… fui algo brusco. Ese no era yo. Me dejé llevar por la rabia de que no podía quitártelo para que descansaras. —Sonríe con cierta pena—. Cuando me miraste con esos ojos al final, creí que te había lastimado.
Tú: Binnie, eso-…
Changbin: No. Quería disculparme. No debí hacer eso. —Respira hondo y suelta el aire al volver a cerrar los ojos—. De ahora en adelante prometo no perder los estribos tan fácil. Me controlaré mejor por ti. —Vuelve su vista hacia ti con una dulce sonrisa—. ¿Sí?
Tu gesto de compresión no iba de la mano con tu mente. Mientras ustedes volvían acoplarse sobre el sofá, en tu cabeza solo había gritos de desesperación mientras lanzaba todo lo que encontrabas. ¡Era totalmente injusto! Tu novio te quitaba justamente eso que quería experimentar antes de por lo menos darle la oportunidad. Estabas que lanzabas fuego por los ojos, aunque en la vida real no se demostrara.
Esa noche Changbin se fue a su casa más tarde de lo normal, solo porque quería tener una sesión de besos dulces y cariñitos contigo para dormir tranquilo en su cama. Lo despediste como tanto le gustaba, con un roce de narices y dejando que te diera un beso en la frente. Luego moviste la mano cuando se subió a su auto y lo observaste alejarse por la calle.
Era cierto que amabas a tu dulce Binnie y su preciosa manera de ver el mundo. Pero, para momentos como ese, querías que volviera ese furioso Changbin que te arrancó el vestido, que te removiera todo lo que quisiera hasta que te hicieras entender por qué te había gustado tanto su salvajismo.
Te escribió tan pronto como llegó a casa para avisarte que estaba bien, luego de eso te llenó de una cantidad excesiva de stickers junto con palabras que te hacía sentir especial a su lado. No pudo aguantarse y te llamó por cámara para ver cómo te cepillabas, no había nada que hablar, solo extrañaba tu compañía. ¿Pero por qué él siempre buscaba tu cercanía o cariño?
Fácil. Por su trabajo era casi imposible que estuvieran juntos. Tras conocerse podían contarse las veces que durmieron juntos en una de sus habitaciones. Tres veces habían hecho el amor, y muchas otras veces se vio frustrado por llamadas de sus responsabilidades.
“Amor, sé que tenemos una cita para esta noche. ¿Pero podemos moverla? Es que debo ayudar a Bokkie-ya con las nuevas canciones. Debe estar lista para mañana.”
“Bebé, perdón, perdón, perdón. Sé que es nuestro octavo aniversario de novios. Pero debo viajar a Japón. Chan-Hyung me explicó que hubo un error en las fechas de las reuniones y debemos estar mañana temprano para hablar con los directivos. ¡Juro que te recompensaré!”
“¡Cariño! Te traje varias cosas de Londres. Estoy en Corea, pero ahora grabo parte de los videos oficiales. Te visitaré por quince minutos en la noche. O mañana temprano en caso de que no pueda. ¡Te amo!”
Te volviste a despedir con cariño de él, siendo lo más melosos que podían ser ambos al tener su tiempo de calidad y con eso se fueron a dormir. Esa noche te metiste a la cama con un sabor agridulce en el pecho. Tenías a un Changbin adorable, que te llenaba de ternura y cuidados… y al mismo tiempo, el recuerdo de un Changbin casi inexistente, solo una ilusión de un momento errático que tardó menos de un minuto en desvanecer.
Dabas vueltas en las sábanas, recordando como un bucle y garabateando las posibles situaciones que se habrían derivado si él no se hubiera detenido como lo hizo: pidiendo disculpas y prometiéndote reemplazar lo hecho. ¿Por qué tenía que disculparse? ¿Por qué tenía que borrar lo que para ti había sido el mejor descubrimiento de todos? ¡Qué frustrante…!
No viste a tu novio al día siguiente, solo te dio una única llamada mientras conducía a casa de sus padres. Luego te envió fotos en el departamento de su hermana para ayudarla y después otra cuando llegó al dentista para decirte que estaba bien, que había comido mucho y se sentía muy lleno.
Al siguiente día no lo viste, ya que estuviste todo el día en la universidad. El viernes tampoco porque Changbin tenía un meeting con STAY y la preparación también se tomó el día, aprovechaste el mismo para visitar a tus amigos y beber un rato.
Changbin y tú volvieron a encontrarse el sábado en tu casa, pero no llegaron a hacer nada más allá que ayudarte con tus tareas y proyectos por estar casi a finales de carrera. Como siempre, cada vez que podía, intentaba levantarte el ánimo. Sus palabras y besos que te sacaban dulces risas.
Tú: Cariño, esto está mal… —El pelinegro hace varios gestos entre sorprendido y querer quejarse, casi te arrebató la hoja de la mano y analizó todo desde el inicio—. ¿No debería dar integral de diez elevado a la x por derivada? —A tu novio casi se le salen los ojos al observarte.
Changbin: Qué… ¿dijiste? —Apretaste los labios. Sabías lo delicado que podía ser tu novio con las matemáticas, y más cuando te lo repetía tantas veces—. Bien, cariño. —Se coloca la mano en la cara y suspira—. ¿Qué parte no entendiste de convertir la integral en derivada? —Te quedas en silencio—. No está mal tu planteamiento, pero luego de obtener el resultado-… —Te quejas audiblemente y te deslizas en la silla, llamando la atención de Changbin—. ¿Estás bien, amor?
Tú: Estoy muy cansada… —Haces un puchero y él suelta una leve risa divertida.
Changbin: Solo nos faltan tres hojas, estamos casi terminando. —Te vuelves a quejar más—. Si quieres descansamos. Sé que no es tan fácil.
Tú: Estoy cansada de cálculos y cosas que no usaré en mi carrera, Binnie~
Changbin: Las matemáticas son necesarias en todos lados…
Tú: ¡Pero no para mí! —Otro reproche y esta vez tu novio se ve enternecido de tu infantilismo. Coloca el lápiz en medio del libro y cierra todo para prestarte más atención.
Changbin: Bien, hagamos algo. —Lo observa exagerando más la falsa tristeza. Él se inclina hacia ti y sostiene tus mejillas con ambas manos, inflándolas como si fueras un pez globo—. Si terminas estas tres hojas sin quejarte, mañana saldremos de paseo. —Eso te hizo enderezarte en tu lugar—. Iremos por ese lindo vestido para reemplazar el que te rompí. —Toma tu nariz con una sonrisa y la mueve con cariño para hacerte reír—. Y te mimaré tanto como te lo mereces.
Tú: ¿Pero mañana no tienes reunión con la 3Racha? —preguntaste entrecerrando los ojos. —Él se queda en silencio por bastante tiempo y tu gesto lo hace removerse en su lugar mientras te dejaba—. Binnie…
Changbin: Creo que puedo convencer a Chan-Hyung de que cambiemos el día de la reunión.
Tú: No, no debes hacer eso.
Changbin: Bebé, te lo debo. —Te toma de las manos y fija sus ojos en los tuyos—. Mi trabajo ha consumido nuestro tiempo juntos. Reconozco que no he sido un novio tan presente como quisiera. Déjame mimarte tanto como te lo mereces. Vamos, vamos. —Susurra con emoción en su lugar y tú meditas sus palabras—. Compraré todo lo que quieras, sin excepción.
Tú: ¿Sin excepción?
Changbin: Sin excepción. —Confirma.
Tú: Entonces… lo voy a pensar. —Cruzas los brazos con aire misterioso. Él te observa con intriga y se inclina un poco más hacia ti.
Changbin: ¿Qué planeas, amor? —Entrecierra sus ojos divertidos, como si te analizara por completo. Tú ríes divertida, empezando a idear un plan dentro de tu cabeza.
Tú: Nada malo. Solo… no te retractes después, ¿sí? —Lo dices con una voz suave, como si escondieras un secreto.
Changbin: ¿Por qué siento que mañana será un día muy especial? —Ambos se ríen y lo empujas un poco para retomar las tareas.
Y sí, mañana sería un día muy especial. Tu mente planeaba algo que debería sacarlo de quicio sí o sí, como tanto querías ver desde hace tiempo. Sin embargo, lo que no imaginabas es que, dentro de la cabeza de tu novio, posiblemente algo igual o más especial se hilaba por sí solo.
Al final, sí lograron completar todo lo pendiente, dejándote totalmente libre para el día siguiente. Al terminar Changbin insistió en que descansaras, aunque se quedó hasta tarde revisando por su cuenta los apuntes para después poder explicarte con calma. Antes de irse, te prometió que el domingo sería “su día para ti”, sin excusas ni interrupciones.
Y tú le creíste.
El deseado domingo llegó y un Changbin emocionado no se pudo esperar para estar contigo hasta la tarde, por lo que te quedaste boquiabierta al verlo allí con una camiseta y unos jeans sueltos esperándote tras la puerta con una gran sonrisa. Tú, en cambio, estabas media despeinada y con una bata que solo usabas los domingos de limpieza extrema. Te apresuraste para terminar rápido y así poder pasar la tarde con tu novio.
Changbin: Buenos dí-…
Tú: Da-dame un segundo. ¡Da la vuelta en tu auto y vuelve en quince minutos! —Ibas a cerrarle la puerta en cara antes de que dijera algo, pero Changbin fue más rápido y retuvo la madera antes de que le impidieras entrar. Él pasó como si nada hacia adentro con tu vista fija en él.
Changbin: ¿Y dejarte que hagas el aseo sola? —Ríe divertido mientras niega—. No, no. Dime qué hago primero. —Se cruza de brazos mirando alrededor, la casa era un desastre. Sin embargo, para Changbin, seguía viéndose tierna al igual que tú.
Tú: Qué vergüenza… —Susurraste para ti mientras cerrabas la puerta, él escuchándolo al instante.
Changbin: ¿Vergüenza por qué? Eres mi novia. Llevamos un año y medio de novios. Al contrario, creo que me he perdido de facetas de ti que, a estas alturas, debería saber. —Sus ojos van a tus pies y te ve descalza, luego van subiendo para notar tus pantalones cortos y blusón ancho con tenues degastes que daba a la vista tu hombro. Terminando por observar tu cabello mal recogido de forma rápida para que no te obstaculizara en tus tareas.
Tú: Pero no me mires así…
Changbin: ¿Así cómo? —Ladea su cabeza—. ¿Cómo si viera a la mujer más linda del mundo o como un tonto enamorado? —Sonríe más cuando te sonrojas—. Porque ambas opciones son correctas.
Tú: Binnie, no digas tonterías tan temprano de la mañana. —Caminas por su lado para evitar la vista, pero él te sostuvo de las caderas antes de que te terminaras de alejar y te abrazó desde atrás, meciéndose contigo mientras te besaba entre la nuca y cuello—. ¡Ay, no! ¡Eso hace cosquillas~!
Changbin: Ah, no. ¡Ven aquí! —Exige cuando intentas alejarte entre risas, él te presiona contra su pecho, riendo junto contigo y sin dejar de cargar los besos en tu piel.
Tú: ¡Voy a gritar!
Changbin: Grita, no me importa. Yo lo haré más alto. —Se carcajea en tu oído y te retuerces entre sus brazos por su estruendosa voz—. ¡Déjate amaaaar!
Con eso te suelta y se quedan mirándose con pequeñas risitas cómplices, el desastre de tu sala, con cajas a medio ordenar y ropa doblada a medias. No parecía importarle en lo absoluto. Solo quería tenerte en sus brazos, como si ese domingo ya empezara a convertirse en todo lo que había prometido: tiempo sin distracciones, solo para ti.
Changbin: Bien, ¿en qué ayudo? —Lo meditas un rato y él rueda los ojos—. ¿Tienes que lavar la ropa? —Lo observas de reojo—. Es lo más tardado de los aseos. Yo puedo ayudarte a lavar mientras tú haces lo demás. Si termino antes de la tarde y aún tienes cosas pendientes, seguiré ayudando.
Tú: No creo que sea correcto, Binnie. Estás cansado del trabajo.
Changbin: Y tú de tus clases. Soy tu novio, y en un futuro seré tu esposo. Aprender a compartir tareas desde ahora no está mal; nos enseñará a crecer como pareja. Es correcto y sano. —No pudiste evitar sonreírle con aquel brillo que él adoraba ver en ti. Se acercó y aprovechó la situación para acariciar tu mejilla con su pulgar—. Te amo. Por eso no puedo dejar que hagas las cosas sola mientras yo te espero. Te prometí un día dedicado solo para ti. Y así será.
Se acercaron para compartir un pequeño beso tierno y luego unir sus frentes con ojos cerrados, disfrutando del leve contacto que tanto adorabas de él.
No esperaron más y, como había dicho, se arremangó la camiseta para ir directo al buscar la ropa para lavar y acomodar todo lo que utilizaría. La forma en que lo hacía, tan serio y aplicado, te hacía contemplarlo cada vez que tenías la oportunidad.
Lo viste dividir la ropa, leer los detergentes, acomodar las cosas, buscaba entre las habitaciones y veía si restaba más ropa por llevar. Se veía totalmente dedicado a hacer las todo bien para terminar lo antes posible. Suspiraste enamorada, ¿qué tan bueno habías hecho en la vida para tener un novio tan perfecto como él?
Sin embargo, mientras tú te dedicabas a limpiar la cocina a profundidad, él tomaba la oportunidad de confianza para entrar a tu habitación y, lo más rápido posible, revisar tus cosas. No, no lo mal entiendan, no haría nada malo. Solo…
…tenía un plan.
Un tonto y, quizás, divertido plan.
Changbin: ¿Dónde están…? —Susurró para sí mientras buscaba donde estaban tus prendas. Encontró de todo y, al final, deslizó la gaveta superior para ver toda tu ropa interior—. Bingo.
¿Qué hizo Changbin? Sencillo. Primero buscó con la mirada esa prenda en específico que recordaba a la perfección. Era unas pantis negras con leve encaje que él tenía en mente desde el último encuentro, y las necesitaba encontrar. Removió casi todo hasta que al fin las tuvo en mano. Tras su encuentro buscó en el bolsillo de su pantalón otras pantis que tenía en el bolsillo, las había comprado con las intenciones que harían cumplir su plan, y las comparó. Sonrió satisfecho, sabía que las mismas eran exactamente iguales y tú no te percatarías del cambio.
Luego de eso sacó todas las restantes hacia el piso, fingiría que las mismas estarían sucias para que todo fuera acorde a lo pensado. Solo te dejó un sostén y la prenda acordada, cerrando felizmente la gaveta, satisfecho de lo que ocurriría más adelante.
Tomó todo lo del piso y lo llevó al área de lavado, esperando que terminara un ciclo para echar la ropa antes de que te dieras cuenta. Justo después de que entró todo apareciste en la puerta para apoyarte en el marco, él giró su cara hacia ti por inercia al reparar en tu presencia.
Changbin: ¿Por qué me miras tanto?
Tú: Porque nunca pensé verte así, lavando ropa un domingo temprano —respondiste con burla—. El gran rapero Seo Changbin, lavando la ropa de su novia tras una gira mundial exitosa y varios contratos logrados.
Changbin: Pfff… ¿Y qué pasa? ¿No soy humano porque soy artista? —Alza su ceja como si te enfrentara—. Ya ves, soy un novio completo. Músculos, cerebro, cantante y… habilidades domésticas.
Tú: Te faltó lo de novio “entrometido”. —Bromeas, y él suelta una camiseta húmeda a punto de entrar a la secadora.
Changbin: ¡Que te estoy ayudando para que tengamos una cita tranquila y sin preocupaciones! ¿Y así me pagas? ¡Que mala agradecida me saliste! —Grita intentando no reír y aparentando verse lo más molesto posible, pero no podía, no contigo, y menos cuando escondías la diversión en tu lugar—. Que soy entrometido, pero útil. —Te señala—. Y en vez de estar aquí, deberías terminar lo tuyo. Si no, no salimos nunca, ¿eh?
Te alejaste con un guiño de ojo que lo hizo volver a sonreír. Sin embargo, tu novio transformó esa sonrisa tierna en una más traviesa al ver tu ropa interior girar en la lavadora; un ciclo más de lavado no le haría daño, ¿verdad? Así podría dejarla secando antes de que ustedes se fueran, sin darte la oportunidad de esperar por ella para ponértela. Dejándote como única opción lo que te había dejado.
Changbin: Así es, Seo Chang-Bin. —Se habla para él con cierto orgullo mientras colocaba la última camiseta en la secadora, cerrando la puerta con un suave empuje infantil—. Eres un maldito genio.
Así fue como las tareas del hogar estuvieron listas a mediados de la tarde, dándote tiempo para cocinar algo en el que los dos se sintieran satisfechos en la mesa. Compartieron risas y momentos divertidos, en alguna ocasión, Changbin te dio de comer de su platillo, y tú hiciste lo mismo con él, a pesar de que comían lo mismo. Lo divertido era quedarse mirándose a los ojos con todo el amor que se contenían y terminándolo con palabras dulces que les hicieran sentir especiales.
Una hora después Changbin se dio una ducha para colocarse lo mismo con lo que había llegado esa mañana, mientras tanto tú entraste después de él y te dirigiste a tu habitación para prepararte, quedando él afuera en el salón principal mientras navegaba en su celular.
Tú: Me mato… —Te dijiste al abrir tu gaveta y ver que esta estaba vacía, solo encontrándote con pocas prendas desgastadas y algunos calcetines acomodados. Sacaste lo único que te quedaba de tu ropa interior, no recordabas haber dejado solo eso en la mañana cuando te cambiaste… Si todo estaba lleno, ¿o te habrías confundido?
Ya no importaba, tendrías que usar lo que había porque no querías perder tiempo. Y, en caso de que Changbin lo hubiese puesto a lavar, la misma no estaría seca ahora. No tenías otra opción.
Te colocaste las pantis de encaje negro que solo usabas para ocasiones especiales, excusándote con que quizás fuera el destino te indicaba que, posiblemente, ese momento sí sería uno para recordar. Luego el sostén y al final pantalones jeans con una blusa que habías acordado utilizar para la ocasión.
Cuando tu novio iba por el décimo bostezo en el sofá fue que saliste, lista al fin. Él se levantó al instante, como si toda la somnolencia se le fuera de golpe, y se quedó unos segundos viéndote en silencio. Había algo en tu postura, en la seguridad con la que caminabas hacia él, que lo hizo sonreír de oreja a oreja.
Sí, Changbin estaba totalmente enamorado de ti, y en sus gestos no había nada que no lo delatara.
Changbin: Estás preciosa… —balbuceó apenas, casi como si lo dijera solo para sí, aunque lo suficiente alto para que lo escucharas. Le agradeciste en silencio, como si sus palabras te generaran bastante timidez a pesar de estar acostumbrada de sus gestos tiernos—. ¿Nos vamos?
Se acercó a tomar tu mano con dulzura y con eso salieron de casa hacia su auto. Él condujo confiado en dirección al centro comercial y, aprovechando una de las curvas, llevó su mano a tu muslo mientras seguía el camino con la otra. Se dieron una rápida mirada de reojo que los hizo sonreír, mientras su dedo pulgar rozaba la tela de tus jeans, transmitiendo una clara intención hacia tu cuerpo.
Sí, ese día prometía ser especial.
Bajaron en el estacionamiento y caminaron uno al lado del otro. Aunque Changbin lo deseara, no podía ser tan amoroso contigo en público, todo por políticas de la empresa, además de los fans que pudiesen estar alrededor. Si lo reconocían mientras te daba todo el cariño que deseaba darte, ambos estarían en problemas.
Se supone que debería usar mascarilla, pero no lo hizo por ti. Se dignó a caminar y conversar contigo como si se trataran de “amigos” con el fin de que, si lograban tomar una foto, no existieran pruebas de que aparentaban ser algo más.
Entraron en distintas tiendas, Changbin pagando todo como te lo había prometido, sonriendo cada vez que te veía saltar feliz en tu lugar y verte complacida de sus regalos. ¿Cómo no podía enamorarse cada vez más de ti si siempre eras como una niña mimada? Su niña mimada.
Changbin: “Dark Garden” —Lee en el letrero de aquella tienda al levantar la cabeza y parecerle algo curioso el lugar. Tan pronto lo viste a la distancia, casi corriste hacia la puerta y tu novio te siguió el paso con todas las bolsas de compras en sus manos—. ¿Qué venden en este lugar? —Intentó mirar hacia el cristal de presentación, pero tú lo jalas del brazo para que fuera contigo adentro. Y entonces ahí Changbin lo vio, todo lo que vendían allí era… —. ¿Corsés?
Se quedó un momento en silencio tras esa pregunta, observando cómo tus ojos parecían devorar todo el lugar con curiosidad. No podía evitar sentirse intrigado y ciertamente nervioso ante tanto encaje, tiras y corsés alineados, todos mostrando formas que acentuaban la figura femenina que no dejaba demasiado a la imaginación. Intentaba mantener la compostura, recordando las reglas de discreción. Mientras tanto, tú recorrías el lugar con emoción.
Tú: ¿No están bonitos? —Te encaminas a un maniquí con una de las fajas ajustadas en forma de cinturón, luego miras otra y vas a esta con más emoción—. ¡Uh! Mira este, qué lindo se ve. Parece casi un vestido.
Vendedora: De hecho, es un vestido de dos piezas. Solo que la cola se encuentra en nuestro almacén. —Se giraron sobre sus talones hacia la señora elegante que aproximó hasta ustedes, usando una de estas prendas como parte de su uniforme. Su figura siendo totalmente estructurada como un reloj de arena—. Bienvenidos a Dark Garden. Estamos en nuestra semana de inauguración aquí en Corea, por lo que tenemos un sinfín de ofertas. —Sonríe con amabilidad—. ¿Buscan algo específico? ¿Algo para parejas o…? —Changbin casi se sonroja ante la insinuación de la señora e intenta hablar excusándose, pero tú lo interrumpes.
Tú: Yo no vengo por nada en específico. Solo quiero llevarme algo lindo. —Miras sobre el hombro de la mujer y luego señalas otro maniquí—. Algo como eso no estaría mal. —La mujer voltea y se sorprende un poco.
Vendedora: ¡Oh! Que buenos gustos tienes. —Busca una pequeña canasta para entregártela y te toma del brazo para andar contigo—. Hay mucha variedad de ese mismo tipo, ¿sabías que existen tipos de corsé dependiendo la situación?
Tú: ¿En serio? —Ella asiente mientras se alejan, tu novio las ve adentrarse más a la tienda, pero él se queda solo observando los maniquís en su lugar.
Su mente empieza a divagar y pestañea cada vez que siente que sus ensueños se salen del lugar. En un momento sus ojos se enfocan en un vestido en específico, con detalles que le parecían muy conocidos en otro lugar. Se sorprende un poco cuando logra reconocer que ese vestido es casi igual al que usabas para el día de la boda de Chan… ¿Acaso lo habías comprado ahí? No le hacía sentido, no recordaba que la pieza tuviese similitudes con un corsé.
Tú: No alcanzo al cierre y ya me estoy… —Él ve cómo estiras tu mano, sin embargo no alcanzas al cierre solo por un poco— …ya me estoy cansando de esto.
Changbin: ¿Pero para qué tienes a tu novio? Por amor a Dios, mi cielo. Gírate. —Changbin te ve dar la vuelta y llega hasta detrás de ti para intentar abrir el cierre, pero este no cede—. Está atascado, tendré que usar algo de fuerza.
Tú: Está bien. —Él jala hacia abajo, no funciona. Un segundo y tercer remeneón solo te sacuden, pero no hacen que el zipper baje de su lugar. El vestido era más ceñido de lo que pensaba y no podía sostener nada de la tela sin casi pellizcarte. Se detuvo un momento para pensar que hacer, no le estaba gustando este problema.
Changbin: Sujétate bien. —La cuarta sacudida fue demasiado fuerte, jadeaste del susto y… algo en él se vio dominado por ese sonido. Tus manos se plasmaron en la pared y te inclinaste hacia adelante, tu cabello le dio espacio a tu espalda y ver mejor tu figura…
“Necesito quitar… este vestido”, como si una voz primitiva lo dominó desde su mente, su cuerpo trabajó por sí solo con ese fin.
Tú: Amor, bebé… —Suspiras entrecortada—. Ya déjalo…
Changbin: Maldita… mierda.
Hasta él mismo se sorprendió de las palabras que soltó. Delante de sus amigos él las decía, no porque fuese una obligación, sino que era una forma de quejarse y expresarse. Pero contigo no era necesario utilizarlas porque nunca había de qué molestarse o quejarse. De hacerlo, intentaba hablarlo y manejarlo con cuidado, no quería perderte.
Pero la situación lo estaba superando y no le quedó de otra. Sus ojos parecían inyectados en adrenalina al igual que sus manos y músculos, la brutalidad llegando a su cabeza, arropándolo en la única idea de que debía quitártelo. Sostuvo aquellas dos únicas costuras laterales para jalarlo hacia sí y arrancar la tela con desesperación, no le importó tus nuevos jadeos sorpresivos… o quizás sí. Esto motivaba a que fuera más violento, a buscar más de estos hasta que estuvieras libre.
“¿Por qué mierda esto me motiva tanto?”, entre la confusión del momento, su tarea de quitarte la ropa y el esfuerzo tosco no había coherencia que le hiciera justificar repuesta ante esa pregunta.
Recordó que, al terminar, estabas totalmente desalineada, temblando ante él, con las manos aun en la pared e inclinada casi a su disposición, su respiración buscaba escuchar cómo te perdías en él, sus ojos dilatados, su pecho subiendo y bajando como si tuviese un choque de calor espontáneo… Y tu mirada. Él jamás olvidaría el cómo lo miraste, como si fueras su presa.
Tú: Bebé. —Su mente vuelve al presente de repente—. Ven, iremos al área de vestidores y quiero que decidas con cual de todos me quedaré. —Changbin traga grueso en su lugar, sabía lo que significaba eso. Respiró hondo, apretó el agarre las bolsas con las demás compras de otras tiendas y se adentró al lugar.
Changbin: Es tu novia, Seo. Es obvio que pensarás hacer muchas cosas con ella, pero ahora estás en un lugar público. —Se mentaliza mientras camina—. Ahora no es el momento de usar el efecto sorpresa. Espera que lleguemos a casa. —Asiente para poder esclarecer su mente—. Sí, sí, cuando lleguemos a casa.
Tu novio llega con la dependiente de la tienda y esta le muestra con la mano un pequeño mueble frente a los vestidores. Él deja las bolsas en el piso para acomodarse en el asiento, mirando el único cubículo cerrado, suponiendo que estabas ahí.
Tú: Disculpe. —Tanto Changbin como la mujer te observaron—. ¿Esto de aquí es una cámara?
Vendedora: ¿Una cámara? —Ella se acerca hacia dónde estás y mira hacia arriba cuando le señalas una esquina superior con un recuadro—. Oh. No, no, preciosa. Eso que ves ahí es el aromatizante de cada recámara, ¿ves que no tiene el ojito peculiar de…?
Tú: ¡Oh! Sí, ya entiendo. Discúlpeme. —La mujer sale del lugar y se vuelve a colocar al lado de Changbin, pero de pie, en espera de solucionar el problema que puedas obtener. Tras unos minutos saliste sin la blusa de la cita para ser remplazada por aquel corsé negro con detalles rojos y flores—. Necesito…
Vendedora: Sí, yo te ayudo. —Ella se coloca detrás de ti y jala los tirantes en la espalda para ajustar la ropa—. Sujétate bien.
“Sujétate bien”, esas mismas palabras usadas por Changbin llegaron a la mente del chico que veía la situación. Él pestañeó un par de veces y carraspeó, ahora ubicando sus ojos en otro lado para distraerse de sentir como su miembro reaccionó al recuerdo.
Changbin: Es solo un corsé, Seo. Solo respira.
Tú: Binnie. —Él sube su mirada y… mierda. “Mierda, mierda, mierda, mierda…” su mente se fue al carajo en su totalidad, nada estaba bien, podía sentir el cortocircuito dentro de su cabeza mientras intentaba prestar atención de lleno sin tener que imaginarte en otra situación—. ¿Cómo me queda?
Changbin: Lin…do… —Levanta su comisura derecha casi con un tic, su pierna empezó a moverse nerviosa y él plasmó su mano en esta para dejarla quieta—. Te queda muy lindo, mi amor.
Tú: ¿Solo lindo?
Changbin: Todo te queda perfecto, mi amor. Te ves increíble. —“Más increíble te quedaría sin él”. Se da una cachetada mental, “Concéntrate, Seo”.
Tú: Oh, bueno… —No pudiste disimular la decepción en tu voz. Por lo que decidiste cambiarte con otra prenda.
Tres corsés más fueron probados, cada uno siendo ceñido a tu cuerpo por la vendedora y cada uno siendo halagado dulcemente por tu novio, usando las palabras que parecía encontrar del diccionario de los “ositos cariñositos” al no querer sonar tan excitado.
Changbin: Pareces una princesa, te queda totalmente precioso, bebé. —Dice con el segundo corsé, con el tercero no fue mejor—. El dorado es tu color, pero el rojo te reluce más. Te hace ver encantadora. ¡Es increíble lo lindo que se te ve! —Haces un puchero, él logra evitar el tic en su ojo cuando su pene salta dentro de sus pantalones con ese adorable gesto. Llegó el cuarto corsé—. Es…
Tú: ¿“Es…”?
Changbin: …bonito. —Sonríe y tú te frustras, aún más que antes. ¿“Bonito”? ¿Nada de “sexy”, “candente” o “para quitártelo”?
Tú: ¿Solo eso? ¿Bonito? No se ve… no sé… ¿Agradable? ¿Sexy? —Él ladea la cabeza frunciendo el ceño, la vendedora contiene la respiración al darse cuenta de que, aparentemente, tu novio no entendía las indirectas que le dabas—. Olvídalo, Seo. Creo que no me llevaré nada. —Entraste con algo de molestia al cubículo y empezaste a quitarte todo, Changbin quedó más perdido con tu molestia.
Vendedora: Perdón por entrometerme, no debería y no es mi tarea, pero… ahm… —Se acerca a tu novio para hablar bajo, Changbin la observa fijamente—. Creo que no está entendiendo lo que su novia le quiere decir.
Changbin: ¿Lo que me quiere decir? —Ella asiente—. ¿Qué me quiere decir?
Vendedora: Veamos… ¿Qué pensaría usted solamente al ver un corsé? —Él sonríe sin entender la pregunta—. ¿No le parece una prenda entretenida? ¿Divertida? ¿Sexy? Algo para usar en… ¿Otra ocasión? —El pelinegro ni lo tiene que pensar, claro que sabía que aquellas prendas eran muy tentativas y eróticas, por algo se había aguantado tanto en saltarte encima, porque estaba esa vendedora ahí, porque él no era así, porque “sabía” que no te gustaría.
Changbin: Sí, algo así…
Vendedora: ¿Y por qué no se lo dice?
Changbin: ¿Por qué se lo debería decir?
Vendedora: ¡Porque ella se lo está insinuando! —Los ojos de Changbin casi se salen de los ojos—. ¿Por qué una mujer traería a su novio a un lugar de lencería a modelarle su cuerpo de la forma más erótica posible? ¿Para jugar UNO después?
Bien… Changbin se sentía el hombre más estúpido del mundo ahora. Claro que tenía sentido. Demasiado sentido… ¿Qué mierda le pasaba por la cabeza para hacer lo contrario?
Justo en ese momento saliste de la cabina, la mujer se enderezó y tanto ella como Changbin te observaron una vez más. Quedándose algo sorprendidos de que decidieras usar otra ropa más, pero no cualquier ropa…
Tú: Cambié de opinión, me llevaré esta y lo usaré en lo que resta de la cita. Me gusta cómo me queda. —Sentenciaste frente al espejo para acomodarte la falda.
Changbin: Oh… —Si los anteriores cuatro corsés te quedaban perfectos. Este, con aquella segunda parte en falda que lo hacía ver como un vestido corto en tono rosas, lo tenía casi en las nubes. Colocó sus codos sobre sus piernas y se inclinó para llevar sus manos a su boca… esto era… era… —. Increíble.
Tú: Ah… Solo increíble. —Ruedas los ojos y esperas que la vendedora te ayude a ajustar el corsé, pero él la detiene y es él que se acerca para hacer la tarea. Miras confundida el reflejo de tu novio sobre tu hombro cuando se coloca detrás de ti—. ¿Qué haces?
Changbin: ¿No es obvio? Ayudándote. —Toma los lazos de tu espalda y los jala con suavidad—. Me gusta este vestido.
Tú: Por lo menos algo sí te gustó de verdad. —Susurraste con cierta molestia, él no lo pasó desapercibido a pesar de quedarse en silencio. Un segundo jalón te removió un poco.
Changbin: Porque te ves muy sexy en él. —“Bueno, al menos dijo que se me ve sexy”, pensaste. Un tercer jalón más fuerte te removió—. No puedo controlar mis pensamientos al verte usarlo. —Un cuarto jalón que te quita la respiración, sus ojos se levantan sobre tu hombro derecho para verte, tu figura reflejada a la perfección.
Tú: Creo… que ahí está bien. —Lo miras de vuelta, sintiendo que su forma de contemplarte lentamente va cambiando de una tranquila a una cargada de intensiones nada benevolentes.
Changbin: Te ves… —Un último jalón para ajustar, jadeas en contención, tu cintura estrechándose más—…irresistible. —Empieza a hacer un nudo sobre tu trasero para dejar todo en su lugar—. Será divertido… —acerca su boca a tu oído mientras lleva sus manos a tus curvas para susurrar—…intentar quitártelo después.
Con eso te volteas con la cara acalorada, te tomó totalmente por sorpresa aquellas palabras. ¿Acaso había dicho lo que escuchaste?
Tú: ¿Qué…?
Changbin: Nos vamos, mi reina. —Palmea con cariño y una sonrisa sobre el tieso corsé, se aparta de ti y va tras las bolsas. La vendedora que estaba ahí observando todo esperó a que tu novio la mirara, tan pronto como lo hizo le afirmó con cierto orgullo y él sonrió más al entender que lo había hecho bien.
Recogieron la ropa que usabas, pagaron la prenda y otras cosas que decidiste llevar, salieron de la tienda y automáticamente la mayoría de las miradas de fueron a tu preciosa persona con aquella vestimenta. Changbin sería sincero consigo mismo, no le importaba que otros te miraran, sabía que eras de él. Pero… Mierda, hasta él estaba siendo provocado por todo de ti, mucho más que antes.
Siguieron observando los demás escaparates para saber si comprarían más cosas. O al menos eso tú hacías, porque por otro lado tu novio empezó a caminar unos pasos atrás para ver algo en su celular. Su sonrisa lo delató a pesar de que no lo veías.
Changbin entró a la aplicación que tanto había buscado, leyó todas las condiciones y las aceptó. Observó varias barras de “potencia” y… se atrevió a arrastrar el punto desde el cero hacia el uno.
Te detuviste de golpe y tu novio lo hizo después de ti. Algo no estaba bien. Había una sensación extraña entre tus piernas que no reconocías y menos sabías lo que lo provocaba. Buscaste la cara de Changbin y él levantó sus ojos.
Changbin: ¿Pasa algo, cariño?
Tú: Creo que debería ir al baño, no me estoy sintiendo bien. —dijiste, intentando disimular la incomodidad que de repente se había apoderado de tu cuerpo. Él alza sus cejas.
Changbin: ¿En serio? ¿Quieres que te acompañe?
Tú: No, no hace falta…—Mientras intentabas caminar hacia el baño, un cosquilleo inesperado recorrió tu interior, y tu respiración se aceleró. Te llevaste una mano al abdomen, confundida—. Ah… ¿qué…?
Changbin: ¿Segura que no quieres que te acompañe? —Finge aún inocencia, su pulgar se desliza un poco más en la pantalla de su celular discretamente, llevando el punto desde la primera hacia la segunda escala—. Debe ser algo momentáneo, ¿quieres sentarte y comer algo?
Tú: Esto… no es… —Intentas respirar profundo, pero el corsé casi no te lo permite—. No es normal… Binnie.
Changbin: Solo relájate y disfrútalo. —Murmura, confundiéndote al instante cuando empieza a caminar lentamente, como si esperara que lo siguieras a pesar de no volver a voltear hacia ti.
El calor dentro de ti subía sin que supieras por qué, y cada paso que dabas parecía un pequeño desafío. No podías evitar intentar cerrar más y más las piernas a pesar de que ya era imposible, aún sin entender por qué todo pasaba allí abajo.
Tu novio de vez en cuando volteaba, bajó el rango cuando te ve casi sostenerte de las paredes de una de las tiendas cuando seguían en los pasillos. Oculta su sonrisa traviesa al mirar al frente una vez más. Cuando te ve demasiado distante de él, se devuelve.
Changbin: ¿No será que el corsé te está afectando, mi amor? Vamos a sentarte, estamos casi llegando a la cafetería. —Mira alrededor y te toma del brazo para guiarte con cuidado hacia el lugar.
Llegaron a donde él prometió, tú con las piernas casi temblando y él… él solo se mordía el labio queriendo seguir con su actuación traviesa. Se sentaron en una de las esquinas más escondidas, uno frente al otro, dejaron las bolsas de las compras en las otras sillas restantes de la mesa.
Changbin: ¿Qué quieres pedir?
Tú: ¿Eh…? —El calor emanado de tus labios, tu mente estaba bastante nublada y apenas podías mantener la compostura—. No… sé…
Changbin: Amor… te dije que te relajes. —Enciende su celular una vez más y mueve su dedo para bajar un poco la intensidad, de repente sientes cierto alivio al poder respirar sin casi marearte en el intento—. Solo confía a mí… —Sube la velocidad, muerdes tu labio inferior al sentirte peor que antes—. Tu novio sabe lo que hace.
“Tu novio sabe lo que hace”, de nuevo la confusión por tus palabras fueron más fuertes que las sensaciones entre tus piernas. ¿Qué tenía que ver confiar en él con lo que sentías? Tus ojos lograron capturar el movimiento de su dedo en el celular y el cambio de ritmo fue casi similar al que sentiste.
La sincronía entre el movimiento de su dedo y las olas que recorrían tu interior eran totalmente exactas, aunque tu mente se negaba a aceptar lo que estaba pasando. Pero él bajaba su dedo y tu carga aminoraba, totalmente contrario de si lo subía.
Changbin: ¿Captaste lo que sucede? —Tus ojos buscaron los suyos—. ¿Una pista más? —Lo subió al máximo de repente y tu grito alertó a todos los presentes al mismo tiempo que dejabas caer tu cabeza en la mesa. Changbin miró a quienes le rodeaban y sonrió con cortesía—. Solo le dieron una buena noticia, está bien. —Se disculpa con amablemente para volver a retomar la atención en ti.
Era evidente. Él sabía lo que pasaba… y lo controlaba.
Tú: ¿Qué mierda…haces? —Lo enfrentas con leves jadeos cuando él baja la intensidad. Toda tu confirmación fue ese último movimiento—. ¿Cómo… lo… haces? —Él disminuye la distancia entre ustedes dos con una tierna sonrisa y tú frunces el ceño.
Changbin: Solo… disfruta.
Tú: Si no te detienes… te… —Él sube la velocidad—. ¡Ngh…! —Otra mordida de labio para contenerte.
Changbin: ¿Si no me detengo? ¿Mh? ¿Qué dices? Solo te escucho suspirar por mí…
Tú: Eres… —Inhalas hasta cierto punto—…tramposo…
Changbin: Lo dice la que lleva el corsé. —Sube de nuevo la velocidad y te dejas caer en el espaldar de tu silla, lanzando tu cabeza hacia atrás. Querías quitarte eso allí mismo, lo único que llegaba a tu mente es que podía ser… tu ropa interior. ¿Pero cómo?—. Juguemos algo divertido.
Tú: ¿Ju…jugar algo? —Jadeo—. ¿Qué… qué tipo de juego?
Changbin: Uno muy sencillo… tú solo obedeces lo que sientes y yo te guío. Nada más. —Su dedo baja un instante en el celular y el alivio casi te hace suspirar de gratitud, pero sabes que es solo un respiro antes de la próxima ola.
Tú: No sé… si pueda…
Changbin: ¿Ah, no? —De nuevo sube la intensidad y te retuerces.
Tú: ¡Bien! ¡Lo…! ¡…haré, a-amor!
Changbin: Así me gusta. —Baja una vez más la velocidad, esta vez a cero y gimes ante la tranquilidad absoluta, tu cuerpo sintiendo los leves espasmos de la sobreexcitación contenida—. Sube tu pierna hacia mí. —Sus palabras te toman por sorpresa, él no parecía estar jugando. Por lo que, por debajo de la mesa, el mantel cubriendo lo que sucedía debajo de ustedes. Asciendes tu pierna izquierda hasta colocarla en su muslo, él lleva su mano libre para rozar la yema de sus dedos en tu piel expuesta—. ¿Qué vas a pedir?
Tú: Binnie…
Changbin: Te dije que te compraría todo…
Tú: Solo llévame a casa. —Él quita sus ojos de su celular y los vuelve a ti, el silencio los consume.
Changbin: ¿Para qué? Estamos en una cita. —Sube su mano, tu cuerpo tiembla—. ¿No te gustó la cita?
Tú: No… es eso… —Lo miras intensamente, acomodándote en tu silla. Él vuelve a jugar con el control de su celular, de nuevo sube la potencia a uno. Pero, esta vez, en lugar de molestarte del todo, te provoca más sensaciones de las deseadas—. Este… corsé… me aprieta mucho.
Changbin: Sí… puedo imaginarlo. —Los dedos en tus piernas ahora se arrastran lentamente hacia abajo para volver a subir.
Tú: Y no me deja “respirar” del todo bien… —Tus caderas responden inconscientemente al segundo nivel cuando él lo lleva allí—. Binnie… —Gimes por lo bajo y él detiene las caricias. Al instante entiendes que le gustó lo que escuchó, por lo que prefieres mirarlo fijamente y tratar de atraerlo a tu juego—… Por favor, Binnie… —Le susurras y notas como sus ojos contemplan todo en tu cara mientras sus pupilas se dilatan.
Changbin: No hagas… eso.
Tú: ¿Qué cosa?
Changbin: Sabes lo que haces.
Tú: Solo te necesito.
Changbin: Terminemos la cita, ¿qué te falta por tener?
Tú: A ti.
Changbin: Bebé… —Habla con dureza, sabías que no se refería a eso.
Tú: N-no sé có-… cómo hiciste para colocarme… lo que sea que colocaste… “allí”. —Te inclinas más hacia él, tus pechos resaltándose en su dirección por el levantamiento que ejercía la prenda. Los ojos de tu novio se van a estos y se sacude al instante para verte a los ojos—. Pero… ¿No quieres… ver como ya… me tienes? —El celular se le cayó de la mano sin dejar tus ojos.
Changbin: ¿Mi casa o-…?
Tú: Donde sea. —Sueltas entre dientes.
Changbin: Ti-…
Tú: Te atreves a ser tierno… —Arañas la mesa, él se sorprende con esto—. Y te mato, Seo.
Changbin: Lo suficiente para que no puedas decir que no.
Tú: Changbin. —Él nunca había escuchado que le hablaras con carácter, pero entre las jugarretas que él hacía y los removimientos entre tus piernas más su mano estacionada en tu muslo, hacer “chistes” no era lo mejor para este momento.
Changbin: Bien. —Baja totalmente la intensidad y tu cuerpo se relaja una vez más. Él recoge todas las compras y con eso pueden levantarse casi al instante para ir al parqueo en donde se encuentra su auto.
Entre el camino, y de vez en cuando, tu novio aprovechaba para molestarte subiendo el rango de cero a uno y viceversa, haciéndote tropezar o quejarte de vez en cuando estabas delante de la gente. Gracias a Dios lograron salir del centro comercial y sentir la fresca brisa darte de lleno en la cara. Al salir se percataron de que ya era de noche, ¿tanto se habían tardado dentro del centro comercial?
Ubicaron su auto casi al final de las líneas, quisiste correr hasta este, no podías aguantar más las torturas de tu novio y menos cuando faltaba un trayecto para llegar a una de las casas. El corsé seguía cohibiendo la abertura completa de tus pulmones.
A este paso sentirías que ibas a morir si Changbin no te tomaba cuando antes.
Él dejó las pertenencias dentro de la cajuela, se subió al lugar del piloto y encendió el auto para abrir el aire interno. Cuando se dio cuenta de tus movimientos, ya te estabas retirando la ropa interior para dejarla en el piso del auto entre tus tacones. Tu pecho subía y bajaba en desesperación mientras cerrabas los ojos, tus piernas quedando levemente abiertas para sentir que estas se relajaban. Y tu novio…
Bueno, él dejó de funcionar con tu imagen entre la tenue oscuridad.
Changbin: ¿Crees aguantar hasta la casa?
Tú: No.
Changbin: Yo tampoco. —Él baja sus ojos hacia tu falda—. ¿Qué hacemos?
Tú: Por amor a Dios, Seo Chang-Bin. No es momento para ser idiota. Solo cógeme aquí. —Hablaste tosco y… se excitó tanto con tu mandato rudo que le fue imposible no hacerte caso.
Su mano fue hasta tu muslo, se deslizó por debajo de la falda y se encontró casi al instante con tu entrada. La acarició al instante mientras se observaban atentos. Abriste los labios al sentir sus dedos entrar sin permiso, ¿pero qué más permiso que toda la humedad generada desde hace bastante tiempo?
Tu novio se aproximó a tu oído y ladeaste tu cara para sentir por completo su aliento en su cercanía.
Changbin: Sé que te dije días atrás que no sería duro contigo… —Entró más sus dedos y no reprimiste el gemido generado—. Pero si aprietas así, dudo que pueda ser suave contigo. —Cerraste los ojos con una sonrisa complacida. Él nunca se imaginaría lo deliciosas que sonaron esas palabras para tu sistema.
En menos de un minuto Changbin hizo demasiadas cosas juntas. Lo primero fue hacer casi lo imposible para que, con su mano imposible, jalar la palanca de tu asiente y lanzarlo hacia atrás para que te recostaras, ni siquiera te asustaste porque él se abalanzó al instante, su cuerpo encajando perfectamente contra el tuyo y sin apartar sus dedos de tu interior. Tus manos buscan su cuello, mientras su otra mano sujeta tu cadera, presionándote sin permitir un solo respiro.
No se había bajado el pantalón, pero aun así se movió contra ti desesperado, ambos retorciéndose contra el otro en busca de satisfacerse. Sus labios se encuentran en un beso voraz, tus cuerpos pegados en el asiento abierto del auto, él empujándote con tal violencia que el auto parecía ceder ante su fuerza.
Tu cuerpo se arquea contra él, y cada movimiento de Changbin te envía oleadas de placer que te hacen olvidar el aire fresco de la noche y el mundo exterior. Sus dedos dentro de ti se mueven con precisión, cada empuje y fricción era exacta para que no puedas sostener ni un segundo más de compostura.
Él sale de tu interior y te quejas audiblemente contra sus labios, asimilándose a un alarido de dolor por sentirte incompleta, pero ya Changbin no quería prepararte, no había más que acomodar si estabas más desesperada que él.
Se separa de ti en el reducido espacio oscuro, con rapidez mezclada entre la fuerza y desesperación empezó a retirarse tanto el cinturón como el pantalón, su camiseta la quitó prácticamente con una mano. Al sentirse listo para continuar volvió a sumergirse entre tu cuerpo con un ondeo que te pareció bastante sensual.
Ahora bien, entre los besos y las caricias rápidas Changbin tenía una fuerte disyuntiva. Él quería dejarte con el corsé puesto y aprovecharlo para provocarte más. Pero también tenía el deseo de arrancártelo al igual que el vestido de semanas atrás para tocar todo de ti.
Se quedaría con la falda. La falda era bonita y lo excitaba aún más al sentir que tus piernas se veían sexys.
El aire dentro del auto se volvió casi irrespirable. La cercanía de sus cuerpos, la fricción intensa y tus gemidos constantes lo tenían al límite. Changbin presionaba su cuerpo contra el tuyo mientras sus manos recorrían cada curva que podía alcanzar, jugando con la falda que aún te cubría, subiéndola lentamente para explorar más de tu piel.
Tú: No puedo… respirar… bien…
Esa fue su señal: te debía arrancar el corsé. Y él estaría complacido de hacerlo. No hay paciencia, no hay suavidad, solo hambre y locura. Sus manos agarran los bordes del corsé y tira de este.
Changbin: Maldita… —Jala—…porquería. —Tira una vez más con rabia, gruñe cuando la endurecida tela no cede. Él no quería sobrepasar su ímpetu, pero ahora no había momento para ser decente, él debía ver como todo se retorcía dentro de ti mientras te la metía. Sin embargo, la tela cedería cuando él gruñe con los dientes apretados—: ¡Mierda! —Sus manos se clavan en el corsé, rasgando la tela con violencia. Cada tirón es brutal, crudo, sin cuidado por nada que no sea verte entregada a él. La prenda finalmente cede con un desgarrador sonido, otros zarandeos más y te dejaron completamente libre, respirando profundo cuando te sentiste de tal manera.
Changbin no pierde ni un segundo: su cuerpo se lanza sobre el tuyo, atrapándote entre sus brazos, presionando cada curva y cada reacción que tienes. Sus labios devoran tu cuello, sus manos recorren con ansiedad cada centímetro de tu torso descubierto, mientras sus caderas buscan contacto directo, sin nada que lo detenga.
Muerde, araña y succiona todo lo que encuentra, tu cuerpo sintiendo el ardor y calor de su violencia, sonriendo gustosa de que al fin no había algo tierno entre ustedes, solo las caricias que le dabas a sus cabellos para incitarle a continuar. Por suerte Changbin había logrado encender el aire acondicionado, porque ni siquiera había adentrado su pene en ti y ya estaban sudando, sus hebras pegándose a sus pieles mientras jadeaban.
Su boca recorre tu cuello una vez más, baja por tus hombros, mientras sus manos aprietan tus caderas con fuerza, presionándote contra él, moviéndose con brutalidad, sin ritmo ni paciencia. Cada empuje de su cuerpo provoca que tus muslos se cierren contra sus caderas, cada mordida suya alimenta tus sollozos, y la sensación de ser completamente poseída lo vuelve casi irreal para ambos.
Tus manos van detrás de su ropa interior y buscan bajarla, ya había sido demasiada provocación, necesitabas acción. Él continuó los tratos que su boca daba en tu cuerpo ya marcado, pero detuvo sus caderas para que pudieras hacer lo que quisieras. Elevas tus dedos por su abdomen y pecho, él se queja cuando dilatas lo inevitable y con una leve risa vuelves a descender para hacer lo que tenías planeado desde el principio.
Bajas su ropa interior y al instante tomas su pene, él arquea su espalda casi por inercia al sentir tu mano cálida en su longitud y tiembla cuando empiezas a mover tu palma de arriba hacia abajo, como si le faltara más motivación de la que ya tenía. Sus caderas respondieron contra tu mano, dando estocadas urgentes.
Lo guiaste a tu entrada, él detuvo su cara justo debajo de tu mentón, con la respiración encendida por continuar. Ambos contorsionaron su cara al solo impulsar la punta hacia tu interior, de ahí él tomó el control y se siguió sumergiendo, jadeando con cada invasión que daba contra tu entrada.
Changbin: Me encanta escucharte gemir así… —Se irgue sobre ti, su voz ronca vibra en tu oído mientras su mano derecha aprieta tu cara, obligándote a mirarlo fijo. Sus embestidas son rápidas, salvajes, casi violentas, y el asiento rechina bajo ustedes—. Pero aún no es suficiente, necesito verte temblar… necesito que te corras hasta que no recuerdes ni tu nombre.
Tu respiración se quiebra ante sus palabras, tus uñas buscan arañarlo donde sea que se anclaran, pero él sonríe perdido en la incoherencia, la oscuridad dentro del auto apenas dejándote percibirlo. Ya era tarde para decir que tu novio tenía una pizca de tierno en aquel momento.
Changbin: ¿Lo sientes? —Empuja más fuerte y lame tus labios para luego darte un sucio beso, uno en el que sus lenguas se jactan del sabor de la otra. Se separa con un chasquido, dejando el hilo de saliva relucir entre ustedes—. Todo esto es mío… tu cuerpo, tus gemidos, tu maldita desesperación. —Incluso él no puede evitar gemir cuando tu interior lo controla casi a tu placer sin que te dieras cuenta, lentamente lo que tu novio pensaba decir o hacer empezaba a filtrarse hacia el abismo del salvajismo—. Sigue… Muévete…
Sus dedos aprietan tu mandíbula mientras sus caderas chocan sin medir la fuerza ejercida, el ritmo desenfrenado arranca de tu garganta sonidos que ni sabías que podías hacer. Él acerca sus labios a tu oído, jadeando, sudando, pero sin detenerse ni un segundo.
Tú: Fuerte… —Chillas con los ojos llorosos y apenas viendo un punto fijo—. ¡Sí! Oh… Dios~ —Changbin suelta tu cara para dirigir su mano a tu cuello—. No pa-res aunque grite…—Gimes casi al mismo ritmo de sus estocadas, él vuelve a sonreír al saber que casi no puedes hablar por lo que te hacía—. Aun-Aunque-… te suplique… ¡No te a-atreva-…! ¡Aaah~!
Changbin: Si me…lo pides así~
Tu espalda se encorva contra el asiento, tus piernas intentan cerrarse, pero él las abre de golpe con un embiste brutal que te arranca un grito ahogado. Tus ojos girándote mientras él se siente casi babear por no poder tener control de sus acciones motoras. Tus piernas se enredan con fuerza alrededor de su cintura, tomas su cabello, deslizas con fuerza sus manos por su espalda, la velocidad no podía llegar a más.
Ves a tu novio agachar su cabeza con temblores, sus venas alterándose en cada parte donde su piel fuese sensible, el sudor y el vapor funcionando como cubierta para que los vidrios se empañen. Changbin gruñe al sentir cómo lo aprietas, su rostro se hunde en tu cuello como si aquello lo dejara en control de las acciones. El auto entero se sacude con la bestialidad de sus últimos movimientos, sus jadeos se vuelven más caóticos, casi animales.
Es cuando él une sus labios de nuevo que todo se desenvuelve y hace que ambos obtengan su orgasmo casi en escalada. La mezcla de sensaciones era indescriptible y más recordando que las anteriores veces siempre uno llegaba primero que el otro. Todo su ser estaba más que gozoso al entregarse a ese nivel de placer.
Los chorros calientes de su semen llenándote fueron lo último que soportaste antes de sollozar su nombre entre sus bocas, temblando sin control mientras sus manos se clavaban en tu piel como anclas.
Changbin también se desmoronó contra ti, su frente sudada pegada a la tuya, sus músculos tensos hasta el temblor, sujetándose de los asientos traseros para no desplomarse por completo. Las respiraciones eran casi robadas por la boca y tardaron varios minutos para ser conscientes de todo lo que había sucedido.
Para el día siguiente el pobre Changbin tuvo un día totalmente pesado entre el trabajo y su familia. Pero no le importó. Para nadie era un secreto que él estaba más bromista, enérgico y activo que de costumbre. Casi saltaba entre sus compañeros de canto y más de uno le hizo burla de esto.
Han: ¿Qué te pasa, Binnie? —Le soltó con una risa sospechosa—. ¿Algo especial pasó el fin de semana?
Hyunjin: Ya dinos, ¿qué tomaste? —Se cruzó de brazos, riendo al mirar al castaño de cachetes grandes. Ya ellos se podían imagina los que tenía a su amigo de tal manera.
Changbin solo sonrió con un brillo divertido antes de alejarse de ellos. No le importó que Chan lo reprochara por no ir a la reunión de 3Racha y tampoco tomar sus llamadas (se le había olvidado informar que no iría, ¡Ups!).
Tampoco que su hermana se molestara porque, el día que la ayudó, colocó mal la repisa de la televisión y este cayó, teniendo que comprar otra al siguiente día. Que Lee Know le lanzara sin querer su café caliente a la camiseta, tampoco que Seungmin se burlara de él por chocarse con la puerta de cristal al estar distraído pensando en ti.
Nada de eso importaba porque, al finalizar el día…
Tú: Bienvenido, bebé. —Le sonríes ampliamente al abrir la puerta, tu cuello con aún ciertas marcas de día anterior a pesar de estar mal cubiertas por maquillaje.
Changbin: Ya llegué, amor.~ —Besa tus labios y se adentran mientras le da un empujoncito a la puerta para que se cerrara lentamente detrás de ustedes—. Adoro esos pantalones cortos, ¿tienes más? Es que me haría más feliz verte sin ellos.
Tú: ¡Changbin! —Tu novio se carcajea divertido y la puerta se cierra, sumergiéndose nuevamente en la calidad de ambos.