Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 28 de septiembre del 2024
Autora: ViviDeBinnie || Fecha de creación: 28 de septiembre del 2024
Corría entre las calles de aquella ciudad, su cabeza y cara cubierta bajo el oscuro manto de la noche, las casas pasando a la misma velocidad que sus piernas lo permitían, tenía que llegar antes de que lo atraparan, tenía que ser más rápido que ellos. Pero aquel traje le pesaba, las botas, las armas, todo en él era como hierro, pero sus deseos eran más fuertes, no dejaría que su plan se fuera a la mierda antes de concluirlo.
Felix miró hacia atrás, sus ojos enfocándose en las figuras lejanas que parecían apuntarlo con sus armas a pesar de estar en el vecindario, tenía que buscar un pasadizo, no podía permitir que llegaran hasta donde él iría. Por lo que, en una de las curvas corrió hacia una malla perimetral y saltó esta con la menor cantidad de ruido posible, no se detuvo, siguió por la nueva calle hacia la ruta que tanto conocía, otra mirada sobre su hombro.
Perfecto, no había nadie, sonrió debajo de la mascarilla con el dibujo de la mandíbula cadavérica. ¿Cómo Felix había llegado a este punto? Digamos que fue una línea de malas decisiones con el fin de tener una meta buena. Una linda y dulce meta.
El joven castaño y pecoso se había enamorado perdidamente de ti, de una forma tan intensa y profunda que no podía evitar escuchar cualquier deseo que tuvieras, él haría imposible por cumplirlo. Estaba obsesionado, arraigado al deseo de tenerte consigo, anhelaba todo de ti, respiraba tu mismo aliento, velaba por tu bienestar, veía a través de tu sonrisa, Felix estaba perdido cuando lo veías.
Nunca escondió sus sentimientos y te los confesó tan pronto como tuvo conciencia de estos, y sí, lo aceptaste, Felix te gustaba y aquel cariño pasó a ser amor de manera tan rápida que casi parecía hilarante. Felix no te entregaba su corazón literalmente porque era casi imposible arrancarlo de su pecho y dejarlo en tus manos, pero haberlo podido hacer, aquel habría sido el primer regalo de aniversario de noviazgo.
Aquel primer año de amor dulce por parte de dos jóvenes que no podían esconderlo, y este se fue transformando en algo más… intenso. Más deseoso, más inquebrantable, más codicioso, y te empezabas a dar de cuenta. Pero cubriste tus ojos, te colocaste aquellas gafas en la que veían aquellas ambiciones como parte de su cariño y no reparaste en sus consecuencias, nunca imaginaste hasta dónde llegaría la mentalidad de Felix para demostrarte su amor.
Felix: Amor, ¿qué ves? —Preguntó cuando te vio sonreírle a tu celular de aquella manera tan alegre que lo volvía loco y lo hacía sonreír también— ¿Me puedes mostrar?
Tú: No es nada amor, es una tontería…
Felix: Aunque sea una tontería… —Levanta la cabeza de tus piernas y se acomoda para sentarse a tu lado— …quiero ver.
Entonces ladeas un poco tu celular y le dejas pueda distinguir tu pantalla, allí se visualiza una cadeneta dorada, parecía bastante costosa y podía notarse el valor que tenía por el dije de corazón con un diamante. Felix se quedó mirándolo con atención, aparentaba solo mirar la imagen, pero en realidad vio hasta la fecha y el lugar de dónde fue publicado, todo se marcó como un tatuaje en su mente.
Felix: ¿Te gusta? —Asentiste— Se acerca tu cumpleaños, ¿lo quieres de regalo?
Lo miraste con miedo de golpe y negaste con la cabeza casi pareciendo poseída, él frunció el ceño.
Tú: Es demasiado costoso, jamás podría pedirte algo así. —Miraste de nuevo el celular y con dos de tus dedos ampliaste la foto hasta ver el adorno— Además, es de oro y tiene un diamante, sería un lujo, nunca podría-…
Para ese punto Felix te escuchaba de manera lejana, su mente se había nublado en una única cosa, solo en una: “Ella quiere eso, mataré a quien sea para dárselo”.
Se supone que la conversación murió allí, hablaron de otras cosas en tu habitación y continuaron dándose amor como siempre. Pero tan pronto como Felix salió de tu casa, en vez de ir hacia la suya fue hacia la de Changbin, ni siquiera saludó cuando este abrió la puerta tras los toquidos desesperados de su amigo, eran casi las doce de la noche.
Felix: Necesito dinero.
Changbin soltó una sonrisa incrédula y sarcástica cuando escuchó aquello de él, seguro sería una broma, pero en el semblante de Felix se veía que no, no era así. Felix buscó algo en su celular aún en el umbral de la puerta y cuando lo encontró le mostró su pantalla al pelinegro, una cadeneta de oro con dije de diamante.
Changbin: ¡¿Quinientos dólares?! ¡¿Enloqueciste, Felix?! —Miró a todos lados como si el diablo pudiese estar cerca y lo metió a su casa al jalarlo del brazo para luego cerrar la puerta, Felix permaneció serio— ¿Cómo vas a gastar esa cifra en un estúpido collar?
Felix: Ella lo quiere…
El mayor se quejó audiblemente y negó con la cabeza, al igual que él, todos se habían dado cuenta de que Felix había perdido la cabeza por ti, de una manera enfermiza y casi tóxica, y lo peor de todo es que ninguno de los dos se daba de cuenta o no querían hacerlo. Changbin pasó la mano por su cabeza y peinó su cabello, volvió a mirarlo, este era el mayor colmo de todos.
Changbin: Regalare una imitación.
Felix: Ella quiere este. Además… —Miró la foto antes mostrada y sonrió— Mi chica no merece falsificaciones, ella merece algo tan real, especial y único como ella. —Su mirada se perdió en sus adentros, oscureciéndose en paso— Ella se merece el mundo si así lo quisiera, ella se merece todo, Changbin.
Listo, Changbin se dio cuenta de que su amigo estaba perdido.
Changbin: Entonces trabájalo. Busca un trabajo que genere más dinero o algo, pero no te ayudaré con esta locura, lo siento. Te podría sugerir que le compres otra cosa, pero por tu mirada de psicópata sé que no funcionará.
Y con eso, Felix salió de la casa de su amigo con una idea en la cabeza. La primera mala decisión que tuvo Felix fue obsesionarse con el obsequio, el segundo fue buscar trabajo con muy buena paga por internet. Y encontró uno, uno que no le importó lo retorcido y tétrico se leía, él sonrió al ver la paga como si su vida fuera bendecida de repente.
En menos de dos días, Felix estaba vestido de pies a cabeza con aquel uniforme militar, el mismo compuesto de una indumentaria completamente negra, desde sus zapatos gruesos hasta su chaleco antibalas sobre el abrigo fornido, en su cabeza con un casco y sus ojos claros junto a sus pecas siendo lo único a la vista para dar entender que era un ser humano.
¿Su trabajo? Subir a un edificio, armar el fusil proporcionado, ubicar a su victima y… disparar. Tantos años de videojuego de este tipo dieron sus frutos. Felix solo tenía dos cosas en su mente cuando veía por la lupa del fusil, una de ellas eras tú usando el collar con una gran sonrisa, la otra era el dinero que ganaría para complacerte en todo lo demás, te daría el mundo entero, te haría su diosa, su reina, eras su todo.
Disparó, quinientos dólares en su cuenta. Otra bala, gritos a lo lejos, quinientos dólares más. Su sonrisa se amplió, no se le daba tan mal. El problema vino con la tercera mala decisión, continuar con el trabajo después de haber comprado aquel objetivo.
Veías que Felix estaba cada día más… generoso. ¿Querías helado? Concedido. ¿Querías comprar ropa? Te pagaba el carrito. ¿Querías un paseo? Mostró su nuevo auto para llevarte a dar una vuelta, ¿cuándo lo compró? Le preguntaste si había conseguido un mejor trabajo y él lo confirmó, pero mintió diciendo que era sobre programación, por eso lo hacía de noche y esa era la excusa de por qué siempre tenía sueño de día.
Tu cumpleaños aún no llegaba, pero mientras más se acercaba, más raro se veía él. Estaba más alegre, parecía esconder algo, pero no te imaginabas lo que era. Lo obviaste, quizás lo tenía alegre aquella sorpresa que te daría, y para no arruinarla no quisiste preguntar de más.
Tú: Mira, Felix. Ese peluche se parece a ti. —Dijiste cuando fueron a la feria, él lo miró y sonrió un poco, era divertido para él que aquel peluche de pollito con pecas y grandes ojos te hiciera recordarlo.
Felix: ¿Lo quieres? —Asentiste, empezabas a acostumbrarte a que te regalara todo lo material que pedías— ¿Podría dármelo, señor?
Y así fue como tuviste aquel peluche en tus brazos, aquel con el que dormías todas las noches y lo habías nombrado BbokAri por decisión de ambos, sería como su pequeño hijo y estaría contigo cada vez que tu novio no pudiese por su trabajando nocturno, como esa misma noche, por ejemplo; que lo tenías en tus brazos con dulzura mientras respirabas con tranquilidad. En algún momento de la madrugada, lo dejaste a un lado inconscientemente y te diste la vuelta, ahora el peluche estaba detrás de ti.
No sentiste la ventana abrirse luego de casi ser despegada por el seguro colocado, tampoco te diste cuenta de los pasos lentos y crujientes en el piso mientras la ventana volvía a cerrarse, y menos de cuando tu pequeño BbokAri fue tomado para colocarse en otro lugar y la cama se hundía atrás de ti por el peso de un cuerpo.
Oh, Felix... Las consecuencias por tus errores no tendrán límites.
Felix había llegado, se acostó contigo en la cama y se quedó quito al recuperar el aire que había perdido al correr de aquellos matones que lo habían descubierto en el edificio antes de poder cumplir su misión. Mierda. Ahora tendría que hacer algo para remediar ese garrafal error.
Tu aroma lo invadió, aquello lo tranquilizó y lo trajo al presente, su mano aún enguantada se movió con suavidad hacia tu cadera y se quedó allí por varios segundos mientras suspiraba, estaba en tu casa, pero estar a tu lado era su hogar.
Sin embargo, lo que él no esperaba es la presión de su mano te despertaría y, al mismo tiempo, te alertara. Te diste la vuelta de golpe y tus ojos se encontraron con la figura de alguien detrás de ti en la oscuridad de la habitación, tu respiración se aceleró antes de que un grito casi te abandonara y fuera cubierto por la misma mano de Felix.
Felix: Shhh. Tranquila, soy yo.
Su voz se te hizo demasiado conocida y luego tu cabeza se iluminó con la imagen de tu novio, removiste su mano y te diste la vuelta para darle el frente, ahora pudiste percibir mejor lo que usaba, llevaste tus manos a su pecho, tocaste todo el material rustico y pesado en él, ¿qué mierda era eso?
Tú: ¿Felix? ¿Cariño? —Frunciste el ceño— ¿Qué es esto que usas?
Felix: No es nada importante.
Soltó cuando ahora se dispuso a buscar algo entre varios de sus bolsillos y tú aprovechaste para acercarte a la pequeña lámpara de la mesa de noche, cuando la encendiste volviste tus ojos a Felix, tu cara se desconfiguró con la imagen que tuviste frente a ti. Empezando por esa mascarilla de calavera, el traje completamente negro, el casco…
Tú: Felix…
Felix: No te asustes, te lo explico… —Miró a su bolsillo por unos segundos y sacó su mano de allí al no encontrar lo que buscaba para luego llevarla a otro bolsillo, en el proceso decidió bajar su mascarilla para sonreírte y seguir enfocarse en su búsqueda— …te lo explicaré en un momento.
Tú: ¿Qué estás haciendo…? No trabajas como programador, ¿verdad?
Justo en ese momento Felix sacó el collar, al fin lo encontró y su sonrisa se amplió al alzarlo hacia tu rostro, tu cara pareció palidecer.
Felix: ¡Al fin! Feliz cumpleaños, amor. Quería ser el primero en felicitarte y darte tu regalo.
Tú: No…
Felix: ¡Sí! —Asintió eufórico mientras tomaba tu mano y dejaba el collar en esta— Collar Lovely de oro con dije de diamante en formade corazón de Swarovski.
Tú: Costaba cientos de dólares… —Las palabras salieron en un hilo de voz mientras tu mano temblaba— Es de Swarovski…
Felix: Lo sé, ¿no es genial? —Lo miraste con terror y la sonrisa de él se borró— ¿Qué pasa? ¿No te gustó?
Tú: Siento que no puedo respirar… —Dejaste caer la cadena a la cama mientras te levantabas de ella y mirabas aquello con nerviosismo— Dime que es una imitación.
Felix: ¡No! —Lo miraste y él se arrastró por la cama, tomando el collar, para llegar hasta ti— Es original, me hicieron firmar un estúpido contrato al nombre del diamante para asegurarlo, lo compré en la tienda oficial.
Él quitó el broche para abrirlo y se acercó más a tu cuerpo inmovilizado, tus ojos se ampliaron cuando el dije tuvo contacto en tu cuello y el clic del broche tras tu nuca llegó antes a tus oídos que tu reacción.
Felix: Se te ve precioso, cariño.
Tú: ¿Cómo lo conseguiste?
Él se ríe.
Felix: Ya te dije, fui a la tienda-…
Tú: Hablo del dinero, Yongbok. Hablo del estúpido dinero.
Tanto la sonrisa como la alegría de Felix se borraron de golpe cuando usaste su nombre en coreano, aquel que usabas cuando estabas molesta y eso lo hirió. Te había dado el regalo que querías, te había dado todo, ¿por qué estabas molesta?
Felix: Solo trabajé.
Tú: Tu traje y la cantidad de dinero no me dicen que sea en algo bueno. —Lo rodeas y vas hacia la ventana— Rompiste mi ventana, ¿qué te pasa? —Él se dio la vuelta con seriedad, su ropa tintineando en algunos toques metálicos— Felix, tú no eres así. ¿Por qué de repente tienes tanto dinero? ¿En qué trabajas? Siento que te has vuelto cada vez más violento y… extraño.
Llevaste tus manos hacia tu nuca, Felix aguantó la respiración y quiso detenerte.
Felix: ¿Qué…? ¿Qué haces?
Tú: Devolverás esto, dejarás lo que sea que estés haciendo y en la mañana hablaremos seriamente de tu actitud.
Felix: Pero… Pero es tu cumpleaños.
Tú: No me impor-… ¡Agh! ¡No se quiere quitar esta…!
Felix: No te lo quites. —Se acercó a paso pesado y cuando no le hiciste caso te tomó de los brazos con fuerza— ¡Que no te lo quites!
Su voz te asustó y más cuando lo miraste, cuando viste su molestia. Algo no estaba bien con él.
Felix: Te estoy… Te estoy dando todo. Te doy mi tiempo, te doy mi amor, te doy todo lo que quieres, eres mi luz, eres mi norte… —Aprieta los dientes y habla entre estos— ¿Por qué te enojas por darte lo que te mereces? No lo he robado, lo he trabajado por ti.
Tú: Me estás asustando…
Felix: Solo quiero que entiendas que estoy haciendo todo esto por ti, te daría el maldito mundo si me lo pidieras, congelaría el maldito infierno si me lo dices al oído. ¿No lo entiendes, amor? —Una sonrisa retorcida y forzada se clavó en su rostro— Mataría por ti. Lo haría sin pensarlo porque soy todo tuyo y… y tú eres mía.
Tú: Déjame. —Silencio— ¡Te dije-…! ¡Felix!
Tomó tu cara con ambas manos y no le importó que clavaras sus uñas en su traje para que se alejara, unió tus labios con los de él y ladeó su cabeza en un intento desesperado de que abrieras los labios para entrar, pero ante tu negativa Felix se sintió ofendido, se sintió herido…
…
Felix estaba aún más molesto.
Te arrojó a la cama y antes de que te recompusieras cerró la cortina para luego colocarse sobre ti, colocó una mano en tu pecho y presionó con autoridad para dejarte contra el colchón, observándote desde arriba.
Felix: No sabes lo precioso que se te ve esa joya en tu cuello. —Pestaña con lentitud mientras relame sus labios— Mi diosa usando un diamante tan costoso, como se lo mereces.
Tú: Por favor…
Felix: Shh… No te haré daño, sabes que nunca te haría daño. —Se acerca y tú ladeas la cabeza para evitar el beso— Yo jamás te haría daño. —Coloca su rodilla entre tus piernas— Solo quiero amarte, dártelo todo y que tú me lo des a mí, es muy sencillo, ¿no? —Tomó tu mandíbula con su mano y la inmovilizó para dejar una lamida en tu cuello— Dime lo que quieres, dímelo… —Apretó el agarre— Háblame, dímelo, te daré mi vida si así lo quieres.
Tú: Quiero que te vayas, que me dejes… Felix, me estás dando miedo.
Sus ojos se abrieron más y te observó desde arriba con lentitud, soltó tu cara para luego colocar sus manos a ambos lados de tu cabeza, sosteniéndose en estas
Felix: Dímelo mirándome a los ojos.
Con todas tus fuerzas así hiciste, lo miraste e intentaste mantener tus ojos sobre los de él.
Tú: Este no eres tú Felix, tú nunca harías nada malo para complacerme, tú-… Este collar. Esto… Felix, el amor no se trata de darme todo lo que yo quiera, ya sé que me amas y eso es lo que me importa. Por favor, dime que no le hiciste daño a nadie para darme todo lo que me has dado…
Él se quedó en blanco.
Nunca imaginó que le dirías aquello, sus ojos se movilizaron por todos los lados de tu cara y poco a poco sintió más molestia, más rabia, sintió… sintió…
Tú: Le hiciste daño a alguien, ¿verdad?
Felix: Necesito… —Niega con la cabeza y respira profundo— Lo hice por ti, todo lo hice por ti… Y ahora me dices… ¿que no valió la pena? —Sus ojos se clavaron en ti— ¿Me dices que todo lo que te di no vale nada?
Tú: No me-…
Felix: Si tengo matar al puto presidente de este país por tenerte, ¡Entonces lo haré!
Él no reparó en nada más allá de sus pensamientos, ni siquiera atendió a tus balbuceos cuando agarró tu pijama desde arriba y la arrancó con torpeza, jalando una y otra vez hasta que esta cedió en desgaste, solo dejando el collar brillar sobre la división de tus pechos. No le importó dejarte con los pantalones cortos por ahora, ahora sentía que tenía que tomar todo lo que te dio de alguna manera, todo el amor, todo lo material, todo el tiempo… todo antes de que te arrepientas y lo dejes.
Aprovechó que lo miraste, tomó tu boca en la suya y no aceptó una negativa como respuesta, mordió tus labios con una agresividad no característica de él, entró su lengua y no le importó si seguías el ritmo, estaba desesperado, debía tomarte todo lo que pudiera, arrancarte los suspiros, robarte los gemidos, debía hacerte gritar su nombre hasta la inconciencia, debías ser suya de nuevo.
Usando la posición a su favor clavó sus dedos en tu torso, los arrastró por toda tu carne para que no te movieras, para marcar sus uñas y huellas si era necesario, ahogaba tus quejas con su saliva y pulsó su rodilla en tu entrepierna, el removimiento que tuviste bajo su cuerpo lo incitó a no esperar más.
Se separó de ti y se quitó el casco, luego terminó por retirar la mascarilla de debajo de su mandíbula, continuó con el chaleco antibalas y por último su abrigo, quedando solo en aquella camiseta sin mangas y levemente húmeda por el sudor de la carrera anterior que poco a poco se secaba.
Tu veías todo desde abajo, respirando con la preocupación de su próximo movimiento, cosa que sucedió antes de lo esperado ya que tomó tu pantalón nocturno para llevarlo hasta las rodillas junto con la ropa interior, tomó tus muslos y los abrazó con un brazo, sus cejas permanecían nubladas en molestia al mirarte desde arriba y su mano izquierda solo buscó quitarse lo antes posible el pantalón para liberarse.
Tú: Felix… Fefi, espera. Sé que ahora te sientes muy frustrado, pero no creo que… ¡Felix!
En este momento tus palabras estaban siendo nulas a sus oídos, su pene tras salir de la tela reposó en la parte posterior de uno de tus muslos y él lo ubicó entre la división de estos con la misma mano zurda sin dejar de mirarte fijamente.
A pesar de sus pecas tiernas, de su rostro caramelizado y su pelo alborotado, su cara permanecía contraída en querer tomar lo que es suyo, quería verte ser de él, quería saber que todo lo que hizo tenía su fruto, que le pertenecías.
Abrazó tus piernas con ambos brazos y los apretó para cerrar más tus piernas alrededor de su miembro, este se sentía caliente y podías ver el glande desde tu posición, en cambio Felix tenía el deseo de moverse al tener la suave piel rodeándolo y el ambiente nocturno acariciando la punta de este. Así hizo, simulando penetraciones lentas que le sacaron jadeos al instante. No lo podías detener, y… ¿cómo hacerlo? De alguna manera aquel vaivén se veía y se sentía hipnótico a pesar de no estar dentro de ti.
La pelvis de él chocaba con la parte inferior de tus piernas y mientras más subía la intensidad más incomodo se le hacía moverse al estar en la orilla de la cama. Sabías la situación en la que estaban, no podías favorecerle por aquel mal acto, pero su pene te cautivaba, quisiste acariciarlo, y así hiciste, un gemido estrangulado salió de su boca y sus caderas entorpecieron sus movimientos. Sonreíste, Felix no lo notó porque sus ojos se cerraron, mierda, la sensación estaba cubriendo su raciocinio.
Tú: Felix… —Con un suspiró él abrió sus ojos y buscó tu cara, encontrándola justo cuando relamiste tus labios y sonreíste hacia él, tus pechos moviéndose con el choque de sus caderas— Gracias por el regalo… Me gustó a-a pesar… de todo.
Eso era lo que más necesitaba Felix, saber que te gustaba lo que él hacía, saber que te complacía, saber que te llenaba de todo lo que quisieras, que él era el único que podía hacerte sonreír así, se tambaleó al sentir el cosquilleo en su vientre y aceleró el ajetreo al abrir sus labios cuando sentía que estaba a punto de venirse, pero no quiso hacerlo solo, no lo haría solo.
De nuevo aprisionó tus piernas solamente con un brazo y con su mano derecha llegó hasta tu entrada, entró uno de sus dedos en tu interior y con el pulgar tanteó encima de esta para presionar tu clítoris, cosa que parece no le costó ya que tu mente casi voló al instante. Solo valió que entrara un segundo dedo cuando lo sintió necesario para que empezaras a gemir y, con estos sonidos, su respiración empezara a sofocarlo, justo segundos antes de venirse encima de ti y llenarte de aquel líquido blanquecino sobre tu abdomen.
Él se detuvo de estimularte al buscar su conciencia y soltó tus piernas para que estas cayeran a un lado en el colchón, quizás lo dejaría hasta ahí, quizás tuvo suficiente con una vez, pero luego vio en la posición que te dejó: jadeante, con el trasero expuesto y tu entrada disponible hacia él, brillante por estar lubricada por su estimulación.
Su pene volvió a llenarse de sangre y a levantarse mientras recordaba lo cálido que era estar dentro de ti.
Tú: No estarás pensando…
Felix: Me vuelves un maldito lunático. —Esa voz, cuando Felix usaba esa voz profunda era porque su mente estaba totalmente perdida—
Y así lo supiste cuando él ingresó su miembro sin necesidad de permiso, sin tener que agitar más el interior, solo lanzando un poco su cabeza hacia atrás sin dejar de mirar cómo se metía y solo siendo distraído por tu queja al percibir el cómo te rellenaba hasta lo más profundo. Cuando los ojos de él volvieron a tu rostro, se distrajeron con el brillo que emanaba el collar, aquel collar que había iniciado todo y ahora colgaba de tu cuello para ser iluminado por la tenue luz.
Felix: Como brillas… —El tono que utilizó era uno que denotaba una mente nublada de deseo y bastante lejos de la realidad, por lo que no se sabía si hablaba del collar o de ti— Como brillas, pequeño diamante… —Separó sus piernas para moverse— Como me encantas… —Sí, esas palabras eran para ti— Dale, hazlo, quítame todo lo que quieras… Te lo daré…
Tomó tu brazo mientras gemías al conjunto de sus movimientos, empezó a besar estos y cuando sus deseos de clavar sus dientes en ti llegaron a su sistema, el sonido de sus pieles chocando les quitaba el juicio, buscando llenarse más con lo obsceno del momento.
De nuevo estaba el cosquilleo, otra vez se sentía desfallecer cuando lo succionabas para que te llenara y él quiso que el momento permaneciera, se clavó más en ti, se removió errático, apretó la mandíbula cuando los jadeos se le escapaban, todo en él gritaba liberarse y sus intentos te arrastraban con él. Al punto de que no pudieron evitar caer juntos en el abismo, tú retorciéndolo en tu interior y él viniéndose más que antes, dejando que la mezcla de líquidos chorreara hasta la cama y sus zapatos.
En olor a madrugada, calor y sexo de la habitación los embriagó, y tras un rato Felix estiró su mano para alcanzar tu cadena y acariciar el dije entre sus dedos. Lo miraste con agotamiento, recostando tu cabeza en la cama.
Felix: No podrás escapar de mí, te tengo de la misma manera que mi alma te pertenece a ti.